Abrirse al mundo sin perder la canción

Reflexión sobre el futuro del cantautor cubano ante el mercado global y el reto de no perder la autenticidad.

Con todo respeto, esas reuniones de las instituciones no van a arreglar la vida. A lo sumo, lograrán que te inviten a otro festival en Guantánamo, Santiago, La Habana o en el centro del país, lo cual está bien porque vas a conocer gente, tendrás alguna cerveza y la vida va a estar ondeando como una bandera.

Pero una semana después estarás de resaca, y el año que viene será lo mismo.

Nadie tiene una receta. Yo tampoco. Pero al menos hay propuestas, asuntos que explorar. Recuerdo a Joaquín Borges-Triana escribiendo sobre el crowdfunding y todas las ventajas que esto trae.

Otra opción podría ser buscar todas las becas o premios posibles. Eso es muy importante en un mundo que cambia todo el tiempo y que cada vez se hace más industrial, digital, moderno… Y todavía falta que llegue la singularidad, la fusión de la computación cuántica y la inteligencia artificial.

Ese es el mundo hoy: Instagram, por ejemplo, hay que buscar seguidores en Instagram, no cansarse, intentar y volver a levantarse. Forjar una marca personal pero entar en consonancia con el mundo; negarse al sonido de hoy es perder cuotas importantes. Tampoco es una fórmula segura. Hay muestras de trovadores —cantautores, si se prefiere— que hicieron pop y no pudieron nadar en la corriente. Pero ahí está la teoría de las probabilidades: si no vas al mar, no hay posibilidad de que te ahogues en la playa.

Un amigo me hablaba de grandes como Jorge García, con potencial para imponerse en cualquier sitio, pero no todo el viento del mundo sopla en esa dirección; quizá sea al contrario. Por eso lo más inteligente no creo que sea meter la cabeza en el fondo de la isla —no lo leas como ironía—. Es abrirse al mundo.

Escribo esto porque solo haciendo un repaso por la trova, la canción de autor, humana, poética —llámala inteligente, si quieres— se ve la gran cantidad de obra importante que se cansa, se muere de a poco, sin que le suceda el reconocimiento internacional.

Es verdad que hay mucho cantor cubano fuera que tampoco logra despegar; que el mundo está para mover la cadera otra vez, que “hay que facturar”. Bueno, se puede. Lo hizo Drexler. Se puede. Pero hay que ponerse las ganas y, sí, ir al festival del año que viene, pero también ponerse para el mundo, y no temer a cambiar alguna cosa, siempre y cuando no se pierda la personalidad.

🎙️ Jorge Drexler — Sea (2001), ~23 000 copias Arg/Uy; Oscar, 13 Latin Grammys, 5 nominaciones Grammy USA.
🎙️ Pablo Milanés — Yolanda (1984), +1,5 M copias México; 2 Latin Grammys, Premio Nacional de Música (Cuba).
🎙️ Alex Cuba — Healer (2015), ~600 000 oyentes mensuales Spotify; Grammy USA, Latin Grammy Cantautor.
🎙️ Muerdo — La Mano en el Fuego (2018), éxito en streaming y giras; Premio MIN España, gran apoyo crítico.
🎙️ El Kanka — El Arte de Saltar (2018), +50 M reproducciones Spotify; Premio Ciudad de Melilla, éxito público/crítico.
🎙️ Amaury Gutiérrez — Amaury Gutiérrez (1999), +600 000 copias globales; Latin Grammy Mejor Álbum Cantautor.
🎙️ Silvio Rodríguez — Mano a Mano (1993), >110 k copias Arg, compilados 400 k+; reunió 80 k en Chile y 100 k en México.
🎙️ Manuel Medrano — Manuel Medrano (2015), +250 000 copias; 2 Latin Grammys (Mejor Nuevo Artista y Álbum Cantautor).
🎙️ Carlos Varela — Como los peces (1995), éxito en Cuba y América Latina; Premio Ondas (España), gran influencia internacional.


📄 Fuentes

Wikipedia oficial de cada artista, Spotify (datos de oyentes y reproducciones), Latin Grammy, Grammy, Bestsellingalbums.org, Radio HC, Music Direct, artículos en El Tecolote, La Tercera y Premios MIN.

