
sólo una cosa ve pasar…

una cosa ve pasar el payaso que observa sólo una y preciso es referir que soy yo que no me veo verme pues yo fui sido siendo aquel payaso que ya si acaso riera gigantesca risotada ante esos contubernios ínfimos de la ironía esta que no escuché más aún presiento y más aún no saber quién presintiese o si mi atención filosa de atenta en los ojos nefandos del payaso o río denso cruzase los miedos del payaso que no ríe pues observa pero que no observa porque no está ahí y no está ahí pues aquí voy pasando y soy yo celebrando los rigores de esta gélida intuida en mí que no voy pasando porque yo soy yo solamente a veces y ahora irresuelta y falazmente soy sólo un payaso que observa
Digno
.
yuxtapuesto estoy de índole
a mi seno nativo
¿mas, mi cuál índole?

¿seré tan famoso que me ignoran los cerdos?
¿seré orfebre de las barrocas hieles
que perfuman mi silueta?
mi paquiderma vergüenza es traicionera
y desenlazo a lloros
en las afueras sorprendidas del ahora
(el aliento aún vulnerable
y la crueldad con que le ignoro,)
¿intenté ya desarmarme?
¿abriré campo en la permisión?
¿sabría yo, si pudiere,
en un acto irreflejo de mi desventura,
atenerme a la más fina expresión del tumulto?
enfrascado en minimalismos ya enclencura
de lo que resta de mi alma,
yo, el granuja de toda fechoría sabandija
residual de mi cinismo personero,
muy digno de lúbrico sorbo diabolus.
De las cenizas que no me significan.

Se miró y siguió mirando hasta reconstituir al menos el simple recuerdo de su propio rostro, por eso un tanto vago aquel gesto casi agrado. Supo que el nombre, «no el hombre», era la trampa como siempre. Esa que infausta crea su propia cámara de ecos fusiformes en uno. ¿Pues cómo podría uno ver que uno en sí mismo es resultado de hacer crecer en uno mismo la más poderosa forma del enemigo? ¿En qué bastarda sordidez de recóndito silogismo podría esto finalmente tener sentido? Y es que ello ni siquiera lograba ser lo peor…
Sin embargo apostó todo su tiempo al no-tiempo. Y toda la extensa patraña cuan insondable y absurda de eso llamado el cosmos, también la hubo apostado a cambio de muy poco. Solamente aquel blanco salón adusto y escueto muy suyo, eso sí, de sus muy propias perspicacias fue quedando.
El insigne validante de las letras, don Ipsózer Factumare convocó a la realeza de su insignia, diluyendo su nombre en pos de algo por completo intangible, tan grande que no cupiese en la ignominia aún tan pequeño que pudiese jamás ser atrapado.
Las sonajas que avisan que el demiurgo es tuerto no por nada, suenan allí donde mi percepción total les oye a fuerzas de apenas pena.
La maldición ya zarpa triste a navegar esas aguas muertas que se van filtrando por las grietas de la eternidad.
Y don Ipsózer. ¡Vaya que don Ipsózer!
O como fuera que ahora se llamara…
(sonido)

Allí se encontraban ellos
al borde de la perdición
al filo de la nada.
Solamente seguidos por su triste destino
hacia el preámbulo de un infinito estertor
y nada más por intentar.
Vacíos y sin más,
esclavizados intempestivamente
por un sentimiento de llana culpa
que funde alegrías y tristezas
en un sólo sonido:
El silencio.
.

.
allá la noche
si bestias todoterreno
extreman ungir de amor prohibido
su anastrófica brama
.
allá si ni aún tenida
la cuarteta de ases
saldarle podría,
¡ah, deudoroso de mí!
.
ni aún que hubieren
clamores dulcíneos
en repente melodía
sucederé alternativo
en fábula de pronta sangre
.
habrá que cansar las fiestas
reconvenir la moraleja
refinado en el intuitivo arte
de merecer un dios
.
buffet de terrores con la pata dispareja
el criterio en el baño de damas
y la esperanza en el fútbol
mientras respiro lo no visible
y espero lo no tangible
acariciando a mi perra enferma
la ciencia
.
allá si de parecerme más
a lo que menos quise
invócome poco a poco
hasta el fondo fondo
esta mi obstinada
sensiblería
.







