Las lecciones de Venezuela

enero 20, 2026

Empiezo por precisar el tema. Porque Venezuela es una realidad tan compleja y diversa como cualquiera de los países en los que se dividió la «América antes española». Aquí voy a referirme a las lecciones que deja, hasta ahora, la intervención del presidente Donald Trump, que culminó en la «operación militar especial» que secuestró al también hasta entonces presidente Nicolás Maduro este 3 de enero.

La «extracción» fue exitosa, sorpresiva, y de bajo costo en vidas -en particular para sus autores- en relación al desafío. Como todo éxito militar, impacta en un nivel profundo en la imaginación, incluso en la de militares y políticos. Será imitada, probablemente.

(Unos cuantos gobernantes deben estar paranoicos estos días, y no sólo los que están en la lista negra de Trump.)

Además, también inspiró una excelente pieza literaria de Martín Rodríguez.

Pero… ojo: en mi tal vez equivocada opinión, no fue lo más importante, en el plano estratégico, de esa intervención.

El aspecto fundamental, creo, es que Donald Trump, que no parece un gobernante perceptivo o sutil, aprendió sin embargo, de los errores de anteriores presidentes de EE.UU. en Irak, Afganistán, … Incluso de los de John F. Kennedy en Vietnam: cuando envíes soldados al extranjero, mejor que sea ante un desafío existencial, como el que planteaban a EE.UU. Japón, la Alemania de Hitler, o potencialmente, la Unión Soviética. Si ese no es el caso, que sea para una operación muy rápida, y que tengas su salida prevista.

Aún así podía haberle salido mal, como a Carter cuando intentó en 1979 el rescate de los rehenes en Teherán. Pero esa es la suerte de la guerra. Insisto en que la decisión clave de Trump fue otra, en el plano estratégico: dejó de lado una característica de las intervenciones militares de EE.UU. que Kissinger siempre criticó: el «imperialismo wilsoniano», la necesidad de darse y si es necesario inventar justificativos morales para actuar en defensa de sus intereses.

El actual inquilino de la Casa Blanca ha sido brutalmente franco. Habla de petróleo, no de democracia.

Ese realismo amoral le permite al país más fuerte imponer su voluntad al más débil, sin necesidad de obligarle a cambiar la estructura de su sociedad, o la del poder interno. Este último factor es el que ha hecho las guerras más largas y sangrientas en los tiempos modernos.

Trump hizo una abrumadora, y despiadada exhibición de fuerza militar muy cerca de Venezuela, mientras negociaba con Maduro. Hasta que se convenció que Bigote no veía la misma realidad que él. Lo sacó del medio, y encontró que los jefes militares y la segunda línea del chavismo la veían, ayudados por esa quirúrgica operación militar.

También en este aspecto puede decirse que tuvo suerte: el chavismo cambió enseguida la vieja consigna «Aquí no se rinde nadie» por otra también folklórica «Negociemos, don Inodoro». Pero eso está vinculado a la naturaleza del poder estatal chavista, del que comentaré algo en otro post.

Ahora, una pregunta clave es: ¿cómo sigue? Es lo que debemos preguntarnos siempre en política. Y, como dijo un viejo prusiano, «la guerra es la continuación de la política por otros medios».

Para Trump, el que pueda imponer su voluntad, hasta ahora, al gobierno chavista y también a una oposición venezolana que no tiene otro medio o proyecto que aspirar a que EE.UU. le conceda elecciones en su propio país, es un estímulo para que siga adelante del mismo modo, para conseguir otros objetivos. No los que anuncia a los gritos, sino los reales, más moderados y concretos.

Puede decirse que en el caso de Panamá (sin otras amenazas que las verbales) y Venezuela ya lo ha conseguido, hasta ahora. Quizás más importante, ha logrado mostrar que ni Putin ni Xi Jinping están interesados en enfrentamientos militares en el Hemisferio Occidental. Mientras al menos, el gobierno de Trump no pretenda interrumpir las exportaciones de alimentos y minerales a China, ni obstaculice sus exportaciones de manufacturas -no armamentos ni tecnologías sensitivas.

Hasta ahora, Trump no ha exigido nada de eso. Ni cuestiona en los hechos el amplio financiamiento que otorga China a sus proveedores y clientes.

Todo esto marca, más que la muy evidente desproporción de poder militar entre EE.UU. y los países sudamericanos, la relativa irrelevancia a la que los condenan su ausencia de una política exterior consensuada y sus disputas minúsculas. El caso de Canadá, que negocia abiertamente con China y a la que Trump ya habría abandonado la ilusión de convertirla en la próxima estrella en la bandera de EE.UU., indica que la soberanía en los tiempos de Trump depende más de la unidad y la coherencia nacional que de la relación de poder militar. Aunque, por supuesto, como insistí otras veces, un «complejo industrial-miltar» adecuado a las necesidades es un complemento indispensable.

Como sea, el desafío inmediato que el mismo Trump se ha planteado ahora es Groenlandia. Si la Unión Europea, esa confederación rica y débil, va a resistir las presiones, y los aranceles, del Trump 2.0.

En un lapso un poco más largo, la pregunta es si un porcentaje importante de las élites estadounidenses aceptará que Panamá, Venezuela y tal vez Groenlandia son un sustituto aceptable del protectorado militar y, hasta cierto punto la conducción política que EE.UU. ejercía sobre Europa. O si las élites europeas empezarán a reexaminar las (incómodas) relaciones que mantienen con los dos gigantes hacia el Este. El que viva lo verá.


Un adiós a Marikena Monti, y a los ’60

enero 18, 2026

En este siglo fue vecina mía, pero no la conocí en persona. Sí la escuché muchas veces, hace mucho tiempo, descalza, en café-concerts y pequeños escenarios.

Para mí es, con algunos nombres y lugares más, los años ’60. Buenos Aires era hermoso, si eras joven y tenías algunos, pocos, pesos en el bolsillo. Chau, Marikena. Extraño a vos, a ese Buenos Aires y a mi juventud.


Argentina y los otros países latinoamericanos, en el Nuevo Orden Hemisférico

enero 9, 2026

Desde 2013 estoy insistiendo en este blog, y en otros sitios, que el orden global que imperó, con altibajos y desafíos, a partir del final de la 2da. Guerra Mundial se deterioraba rápidamente. Obvio, no he sido el primero en señalar este proceso.

Ahora, quiero dejar claro a qué me refería yo cuando escribí de ese «orden global». Nunca fue algo fijo, ni, por cierto, un cuerpo de reglas aceptadas por todos los países. Sí contaba con una filosofía, que llamé aquí el «consenso antifascista» que plantearon los vencedores de esa guerra, aunque fuera en el discurso. O en «lip service», como dicen los gringos.

Su base real era una relación de poder -una Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética y los países que se sumaban o los sumaban a sus sistemas. En un mundo donde, a partir de 1949, cuando la URSS probó su primera bomba atómica, el «equilibrio del terror» desalienta la guerra abierta entre Grandes Potencias.