Almenáres

El viejo Almenares ha puesto a sentir a buena parte de la isla.
Almenares, que es un guitarrista virtuoso, un hombre sencillo, a quien solo he podido escuchar tocar o hablar —no pude ser su amigo—, ahora, desde lejos, siento que su palabra, su música, ha tocado el alma de muchos que poseen ese arraigo.

Hace unos años, Eduardo Sosa me contó que quería a Luis Barbería en el festival Pepe Sánchez. El bardo de Pinar del Río, acostumbrado a sus rumbas, a su trabajo con Habana Abierta y figuras internacionales, dudó. Pero cuando lo llevaron a escuchar a Almenares, el asunto fue otro: se dio cuenta de que había una sencillez, una cultura en el oriente cubano que transmite solo la vida.

Muchas veces vi a José Aquiles o a Augusto Blanca acercarse a Almenares, decirle «Papá» y besarlo como se besa al padre, bajo cuya sombra uno crece.

Tendré que llamar a Alden González uno de estos domingos, porque González sigue hurgando en la trova y lo conoce mejor. De hecho, lo invita a sus producciones, lo tiene cerca. Llamar a González para que me diga más de este hombre que, por fortuna, he escuchado tocar, a quien saludé varias veces, solo de paso. No lo entrevisté, cosa que hoy me parece una locura.

Pero lo más importante es que está ahí, que lo graban, lo entrevistan, y buena parte de la isla —esté fuera o dentro— se da cuenta de lo hermoso que es ser un país de poesía y canciones. Da igual que el sol dé otras vueltas, o que haya inteligencias artificiales: en Santiago de Cuba, en la isla toda, está la canción, la trova, y existe un Ángel Almenares que lo atestigua.

Gracias, papá.

Disco de William Vivanco estará disponible en las plataformas digitales

El disco 13 con Magia de William Vivanco (Santiago de Cuba. 1975) se piublicarà en todas las plataformas digitales el próximo 23 de octubre de la mano de Puntilla Records, según un comunicado del artista. 13 con Magia es la primera producción independiente del cantor quien cuenta con fonogramas como: Lo tengo to pensao. La isla milagrosa y El mundo está cambiao.

 El fonograma contiene 13 canciones, todas de Vivanco, donde el trovador muestra una vez más su versatilidad, su estudio profundo de las músicas universales y su capacidad para captar la poética que le circunda.

Entre los invitados al disco figuran artistas como Jesús Cruz “Jusucin”, Israel Rojas, David Torrens, José Luis Cortez “El Tosco”, Samuel Formell, Ethiel Failde y otros. El propio día 23 el artista dará detalles de la presentación en su cuenta personal de Instagram @cimarron_vivanco

Vivanco ha mostrado parte de su fonograma en presentaciones por todo el país. Joseph Ross dirigió el clip Bailarina que ha sido uno de los singles fundamentales desprendidos de la placa. Otros audiovisuales como Carabela o Palo haitiano también pueden verse en YouTube.

Escuchando a Leo García. Cara o Cruz

Leonardo Garcìa

¿Qué coño vamos a hacer con el hombre nuevo Leo? si la moneda es cara o cruz y nos bebemos el vino caliente otra tarde de marzo, porque no  pudimos comprar la cerveza y mira que nos gustan los extranjeros. Leo que la canción siempre escudriñó  al país, que no es posible estar fuera de sus sábanas, ni de una manera ni de otra.

Cuando todo empezaba Silvio y Pablo se enamoraron de los dos (la canción y el país). Y será mejor hundirnos en el mar que antes traicionar la gloria dijeron y pasaron los años y Mike Porcel (no eso lo dejo a otro) Carlos Varela, Pedro Luis Ferrer querían tirar la flecha ¿Cómo pedirle a nuestros hijos que no fallen? No calles. Leo.

¿En qué lugar quedó la luz? En las 13 canciones de tu disco. Es  cara o cruz, ese fonograma que en tiempos de pandemia escucho estremecido, porque luego de más de 20 años de hot latins songs que hablan de sexo, fiesta, Maluma , sexo, Bad Bunny ,sexo ¿con chocolate? y otra vez la misma mierda; tengo tu disco. Gracias por destejer el eclipse.

