La predicación es el corazón de la vida de la iglesia. Es el medio por el cual Dios alimenta, corrige y consuela a su pueblo. Sin embargo, no toda predicación es igual. Existe el riesgo de convertir el púlpito en un espacio de consejos morales, motivación superficial o incluso ideología cultural. La predicación centrada en el Evangelio busca evitar estos desvíos, proclamando con claridad la buena noticia de lo que Dios ha hecho en Cristo.
El apóstol Pablo lo resume así: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16). La predicación no es un discurso humano, sino el anuncio del poder divino que transforma vidas.
El Evangelio como noticia, no consejo
El Evangelio no es un manual de autoayuda ni un conjunto de reglas para mejorar nuestra vida. Es una noticia histórica: Dios ha actuado en Cristo para salvarnos.
- Pablo recuerda a los corintios: “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día” (1 Corintios 15:3–4).
- Pedro predica en Pentecostés: “A este Jesús, Dios lo resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos” (Hechos 2:32).
La predicación centrada en el Evangelio no se limita a dar consejos sobre cómo vivir mejor, sino que anuncia lo que ya ha sucedido: la obra consumada de Cristo.
El peligro de la moralización
Cuando la predicación se reduce a exhortaciones éticas, el púlpito se convierte en un tribunal que aplasta. El Evangelio, en cambio, libera.
- Jesús mismo denunció a los fariseos por cargar a la gente con reglas sin mostrar gracia: “Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas” (Mateo 23:4).
- Pablo advierte: “Sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo” (Gálatas 2:16).
La predicación centrada en el Evangelio no ignora la santidad, pero la presenta como fruto de la gracia, no como condición para obtenerla.
Cristo como centro de toda predicación
Toda predicación debe responder a la pregunta: ¿cómo apunta este texto a Cristo?
- Jesús mismo enseñó que toda la Escritura habla de Él: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:27).
- Pablo afirma: “Nosotros predicamos a Cristo crucificado” (1 Corintios 1:23).
La predicación centrada en el Evangelio no se conforma con dar lecciones morales, sino que muestra cómo cada pasaje se cumple en Jesús.
El Evangelio como poder transformador
La predicación centrada en el Evangelio no solo informa, sino que transforma.
- “La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos” (Hebreos 4:12).
- “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).
El Evangelio no es un mensaje débil, sino el poder de Dios que cambia corazones, rompe cadenas y da vida nueva.
Aplicación pastoral
Una iglesia alimentada con predicación centrada en el Evangelio no vive bajo el peso de la autojustificación, sino en la libertad de saberse aceptada.
- “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).
- “Vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24).
Los creyentes aprenden a enfrentar sus luchas no con fuerza propia, sino descansando en la obra consumada de Cristo.
El predicador como heraldo, no como protagonista
El predicador centrado en el Evangelio entiende que su tarea no es brillar, sino anunciar.
- Juan el Bautista dijo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30).
- Pablo se describe como siervo: “No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor” (2 Corintios 4:5).
El predicador es un heraldo que proclama un mensaje ajeno: la buena noticia de Cristo.
La predicación como alimento constante
El Evangelio no es solo la puerta de entrada a la vida cristiana, sino el camino mismo.
- Pablo recuerda a los gálatas: “¿Tan necios sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿ahora vais a acabar por la carne?” (Gálatas 3:3).
- Pedro exhorta: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis” (1 Pedro 2:2).
La iglesia necesita escuchar el Evangelio una y otra vez. No es un mensaje para incrédulos solamente, sino el alimento diario de los creyentes.
Conclusión
La predicación centrada en el Evangelio es la proclamación constante de Cristo crucificado y resucitado. No es consejo moral, sino noticia transformadora. No es carga, sino libertad. No es exaltación del predicador, sino gloria de Cristo.
Cada generación necesita redescubrir esta verdad. En un mundo saturado de discursos motivacionales y consejos superficiales, la iglesia debe levantar su voz para anunciar lo único que puede salvar: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Corintios 1:18).
La predicación centrada en el Evangelio no solo edifica a la iglesia, sino que glorifica a Dios, mostrando que la salvación es por gracia, desde el principio hasta el fin.










