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Los comerciantes de Shanxi fueron durante el siglo XIX los más influyentes y poderosos de China y abrieron el país al comercio internacional y a la banca. La tradición emprendedora de Shanxi se remonta a su histórico papel como vía de intercambio de productos agrícolas entre la Planicie central y Mongolia.
Reportaje de
Wang Wen
王文

En 1368 se inicia la dinastía Ming (明). Para resistir a la caballería mongola, el emperador fundador Zhu Yuanzhang (朱元璋) construyó nueve pueblos fronterizos en el camino entre el río Yalu (鸭绿江) al este y el paso de Jiayu (嘉峪关) al oeste; que incluían los pueblos de Datong (大同) y Shanxi (actual Ningwu (宁武)) donde alojó a sus tropas. Cubrir las necesidades de alimentación y alojamiento para cientos de miles de personas aumentó los costes logísticos de la corte en la frontera del norte. Para solventar el problema, a partir de 1370 la dinastía Ming comenzó a implementar la nueva política del monopolio de la sal. Los comerciantes que transportaban cereales a los graneros oficiales situados en la frontera, podían solicitar una licencia llamada “yan yin” (盐引), que les permitía comprar sal para luego venderla en áreas sobre las que tenían exclusividad.

Shanxi limita al norte con las praderas de Mongolia y al sur con la Planicie Central. Siempre ha sido un lugar de comunicación y una vía de intercambio de culturas y productos agrícolas entre la zona central y el norte. Por tanto, los comerciantes de Shanxi, mediante barcos, caravanas de camellos y caballos, transportaban continuamente provisiones, objetos de hierro o té a los pueblos fronterizos del norte; y caballos, vacas, corderos y sus pieles del norte a la Planicie Central. Por aquel entonces, la mayoría de los comerciantes de Shanxi eran pequeños vendedores que comerciaban con productos cotidianos como sal, cereales, algodón, ganado, té, objetos de hierro, madera, frutas, pieles, hierbas medicales, porcelana, … Con el tiempo, algunos de los comerciantes más sobresalientes amasaron grandes fortunas.
A finales de la dinastía Ming, Fan Yongdou (范永斗), un comerciante oriundo de Jiexiu (actual Zhangjiakou en Hebei), solía realizar negocios con Mongolia y el noreste de China. Fan fue uno de los ocho comerciantes más famosos de Shanxi. Transportó una gran cantidad de suministros e información militar para el ejército manchú y entabló amistad con célebres manchúes. En 1644, cuando el ejército entró en la Planicie Central y fundó la dinastía Qing, el emperador Shunzhi (顺治皇帝) invitó a los ocho magnates, encabezados por Fan, a cenar en la Ciudad Prohibida de Beijing y les otorgó el título de “proveedores imperiales”. Ello les permitía servir al emperador y les otorgó una exclusividad que no tenían otros comerciantes. Cuando el emperador Kangxi (康熙皇帝) reprimió la rebelión dirigida por Zhunga’er (准噶尔) en el noroeste, Fan Yubin (范毓宾), el nieto de Fan Yongdou, se encargó del transporte de los suministros militares. Kangxi quedó muy satisfecho con su trabajo y, como recompensa, le concedió la exclusividad de algunos productos en la zona del noroeste. Fan Yubin pasó a la historia por ser nombrado en el libro Historia de la dinastía Qing.

