Ficha técnica
Título: La la land, la ciudad de las estrellas (La la land, City of Stars)
Dirección: Damien Chazelle
País: USA
Año: 2016
Duración: 129 min
Género: Comedia Romántica, Musical
Guión: Justin Hurwitz y Damien Chazelle
Intérpretes: Ryan Gosling (Sebastian), Emma Stone (Mia), J.K. Simmons (Bill), Rosemarie DeWitt (Laura), Callie Hernandez (Tracy), Jessica Rothe (Alexis), John Legend (Keith), Finn Wittrock y Sonoya Mizuno.
Fotografía: Linus Sandgren
Música: Justin Hurwitz
Montaje: Tom Cross
Presupuesto: 30 mill $
Productora: Marc Platt Productions, Gilbert Films, Black Label Media, Impostor Pictures
Distribuidora: Universal Pictures (España)
Sinopsis (oficial): Mia (Emma Stone) es una de las muchas aspirantes a actriz que viven en Los Angeles en busca del sueño hollywoodiense, se gana la vida como camarera mientras se presenta a montones de pruebas de casting. Sebastian (Ryan Gosling) es un pianista que vive de las actuaciones de segunda que le salen, y su sueño es regentar su propio club donde rendir tributo al jazz más puro.
Los destinos de Mia y Sebastian se cruzarán y la pareja descubrirá el amor, un vínculo que hará florecer y luego poner en jaque las aspiraciones de ambos.
Lo primero que pensé al ver esta película fue que iba a ser una de mis favoritas. Lo segundo, que la quería volver a ver, en ese mismo momento. Lo tercero fue la banda sonora, que no se me quitó de la cabeza en dos semanas.
Claro que esto es solo la primera impresión, me dije, y tendré que analizarla más a fondo.
¿Habéis oído hablar del síndrome de Stendhal? Me tuvo todo el fin de semana tambaleándome cual equilibrista en la cuerda floja, entre la realidad y lo que había visto en la pantalla. Y sin embargo, tras un exhaustivo análisis (todo lo que el tiempo me ha permitido; pero podría seguir y seguir hablando de esta película) casi todo lo que he encontrado es un gran trabajo, bastante pulido, y buenas intenciones (más allá de ganar dinero; cosa en la que ya estamos todos de acuerdo).
Género: polémica
No es un musical al uso. Hay quien habla de una recopilación de musicales, un Frankenstein que homenajea a los clásicos. Lo es. También echan en falta un tema principal representativo en la película, esa gran canción. No la hay. (No creo que sea necesaria, contando con semejante banda sonora).
El director ha enfocado su atención en la interpretación, relegando el canto y baile a algo secundario. Esa podría ser la mayor diferencia de esta cinta: en ella, lo que mejor saben hacer los actores es actuar (al menos no entra en la alarmantemente creciente masa de musicales contemporáneos en los que da igual si no te crees un solo parpadeo de los bailarines y cantantes).
Sin ceñirnos tanto a etiquetas y géneros rígidos: La la land pretende ser una renovación de los musicales.
Actuaciones
Cuerpo
En cuanto al gesto, se notan las tablas y entrenamiento corporal del elenco de actores. Técnica limpia, movimientos claros y expresivos, siguiendo un estilo naturalista para cine.
En cuanto a danza: la coreografía ha corrido ha cargo de Mandy Moore, quien ya trabajó en películas como Silver Linings Playbook (El lado bueno de las cosas, 2012) y fue nominada a dos Emmys por su trabajo en el programa televisivo So You Think You Can Dance.

En la película vemos varios números de claqué, jazz, bailes de salón y contemporáneo-coreografías muy vistosas. Han echado mano de la espectacularidad. La mayoría de números musicales están inspirados en clásicos; pero también ponen de su cosecha: ciertos pasos de baile de los protagonistas se eligieron a partir de la interpretación de los actores, para hacerlos más acordes a sus personajes.
Son coreografías muy visuales, vivas, como fogonazos de ritmo de sensación vertiginosa en mitad de un tempo sostenido muy delicado, sutil, vaporoso.
