Los amigos de la Paco Urondo, me han invitado a
decir algunas cosas en un reportaje radial que ahora publicaron en la web con notable éxito (?).
Repasemos las dos ideas centrales: a) la
importancia del “voto avenida” para el kirchnerismo. b) El rol de la presidenta
Cristina Fernández en la interna del FPV. Este segundo punto queda para un
siguiente post
El “voto avenida”. Además del deseo oculto de
todo politólogo de lograr inventar un concepto que sea copiado y tomado por
colegas e interesados, la imagen de “voto avenida” nos ayuda a comprender en
términos geográficos, dónde perdió la mayor cantidad de votos el kirchnerismo
comparando 2013 con 2011. En su momento hubo aquí un post sobre este punto, incluso
una nota en El Estadista. Mirando el siempre excelente trabajo de Andrés Tow,
Andy para los amigos, también trabajos
hechos por el Ministerio del Interior e incluso por el diario La Nación, la
georeferenciación de los votos (por mesas ganadas y perdidas), nos indicó de la
elección de 2013, dos datos claves: 1. El efecto Massa se impuso de manera
notable en la 1° sección electoral; es decir ganó por muchísimo en Tigre y por
mucho en los municipios vecinos. 2. Insaurralde, fue menos votado en las mesas que
se ubican en torno de las grandes avenidas del conurbano Oeste y Sur
(recordando que perdió por mucho en el Norte): La mancha de color que
identifica al frente Renovador se hace más intensa sobre las avenidas Mitre
(Avellaneda) Irigoyen (Lanús y Lomas de Zamora) de Mayo (Matanza), San Martin
(Quilmes) etc. y al adentrarnos en los barrios, es el color del Frente para la
Victoria el que se vuelve más intenso. Conclusión no muy compleja, la clase
media, es la que “abandono” mayoritariamente al FPV, para votar al FR. Antes, fueron
en las grandes avenidas que se juntaron, no importa cuántos, a cacerolear. En
aquel momento hablamos del enojo por el tipo de restricción a la compra de
divisas, las dificultades para viajar al exterior (muy, muy relativas por cierto),
el mínimo imponible al impuesto a las ganancias, y otras medidas. Más allá de
esos temas que resultaron ser coyunturales (sobre todo porque hoy asistimos a
otra realidad cercana a los reclamos que hicieron esos sectores
socioeconómicos) el punto central es la estrangulación que sufre
recurrentemente la Argentina y todo país subdesarrollado que pretenda salirse
de esa realidad: el gobierno otorga con la impronta de la distribución del
ingreso, “beneficios” a la clase media que logra acceder en pocos años a bienes
que le habían sido negados: consigue empleos en el mercado formal, compra o
cambia su auto, vuelve a viajar, arregla la casa (algunos incluso la compran),
mandan a los chicos al colegio privado para no tener sobresaltos con las
huelgas, contratan empleadas de casas particulares, reciben subsidios para los
servicios públicos urbanos, se actualizan tecnológicamente, se compran perros
raros. El tema es que en algún momento las cuentas comienzan a complicarse. En
Argentina ha venido básicamente de la mano de la restricción externa, y se hace
necesario, si, digamos así, ajustar algunos precios. Y esa clase media, que no
ha perdido el empleo, no le han rematado la casa, no ha dejado de irse de
vacaciones, no dejó de cambiar le celular, ve un horizonte algo mas acotado
respecto de otras expectativas (mas viajes, cambiar el auto, comprar una casa).
La cuestión es que el gobierno no quiere hacer el ajuste sobre los sectores
sociales más vulnerables, podando AUH, dejando de aumentar las jubilaciones,
recortando programas, etc.(aun cuando si pagaron el costo de la devaluación).
En una nota aparecida hace poco en Le Monde Diplomatique, (solo versión
impresa) el vicepresidente de Bolivia, García Linera, señalaba el mismo síntoma
para su país: las clases medias no parecían dispuestas a ceder participación en
las expectativas, porque los mas retrasados en la escala económica, necesitan
mayor intervención del Estado. ¿Cuántas veces hemos escuchado, cerca de las
avenidas: “esos negros que viven de planes”, “la plata de mis impuestos se va
en mantener a estos vagos” “Se embarazan
por un plan”? fuera de que pueden ser expresiones de un momento particular, es
la certeza que recorre el pensamiento de buena parte de nuestra clase media. Es
muy probable que esa percepción (de que ellos están financiando con su recorte
de expectativa a los “vagos”) haya sido el motor que generó los cacerolazos y
el voto contrario al kirchnerismo.
En eso está el gobierno. La situación actual
parece de una inflación controlada, que implica también un recorte de subsidios
al consumo en las “avenidas” pero también en los barrios. El accionar de los fondos buitres, cuyo poder ha
quedado en evidencia con el trabajo de un juez de los EE.UU. a sus intereses, complica
(la palabra es un poco más dura) lo que parecía ser un proceso controlado. En
cualquier caso, como el gobierno no puede, no debe, satisfacer los deseos de
ese sector de la clase media, a costa de aquellos que necesitan de la
intervención del Estado para sostenerse, iremos sabiendo con los días que
sucederá en las avenidas, cuyo destino sigue en manos del gobierno, ante una
oposición dedicada, básicamente, a juntar firmas en las avenidas.