Aún creo en la poesía. En su poder para regenerarnos en medio de cualquier catástrofe. La palabra poética, no cualquier palabra, nos preserva. Lo demás que pueda decirse es retórica analgésica.
Los libros, que son hijos de los escritores, suelen llegar a los lectores rodeados de historias. Contaré lo que me acaba de suceder con uno de ellos. En 2019 comencé a publicar poemas en este blog.
Así lo hice durante casi un año. Mi intención era llegar a cien poemas y luego armar un libro con ese material. Escribía los poemas a lo largo de la semana en cuadernos y luego de algunas correcciones, los posteaba en el sitio.
Eduardo Reséndiz, timón de la editorial Palíndromo, y con quien compartiera un curso de crítica literaria en la Universidad del Claustro de Sor Juana, me sugirió que hiciera un libro electrónico. Respondí que no sabía cómo hacerlo y él, amable y entusiasta, se ofreció a realizarlo.
«Convoy euforia» se editó en medio de una pandemia. Poemas que son un testimonio de lo vivo, en medio de la catástrofe, e indicio de esa fuerza que puede alinear voluntades para lograr un objetivo común. La cultura, qué duda cabe, es una labor conjunta.
En el caso de este libro, esa labor inició entre dos personas y ahora la conversación se abre a cualquier lector. «Convoy euforia» (2020), en su primera edición, para sus lectores ya disponible en Amazon y otras plataformas: https://t.co/o1DNSSfOtm
