• «mal arreada»: una aproximación a una definición

    «mal arreada«: una aproximación a una definición

    Cuando busco la definición de la expresión «mal arreada» en Google, no encuentro mucho. Lo más cercano es una respuesta en un foro mexicano donde la palabra «arreada» está escrita por como suena:

    «En Argentina el termino «Mal arriada» significa que va por mal camino, que no sigue al rebaño, o sea a una persona que hace lo que quiere, cuando el sentido comun indica lo contrario»

    Es una expresión que escuché hace poco. Estábamos cenando con mi familia y mi tía Gabi me empezó a contar sobre una pelea que presenció entre su hija Josefina y Pato, el marido de Josefina.

    Me comentó que luego de verla discutir le dijo a mi tío: «Josefina es una mal arreada».

    A lo que mi tío le contestó: «Vos eras peor».

    «Y sí» me dijo a mi luego de una breve reflexión.

    «Yo rompía platos, me iba dando un portazo. Pero como vivíamos juntos daba una vuelta a la manzana y después volvía » mencionó ella.

    Pero esa no fue la primera vez que escuché esta expresión. La primera vez, fue mientras andaba en auto con mi papá. Él manejaba y yo iba sentada en el asiento del copiloto. Afuera era de noche y mientras me llevaba a la casa de mi mamá, hablábamos sobre mi trabajo y mis decisiones laborales.

    Yo reflexionaba sobre mi trabajo anterior, mencionaba lo poco que me gustaba y lo infeliz que me había sentido en ese lugar. Cuando llegamos a destino, mi papá puso las balizas y estacionó el auto en doble fila del lado izquierdo para dejarme frente a la puerta del edificio. Me bajé del auto, di la vuelta y antes de entrar me acerqué a su ventana para despedirme.

    «Era obvio que ese trabajo no era para vos. Lo que pasa es que sos una mal arreada. Decías que no a lo que yo te proponía sin saber ni qué querías» me dijo él con la ventana baja y una mirada pícara en su rostro, pero hablando en serio.

    Yo me reí, no sabiendo si debía ofenderme o tomármelo con gracia. Y le pregunté: «Qué significa mal arreada?».

    «Gabriela usaba mucho esa expresión» dijo refiriéndose a su ex novia.

    «Es una expresión muy del campo. Quiere decir que es una persona brava, difícil de llevar» me explicó.

    Me dejó pensando, hablaba sobre mi como si yo fuera un animal de campo difícil de domar.

    Esa no era la percepción que a mi me había quedado sobre la situación. Cuando terminé la facultad, yo no tenía muy claro para dónde quería ir, a qué trabajo apuntar. Me sentía muy abrumada con esa decisión y tenía pánico de equivocarme, de entrar en un trabajo que no me gustara y no poder renunciar y quedar encarcelada para siempre.

    Erróneamente, creía, que era una especia de decisión final, que el resto de mi carrera estaría signado por esa única decisión.

    Mi papá quiso ayudarme y para ello, se empezó a juntar conmigo, a tomar café y charlar de las diversas opciones existentes en el mundo laboral. Pero pronto, esas reuniones probaron ser poco fructíferas, porque yo terminaba sintiéndome más frustrada de lo que estaba antes de arrancar.

    La dinámica era la siguiente: mi papá me proponía cosas que creía que serían buenas para mi, pero que a mi no me gustaban. O yo le proponía cosas que creía que me gustaban y él decía que no creía que fueran para mi.

    Finalmente, me cansé y le dije que ya no quería seguir «pensando», que yo tenía que meterme en un trabajo y empezar a probar, a experimentar, que todas esas charlas y cafés no me estaban llevando a ningún lado. Era como estar dando vueltas por un laberinto sin salida.

    A mi papá no le gustó mucho, teníamos diferentes estrategias en mente sobre cómo proceder; él creía que primero debíamos definir, a través de la charla, qué era lo que yo iba a hacer mientras que yo creía que no íbamos a llegar a ninguna conclusión a través de la charla, que la única manera de empezar a darme cuenta de qué quería era probando.