Ahora que este virus nos metió en casa, ahora que hay menos contaminación, que los gobiernos se vuelven más importantes que el mercado, cuando los enfermeros doblan turnos y no abrieron ni el Gran Rex, El Carnegie Hall o el Carlos Marx y los artistas dan conciertos gratis, y por fin puedo hacer videochats con mis amigos del Pedagógico.  Ahora que los jefes y los jubilados, los dueños y los buenos, los cabrones hijos de putas, los torturadores, los senadores, los pequeños semidioses, los poetas y los soldados saben que podrían morir, Leo tengo tu disco y la Moneda es cara o cruz. Obvio.

Para mi excelente propuesta , no leí reseñas antiguas  solo escucho estremecido con el vuelo, no me parece una locura … y mi soledad haciendo un círculo en el cielo, mientras en la resaca  presiento que van a volver las canciones, que vamos a despertar mejores de esta cosa extraña cuasi Saramago, por lo menos es lo que siento Leo cuando escucho tu disco y el mundo despierta sabiendo que las distopìas son posibles, que el arte es más real que las biopics porque adivinan el estercolero que hemos hecho de este mundo, donde como perla salen discos como el tuyo. Gracias compadre, en medio del pánico, porque es verdad, hay que sentir miedo, te escucho en Songo-  La Maya, yo que también vendí mis sortijas para el alquiler te escucho estremecido. Gracias.

Con Leo Garcìa y Eduardo Sosa

Y escuché un grito mudo

Carlos Varela se da el lujo del octosílabo, y rima hermosamente. A mí me da que se repite, se cita a sí mismo y vuelve a repetirse, a repetirse, a… sin embargo,  hay una suerte de nicho que lo hace bastante único porque dijo, o le dejaron decir, lo que aquí nadie ha podido decirte (al menos con rabia elegante).

En El grito mudo el bardo sigue en  la polisemia , sin embargo abre más el diapasón, su colimador deja a ratos la isla,  se atreve a cantarle a California en un tema que se me antoja va a ponerse bastante en la radio y vuelve sobre la soledad, los que dejan la isla o se la llevan en la cabeza; una muchacha se suicida acorralada por el  bullying, el amor otra vez , ese Origami … y Varela vuelve a nosotros revisitándose solo volando, cerca , muy cerca…

Yo tuve un desamor con Varela, cuando se puso de negro y me parecía en pose siempre, antes le había amado con un desespero más hambriento que el imposible, cuando en los Llanos de Maceira, desatendido por el país pedí también meter la mano en el carcaj y lanzar, coño, aquella flecha.

En esta isla, los Generación X o Y, le debemos eso a Carlos Varela, nos revelamos contra los ¨pobres¨ profesores de marxismo que tenían que explicar por qué era feo un pantalón Gloria Vanderbilt, por qué Madonna era una idiota escandalosa y Michael Jackson una desafinación ideológica.

Carlos Varela nos arreglò algún tono pero yo no querìa estar tan triste, ni escuchar a Matamoros desde lejos, luego me ¿obligó? a gritar como los peces, a darme cuenta otra vez de que Tristan  Tzara jugaba ajedrez con Lenin, en fin con todo eso se ha quedado Carlos Varela en muchos de nosotros y ahora reaparece con este grito que sì escucho y me gusta aun con la sensaciòn de que ya pasò una vez.

Debe ser porque  es un imprescindible; no importa si va narrado por Benicio del Toro, mentido por Wendy Guerra, abrazado por Diana Fuentes bajo la mirada de Eduardo Cabra, negado y bendecido, odiado y amado;  Varela es imprescindible, y ahì va con la mano que Silvio le levanta, cantando La Felicidad y Milanés le hace la segunda. Varela, quiéralo o no se quedó en nosotros aunque nos hayan mentido hace mucho tiempo hombres con poder y gloria.

Carlos Varela y yo no siempre coincidimos, no siempre su discurso y mi vida van a la par, es imposible, pero sus discos siguen entre los que repito, y mira que lo escuché en casetes OR WO, en discos de vinilo, en compacts discs . Ahora lo descarguè de  la red y bajé cada track y sí, me parece un disco donde Varela se repite, se cita, se repite, pero que voy a escuchar y agradecer.

Pa´trá pa´ coger impulso

Un sefie con Cimafunk y Camaròn (productor de Eduardo Sosa)

 

Contactar con esencias pasadas puede traer éxito, es obvio, si se hace bien y hay una conexión bien pensada con el sonido actual, Cimafunk es un ejemplo elocuente de lo dicho; su coqueteo directísimo con James Brown  y las citas a artistas como Michael Jackson, Kool & the Gang… lo hacen un músico colocado en el gusto de la mayoría, a lo dicho sume un lenguaje directo referente al goce, al barrio,y tópicos solariegos o a la desbordada sexualidad nacional.