Ese orden incluyó rápidamente, entre los países que aceptaban el liderazgo fáctico de EE.UU.,  instituciones multilaterales: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, y otras menos importantes vinculadas a las Naciones Unidas, que no era ni es, en esencia, otra cosa que un foro de debates para los gobiernos.

Este orden multilateral se fortaleció tras el derrumbe de la URSS en 1991. Natural: su principal impulsor era EE.UU., aunque contaba con el respaldo entusiasta de una relativamente joven Unión Europea.

Ese es el orden, «multilateral», que ya caducó. El actual presidente de los EE.UU., Trump, con el respaldo de una mayoría del electorado de su país, decidió que no servía a los intereses de EE.UU. La influencia de la Unión Europea ha disminuido cada vez más en la última década (Toynbee advirtió hace mucho que las confederaciones laxas no perduran…).

Y las nuevas potencias emergentes no muestran interés en sostenerlo. Lo consideran sesgado en favor de los países desarrollados. Y tienen razón.

China, que ya emergió (y cómo) lo defiende en público, pero no se juega por él. Después de todo, una de las piezas claves de ese orden era el papel del dólar como divisa global. A la República Popular ese papel no le entusiasma.

Algunas de esas instituciones conservan poder e influencia. En particular, el F. M. I., en tanto, sirva a las políticas de Washington (Su papel de auditor y garante del pago de sus créditos también le sirve a Beijing. Los auditores nunca son simpáticos).

Ahora me enfoco en nuestro país y nuestra región. Aquí, tal vez por razones culturales, siguen siendo importantes los Grandes Relatos. Para los numerosos latinoamericanos que se identifican con los Estados Unidos que describía  antes  Hollywood, y una Europa también imaginaria, esos países – también llamados «Occidente» o «mundo libre» – y esas instituciones multilaterales funcionan como legitimadores de políticas, especialmente económicas.

El sector, que se mostró más numeroso en muchas ocasiones, que se siente perjudicado o excluido de ese orden global, tiende a verlo como una gran conspiración de poderes ocultos (o financieros, más o menos lo mismo).

Así, para los más politizados de los descontentos con la realidad de pobreza y dependencia de nuestros países, «multilateral» pasó a ser una mala palabra. Muy distinta de «multipolar», aunque sonaran más o menos lo mismo. Y el «derecho internacional», una falsedad que solo servía a los globalizadores.

Oscar Wilde decía «Cuando los dioses deciden castigarnos, nos conceden lo que les pedimos». El «derecho internacional» -que nunca tuvo fuerza detrás más que la que quisieran darle o aceptar las Grandes Potencias, hoy está más vacío que nunca.

Las «operaciones militares» de EE.UU. en Venezuela y de Rusia en Ucrania y otras guerras locales en curso muestran que el derecho internacional es la fuerza militar, y, en bastante menor grado, la económica. Esta última NO incluye los recursos naturales, sino la capacidad de explotarlos y transformarlos.

Podemos hacer entonces un esbozo muy incompleto del Nuevo Orden Global que apunta: los únicos países que estarían a salvo de agresiones externas serían -como anticipó hace décadas Jerry Pournelle – los que poseen armas nucleares y los medios de lanzarlas. Esto lo demuestra Corea del Norte, un país pequeño y pobre, pero que tendría bombas atómicas y misiles.

En un 2do. nivel están las potencias locales que, sin tener armas nucleares, cuentan con lo que Eisenhower bautizó hace 65 años, un «complejo industrial militar».

Los países que no entran en una o dos de esas categorías … no son soberanos. Aunque tengan un asiento en las Naciones Unidas.

¿Dónde deja esto a los países latinoamericanos?  En el Hemisferio Occidental. las Américas, hay solo una Gran Potencia indiscutible, los EE.UU. Pero, atención: para gozar de la autonomía necesaria para proteger sus intereses, una nación no necesita ser más fuerte que todos sus vecinos. Ese es un objetivo imposible y peligroso, como muestra la Historia.

Lo imprescindible para cualquier nación que pretenda ser soberana en este cruel tiempo es que agredirla le resulte más caro a un posible enemigo que los beneficios que pueda obtener.

Para lograr esto, el caso Venezuela parece indicar que la compra de equipo militar en el extranjero -no importa cuán caro sea- no es muy útil. Tampoco las alianzas extra hemisféricas reemplazan la capacidad de defensa propia. 

Esta requiere la existencia de ese «complejo industrial militar». Que no tiene que tener las dimensiones del estadounidense, el chino o el ruso, obvio. Basta que sea suficiente para infligir un daño al agresor cercano al beneficio que pueda obtener. Y, nuevamente pido atención, los desarrollos de la guerra en este siglo la ha vuelto, curiosamente, más económica. El mejor ejemplo actual son los drones.

Para los argentinos, vale la pena recordar que hasta mediados del siglo pasado, nuestro país tenía las industrias de uso dual, civil y militar, más importantes de Sudamérica. Una sucesión de gobiernos irresponsables o estúpidos, y la derrota en la guerra de Malvinas, lograron destruirlo. Pero podemos reconstruirlo, si llegamos a tener la voluntad, y un gobierno que lo encare en serio.

(Hay una excepción a esta lectura en apariencia «facilista» de la defensa nacional: si el agresor es una potencia, global o regional, que cree enfrentar un desafío existencial. Ahí cambian las reglas. Lo aconsejable es evitar plantear esos desafíos).

En cualquier caso, el requisito esencial para la defensa es siempre lo que Aldo Ferrer llamaba «densidad nacional». Un pueblo que percibe un destino común, por encima de los distintos intereses y las disputas de sector, y un Estado organizado que administre esas diferencias y trace los objetivos comunes. El principal, porque nada se logra si no se cumple, es la defensa nacional.


Ni Vietnam ni Irak; Trump armaría la transición con la cúpula chavista

enero 4, 2026

Mi amigo Ricardo Auer, consultor en riesgo geopolítico, me acerca esto del periodista venezolano (de la diáspora)Francisco Poleo, vicepresidente de El Nuevo País. Daniel Lozano, de El Mundo, dice más o menos lo mismo.

Por mi parte, lo encuentro plausible. Parece evidente que Maduro fue entregado. Y Trump, como dirían en mi barrio, es narcisista, pero no boludo. Y debe tener presente como George Bush (h) convirtió a Irak, de un contrapeso a Irán, en un cuasi satélite de los ayatolás.

«Delcy Rodríguez y el núcleo duro de la cúpula del régimen están negociando con Estados Unidos en estos momentos. No se trata de un cambio repentino. Es el resultado de una conclusión a la que se llegó en Washington durante meses: Estados Unidos no cree que María Corina Machado y la oposición tengan la capacidad operativa para tomar el poder en Venezuela porque no controlan ni fracturan significativamente a las fuerzas armadas. Si la tuvieran, el poder habría cambiado inmediatamente después de las elecciones presidenciales de 2024. No fue así.