    Supongo que por eso se quedó con esa percepción…

    Sé que puedo ser dura y terca, pero yo no creía que lo hubiera sido en esta situación, simplemente creía que necesitaba otra cosa.

    O capaz si estaba usando la palabra correcta, porque no me dejé «arrear» o llevar por él y por sus creencias. Es por eso que cuando tomé aquel trabajo que para él era obvio que no me iba a gustar, no dijo nada, me dejó hacer.

    Al final, en parte tuvo razón. Tomé un trabajo que no me gustó en absoluto y que detesté desde el primer día. Basto con que viera la oficina, que no había visto hasta el momento ya que las entrevistas habían sido virtuales, y me sentará en mi escritorio, para darme cuenta de que ese lugar no era para mi.

    Pero igual creo que me sirvió. Yo, que pensaba que «no tenía intereses», me di cuenta de que efectivamente sí los tenía, y que no tenían nada que ver con ese lugar.

    En «Cartas a un joven poeta», Rilke dice: «Dése siempre la razón a sí mismo y a su propio sentir, frente a todas esas discusiones, glosas o introducciones. Si luego resulta que no está en lo cierto, ya se encargará el natural desarrollo de su vida interna de llevarle paulatinamente y con el tiempo hacia otros criterios».

    Hay caminos que uno tiene que recorrer.

    Mi novio, por mucho tiempo, quiso ser futbolista. Comenzó a jugar siendo muy chiquito y continuó durante toda su adolescencia. Practicaba todos los días y, a veces, dos veces en el mismo día. Se levantaba a las 5 am para entrenar antes de ir al colegio y, al salir, entrenaba de vuelta.

    El fútbol era su vida. Y era muy bueno. Yo no lo vi jugar, pero veo la fuerza de su cuerpo, veo la potencia de sus piernas, y noto rasgos de su personalidad, como su determinación y su tenacidad. No me cabe ninguna duda de que era bueno.

    Él quería dedicarse a eso y por ello, aplicó a distintas universidades que tenían un buen equipo de fútbol. Aplicó a universidades en Estados Unidos y en Inglaterra y quedó en varias en ambos países, pero decidió ir a Inglaterra porque era en medio de la pandemia del Covid y a pesar de las restricciones, ahí continuaban entrenando.

    Pero no le gustó, fue demasiada presión. Él, que era el mejor jugador en su equipo en los Estados Unidos, y seguramente mejor que muchos jugadores de otros equipos, llegó a Inglaterra, más precisamente al equipo de Everton en Liverpool, y se dio cuenta de que allí no era el mejor. Allí, había otros 20 más que eran los mejores.

    A la par, estudiaba psicología, pero se dio cuenta de que su universidad no era tan buena y que a él sí le importaba tener una sólida educación académica. Tampoco entabló mucha relación con sus compañeros de fútbol, parece que a ellos lo único que les interesaba era el fútbol y las chicas y no tenían mucho en común.

    Su experiencia en Inglaterra, lo llevó a tomar la decisión de transferirse a una universidad en los Estados Unidos y abandonar el fútbol como carrera profesional. Supongo que debe haber sido doloroso para él, una crisis fuerte de identidad, en la que decidió dejar aquello que había formado parte intrínseca de su vida hasta entonces.

    Pero a pesar de que fue doloroso y no salió como él esperaba, no fue un fracaso. Él necesitó recorrer ese camino para darse cuenta de que en realidad quería otra cosa y se pudo quedar con la paz de haberlo intentando.

    Hay caminos que hay que recorrerlos.

    Así que esta es mi no tan breve introducción a mi blog. Tengo alguna expectativa puntual al respecto? No del todo. Solo probar, dejarme llevar y recorrer el camino.

    xoxo,

    -A

Mujer. 24 años. Latinoamericana. Escribiendo desde el Sur del continente. En Buenos Aires, Argentina.

Una gran periodista argentina dijo en una entrevista que la crónica no se trata solo de escribir bien, sino de entrenar la mirada. Así que aquí estoy, en un intento de plasmar mi propia mirada :)

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