Debo haber leìdo en un texto de Susan Thomas la idea de que Cuba ha sido por mucho tiempo una suerte de Galàpagos cultural . Las influencias foráneas llegaban solo con buenas antenas, en pesados casetes, en vinilos de rock envueltos en carátulas de la Aragòn. Hoy el asunto sufre una vuelta de pàgina , en un tiempo en que Napster es ya prehistoria,  todo nos coloca frente la posibilidad de bajar música gratis y en muchos casos ver en youtube y si no tiene nada de eso està el paquete, distribuidores presuntamente desconectados como el ya conocido y nada oficial (hasta donde puede saberse ) Abdel la Esencia y , mire usted , las idas y venidas de los reggaetoneros, trovadores y salseros detenida sólo por la mal asesorada polìtica del ensordecedor Donald Trump

Las dos ideas anteriores van a un solo punto. Ya es muy complicado llenar el estadio para que escuchen a un hombre con una guitarra cantando que ¨Hoy viene a mi la damisela soledad con pamela impertinentes  y botón¨ sin embargo hay màs de la mitad de una isla al son del ¨ palón divino¨ de un hombre que despotrica descaradamente contra un productor tan exitoso como David Calzado, se dice el Rey ( antes era un mèdico el monarca) y levanta las armas incluso contra sus congéneres.

Ah, pero cuidado, todos esos escàndalos son parte de la vida de un artista. Madonna incluida , se valen de estos mecanismos y màs allà del èxito de la propuesta hacen ola y se mezclan en todo, en fin que dicen que murió al final la trova, y no creo, la guitarra es la guitarra y envejece mal o poco, me da que habrá siempre poesía.

He estado al lado de jóvenes trovadores y encaran la dificultad de conectar con cierto pùblico, la avalancha gratuita de música, Las Billie Eilish de las capas màs ¨informadas¨, y la conexión reggeatónica con las nuevas pasiones sociales de Cuba màs la demonización de quienes se apegan al discurso oficial complican todo panorama, quien empuña una guitarra la tiene muy difìcil.

El mercado llegò y pone regla, lo hemos hablado mucho, los de guitarra y verso se exponen a la posibilidad de no vender y ahogarse en su propio verso, o ser felices con poco o hilar fino y entenderse con el sonido de hoy y conectar con lo pasado y permanente en el ideario del pùblico,  para eso hace falta una buena cuota de suerte y trabajo. Algunos en otras escenas lo han ido logrando, los de guitarra y verso habràn de encontrar esta consonancia. No hay de otra, al fin y al cabo :¨estos años son el pasado del cielo¨. 

2666, Si tuviera fuerzas me pondría a llorar

 

Para Odet Blanco que me la regaló.

Los libros no se terminan; te abandonan, el hueco que dejan tras la última página se resuelve solo con otro texto. Acaba de dejarme 2666 la novela póstuma de Roberto Bolaños. Un libro en cinco partes ganador de muchos reconocimientos, entre ellos el premio de ficción del National book circule.

La obra de Bolaños que decidió dejar como herencia a sus hijos,  vuelve con una prosa vertiginosa, el chileno no gasta letras en regodeos. Poeta en sus inicios terminò diciendo que toda la poesía podía encontrarse en una novela, este su último texto lo reivindica porque su poética se explaya al punto que se ha dicho fue escrita por  Arturo Belano, su alter ego, uno de los personajes de su Detectives Salvajes (1988).

¨Está de moda leer a Bolaños¨, me dijo un amigo y no sé, es una lectura que no apunta a lo masivo, si en la primera parte del libro el chileno se desarma entre los enredos de cuatro  intelectuales, seguidores del candidato a premio Nobel Benno von Archimboldi. Luego abandona ese cuarteto y se queda con la vida feroz de un profesor universitario español asentado en México:  su existencia, su hija, una esposa loca que le abandona y tiene tanta vida como para escribir con ella sola dos novelas más y luego espacio para un periodista norteamericano, muchas muertes de mujeres en Santa Teresa, un pueblo fronterizo entre Mèxico y Estados Unidos y claro, Benno von Archimboldi.