Durante un largo período, funcionarios estadounidenses, incluido Marco Rubio, mantuvieron una comunicación constante con Machado y su equipo. Se les pidió repetidamente pruebas de un plan concreto, no solo para obtener el poder simbólicamente, sino para mantenerlo en la práctica: cadena de mando, alineamiento militar, control institucional y gobernanza inmediata. Las respuestas fueron consistentemente evasivas, justificadas por preocupaciones de seguridad, pero nunca fundamentadas. En ese momento, desde la perspectiva del gobierno estadounidense, la oposición dejó de parecer un mecanismo de transición viable y comenzó a verse como una apuesta política sin un brazo ejecutor. 

El plan ahora sobre la mesa es que Delcy Rodríguez estabilice el país con el respaldo de Estados Unidos y luego convoque elecciones generales. Esto no se presenta como un respaldo al régimen, sino como una estrategia de contención y transición. Washington es explícito en una cosa: no se trata de una alianza entre iguales. Estados Unidos dirige el proceso, Rubio gestiona las líneas y la influencia es totalmente asimétrica. Delcy es el instrumento, no el centro de gravedad. Los funcionarios estadounidenses también consideran que la dura retórica pública de Delcy hoy estaba dirigida hacia adentro, a la base chavista, no hacia afuera. Ese mensaje se entiende como una señal interna. Sin embargo, por el momento, las negociaciones con Estados Unidos continúan.»


El «verdadero» motivo de la captura de Nicolás Maduro

enero 3, 2026

Cuando hoy a la mañana empecé a redactar mentalmente este post tenía un título más ambicioso y geopolítico «2026: un Nuevo Orden Mundial en construcción». Defecto profesional de un analista.

No es que ese título no responda a la realidad. Estamos asistiendo -los argentinos, como espectadores un poco aturdidos- al reemplazo de un orden global elaborado después de 1945, tras la derrota de las potencias del Eje.

Ese viejo orden global incluía un multilateralismo sesgado e hipócrita, como denunciaron muchos pensadores argentinos y de otros países latinoamericanos. Bueno, ya desde hace más de una década, está siendo reemplazado por uno en que impera una sinceridad brutal.

Por eso siento que debo decir que el «verdadero» motivo que tuvo Trump para capturar a Maduro es … que calculó que podía hacerlo sin mucho costo.

El equipamiento sofisticado que Venezuela  compró a Rusia y a China no servía como elemento de disuasión para un enemigo que no necesitaba de armas ajenas. Hay un eco de Maquiavelo en esta lección.

Otra debilidad de Maduro es un eco mucho más fiel de las enseñanzas del florentino: resulta evidente que el presidente venezolano no contaba con la adhesión total de su propio aparato de seguridad. Alguien o algunos lo entregaron.

De la geopolítica, de zonas de influencia y recursos estratégicos, escribiré más tarde. Dejo para la reflexión, la imagen que me acercó un amigo, la versión italiana de un juego de mesa.

Para profundizar, siento que debo esperar a ver cómo sigue la historia en Venezuela: otro Vietnam, otro Irak, o la «transición apropiada» que vaticina Trump.

La lección que YA tenemos en América del Sur es que todos sus gobiernos, incluso los que aplauden con entusiasmo la acción militar de esta madrugada del 3 de enero, es que su autoridad y permanencia en sus cargos dependen de las decisiones que se tomen en Washington y, quizás, en otras capitales.

Esto será así hasta, y sí, que construyan una capacidad de disuasión propia que convenza a potenciales enemigos, tal vez más fuertes que es mejor negociarlo con ellos que tratar de meterlos presos.


Trump se va a las Cruzadas, por un Occidente renovado

diciembre 27, 2025

Quiero ser justo. Reconozco desde el comienzo que Donald Trump, que pronto cumplirá 5 años (interrumpidos) como inquilino de la Casa Blanca, bombardeó menos gente, en promedio por año, que sus predecesores en este siglo, que duraron 8 años: George W. Bus y el Nobel de la Paz, Barack Obama. Trump no es belicista. Humanista tampoco, obvio

Lo que debería preocuparnos es que el tío Donald parece ampliar los motivos con los cuales EE.UU. justifica sus bombardeos.

En esta semana de Navidad, Trump, dijo en su red Truth Social que Estados Unidos había lanzado un “poderoso y letal” ataque contra fuerzas de Estado Islámico en el noroeste de Nigeria, después que acusara al gobierno de ese país africano de no detener la persecución de cristianos en su territorio.

Trump agregó que esos militantes de E. I. (o ISIS) “atacan y asesinan de manera cruel, principalmente, a cristianos inocentes».

Atención: el marco legal y geopolítico de este ataque es muy distinto de la «diplomacia de cañoneras» en el Caribe que comenté en este blog el miércoles 17. Puede verse como una variante moderna, una «diplomacia de misiles», que Trump insinuó que quizás también aplicaría en Venezuela.

Pero en la presión militar sobre el país caribeño existe la intención explícita de derrocar a su gobierno, al que EE.UU. considera ilegítimo. Y en el plano estratégico, Washington ve al hemisferio occidental desde el siglo XIX como su «zona de influencia», esencial para su seguridad, y espacio pribilegiado para sus empresas.

En el caso del país africano, la situación es muy distinta. El ministerio de Relaciones Exteriores de Nigeria indicó que el ataque se llevó a cabo como parte de una cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos, que incluye el intercambio de inteligencia y la coordinación estratégica para atacar a grupos militantes.

“Esto ha dado lugar a ataques de precisión contra objetivos terroristas en Nigeria mediante bombardeos aéreos en el noroeste”, afirmó ese ministerio en una publicación en X.

Para los compatriotas que sólo tienen una vaga idea de África, aquí hay un resumen breve de los datos básicos de Nigeria:

  • Territorio: Superficie de 923.768 km².
  • Población: Alrededor de 238 millones de habitantes (el país más poblado de África).
  • Economía: PIB nominal ~285 mil millones USD; es la economía más grande de África (por delante de Sudáfrica en algunos rankings). Dependiente del petróleo, pero con crecimiento en servicios y agricultura.
  • En relación al África subsahariana, Nigeria representa ~19% de la población y ~15-20% del PIB regional.
  • Es el gigante demográfico y económico de la zona, concentrando gran parte del crecimiento y los desafíos (como urbanización rápida y dependencia de sus recursos naturales).
  • En resumen, no es apto para ser un satélite de EE.UU., en un siglo donde hay tanta competencia por esos recursos.