Los intercambios de Shanxi alcanzaron su máximo apogeo a partir de la dinastía Qing cuando los comerciantes distribuyeron sus establecimientos por toda China. Aparecieron incluso algunos modos administrativos bastante modernos como las cadenas y las sociedades anónimas. Allá por donde pisaban sus comerciantes se fundaban pueblos o ciudades y se abrían establecimientos. De este modo, algunos pueblos del norte y del oeste de China se convirtieron en grandes mercados o ciudades. De ahí que surgieran los siguientes dichos: en el noreste “primero se creó Caojiahao (曹家号), después se estableció el distrito de Chaoyang”; en Mongolia Interior “primero se creó Fushenggong (复盛公), luego se fundó la ciudad de Baotou”; o en la provincia de Qinghai “primero apareció Jinyilao (晋益老), luego se estableció la ciudad de Xining”. Caojiahao, Fushenggong y Jinyilao son nombres de tiendas abiertas por comerciantes de Shanxi. Franquicias como “Duyichu”, “Liubiju” y “Lerentang” fueron establecidas en Beijing por comerciantes de Shanxi. Muchos de ellos hablaban mongol, uigur o ruso con los clientes, a la vez que difundían el chino y su cultura a escala mundial.
Del siglo XVII al XVIII, un constante “fervor por China” invadió Europa. Cuando el té chino se introdujo en el continente, fue considerado un producto de lujo y un símbolo de riqueza de las clases altas, así como un remedio eficaz para sanar enfermedades. Cuando en 1662 Catalina Enriqueta de Braganza, infanta de Portugal también conocida como la “reina del té”, se casó con Carlos II de Inglaterra, la costumbre de beber esta infusión se hizo muy popular en Inglaterra y se extendió rápidamente por toda Europa. Como consecuencia su comercio se convirtió en la principal actividad de intercambio entre Europa y Asia.
En 1727 (año 5 del emperador Yongzheng), el gobierno de la dinastía Qing firmó un tratado comercial con Rusia. Se llevó a cabo en Kyakhta, una pequeña ciudad rusa situada en la frontera entre ambos países, que implementó esta actividad económica entre China y Rusia. Unos años más tarde, el gobierno de la dinastía Qing estableció una zona comercial al sur de Kyakhta, llamada “Maimaicheng” (买卖城, ciudad de compra y de venta). A partir de entonces, Kyakhta se dividió en dos partes: la parte sur quedó para los comerciantes chinos y la otra zona para los comerciantes rusos. La ciudad se convirtió en un punto clave en la red de intercambios comerciales entre China y Rusia y, eventualmente, se formó una nueva vía comercial entre Asia y Europa, que iba desde la provincia oriental de Fujian, al sur de China, a San Petersburgo, en el oeste de Rusia. La mayoría de los mercantes chinos que recorrían esta vía eran acaudalados comerciantes de Shanxi que viajaban con sus caravanas de camellos, caballos o navegaban con sus barcos.
Entre los comerciantes de Shanxi que tenían negocios en Kyakhta, los de la familia Chang (常) del distrito Yuxian, eran los más duraderos y de mayor magnitud. Durante el mandato del emperador Qianlong (乾隆), Chang Wanda (常万达), patriarca de la familia, cambió su tienda Dadeyu (大德玉) en Zhangjiakou por una casa de té en Kyakhta, que principalmente vendía té, seda china y productos rusos como pieles de animales. En enero de 1785, el emperador Qianlong organizó un banquete con 800 mesas para invitar a más de 3.000 ancianos longevos a comer en la Ciudad Prohibida. Este episodio fue conocido históricamente como el “banquete de los mil ancianos”. Chang Wanda, a sus 68 años de edad, no solo tuvo el honor de asistir al ágape sino que además el emperador Qianlong le obsequió con un bastón.
En 1823, Lei Litai, un comerciante común y corriente de Pingyao (Shanxi), sin ningún tipo de influencia del extranjero, tuvo la idea de utilizar una especie de cheques en vez de dinero en efectivo para realizar transacciones comerciales, y así comenzó el famoso Rishengchang, considerado el “abuelo rural” de los bancos chinos. .
En 1823, Lei Litai (雷履泰), un comerciante común y corriente de Pingyao (Shanxi), sin ningún tipo de influencia del extranjero, tuvo la idea de utilizar una especie de cheques en vez de dinero en efectivo para realizar transacciones comerciales, y así comenzó el famoso Rishengchang (日升昌), considerado el “abuelo rural” de los bancos chinos. Previamente, Lei había trabajado en Xiyucheng (西裕成), una tienda de pinturas en Beijing propiedad de unos comerciantes de Shanxi. A menudo, sus paisanos en Beijing le encargaban que llevara dinero a su pueblo. Para reducir el peligro y las molestias que suponía portar grandes cantidades de dinero, Lei solía entregar el dinero a la sucursal de Xiyucheng en Beijing y estos comunicaban por carta el importe a la central en Pingyao. Cuando Lei acudía a la central a cobrar el dinero, Xiyucheng percibía una comisión por realizar la transacción. Lei Litai vio una gran oportunidad de negocio en cambiar cheques por efectivo entre lugares distantes, de modo que junto con Li Dacheng (李大成), también comerciante de Shanxi, fundó la casa de cambio Rishengchang.

Cien años más tarde, los paisanos de Lei habían abierto ya decenas de negocios similares, por ello los expertos occidentales se refirieron a ellos como “Shanxi Piaohao” (山西票号) o “Banco de Shanxi”. Hasta 1904, se abrieron más de 400 sucursales de Shanxi Piaohao en más de un centenar de ciudades chinas cuyo volumen de negocio alcanzó los setecientos u ochocientos millones de liang de plata. En aquel entonces parte de los impuestos recaudados por el gobierno Qing se guardaban en el Banco de Shanxi. Surgieron muchos millonarios y formaron a muchos célebres financieros como Jia Jiying (贾继英), primer director del Banco Estatal de la dinastía Qing, y Kong Xiangxi (孔祥熙), que era el ministro de finanzas durante la época de la República de China.

A finales de la dinastía Qing, China vivía tiempos convulsos, y por ello se dice que los comerciantes de Shanxi de ese período nacieron fuera de tiempo. Además, las condiciones sociales para el desarrollo de los empresarios todavía no eran las adecuadas; los comerciantes de Shanxi no aprendieron a tiempo cómo funcionaba el sistema financiero moderno de Occidente y, por lo tanto, la apertura de bancos occidentales en la costa china debilitó la una vez gloriosa situación de los comerciantes de Shanxi.
Tras la cara amable de una minoría de ellos existe la cara amarga de sus vidas. Para la mayoría se trata de una vida muy melancólica y dura. En el distrito Hequ (al norte de Shanxi) cerca del Río Amarillo, cada noche del 15 de julio del calendario lunar, los habitantes reman hasta el centro del río y allí depositan cientos de linternas que fluyen con la corriente. Se dice que, con este gesto, la gente pretende transmitir sus condolencias a los antepasados por aquellos que se dedicaban a los negocios y que murieron fuera de sus casas y con la intención de que sus almas vuelvan a su tierra natal. Hoy en día solo nos podemos imaginar la dura vida que llevaron los comerciantes y sentir una fuerte nostalgia por ellos visitando las antiguas casas que dejaron atrás en Shanxi y en otras residencias distribuidas por toda China.

Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 30. Volumen III. Mayo de 2015.
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