Si algo tiene 2666 de censurable, es al mismo tiempo su valor, la vertiginosa capacidad de fabular que tiene Bolaños. Baste decir que la muerte de centenares mujeres, sus asesinatos  sus nombres , direcciones , la ropa que llevaba cada una, la causa de sus muertes y hasta, dado el caso, el modo en que fueron violadas; a veces hasta por el ombligo o los oìdos, todo en La parte de los asesinatos.

A lo dicho sume la impotencia de los policías, la apariciòn de otros asesinos y asesinatos, el paso como a vuelo de pájaro de los narcotraficantes y políticos y claro la vida literaria, las universidades  el arte , el sexo, la muerte, el amor, la guerra, el odio, la política, el misticismo, los medios, el fascismo, la vida burguesa, la miseria, el ostracismo, México, su frontera con Estados Unidos, los negros, el boxeo, el periodismo, la filosofìa, el suicidio, la historia latinoamericana, la misoginia, el machismo, el desconsuelo, las maquilas, Europa, la càrcel, la soledad y un fantasma que recorre toda la novela: Benno von Archimboldi, un escritor que no vas a encontrar hasta los límites finales de la novela pero no voy la voy a contar, eh.

Solo quiero decir que terminè exhausto, aturdido por el pulso, la elocuencia, la posibilidad de fabular de este hombre que tiene en ese mismo don lo que apunto como una debilidad;  es tanta la capacidad de fabular que fulmina, a veces cansa que cada personaje tenga para hacer otros libros, o estén ya en este 2666 porque hasta el título te deja con la sospecha de que debes seguir buscando en las 1118 páginas donde termina con lo que podría ser el principio del encuentro que aparenta no suceder jamás .

 2666 es todo un delirio vertiginoso, escrito por este ser que parece  pone el puntillazo a eso que llaman Boom latinoamericano (a esta altura), porque en su novela todo es posible, o cabe lo imposible hecho realidad absoluta, un libro que cuando nos abandona uno siente ganas de repetir aquello de Arturo Belano: Si tuviera fuerzas me pondría a llorar . 

Habana Abierta feedback

Foto atrapada en la web. No estuve pero fui

Me llama al teléfono y  dice, ¨Tremendo  lo de Habana Abierta ¨. ¨Pero si ya han pasado casi dos meses¨, logro decir  y riposta. ¨Casi tres horas de concierto Rógelo, se pusieron de P…¨ Me río, me emociona.

Habana Abierta no es solo una sumatoria de cantores, es un sonido que logra cuajar, poner en la trova un performance que ya se mostraba en tipos como Gerardo Alfonso, era una poética donde lo hermoso entronca con  la jodedera. Habana Abierta era, es inmensa.

Es una manera de cantar la isla, de sentir la isla, de entender esto que llamamos país y que definitivamente no son sus contornos, ni sus discursos, sino la belleza que vive en su gente. Piñol que canta canciones de ayer, los colores que realzan a la capital cubana, ese negro detrás de un micrófono diciendo que  la luna parece un diamante y septiembre huele a calma y humedad.

Yo no me pude ir a Jibara, no me pude ir en 2003 a verlos arrebatar a miles en la Tropical, aquella vez armé un reportaje con las emociones de Luis Barbería, Ale Gutiérrez, Joaquín Borges Triana y Susan Thomas, y de ahí saqué el capital para volver a estos, ya cincuentones,  que suman un público diverso, porque hay que recordar algo. Luego de Habana Abierta, aquel día  en Jibara tocaba Cimafunk.

Recuerdo que hablo de una llamada telefónica;  pasado el tiempo, madura un poco la idea, ya no solo por la vivencia sino por las fotos y los artículos, y me cuentan que Polito Ibáñez puso primero el tono, que hubo buen sonido y escena, que treparon gente copetuda a compartir con ellos, y luego, bueno ese artículo que habla del regreso de los dioses y toda la leyenda que se teje con trozos de deseo y trozos de realidad.

Por eso me sacude este feedback, porque anoche, ya con el sueño trepando a mis sienes, me llamó Julio Cesar Llamos, el productor, hijo de mi prima Marianela y me hizo el relato estremecido, ya van a ser casi dos meses y su sensación sintoniza con la mía. Estos tipos han escrito un guión divino que no para de emocionar.

