
Sentados sobre metal negro pasconeado, al teclado amorado de un chunche que se llama a sí mismo smart, se agarra uno fácil de las 217 palabras que se van estrenando alrededor de un huso tan portátil.
No vamos a ponernos profundos a reflexionar sobre “celularidad”, la ansiedad de la espera o el continuum espaciotemporal. Mejor las damos por sentadas sin más…
Este es uno de esos lugares que toda ciudad -o pueblo con pretensiones- que se precie tiene, a veces hasta por triplicado.
Lo que más se parece al ansiado tele/cronoportador es uno de estos donde confluyen tantos tiempos y espacios como almas aparecen -con mayor o menor despiste- entre sus pasillos y puertas.
Si hay un lugar del mundo en el que el espacio es siempre vencible, o cuando menos abreviable, y el tiempo relativo, es aquí. Tanto que desde las 11:47 una imagen en plasma dice que Quién más esperamos las variopintas estampas que coincidimos ahora en momento y lugar, llegará «on time» a las 12:10. 
Pues es la 1:17 y la dulce espera, mojada de café negro sin azúcar tiene las mismas ansias, y unos cuantos adjetivos para el autor del manual de estilo de aerolíneas y aeroupertos, porque hace 10 minutos reescribieron «delayed»—>1:43.
La buena noticia: tiempo y espacio siguen siendo nuestros en cualquier pista.
Hace 17 días el vigente 