«Está muy bien lo de la heroica, la casta y el pundonor, pero hay que jugar bien para ganar partidos» (Manuel Preciado)
Habrán notado que fue cosa de ponerse un jersey malva en día de partido, patrullar con él por el área técnica en El Molinón y romper Preciado a expresarse en la sala de prensa como si fuera Guardiola. En nuestra ignorancia atribuíamos a lo malva una moda breve de pasarela, un toque de inspiración a medio camino entre el perfil de Adolfo Domínguez y el de Boris Izaguirre. Hasta que el jersey de Preciado y el discurso del cántabro, en el regreso del Sporting a la senda de la victoria, nos situaron frente a la evidencia: un pulóver en tonos malva interactúa con el marcador como si fuera un santo grial. Tiene el poder de la espada Excalibur y el efecto de la poción mágica de Panorámix.
Paseándose de malva por la alfombra del área técnica, y lanzando luego aquella decidida soflama a modo de conversión a la doctrina del tiqui-taca, Manolo Preciado ha empezado a crear tendencia. Él ya dijo no haber temido por su cabeza ni cuando el tambor redoblaba en el cadalso, en los confines de Somió. Así que ahora, luego de haber promovido la convocatoria del día internacional del centrocampista, vuelve el entrenador del Sporting a lucir pletórico.
Ayer tuvo un ojo puesto en el Atlético, desde luego, pero se diría que en su fuero interno ya prepara la próxima (y mediática) visita del Sporting al Foro. Yo imagino a Manolo, un domingo tempranero de abril en el Bernabeu, de riguroso malva y con un discurso de centrocampistas jugones en la alineación. Lo estoy viendo acomodarse en el banquillo del viejo Chamartín, tan pimpante, tras haberle pedido a Quini el favor de echar un vistazo allí atrás, en la grada, y comprobar que, efectivamente, el hijo de Mou tiene ese día una fiesta de cumpleaños. Juraría que es el malva de pasarela lo que impele a los entrenadores a alinear centrocampistas en su justa medida. Ahí tenemos al padre del invitado al cumpleaños, sin ir más lejos (no más allá del banquillo visitante, y por saludar al muchacho). ¿No le ven a don José atascado con Khedira y con esa espantosa bragona negra que se enrosca al cuello, que hasta el sastre de Marty Feldman habría rechazado?
Los jerseys malva son una invocación a la remontada clasificatoria, a la permanencia anticipada y a un final de Liga en el nirvana. Con ese «look» acuñado por el guardiolismo confió Manolo Preciado su destino a un tercer centrocampista, subió al desván de los trastos para encomendarse al canterano Nacho Cases y, al volver en sí tras el hechizo, se frotó los ojos. Por un momento creyó haberle dado la alternativa a Roberto Baggio.
La irrupción en escena de Cases, coincidiendo con la incorporación de André Castro, tan largamente deseada, es como cuando bajas al Carrefour a por aceite porque lo han puesto en oferta, y al regreso reparas en que en la despensa tenías una lata de quince litros de virgen extra. En Mareo debe de estar el director deportivo revisando los cajones del despacho en busca del contrato de cesión, recordando que las grandes superficies comerciales admiten la devolución del producto si conservas el tique de compra.
La Nueva España. Enero de 2011