Vuelvo ahora a un marco más amplio:  la intervención de EE.UU. en África es mucho más reciente que la de las potencias europeas. Portugal, entonces una potencia naval, le dio comienzo hace cerca de  600 años atrás. En los siglos siguientes tomaron la delantera en el tráfico de esclavos y luego en la ocupación territorial Inglaterra y Francia. A fines del siglo XIX los países europeos se repartieron el continente, en un congreso en Berlín…

Después de la II Guerra Mundial, la realidad se hizo más diversa. Procesos de descolonización y neocolonización. También se libró allí la Guerra Fría. En los ´80 hasta pelearon contingentes cubanos!

En este siglo siguieron las guerras, intervenciones y masacres, pero con mucha menos carga ideológica. Las diferencias étnicas y religiosas ocuparon su lugar. Pero el factor decisivo para la intervención extranjera fueron los recursos naturales africanos. Se volvió a la tradición de siglos, digamos. La principal preocupación de Washington, por ejemplo, es que China es el principal cliente, inversor y/o acreedor, de muchos países de ese continente,

La principal debilidad de esos países es que sus fronteras, y sus propias estructuras estatales, son en gran parte herencia de cuando eran colonias europeas. Muchas de esas fronteras fueron trazadas en ese congreso en Berlín…

Nigeria, por ejemplo, está dividida entre un norte con mayoría musulmana y un sur con mayoría cristiana… Pero no hay una guerra entre esas regiones. Hay conflictos locales, que a menudo ignoran las fronteras del país. «Estado Islámico» es el nombre que se dan facciones locales, que se proclaman «provincias» del Califato, y se financian con la explotación o el saqueo de minerales valiosos.

Pero basta del drama africano, aunque será parte importante de la historia de los próximo siglos. Su crecimiento demográfico lo garantiza.

Lo que creo de interés inmediato, también para nosotros -nuestro gobierno imita servilmente las política del Donald -menos el proteccionismo industrial, claro- es que muestra la intención de convertirse él mismo, y por lo tanto su país, en el líder de un «Occidente renovado». O, más simple, trumpista.

Dejemos a un lado, para este análisis, los factores históricos y culturales. El Occidente que surgión después de la II Guerra Muncial, rue, en términos geopolíticos y de poder real, Estados Unidos más las potencias de la Europa Occidentar, más Japón, bajo el protectorado militar de EE.UU., la OTAN.

Ese Occidente fue. Ya no reúne a las economías más importantes, muchas emergentes crecen más rápido, y Trump dice que mantener la OTAN le cuesta demasiado a su país. Tiene razón.

El presidente imperial de los EE.UU. quiere un nuevo Occidente, renovado, que abarcaría a todos los países con mayoría «blanca» y, requisito fundamental, lo adulen, sigan sus políticas y controlen la inmigración de aquellos con piel algo más oscura.

Su preocupación por los cristianos nigerianos es una indicación de la imagen que intenta proyectar de su papel histórico como líder de ese Occidente renovado. Puede ser sincero, también, aunque no muestra interés por la suerte de los cristianos en el cercano Oriente.

También se preocupa por la suerte de los afrikáners blancos en Sudáfrica…

 La llave de ingreso a ese «Occidente renovado» serían, entonces, la admiración por Trump, la afinidad con sus políticas y el control de la inmigración. Son los requisitos que está exigiendo a sus viejos aliados europeos, además que compren sus armas y su combustible en EE.UU.

Atención: una parte no pequeña de los argentinos, y de los latinoamericanos en general, pueden sentirse atraídos por este destino. Podrían imaginarse ciudadanos -aunque clase B- del «primer munco».

Pero… esa ilusión no es sostenible. Ni en términos sociales ni económicos. Aunque en Europa piensen que los argentinos somos racistas porque no hay negros en nuestra Selección de fútbol. una buena parte de nuestr población es morocha. Y peor, un porcentaje aún mayor vota al peronismo Trump es sensible en eso, porque los Demócratas lo acusan de imitar a Perón.

Y hay un factor económico, no cultural: los clientes de las producciones de la América del Sur están en Asia. Y ahí están también las Grandes Potencias del presente y el futuro. Es inevitable que la Argentina haga equilibrio en un mundo donde aun el «Occidente renovado» que parece imaginar Trump sería un actor más, entre otros.

Un mundo donde Argentina debe construir su propio lugar, si somos capaces de hacerlo.


Feliz Navidad, con Bach

diciembre 25, 2025

Vuelvo a subir al blog el post de Navidad del año pasado. No muy distinto, en el fondo, de los posts navideños que subí la mayoría de los años que tiene este blog.

Parece curioso, porque soy uno de los muchísimos en esta sociedad que hemos sido bautizados, tomamos la 1ra. comunión y cuando crecemos nuestra relación con la iglesia es… remota.

Uno va cuando bautizan al hijo o al nieto de un amigo. Nochebuena o Navidad  son una ocasión de reunirse con familia o amigos muy cercanos, brindar y comer mucho. No soy creyente, soy dudante, como se definía Atahualpa Yupanqui. Escribo esto para los que dudamos, supongo.

Creo que una razón es que, aun para los que no tenemos el don de la fe, la historia es poderosa: el Autor de Todo, las galaxias, la mecánica cuántica, la vida, se hace hombre como un niño desvalido porque nos ama.

Y esa vieja historia tiene los pastores que reciben la noticia, el posadero que no tiene lugar para los viajeros, el rey que lo hace buscar para matarlo porque le han dicho que lo sacará del trono…

Como sea, esta vez vuelvo a acercarles el Oratorio de Navidad, de Juan Sebastián Bach. Lo dirige  Nikolaus Harnoncourt. Es una hora y 20 minutos de uno de los compositores supremos. Lo pueden escuchar de a ratos, mientras están haciendo otra cosa (más o menos, mi caso).

Lo escucho como una demostración que en este universo, a pesar de las apariencias, hay lugar para el orden y la belleza. Tal vez el Autor piensa en nosotros.


Trump vuelve a poner de moda las cañoneras. Uso y límites

diciembre 17, 2025

Por si alguien todavía no lo sabe («cañoneras» y «diplomacia de cañoneras» se usa mucho en los medios desde que EE.UU. empezó a bombardear lanchas en el Caribe) el término se refiere a una práctica de las potencias en la 2da mitad del siglo XIX y principios del XX.

En ese tiempo, las potencias navales amenazaban con enviar cañoneras para obtener concesiones políticas o comerciales de países más débiles. (Pensándolo bien, Trump tiene un estilo siglo XIX, variante Salvaje Oeste).

Un toque de nostalgia, para la autoestima argentina: existe una  Doctrina Drago. Es un principio del derecho internacional que establece que la deuda pública no puede justificar la intervención armada ni la ocupación del territorio de una nación americana por parte de una potencia europea o extranjera en general.

Fue formulada por el canciller argentino Luis María Drago el 29 de diciembre de 1902, en una nota diplomática enviada al gobierno de Estados Unidos, como protesta ante el bloqueo naval impuesto a Venezuela por Gran Bretaña, Alemania e Italia (iniciado en diciembre de 1902) para cobrar deudas pendientes que el presidente Cipriano Castro se negaba a pagar. Influyó en el derecho internacional y fue una respuesta latinoamericana al riesgo de intervenciones europeas por motivos financieros.

