En cada paso que doy tu presencia me acompaña y en tu añil manto se baña todo lo que siento y soy. Entre tus olas me voy olvidando de lo que ata, la tristeza se desata y fluye cálido, en mí, el anhelo carmesí bajo tu espuma de plata. ༄༄༄ JS
Me trae el mar su canción envuelta en la fina espuma cuando se expande la bruma y el día con emoción. Le canta a mi corazón porque se sabe querido, porque en mí encuentra su nido como un pajarillo azul en alas de suave tul lejos del mundo y su ruido. ༄༄༄ JS
En un mundo desvaído, de silencios oprimidos, con su máscara fingida aún lleva color consigo. Un arcoiris cautivo a lo largo de sus piernas, entre rayas prisioneras y un globo contra tristezas que sostenía con fuerza, sentada sobre las piedras de las ruinas del olvido. 🎈 JS
Tu azul es verso de mi alma grabado con sal y espuma, es la brisa que perfuma mi sentimiento con calma. En mis canciones se empalma como melodioso cielo a las alas de mi vuelo, recogiendo en la marea la poesía que crea con las huellas de mi anhelo. ༄༄༄ JS Décima
Un museo sobre ruedas esperando otra carrera, el pasaje que aún no llega cuando el pavimento quema. Siglos viajando pausados, cansados y remachados, bordeando la Habana Vieja. ⊱✿⊰
Bajo la piel del agua vive otro cielo, un corazón añil vibra en su centro. Las olas son sus párpados cerrándose en la arena, llevando en sus pestañas canciones de sirenas y yo soy solo un eco, perdida en su reflejo, un latido constante con otro mar adentro. ༄༄༄ JS
Esta Navidad para mí es diferente porque he cambiado, los golpes que te da la vida hacen sus estragos y eso no me permite verla de forma superficial y actuada, como lo que se espera en estas fechas, lo típico, y por eso necesito escribir lo que siento. Quizás, ese sea mi propio regalo.
La Navidad en Cuba es algo surrealista, como la vida que se vive, como el sistema que impera. A veces creo que los cubanos, no el gobierno de Cuba, pertenecemos a un universo paralelo, en un umbral mucho más oscuro, que nos hace invisibles para el resto del mundo.
Cuando nací en esta ciudad, La Habana, no se celebraba la Navidad. En Cuba, estaba prohibido ir a la iglesia y por consiguiente, no se podían hacer esas celebraciones que en el mundo entero eran tan esperadas con alegría y preparativos festivos. Mi madre no me bautizó porque temía que eso me pudiera perjudicar luego en la escuela. Más tarde supe de personas que tuvieron que abandonar sus estudios universitarios porque les dieron a elegir, entre su carrera universitaria y su fe…
Con los años, siendo yo una joven, el gobierno hizo la apertura a la religión católica y otras más, pero ya era tarde para toda una generación, como la mía, que creció sin fe y sin conocimiento de la existencia de Dios; y mucho más para todas las personas que fueron expulsadas, ofendidas y tronchadas en su crecimiento profesional por sus creencias religiosas.
La vida quiso que yo, en ese momento, me acercara a una iglesia y pude ser bautizada, con 28 años. Parece increíble, pero es cierto. Ya les digo, somos un universo paralelo al de los demás países del mundo.
Hoy por hoy, ya se puede celebrar la Navidad en Cuba, pero paradójicamente, no se hace, porque lo que antes era prohibición y diversionismo ideológico se convirtió en carencias y dificultades económicas. Además de una tristeza profunda que no se ve, aparentemente no se nota, pero está, se siente. Agrietando poco a poco la anémica alegría que aún existe.
No es sólo la escasez de alimentos o medicinas, es la enfermedad, el abandono total, el silencio impuesto, los apagones diarios y sostenidos, el grito reprimido y castigado, la destrucción total de los lazos familiares y fraternos, el tsunami devastador de la emigración.
Ahora todo se reduce a llamadas o mensajes por WhatsApp, estar tranquila en tu casa con lo que puedas tener y dar gracias a que sobreviviste el año, con la esperanza de que el próximo puedas hacer algo para poder cambiar tu vida y la de tu familia (tradúzcase en emigrar porque de otra manera en este país es imposible) y si no puedes salir del país entonces rezar porque puedas resistir otro año más de carencias y enfermedades indefinidas, un ciclo que va matando poco a poco, primero desde dentro, luego ya en el cuerpo.
La Navidad en Cuba lleva la sonrisa amargada, la ropa remendada y el saco vacío. No trae alegría, ni música. Hoy mismo, La Habana parece una ciudad fantasma. Y es triste porque poco a poco ha ido muriendo todo.
Por eso me siento fuera de lo que veo en las redes sociales; desfasada, abrumada por una realidad muy diferente a lo que percibo de las personas que viven en otros países. Y claro, qué navidad puedo celebrar así. Puedo alegrarme por lo que significa, pero la unión y calidez del abrazo familiar y entre amigos de esos días, las cenas, regalos, conversaciones y fiestas, aquí no existen. Queda el desarraigo, la soledad del que no ha podido salir, la desesperanza, el caos y la lucha diaria por sobrevivir, un día a la vez.