Eduardo Sosa en Cable a tierra: ni cien años, ni soledad

Eduardo Sosa en Cable a Tierra. Foto: Yordis Jimènez

Después de tantos años, guitarra en mano, Eduardo Sosa recordó la tarde en que Ernesto Rodríguez dejó de ser un Willer para convertirse, junto a él, en Postrova. La Maya vivía un diluvio inusitado: eran las 7:45, y la lluvia hacía pensar que la tercera peña Cable a Tierra era un imposible. Unas cuatro personas esperaban la posibilidad de que se hiciera, y la gripe caprichosa se había apoderado del bardo.

Pero sí hubo peña, y buena. A golpe de recuerdos y canciones, Eduardo Sosa cautivó a su público: más de dos horas de música y memoria, de reflexión en torno al país, al amor y a la canción cubana.

Eduardo Sosa junto a Enagelina Pouyoux y Yaritza Hardy, directora de cultura Foto: Yordis Jimènez

El bardo arrancó con la considerada —esto es discutible— primera canción cubana: La Bayamesa. Pero no solo fue la canción: también la polémica, el clip propuesto por Joseph Ross y el público, que igualmente hizo alusión al tema y dejó que rodara la noche. Afuera, la lluvia; en los teléfonos, mensajes como el de la poeta Maylin Ross, quien no pudo estar y pedía, por favor, Ni un ya no estás, de Alberto Tosca.

Así fue pasando la tercera peña Cable a Tierra. De Silvio a Pablo: “Cuando canto de uno, tengo que cantar la del otro”, dijo el trovador cuando dejó escuchar Todos los ojos te miran y Pequeña serenata diurna.

Lluvia otra vez, calor y trova. Muchos no pudieron estar: la profesora Yeline Delgado se quejaba desde las redes sociales —imposible con la lluvia y el lodo—, pero otros, con mejor suerte, atravesaron la noche y anclaron en la Casa de Cultura Juan López Rizo para quedarse con el canto.

Tercera peña Cable a Tierra: Foto: Yordis Jimènez

Si bien Eduardo Sosa tenía gripe, el oficio y las ganas lo fueron llevando a cada canción: las suyas, las que le pedía la gente, pero también los recuerdos. Desde su natal Tumba Siete, con una abuela sabia que aún lleva en su ser, llegaron aquellos refranes con sabor a cafetales. Con esas remembranzas llegó Mañanita de Montaña, una de las mejores canciones de Eduardo Sosa. Solo mirar al público y al trovador bastaba: estaba la empatía, una comunicación que —lo digo con total seriedad— me hacía dichoso hasta las lágrimas.

Pero también al cantor, porque no imaginó que dos profesores universitarios, Alberto Díaz y Gerardo Ramírez —dos doctores locales— cantarían una canción que ni el propio Sosa recordaba. Para cerrar con broche de oro, la hija de Alberto se colocó tras el micrófono y cantó, casi de manera impecable, a capela: Imagen protectora.

“¿Cuánto debe durar la peña?”, me había preguntado Sosa en El Cristo, donde fuimos a buscarlo casi a las siete de la noche. Le dije que una hora, pero él mismo lo extendió todo, porque pasó de las dos horas y aún teníamos ganas de continuar.

Fito Páez, Serrat, Ana Belén en los recuerdos, en los diálogos con este, uno de los mejores cantores de este tiempo en Cuba. Y también Lino Betancourt, William Vivanco, Habana Abierta, Maria Bethânia, Salvador Virgili. Y, sobre todo, Gabriel García Márquez, evocado ya por Sosa o por el historiador Héctor Medina: García Márquez con sus mariposas amarillas, el diluvio.

Un pùblico fiel: Foto: Yordis Jimènez

Esta peña corrobora la necesidad de traer canción cubana a estos pueblos. Aquí venía Sindo Garay, Pepe Sánchez, y se reunían en la casa de Joaquín Ibáñez, en Alto Songo. Sin embargo, luego del 59, hasta donde tenemos noticia, ningún trovador de renombre hizo aparición pública hasta que llegaron Raúl Torres y William Vivanco. Con la peña Cable a Tierra, auspiciada por la Asociación Hermanos Saíz, Cultura, Tele Turquino y el proyecto JC, ha cambiado el panorama.