Claro, en ese tiempo Argentina tenía una Cancillería y una política exterior…

Pero estamos hablando de la actualidad y de las relaciones de poder. Que también se tenían en cuenta siglo y medio atrás, por supuesto.

La «diplomacia de las cañoneras» mostraba que las potencias de ese tiempo protegían sus intereses e imponían sus ambiciones avasallando a los países más débiles. Pero usaban sus fuerzas navales. Los desembarcos y la ocupación del territorio habían caído en desuso para fines del siglo XIX, salvo en el África subsahariana o en el Caribe, En países demasiado débiles o desunidos para oponer una resistencia prolongada.

Esto no era así cuando comenzaba el siglo XIX. Napoleón invadió Egipto, Inglaterra ocupó Buenos Aires… Y hasta en 1867 Francia trató de imponer a Maximiliano de Habsburgo como emperador de México! Ninguno de esos intentos terminó bien para los invasores…

(Un aporte más a nuestra decaída autoestima: el intento anglo-francés en 1840 de imponer la libre navegación de los ríos interiores de la Confederación Argentina con una fuerza naval tampoco funcionó. Tuvieron que esperar a otra de nuestras guerras civiles…).

El hecho es que, en general, las Potencias descubrieron que enviar cañoneras y, si era necesario, bombardear a distancia resultaba más eficaz y, sobre todo, más económico. Algunos cañonazos de libras esterlinas, francos, marcos o dólares, también.

Esta es una lección que Donald Trump parece haber aprendido. Presidentes anteriores de EE.UU. mandaron tropas a Vietnam, Irak, Afganistán… Muy caro e ineficaz, y un buen empresario debe tomar nota.

Al mismo tiempo, el Donald está actualizando una vieja lección para todos los países, al dejar de lado los discursos hipócritas. La habían resumido hace mucho tiempo en Atenas: «Los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben». Todos los gobiernos serios (no la runfla improvisada que tenemos hoy aquí, obvio) y los Estados Mayores están tomando nota.


Peronismo para rearmar

diciembre 14, 2025

En esta Argentina ciclotímica, encuentro que la militancia peronista está desanimada. Quiero precisar esto, para que no me acusen de vender depresión: lo dicen análisis de lo que se lee y escucha en las redes. Porque, a pesar de manifestaciones masivas pero puntuales, casi todos los días del año  los compatriotas con motivación política no se expresan en las calles, sino en el mundo digital.

No hay porqué avergonzarse: ese es nuestro entorno social más extendido en estos tiempos.

Y en todo el mundo, en los años recientes, las convulsiones fueron anticipadas en las redes.

¿Por qué empiezo con esto, si voy a hablar de rearmar el peronismo? Porque, aunque en X mantengo el avatar de Maquiavelo, aquí no me dirijo a los príncipes, sino a los militantes.

Más preciso: escribo esto para los compatriotas con un compromiso doctrinario y político con el peronismo. Reconozco que tienen motivos válidos para sentir desaliento: fueron derrotados hace 3 años y días por un rival inesperado, que les ganó con un discurso que no podían creer que una mayoría de los votantes podía aceptar.

Y en este cuatrimestres sufrieron dos shocks alevosos para el equilibrio emocional: el triunfo del 7 de septiembre en Buenos Aires, la derrota del 26 de octubre en  la misma PBA y en casi todo el país.

Pero, en la opinión de este bloguero, el malestar de los peronistas «de a pie» tiene una raíz más profunda: hoy sólo minorías intensas y comprometidas reconocen algún liderazgo nacional. La mayoría de los peronistas tiene expectativas, críticas, pero sobre todo se siente incómoda con una pelea interna donde no se levantan programas, consignas o banderas distintas. Sólo ven una lucha entre individuos, y  solamente los que están enamorados de o envenenados contra algún liderazgo en particular se sienten motivados a participar.

Por mi parte, me animo a decir que esa cuestionada franja dirigencial, la que no se conforma con sus privilegios personales o sus quintitas, está haciendo lo que Maquiavelo les aconsejaría hoy: compiten por el poder político. 

Agrego que la construcción de ese poder no es individual; siempre la hace un colectivo. Apoyen al que les gusta, o al que le desconfían menos. Tengan presente que ese poder político hoy lo tiene Milei. La participación en política es, necesariamente, también en la competencia interna.

Puede ser que Peluca termine derrotado por sus propios errores. Suele pasar con los presidentes argentinos, pero no hay ninguna garantía que el sucesor sea el  peronista favorito de uno. Hay mucha competencia. Hasta aparece ahora un pastor evangélico anotado.

Pero existe, por suerte, otra tarea necesaria. Por su naturaleza, corresponde sobre todo a los militantes. O, para usar un término con menos carga romántica, a quienes tienen un compromiso con las ideas del peronismo y con su trayectoria histórica, en sus mejores momentos, en defensa de los menos favorecidos y de la soberanía nacional.

La tarea es debatir las nuevas  ideas y propuestas que deberá plantear el peronismo a una sociedad argentina que cambió mucho desde 1945. Y desde 2003.

También cambió desde 2023. El experimento Milei no pasará sin consecuencias.

En concreto, lo que estoy diciendo es que los peronistas, ese conjunto diverso y bastante dividido, tendrán que asumir el esfuerzo de instalar el clima social que reivindique valores como ésa solidaridad, el patriotismo, sin que aparezcan mezclados que lo que la sociedad aprendió a rechazar: la tolerancia con la inflación acelerada, la creación de «kioskos» desde el Estado…

No es una idea nueva ni original. Ya se hizo entre nosotros desde hace una década, más o menos. Por usinas globales. Cierto; el mundo digital está globalizado por su propia naturaleza. Pero también por un sector de nuestra juventud, hartos de consignas que ya les sonaban vacías.

La construcción de un nuevo «clima social» es posible, entonces. Y hasta puede ser más fácil, el contenido es más cercano a la identidad argentina  que el individualismo egoísta que se impuso con el nombre de «libertario».

Pero seguro no será simple, ni definitiva. La Argentina y el mundo siguen cambiando, cada vez más rápido.


En la Unión Europea y en Rusia hablan de guerra. Consejo para argentinos

diciembre 3, 2025

En estos días quise aportar a la discusión local algunos temas que creo importantes de política internacional (los medios masivos argentos no les dedican mucho espacio. O los lectores no se interesan?).

Subí a AgendAR la larga nota del Wall Street Journal sobre el verdadero plan de Trump para la paz en Ucrania «Hagamos dinero y no la guerra», y algo del Financial Times sobre la estrategia de Lula ante el Donald.

Pero un llamado público del Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Francia, a prepararse para una posible (probable) guerra con Rusia en tres o cuatro años, fue publicado en un medio masivo, La Nación. Y no se le dio mucha bola al asunto. Al menos, nadie en la dirigencia política de primera línea se refirió al tema, ni se discutió en las redes.

