
Acababa de dormirme, hacía mucho calor por lo que tenía la ventana totalmente abierta. Suelo tardar en coger el sueño, pero hoy no lo hice enseguida, estaba muy cansada. El colegio de los niños, la primera comunión de Andrea, todo me traía muy ajetreada, por eso caí rendida. No puedo recordar el tiempo exacto, para mí fue inmediato, nada más cerrar los ojos una visión, como un espejismo golpeó a mi propia imaginación, mira que tengo mucha, pero esto me superaba con creces. La paz que me durmió se ha desvanecido por completo, me muevo inquieta, parece que estoy hablando, susurrando. Estoy sudando, me muevo de un lado a otro de la cama, las mantas se han caído al suelo, la almohada está totalmente húmeda de mi sudor. Cojo las riendas de la situación, es un sueño, pero yo lo estoy sufriendo como una realidad.
Entro sigilosa hasta la puerta que da a detrás del altar, había ido a la iglesia a preparar los últimos detalles para la ceremonia, el Domingo comulga la niña. La iglesia estaba en silencio absoluto, tan solo se oía un gemido, provenía del cuartito donde se cambia el cura, por un instante me paré a pensar en ese nombre, -¿como se llama?-, era lo mismo, cada vez me llegaba más fuerte aquella risa, tal vez sería un llanto, las dos cosas. La curiosidad me hizo avanzar sigilosa, que nadie me escuchase llegar, si me veían sacaría la escusa que buscaba al cura. Ya estaba en la puerta misma, al otro lado estaban ellos, por las voces ya sabía que no solo estaba el párroco, como es costumbre, hoy alguien lo acompañaba, parecía poder diferenciar al menos 3 voces distintas. La curiosidad me desbordó, no me acordaba ya que debía caminar con cuidado, me pegué a la pared, podía sentir el frío de la casa en mi espalda, pero pronto entraría en calor, más bien estallaría como un gasolinera con un cigarro. Estuve durante un buen cacho, obcecada, quería saber, mi intuición me decía que algo no estaba funcionando.
Tenía razón, acabo de asomarme un segundo, no está solo, son al menos tres, al estar tan cerca podía sentir hasta sus respiraciones, voces entremezcladas, qué bien se lo estaban pasando, ahora podía afirmar que no eran lloros, que no le caía ni una lágrima, solo estaban follando. La puerta estaba lo suficientemente abierta para ver con claridad, había dos monjas y un cura. Ellas no estaban totalmente desnudas, por eso pude saber que lo eran y él era el párroco, desnudo por completo, pero yo le conocía de haber acudido cientos de veces a la misa del Domingo. Había un sofá al fondo del cuarto, allí estaba echada una de las monjas, tenía el hábito totalmente levantado, las piernas muy abiertas y la otra chica, parecían las dos muy jóvenes, le estaba comiendo el coño. El cura estaba levantado, frente a ellas, no podía verlo con claridad, pero por su postura y por su movimiento juraría que se estaba masturbando.
Primeramente me escandalicé, no daba crédito a lo que mis ojos veían, pero poco a poco me dio mucho morbo, era una escena muy excitante. Sabía me estaban viendo, tan concentrados en disfrutar, seguí allí mismo, mirando, mi cuerpo se iba calentando, me notaba mojada. Quería no sentir aquello, pero no podía evitarlo, era lo máximo, sin darme cuenta me noté contrayendo los músculos de mi vagina, como apretando mi clítoris, era el placer que comenzaba a inundar mi cuerpo. Ya me daba lo mismo si llegaban a verme, no podía aguantarme, me bajé las bragas, solo llevaba un fino y suave vestidito de primavera, de seda, empecé a acariciarme por encima de él, ese tacto tan dulce del tejido me ponía más cachonda aún, descendía rápidamente, deseaba tanto correrme.

No quería que fuesen a terminar y me quedase a medias, me precipité sobre mi coño, separando los labios con una mano y con los dedos de la otra acariciándome fuertemente, con mucha rapidez, yo me conozco perfectamente y sabía que así podría llegar pronto al orgasmo. No dejaba de mirar, ahora el cura se había acercado a ellas, la chica que estaba echada le comía la polla, estaba levemente flexionado para que llegase sin dificultad. A su vez le daba palmadas que sonaban como un plasss! en el culo de la chica que lamía, no cesaba en ello, una y otra vez. Estaba cada vez más mojada, el hecho de saberme allí, que me podían pillar en cualquier momento, no tenían más que girarse hacia la puerta y ya podrían verme, aquella escena que yo nunca hubiese podido imaginar, todo ese conjunto me excitaba como nunca.Una de las monjas, la que estaba encima, se levantó, temí ser vista, los otros dos seguían a su faena, comiendo ella su pene, él le decía «métetela entera zorra», ¿dónde iba la otra? Abrió un cajón, parecía que conocía perfectamente la estancia, cuando se giró, para regresar con ellos, llevaba un pene sintético, de esos consoladores, de color negro.

No dijo nada, se acercó al cura y le indicó que se inclinara, entonces ella con aquella polla negra lo penetró. Ya no podía aguantarme más, era tanto el placer que estaba sintiendo que llegué al clímax, me corrí, era tan fuerte el placer que solté un gemido más fuerte de lo que debiese haber hecho, de pronto se giraron los tres a la vez…Me desperté, estaba sudando, no podía recordar muy bien lo que había soñado…


No hizo más que besarlo, lamerle todo, centímetro a centímetro, cada poro de su piel.
Si me miraba aún con aquella cara de deseo que puso, solo le faltó gemir como decía que había hecho, que había gritado con el placer, que no pudo soportarlo y necesitó quitárselo de encima.





enfades conmigo», Mario acepta.Te coloca en la silla de espaldas a él, tus rodillas contra el respaldo de la silla, y con el culo hacia atrás, te levanta el abrigo, y deja tu culo con el tanga expuesto, se quita el cinturón, lo dobla y te da con él, unos golpes secos, te estremeces de dolor y de placer, tu coño esta empapado, el vibrador no para, José lo saca y te abre bien el coño, de golpe introduce toda su mano dentro de ti, le cuesta, pero la acaba introduciendo toda, te sientes llena, hace movimientos rotatorios y siente que no puedes mas de puro placer, de repente notas como el vibrador es introducido dentro de tu culo, mientras la mano de Mario, sigue dentro de tu coño, estas que no puedes mas, le pides que te folle.
Él se coloca tras tuyo y de un golpe seco notas como su polla se introduce por el culo, notas como los huevos te golpean, crees morir de puro placer, en ese momento no te importa nada, ni donde estas, ni si eres observada, todo te da igual, Mario te sujeta las tetas con fuerza, te da tirones fuertes para llevarte contra él, sin dejar de bombear, notas como esta a punto de estallar, tú has tenido tu orgasmo, brutal, de repente la saca, te da la vuelta, te sienta en la silla, él de pie, coge tu cabeza y con fuerza te lleva la polla a la boca, te la mete hasta la campanilla, casi vomitas, mueve tu cabeza con fuerza, esta usando tu boca para darse el máximo placer eso te excita mas, los golpes son tan fuertes que no puedes evitar vomitar, no para, sigue bombeando tu boca, las arcadas no cesan, pero quieres que se venga dentro de ti, al fin se corre, todo su semen va resbalando por dentro de tu garganta y por la cara mezclado con los vómitos, te sientes como verdadera esclava, muy feliz por darle todo el placer que el desee.