Ryan Gosling y Emma Stone son más actores que bailarines. De hecho, fue en el periodo de preproducción cuando aprendieron a bailar (Emma Stone sí tenía ya cierta experiencia, pero no en estos estilos). Y sí, todo el esfuerzo valió la pena.
Voz
Lo ideal es verla en versión original. Lo único que comentaré sobre el doblaje, que es un buen trabajo, es que por desgracia contrasta con las voces originales de los actores protagonistas, ambas muy características, que oímos en las piezas musicales.
Al cantar, ninguno de los dos es perfecto: la voz de ella tiene demasiado aire y él desafina en algún momento. Entonan bien y defienden un trabajo muy decente. Pero no son cantantes, y eso se nota. Sin embargo, compensan esta falta de técnica con su interpretación. Irónicamente, esto acerca a los personajes al espectador, los hace más humanos y los redondea. Uno se enamora de los defectos, ¿no?
A pesar de todo es un trabajo cuidado. La sola fusión de la brillante, espectacular banda sonora sumada al esfuerzo de estos dos artistas te lleva a otro mundo, te hace volar.
Interpretación
Estamos frente a un trabajo de estilo naturalista (el que se lleva) algo tendente a la exaltación propia de la comedia, que juega con un nivel de energía un poco más alto de lo habitual -en la primera parte de la obra. Llegando al final, nos golpea la realidad y bajamos los pies a la tierra. (Si se observa, sigue el desarrollo opuesto a la gran mayoría de comedias románticas contemporáneas, que suben de la realidad a una ensoñación que nos deje con un buen sabor de boca).
Los actores estuvieron preparándose durante cuatro meses en nociones de baile, piano (Ryan Gosling partió de cero hasta aprender a tocar tal y como hace en la película) y ensayos antes de rodar.
Una interpretación en la que se agradece la poca tensión perceptible en los actores, aunque en Emma, para mi gusto, se adivina a veces (algo mínimo) una interpretación algo forzada que tiende al cliché excesivamente sonriente de la mujer sensible (véase la escena de ambos cantando sentados al piano), cuando en otras ocasiones su serenidad (y me refiero a «hacer menos es más») le da más fuerza, carga y plenitud al personaje. En la construcción del personaje de Mia me descolocan ciertas contradicciones. Según mi gusto personal e intransferible. Por otro lado, ella ha creado un personaje fresco y vital que llena la película de color y responde a su propia juventud con mucha soltura. Su personaje pasa de ser una joven a una mujer adulta. Esa evolución es palpable, y un gran logro. Emma Stone tiene como punto fuerte su desbordante expresividad facial.
La interpretación de Ryan me parece un trabajo un poco más coherente y sólido, y a la vez más delicado, por la quietud hipnótica en la que se suele mover su personaje. Por otro lado, su personaje, introvertido, no le exige tanto riesgo.
Sebastian tiene ese aura del artista hipersensible, introvertido, normalmente distante y ensimismado en su mundo de ideales románticos, que cuando se abre deja ver una complejidad interior llena de armonías. Su mirada es donde se concentra este torbellino nuclear de acción. Ryan logra un efecto natural que se me hace cercano y verdadero. En él se advierte una evolución interna y profunda, sutil en la superficie. Un cambio que va ajustándose tanto al tono de la película que ni se advierte a primera vista.
Por otra parte, es un papel similar a otros que le hemos visto interpretar. Lo mismo se podría decir de Emma.
Reflexionando sobre las diferentes exigencias interpretativas para mujeres y hombres hoy en día: ¿a ellas se les exige ser más expresivas que ellos, por lo general? ¿Necesitan ellos exponerse a un riesgo (a una vulnerabilidad, me refiero) menor para estar a la altura del papel que encarnen? ¿O sucede como en los deportes, que se nos clasifica al nivel de una genética genérica?
En cuanto a la relación creada entre los dos (lo que impulsa la historia): se comenta que está pareja son la versión contemporánea de clásicos como Fred y Ginger o Bogart y Bacall. ¿Será la confianza? A Ryan y Emma los hemos visto trabajando juntos como pareja en películas como Crazy, Stupid, Love (2011) y Gangster Squad (2013) y evidentemente tienen ya un vínculo del que partir. Pero ¿está conseguido en este caso? La cercanía entre ambos es visible, pero en ocasiones echo en falta la chispa, la electricidad. (Por momentos -como en la escena de la canción, ambos sentados al piano- tuve la sensación de estar viéndolos como compañeros de rodaje en vez de como pareja profundamente enamorada). Lo cierto es que no me importó, porque el despliegue de medios técnicos y montaje final se encargan de enmarcar, dándole los matices oportunos, un guión que sí es la guinda final y esencia de un gran trabajo. Después de todo, la historia contada es lo que importa (y lo que cada espectador reciba).