Gente, si hay una guerra más grande que la actual en Europa, entre los ejércitos de Rusia y otros países europeos, afectará nuestras vidas mucho más que los gobiernos kirchneristas y neoliberales que vivimos en este siglo. Y si participaran los gigantes EE.UU. y China…

Al punto: el general Fabien Mandon, nombrado en su actual cargo en julio de 2025, pronunció el discurso el pasado 18 de noviembre  ante el Congreso de los Alcaldes de Francia, espacio público y político si los hay.

El discurso incluyó la frase  «aceptar perder a nuestros hijos» como sacrificio para disuadir a Moscú» ¿Quería entusiasmar a los oyentes?

Obvio, hubo reacciones de todo el espectro político francés, con críticas unánimes de izquierda, derecha y extrema derecha:

 · Izquierda radical (La Francia Insumisa): Jean-Luc Mélenchon expresó «desacuerdo total», acusando a Mandon de extralimitarse al promover «preparaciones guerreras» sin decisión civil.

· Derecha y extrema derecha: Nicolas Dupont-Aignan (Debout la France) lo tildó de «delirante» y «suicida», rechazando el sacrificio de «nuestros hijos en una guerra contra Rusia».
(Casi escuchamos un eco gauchesco «Negociemos, don Inodoro«).

Pero no hubo pronunciamiento oficial del gobierno. Emmanuel Macron no comentó públicamente, aunque avanza con el rearme (Francia planea duplicar el gasto en defensa a 64.000 millones de euros para 2027).

Propongo que leamos lo que dijo el general. Ya este post es largo, pero el tipo tiene la elocuencia francesa. Y habla de Obama, Trump, el Pentágono, y por supuesto de China, además de Rusia.

Al final, agrego el comentario de Vladimir Putin. Mucho más lacónico el ruso. Casi espartano. También agrego un breve comentario mío, por lo que valga.

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«Señor presidente de la Asociación de Alcaldes de Francia, señoras y señores alcaldes de Francia, estoy realmente impresionado. Impresionado porque ustedes representan a nuestros territorios, representan a todas las mujeres y hombres jóvenes que han elegido vestir el uniforme de las fuerzas armadas francesas. Por lo tanto, tengo la impresión de estar hablando a nuestro país, en todas sus dimensiones, y a todos aquellos que también representan a la juventud que hoy en día está comprometida con las fuerzas armadas y a la que tengo la suerte de comandar.

Pero si he aceptado este intercambio o este momento con ustedes es porque para mí se trata de un momento especialmente grave. No quiero pintar un panorama demasiado sombrío, pero el presidente de la República me pide que le permita proteger a los franceses y francesas, proteger nuestros intereses, proteger nuestro país en cualquier circunstancia. Por lo tanto, naturalmente, mi visión es, como la suya, la de un hombre en el terreno. Pero miro más allá de nuestras fronteras, observo la evolución y, muy sinceramente, hoy veo que todas las previsiones que se habían hecho sobre nuestro país y que se encuentran en los grandes documentos de evaluación estratégica de nuestro entorno, todo eso se está concretando. Y, lamentablemente, el deterioro se está acelerando.

Para Estados Unidos, en 2027 China se apoderará de Taiwán y entrará en confrontación

En consecuencia, creo que es importante para nuestra población, y por lo tanto importante para ustedes, que son el primer eslabón en contacto con nuestros conciudadanos, disponer de este tiempo en el que comparto con ustedes lo que percibo del mundo y los retos de seguridad que se nos plantean.

Así que, en primer lugar, haremos un pequeño repaso entre nosotros de lo que está sucediendo a nuestro alrededor y, después, quizá, en una segunda fase, hablaremos de manera concreta de lo que podemos hacer juntos para ayudar a nuestro país a estar a la altura de los retos.

Primer gran fenómeno. Tenemos una desvinculación de Estados Unidos de Europa. Es algo que para nosotros era casi imposible porque se trata del “país de la libertad”, país cercano, país que participó en nuestra liberación del yugo alemán, país con el que tenemos relaciones extraordinarias en todos los ámbitos. Sin embargo, desde hace varios presidentes estadounidenses, vemos constantemente que, en el ámbito de la defensa, Estados Unidos se está concentrando en Asia. Y, muy concretamente, hace unas semanas, los estadounidenses decidieron retirar sus tropas de Rumania, donde tenían varios miles de soldados, en un momento en que hay una guerra en nuestro continente. Los rumanos fueron amenazados por los rusos al inicio del ataque a Ucrania, y los estadounidenses retiran sus fuerzas del flanco Este de la OTAN. No las retiran totalmente. No se trata de una retirada brutal. Lo que permitirá a los optimistas esperar que se queden.

La película, si la miramos desde hace 20 años, es un inexorable movimiento de inclinación hacia Asia. Socios militares de gran calidad con los que puedo intercambiar opiniones regularmente me dicen: “Nos preocupa la evolución de China”. Y sé que para ustedes China ya es una huella económica con explotaciones madereras, relaciones comerciales, oportunidades, y todos observamos la economía china, que hoy en día está muy presente. Vemos vehículos chinos en nuestras calles, con un cambio actual del “made in China” al “made by China”. Nuestros hijos, nuestros padres, tienen teléfonos Huawei en la mano.

Rusia, según la información que tengo, se está preparando para un enfrentamiento con nuestros países en el horizonte de 2030

Así pues, China es una potencia demográfica, se ha convertido en una potencia económica importante, y lo es también en el ámbito militar. Hoy China plantea un problema de poderío militar a Estados Unidos. Es capaz de estar en la vanguardia en todos los ámbitos. Y para aquellos que vieron las imágenes muy escenificadas del 3 de septiembre en China, el presidente chino recibió a un grupo de líderes e hizo desfilar lo mejor que hay hoy en el mundo en términos de equipamiento militar, desde drones hasta satélites, misiles balísticos y fuerzas que desfilaban con un rigor y un orden extraordinarios.

Hizo una demostración de su poderío militar. Por ahora, China no lo utiliza. Sigue aplicando una lógica de poder blando, que se afirma lentamente en su entorno cercano y que va conquistando, a menudo mediante un enfoque económico, territorios, un poco más de control y un poco más de influencia. Pienso en particular en nuestros territorios de ultramar, Polinesia, Nueva Caledonia, donde la presión de los recursos se ejerce de forma suave pero firme. Hoy, cuando observo la penetración de las zonas económicas exclusivas alrededor de Nueva Caledonia o alrededor de Polinesia, los lugares donde Francia, donde los ejércitos franceses están presentes, se respeta nuestra soberanía. Pero en todas partes se ejerce la depredación, sobre la pesca, los recursos naturales. Y China es uno de esos actores depredadores.

Así que hay dos grandes actores. Uno que se está separando progresivamente de Europa en términos de prioridades para centrarse en China, y una China que se afirma como potencia con el riesgo de enfrentamiento con Estados Unidos.