Eduardo Sosa vino a levantar el clima: su música, su poder de comunicación hicieron de la tercera peña Cable a Tierra el momento para determinar la hondura, la fuerza de la canción cubana de este tiempo. La importancia para un público que ya espera ver en su pueblo a esos trovadores que solo pasan —a veces— por la radio. Lo esperan porque saben, desde siempre y para siempre, que las estirpes encontradas por una buena canción (esto digámoslo sin mucha afectación) siempre van a tener una segunda oportunidad sobre la tierra.

Virgilí : tuyo es el reino

Virgilì

La primera vez que vi a Salvador Virgilí pordría haberle golpeado. Yo esperaba una guagua, un camión, algo que me llevara al Llano de Maceira. Tenía un ejemplar de Paradiso bajo el brazo y aquel hombre flaco bastante alto, negro y con collares verdes y blancos me arrebató el libro.

Eran los años en los que todavía ser gay podía costar kilogramos de piedras sobre el tejado, como le sucedió a Nenè Popota, un valiente homosexual de El Cristo, a quien los estudiantes lapidaban por su irreductible homosexualidad.

-Niño, ¿Qué tú haces leyendo esto? Preguntó con voz de loca en arrebato

-Lo leo, riposté, ¿qué otra cosa iba a hacer?

– Ay, un guajiro leyendo a Lezamaaaaa, acentuó el tono, se pasó la lengua por los labios y se fue al clásico capítulo 8.

Virgilio tenía eso a su cargo, no lo ocultó ¿para qué?, como no ocultó jamás su pasión por la literatura, la música o el cine. Hace unos meses nos encontramos y había vuelto a ver por quinta vez la película sobre Freddie Mercury “No es maricona, es una película que me deja ver a Freddie con toda su alma”. Lo miré con sospecha: “Ni cojones”, me dijo, “ta bueno y  si no te gusta , jódete”.

Así fue siempre, no lo ocultaba, su mirada de tigre hambriento iba delante. La palabrota si hacía falta a la par, pero en todo un amor por el arte insustituible. Virgilio dirigía y escuchaba a Béla Bartók, regañaba a sus locutores y en las noches se leía a Lydia Cabrera, a Thomas Mann, amaba a Bebo Valdés y al Cigala.

La segunda vez que vi a Virgilí fue el Instituto Superior Pedagógico Frank País. Alfredo Mojena y yo escribíamos canciones, toda una vorágine, lo mismo lo hacíamos temas  para un dúo, un grupo de rock que un cuarteto vocal, Virgilí lo supo y fue a buscarnos, hablamos y en pocos días nos llevó a un estudio y grabamos cuatro temas, desafortunadamente los perdimos, igual era la primera vez que se grababa mi música, luego ya fue común encontrarnos.

Finalmente trabajamos juntos en Ruta Musical una larga revista de Radio mambí junto a Kenia Campuzano y de ahí a Sonido SM donde fundamos el programa Cable a Tierra y ya era mi amigo Virgilí con su collares, sus libros, los discos de estreno, los Festivales del Caribe y Vanito Brown , William Vivanco, Rubén Lester, Felipón , Adriana Asseff, Santiago Feliú, Los Papines, NG La Banda, Síntesis. Toda la música en su radio, en su vida

La última vez que vi a Virgilí, me regañò porque me decía que había que estar con las reglas, discutimos, le dije que no se hacía radio con burocratismos, me dio la razón pero me dio una palmada en la espalda, me miró a los ojos y me dijo “Mijo, tú sabes, tú sabes”… y sí que entendí, este hombre valiente tuvo que  franquear muchos muros, quizás por eso decía tantas palabrotas, al final trepó a las murallas y dejó ver su cuerpo y su valor.

Esa misma vez, la última en que nos vimos le recordé que nunca me había devuelto un ,libro que le presté, un texto de Abilio Estévez. Ya no me lo va a devolver. Murió Salvador Virgilí, me dicen que llegó a su radio y luego no sabía irse a casa, como si su casa fuera CMKC.

Hay radialistas así de apasionados. Ahora que sé no voy a volver a verlo, que no me va a llanzar su mirada de tigre, en su negritud, su homosexualidad, su talento. Sólo me queda cuánto me enseñó, las discusiones, los abrazos y le digo como lo que es, un maestro, lo mismo que diría Estevez: “Virgilio, Tuyo es el reino”.

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