Música
Banda sonora delicada, fuerte y arrolladora. Hermosa y viva. Como en el jazz, ramifican una misma idea o frase musical en tantas posibilidades, contextos, idiomas y sensaciones como surgen en la historia. Es uno de los puntos fuertes de la película, y quizás el que más destaca. A cargo de Justin Hurwitz, dramaturgo (
Los Simpsons) y compositor amigo de Chazelle que ya trabajó con él en
Whiplash (2014) y
Guy and Madeline on a Park Bench (2009).
Damien Chazelle trata la música como a una de las verdaderas protagonistas de la obra, junto con el cine, que sería el segundo. En Whiplash ya mostró su forma de vivir la música.
No tengo conocimientos suficientes como para analizar en profundidad este tema, así que os dejo con una opinión sobre el ritmo de la película que me ha resultado interesante.
La película diferencia una primera parte colorista, brillante y musical (el enamoramiento, la esperanza al perseguir los sueños) de una segunda más seria en la que predomina la interpretación (la realidad, alcanzar esos sueños).
La música es la sangre que corre por las venas de esta película.
Fotografía
Crean imágenes hechas para grabarse a fuego en la retina.
Tratándose de una obra metadramática, tiene el ingenio de tomar como herramienta, de forma creativa, la iluminación en bruto, podríamos decir. Pretenden impactar al espectador y por eso no esconden su intención al crear los distintos tonos y ambientes. Componen imágenes espectaculares gracias a un juego, mantenido durante toda la obra en momentos clave, de focos directos al punto de interés. Mediante fundidos graduales encadenados crean ambientes íntimos de forma fluida, marcando además el contraste con los instantes anteriores. Todo es cuestión de transiciones.
No se cortan en utilizar contraluces, sombras (un recurso muy desaprovechado en el cine) y elementos poco comunes en producciones tan comerciales como esta.
En general es una película muy luminosa y de colores brillantes: así retratan el sueño americano, el cuento de hadas de Hollywood. Varían la gama de colores vivos durante la primera mitad de la película: contrastan las escenas de noche con sus azules eléctricos y marinos a los días más luminosos de despejados cielos turquesas y sol amarillo a raudales. En la segunda mitad, los colores se atenúan. Es interesante también observar los colores con que representan a los dos protagonistas, algo que se resalta en el vestuario.
Vestuario
Vibrantes colores también los del vestuario, en general. A ella nos la presentan con vestidos de colores muy vivos; él, en cambio, usa tonos más clásicos, marrones y sepias (recuerda a Forrest Gump, o quizás es solo a mí). Se van contagiando el uno al otro con el paso de la trama, equilibrándose. Un ejemplo: la corbata dorada sobre camisa negra que lleva él hacia la mitad de la película. Él va revitalizándose y ella adopta tonos más apaciguados… Poco a poco, como he dicho, todo ese universo de color se va simplificando, acercándose al blanco y negro.

Vestuario a cargo de
Mary Zophres (
Fargo, No country for old men), nominada a un Oscar por
True Grit (2010) y un Bafta por
Atrápame si puedes (2002).
Guión
De lo cotidiano consiguen sacar lo soñado, lo increíble; y acercar lo increíble al espectador.
Mia y Sebastian se nutren el uno del otro en un enjambre hecho del amor ciego de los comienzos de una relación. Es muy interesante como las circunstancias irrumpen en medio de ese baile entre los dos, cómo cada uno es acribillado por sus propios sueños, como la vida los pone en jaque entre la espada y la pared. En un momento dado, hay que escoger entre amor y sueños. Y si conocemos las migajas de pan que va dejando Damien Chazelle en su camino… adivinaremos cuál eligen finalmente. Chazelle abre su propio mundo y guía, como en Whiplash, a la comprensión de los artistas.