Hoy en el Pentágono hay un reloj, visible para todos los oficiales que prestan servicio allí, que cuenta los días que faltan hasta 2027. Porque para Estados Unidos, en 2027, China se apoderará de Taiwán y entrará en confrontación. Lo que quiero decir es que no se trata solo de un análisis de inteligencia. Hoy la primera potencia mundial tiene en el centro de su defensa un horizonte de 2027 y un posible enfrentamiento.

Para mí, estos son los dos primeros elementos de nuestro contexto que definirán los parámetros de nuestra seguridad.

El tercer punto, por supuesto, y recientemente tuvimos la visita del presidente Zelenski a París, es la guerra en nuestro continente desde hace casi cuatro años, y no es un hecho nuevo. Es decir, en 2008, Rusia decide atacar Georgia. En 2014 se apoderó de Crimea. En 2022 relanzó un ataque en Ucrania, apoderándose de cuatro regiones que hoy ha conquistado prácticamente en su totalidad. Por lo tanto, cuando vemos esta película: 2008, 2014, 2022, no hay ninguna razón para imaginar el fin de la guerra en nuestro continente.

Lamentablemente, la Rusia actual, según la información a la que tengo acceso, se está preparando para una confrontación con nuestros países en el horizonte de 2030. Se está organizando y preparando para eso y está convencida de que su enemigo existencial es la OTAN, nuestros países.

Continúo mi panorama general dirigiéndome hacia África. En África hoy tenemos todas las consecuencias del calentamiento global y todas las diferencias económicas que hacen que la presión migratoria, los desafíos climáticos y las catástrofes naturales continúen y provoquen fenómenos que pueden desestabilizar a los Estados e inducir crisis regionales potencialmente más amplias.

En segundo lugar, hoy los líderes terroristas que antes tenían su base en el Levante, Medio Oriente y Afganistán, se encuentran en África. Un África en la que el Sahara está profundamente desestabilizado, con numerosas juntas de gobierno que no logran estabilizar la seguridad en sus países. En este momento, en Bamako, Mali, hay yihadistas que impiden el suministro de gasolina a la capital. Con una junta que ha recurrido a cuerpos expedicionarios rusos para protegerse, para intentar restablecer la seguridad. No lo consiguen. En cambio, sí consiguen apropiarse de todas las riquezas del país.

Observamos que las técnicas de drones que se utilizan hoy en nuestro continente en la guerra entre Ucrania y Rusia, es decir, la capacidad de utilizar drones para transportar cargas explosivas, son aprendidas por los grupos terroristas del Sahel. Así que también en nuestra orilla sur hay fenómenos preocupantes para nuestra seguridad. No se ha producido hasta aquí ningún ataque preparado y organizado desde el continente africano, pero existe una evolución preocupante de los grupos terroristas, de su control sobre regiones enteras.

EN Oriente Próximo y Medio la situación tampoco es buena. Lamentablemente, todos ustedes han sido testigos del terrible ataque del 7 de octubre contra Israel. Barbarie en estado puro, la barbarie más absoluta. Y a continuación se produjo un combate que se extendió progresivamente desde Gaza a toda la región, con bombardeos y lanzamientos de misiles entre Irán e Israel. Grupos terroristas en Yemen que amenazan la circulación del flujo económico mundial en el Mar Rojo, donde nuestras fragatas y nuestros aviones intervienen para proteger la circulación del tráfico comercial.

Evidentemente, este panorama es muy sombrío. Lo siento, pero creo que hay que decirlo. Porque tenemos la suerte de haber crecido y de vivir en un mundo en paz. En nuestras sociedades, que han vivido la atrocidad de dos guerras mundiales y que llevan décadas viviendo en un entorno pacificado, pensamos que la paz estaba definitivamente asegurada. Lamentablemente, todo lo que sucede a nuestro alrededor nos muestra que algunos han optado por la fuerza. Y Rusia está hoy convencida de que los europeos son débiles.

Sin embargo, y aquí es donde me gustaría transmitirles todo el optimismo que hay que tener, somos fuertes. Somos fundamentalmente más fuertes que Rusia. Pero hay que aceptar que vivimos en un mundo en peligro y que puede que tengamos que utilizar la fuerza para proteger lo que somos. Es algo que había desaparecido por completo de nuestras conversaciones familiares, creo. Imagino que en sus municipios es raro que nuestros conciudadanos hablen espontáneamente del peligro que representa Rusia. El terrorismo nos ha marcado profundamente y creo que la acción de nuestros soldados, de las fuerzas de seguridad interior, de las patrullas de vigilancia, para quienes las viven, nos recuerdan el riesgo terrorista.

El principal riesgo hoy es el riesgo de mostrar debilidad frente a una Rusia que no tiene complejos a la hora de utilizar la fuerza y que aprovechará su ventaja si percibe que seguimos siendo débiles. Al inicio del conflicto en 2022, Rusia contaba con menos de un millón de hombres y mujeres uniformados. Hoy son 1,3 millones. Su proyección para 2030 no está lejos de los 2 millones. El 40 % de su economía se destina a la industria de defensa. Hoy Rusia produce más equipamiento de defensa del que consume en el frente. Está preparándose para algo más. Por lo tanto, los europeos en conjunto son mucho más fuertes que Rusia. Por eso creo que no hay que ser pesimistas. Los europeos juntos suman más de 1.400.000 mujeres y hombres que visten el uniforme y están dispuestos a defender los valores de su país. Es una industria extraordinaria. En Francia contamos con técnicos, ingenieros y empresarios que saben producir lo mejor del mundo.

Voy a poner el ejemplo de un sistema que se presentó al presidente ucraniano. Una de las principales amenazas actuales en Ucrania son los disparos de drones y misiles que se lanzan cada noche desde Rusia hacia Ucrania para alcanzar los centros energéticos, la electricidad, los centros de entrenamiento y las ciudades, con el fin de minar la moral de los ucranianos. Hace unos años, Europa creó un sistema llamado SAMP/T, fabricado en colaboración con Italia y también con el Reino Unido. Creo que todo el mundo ha oído hablar de los sistemas estadounidenses Patriot, que son el símbolo de esta capacidad de protegerse contra misiles y aviones. Los ucranianos nos explican hoy que el sistema fabricado por los europeos, y por tanto por ingenieros y técnicos franceses, funciona mejor que el mejor de los sistemas estadounidenses. ¿De acuerdo? Tenemos todo el conocimiento, toda la fuerza económica y demográfica para disuadir al régimen de Moscú de intentar ir más allá. Lo que nos falta, y aquí es donde ustedes tienen un papel importante, es la fuerza de voluntad para aceptar sufrir a fin de proteger lo que somos.

