La manera en la que las personas perciben la realidad, siempre es distinta. Nunca dejará de sorprenderme lo distintos que somos unos de otros, a pesar de ser de la misma especie. Basta con pensar en cómo vemos los colores y en cómo hombres y mujeres podemos experimentar de maneras completamente distintas la misma vivencia.
A veces, reflejamos nuestros deseos y frustraciones hacia los demás. La crítica con respecto al deber ser, bien puede derivar de alguna huella de abandono en nuestra infancia o quizá de alguna herida que jamás cicatrizó. Sin embargo, estamos tan acostumbrados a verla, que la adoptamos como parte nuestra. Se vuelvo normal, parte de el día a día. Consideremos lo siguiente.
A nuestros padres les educaron nuestros abuelos con las reglas de su tiempo o incluso con las reglas que les impusieron los bisabuelos. Los padres a veces (muchas veces) imponen reglas caducas, fuera de tiempo, sin actualización alguna. Y lo hacen porque así les educaron a ellos, pero a veces (muchas veces) no se ponen a pensar en que los tiempos han cambiado y hay temas que ya no se pueden tratar de la misma manera que en 1935.
Hay gente que vive a través de los demás, porque es incapaz de vivir su propia realidad, les resulta más fácil evadirla y alegrarse por los logros de otros a un grado tal que parecieran propios. Del mismo modo, pero en sentido opuesto, hacen suyos los problemas de otros y sufren como si les estuvieran pasando a ellos mismos.
Cuando uno juzga algo que no ha vivido, habría que pensar si lo hace porque lo desconoce o si lo hace porque alguien le tatuó la idea de cómo ese hecho debiera ser manejado. En otras palabras, si no lo conozco o mi referencia de verdad es distinta, en automático lo catalogo como equívoco.
Por mal que parezca, las «reglas y normas» aunque no hayan sido escritas y no sean siempre acertadas, son bien, el principio de la civilización.
Si no hubiese una «conciencia colectiva» no alcanzaríamos muchos de nuestros logros. Si bien, hay reglas que son injustas o mal aplicadas, ayudan a delimitar nuestros parámetros como sociedad.
A mi parecer, aunque consideremos que algunas de estas normas son anticuadas, tenemos como individuos, que encontrar el método para navegar a través de ellas para poder convivir con nuestros similares.
Llevándolo al extremo, si yo decido desnudarme en mi casa porque hace calor, no debiera ser una actitud equivocada, no es antinatural, simplemente no es un comportamiento adecuado en sociedad. Ahora bien, si yo lo hago y nadie me ve, no me siento culpable. Por otro lado, si alguien me mira o se lo cuento, probablemente me avergüence a pesar de qué instintivamente me apetece y me sienta bien.
Pensando en comida, normalmente no comemos gatos, perros o delfines, sin embargo comemos cerdos, vacas, pescados y pollos. ¿Todos son animales, no?
¿Qué pasa si un día invito a la gente a mi casa a comer ensalada con láminas de gato selladas y un extraordinario filete de perro? ¿Estaría mal? ¿Están en extinción?
Ese no sería el argumento seguramente. Pero apuesto a que más de uno no lo comería.
Ahora bien, los vegetarianos son «raros», casi mal vistos.
¿Está mal que coman más sano? ¿Está mal que por amor a los animales no los ingieran? A mí honestamente me parece maravilloso, pero no creo ser parte de la mayoría. Y más aun, me parece maravilloso pero no lo aplico.
Para muchos, es complicado vivir en un mundo con reglas. Para algunos otros nos es increíble vivir bajo nuestras propias reglas, pero respetando el pensar y sentir de los demás cuando estamos en sociedad. Me parece que esa sutil diferencia es en realidad un diferencia abismal.
Cerrando la idea, mientras en mi cabeza comprenda que lo que hago me produce una satisfacción plena y me llena, si los demás piensan que está bien o está mal, ese debe ser problema de ellos específicamente.
Ahora bien, yo decido qué comparto, con quién lo comparto y qué no, pues algunos por miedo o falta de experiencia descartarán este tipo de experiencias y complicarán mi convivencia con ellos; mi convivencia en sociedad.