La improvisación desempeñó un papel central en la música instrumental del Renacimiento, como ya lo había hecho en la Edad Media. El desarrollo de la imprenta musical en el siglo XVI impulsó, no obstante, la publicación de numerosos tratados y tablaturas destinados a enseñar a los aficionados los secretos de este arte, hasta entonces transmitido principalmente por vía oral. Gracias a estas ediciones — dirigidas a un público culto y cada vez más numeroso—, la práctica de la improvisación pasó del ámbito estrictamente profesional a los espacios domésticos, convirtiéndose en un rasgo definitorio de la cultura musical europea de la época.
En este artículo estudiaremos las principales modalidades de improvisación renacentista, desde la invención libre del tiento o la fantasía hasta las formas basadas en la variación, siguiendo el hilo que une la glosa, la disminución y las diferencias. Tomaremos como eje el Tratado de glosas (1553) de Diego Ortiz , y lo pondremos en diálogo con la obra de otros maestros ibéricos como Antonio de Cabezón , Luis de Milán o Luis de Narváez .