Chuty.net – El Periodista Incómodo
La transgresión va por dentro. Esta frase de guerra la proclamo hoy sin tapujos, porque ya no quedan mentideros donde susurrar verdades: solo feeds infinitos donde la mediocridad se reproduce exponencialmente, clonada por máquinas que han aprendido a imitar nuestra estupidez con precisión matemática.
No soporto tanta simulación inteligente. Al final, como simple adaptación evolutiva, no queda más remedio que hacerse un poco cíborg y resignarse a nadar en este océano de algoritmos que nos alimentan contenido pre-digerido, optimizado para nuestra dopamina. ¿Cuánta miseria digital tiene que soportar el espíritu para que el cuerpo siga scrolleando?
Empezaré con una de las grandes falacias de nuestro tiempo: La música generada por IA.
YO NO ESCUCHO VUESTRA MÚSICA SINTÉTICA
No me interesan los cantares de esos bots compositores, esas redes neuronales que destilan melodías como si fueran refrescos de cola. No soporto sus patrones predictivos, sus acordes calculados para generar engagement, sus falsas emociones programadas en Python y sus lágrimas artificiales renderizadas en 4K.
La música que escucho es el silencio analógico, esa ausencia de algoritmos solo turbada por el zumbido del procesador, el pitido del móvil que se queda sin batería y la lluvia sobre el tejado que ninguna IA ha logrado todavía monetizar.
Ya habéis jodido bien con vuestra democratización del arte hasta despertar en mí el hastío del que reniega del all-you-can-eat cultural y vomita sobre vuestras plataformas la moneda de la cancelación de suscripciones.
Si la cultura era libertad, madurez y progreso, la entiendo ahora como una forma de someter al individuo a través de burbujas de filtro que resuenan en la mente para impedir el pensamiento divergente. Cada playlist personalizada es una cadena más sutil que las anteriores.
El Nuevo Autoritarismo Suave
Tranquilos, ejecutivos de Spotify, Apple Music y demás dealers digitales: no pienso entrenar a vuestros algoritmos con mis gustos musicales. Me taparé los oídos cuando escuche vuestros acordes generados por máquina para no ser dopado por eso que vosotros habéis impuesto como nueva religión del consumo cultural infinito.
Pero también os pido que no contamináis mi silencio con vuestras recomendaciones inteligentes y que reprimáis a vuestros modelos de lenguaje de vomitar poetry-core en mis timelines, pues ese ruido por el que cobrará pronto algún oligarca molesta al silencio por el que pago cuando compro mis vinilos vírgenes de vuestro esperma digital.
ChatGPT puede escribir sonetos, Midjourney puede pintar como Van Gogh, y DALL-E puede imaginar lo que nunca existió. Pero ninguna IA puede reproducir el vacío existencial de una tarde de domingo sin wifi, esa sublime ausencia de contenido que nos conecta con nosotros mismos.
Bienvenida la Desconexión
Bienvenido cualquier tipo de impuesto contra la hiperconectividad, la sobreestimulación sensorial y la comunicación compulsiva, pues hará libre al que no dependa de la validación algorítmica y transgreda en el interior de su mente, donde los pensamientos son agua pura en caída libre desde la cascada de la consciencia sin etiquetar.
La verdadera revolución no será digitalizada. Será interior, silenciosa, y completamente inmonetizable.
Porque al final, querido lector, en un mundo donde las máquinas aprenden a ser humanas, quizás la única transgresión posible sea recordar cómo ser genuinamente humano.
P.D.: Este texto no ha sido generado por IA. Todavía.