Los ejércitos son un extracto de la nación. Las mujeres y los hombres que hoy están empleados en todo el mundo tienen entre 18 y 27 años en el terreno. Son jóvenes, provienen de sus municipios, tienen las mismas aspiraciones. Cumplirán con su misión si sienten que el país los apoya. Si nuestro país flaquea, porque no está dispuesto a aceptar perder a sus hijos -porque hay que decir las cosas como son-, o a sufrir económicamente porque las prioridades se centrarán en la producción de defensa, por ejemplo. Si no estamos preparados para eso, entonces estamos en peligro. Pero creo que tenemos fortaleza de espíritu.

Francia siempre ha demostrado su fortaleza de espíritu en los momentos difíciles. Y ahora es el momento de hablar de eso. Se puede tener la sensación de que todo esto está lejos y es cierto que sigue estando lejos. La mecánica no consiste en que los tanques rusos desembarquen en Alsacia. La mecánica es una mecánica de solidaridad. Es una mecánica de solidaridad con los países que hoy se encuentran en el flanco Este de la OTAN, que podrían ser atacados y a los que iremos a proteger por solidaridad. Y desde el momento en que nos comprometemos en solidaridad, en ese momento, comprometemos a las jóvenes y a los jóvenes que han elegido servir con el uniforme.

Por lo tanto, yo he dado a las fuerzas armadas el objetivo de estar preparadas en tres o cuatro años, pero necesito que la nación esté dispuesta a apoyar este esfuerzo si tuviéramos que hacerlo. Estoy convencido de que si nuestros enemigos ven nuestra determinación de defendernos, de proteger nuestros valores y nuestra historia, se irán a otra parte porque saben que somos más fuertes. Pero hay que demostrarlo, y hay que hacerlo en los próximos tres años. Es fundamental.

Lo segundo es que hoy tenemos las fuerzas armadas más eficaces de Europa. Francia puede enorgullecerse de tener un ejército de referencia en Europa. Los europeos nos observan. Pero la escala adecuada para afrontar el reto al que me he referido es la colectividad. Es como en el deporte. Se puede ser el mejor ala en el rugby, pero si no hay todo un equipo con nosotros… No se puede jugar al rugby de forma individual, es un deporte colectivo. Del mismo modo, nuestra defensa será sólida si jugamos en equipo con los europeos. Y Francia tiene un papel de liderazgo porque se la considera líder en Europa en este ámbito.

El tercer punto es el vínculo con nuestro país, el vínculo con nuestra nación. Es la elección del compromiso de los reservistas. Ya saben, los ejércitos son 200.000 personas. Estadísticamente, cinco personas por municipio si hago la división. No es gran cosa. Es mucho, pero no es gran cosa. Más allá de estos 200.000 militares, hay reservistas, y vamos a duplicar el volumen de nuestras reservas en los próximos años. Vamos a llegar a los 80.000 reservistas. Estos reservistas también proceden de sus municipios. Forman parte de las fuerzas vivas. Ustedes tienen un papel especial y esta es la última parte de mi intervención.

Es necesario que nuestros conciudadanos puedan intercambiar opiniones con ustedes y que ustedes puedan explicar lo que han percibido de los retos de la defensa. Porque nuestra defensa se construye a nivel local. La conciencia es local y ustedes son los mejores transmisores. Son ustedes quienes tienen el valor en su mandato y están en contacto con nuestros conciudadanos. Por lo tanto, necesito que compartan esta visión.

[…] También los necesito porque, hoy, pero aún más potencialmente mañana, si nos encontramos en una situación de crisis, ustedes son la base de retaguardia de las fuerzas armadas y nuestros soldados lucharán con la mente tranquila si saben que la base de retaguardia se mantiene firme.

[…] Por último, ustedes son los guardianes de la memoria. También en este caso, todos tenemos un vínculo con un pueblo, con un municipio, con su historia. Y esa historia es la memoria de los antepasados que se transmite de generación en generación. También son los monumentos a los caídos y los momentos de conmemoración en los que recordamos por qué lucharon esas personas, por qué dieron su vida y el sentido de todo ello.

Y hoy no tendría sentido detener lo que generaciones anteriores han hecho por nosotros. Por eso creo que el papel de la memoria es hoy fundamental y sé lo mucho que se esfuerzan ustedes por mantenerla en sus municipios. Para mí, es uno de los elementos que conforman la fibra profunda de la resistencia francesa.

Quisiera decirles que estamos aquí para ustedes, que estamos aquí para todos los franceses, para garantizar su defensa, y no tengo ninguna duda sobre la solidez de las fuerzas armadas francesas. Sé que estaremos a la altura y sé que nuestros competidores lo saben. Pero hay que demostrarlo. Hay que demostrar que tenemos la voluntad de protegernos. Son decisiones que se están tomando en este momento en el presupuesto. Es una labor pedagógica hacia los franceses, que están haciendo un gran esfuerzo en un momento en el que hay muchas expectativas en ámbitos clave de nuestra vida, como la salud, la educación y el modelo social. Pero este esfuerzo me parece indispensable ante los retos que se nos presentan.

Me gustaría terminar dándoles las gracias. Sé lo comprometidos que están. Sé lo complejas que son sus actividades y lo mucho que exigen en cuanto a valor. Puedo asegurarles que cuentan con unas fuerzas armadas muy comprometidas, muy conscientes de los esfuerzos de la nación, pero también muy conscientes de los retos y preparadas para afrontarlos.

Y la certeza, por mi parte, de que nos encontramos en un momento en el que debemos explicar a nuestros conciudadanos los retos de defensa a los que se enfrentan. Es lo que justifica el esfuerzo de defensa que realizan y lo que justifica toda nuestra historia para proteger nuestra libertad. Eso es todo.»

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Por su parte, el presidente ruso Vladimir Putin aseguró este martes 2 de diciembre que Rusia no deseaba una guerra con las potencias europeas, pero «si Europa quiere guerra con Rusia, estamos listos«.

En mi caso, no soy presidente, general ni experto en técnicas militares, pero mis conocimientos alcanzan para saber que los ejércitos europeos se han preparado bajo el paraguas de la OTAN para las guerras del siglo XX.

Mientras que Rusia adquirió en la guerra en Ucrania -a alto costo, por cierto- experiencia y capacidades para las guerras de la tercera década del siglo XXI.

Sin embargo, esa guerra también demuestra que, si existe voluntad de luchar, la superioridad en recursos y en número no garantizan una victoria rápida.

¿Existe esa voluntad? Quizás no en Francia, en la Europa rica, pero podría despertarse fácilmente en Polonia, los países bálticos, quizás en Rumania, más proclives al temor al gigante del Este. Y una vez que las guerras empiezan, es difícil detenerlas.

Para nosotros, los argentinos, sólo me animo a dar un consejo. A, por ejemplo, los casi 900.000 compatriotas que han iniciado el proceso de obtener una ciudadanía española bajo la «Ley de Nietos». Si incluimos otros países europeos, la cifra está alrededor del millón.

El consejo es: No se apuren con los trámites.