En cuanto a la trama, no faltan las críticas por remitirse una vez más al esquema trillado de «chico conoce a chica», sumado a aquel puñado de tópicos como que ambos son artistas luchando por sus sueños, y que estos se interponen entre los dos. Ni faltan ahora, ni faltarán nunca.
Pero esta historia es la prueba de que la originalidad está sobrevalorada (después de todo, hoy en día todas las ideas son solo versiones). A esto se le llama narrar bien.
Si la suma que triunfa es un envoltorio que atraiga unido a un interior que se grabe en la memoria, Damien Chazelle y Justin Hurwitz han encontrado la receta del dulce perfecto. No restemos importancia al envoltorio, que tan mala fama tiene, en el cine, donde el producto tiene que entrar literalmente por los ojos.
Esta película cumple una función muy clara en el momento en que ha sido estrenada: aliviar. Hacer desconectar al espectador, aligera su peso, lo lleva a volar. Y le deja el sabor agridulce en la boca para que sea él mismo quien, luego, despegue por su cuenta.
Los aciertos del guión son:
- Su anacronismo: la historia se desarrolla en un tiempo con preocupaciones contemporáneas y una estética al estilo de los 50, y sin embargo, abraza una serie de referencias cinematográficas y musicales que los mantienen suspendidos, estáticos, en una época indefinida.
- En los temas tratados; que a pesar del riesgo a caer en el elitismo (conectando solamente con los intereses de los que se desenvuelvan en el mundo del arte y el espectáculo), consiguen ampliar a todos los gustos potenciando el sentimiento que estos temas provocan (y de esto sí tenemos todos: el sentimiento nos mueve). Apuntan a tocar nuestra fibra sensible hablando de amor y sueños frustrados, de las vueltas que da la vida, de cómo mantenernos a flote en ese fluir del tiempo que no sabemos a dónde nos llevará mañana.
- En haber sabido escoger mostrar los momentos adecuados para que el espectador conecte con los personajes, y no solo limitándose a la realidad: no se cortan en entrar en la imaginación de los protagonistas; lo que nos lleva al siguiente punto
- Abrirle las puertas, dar rienda suelta y, es más, espolear la fantasía del espectador con múltiples posibilidades, juegos temporales, escénicos y visuales, recreándose en lo onírico;
- y, por supuesto, en contar a través de imágenes.
¿Cómo lo hace? Con…
- diálogos vivos, expreso y llenos, con mucho subtexto (que en este caso ha tenido la suerte de ser llevado a la acción con una buena interpretación),
- un ritmo ágil, buenas transiciones
- una buena distribución de los puntos álgidos para mantener la tensión; cambiando del musical a la narración naturalista común; y jugando con el tiempo
- la progresión de la trama de un tono concreto a otro (y aquí ha habido una buena coordinación entre los distintos aspectos de la producción: interpretación, vestuario, fotografía, elementos técnicos, música, montaje; iban todos a una).
Sobre el nacimiento de La la land
Justin Hurwitz y Damien Chazelle fueron amigos y compañeros de habitación en la Universidad de Harvard; y allí, hace una década, escribieron juntos el guión de la película que durante muchos años Chazelle intentaría llevar a la vida sin conseguirlo hasta hoy (de forma muy parecida a Avatar, nacida de aquel guión de 1994 olvidado en un cajón durante más de una década): La la land. Su título hace referencia a Los Ángeles, donde se desarrolla la historia, y a su vez a la forma de soñar despiertos de sus protagonistas.
Tras intentar, sin éxito, conseguir el presupuesto necesario para la realización de la película, Chazelle se vio obligado a llevar a cabo proyectos más económicos para conseguir el apoyo que necesitaba. Parece ser que Chazelle o hace bien o no hace, porque de ahí salió Whiplash (2014), obra redonda en la que ya se apreciaban los temas predilectos (al menos, de momento) del director: la música, la entrega a una pasión, su visión particular del éxito… y la confrontación entre este y la propia vida.
Tras su éxito, el director consiguió al fin el apoyo necesario y en 2015 el proyecto se puso en marcha. Los papeles de Mia y Sebastian iban a ser interpretados, en primera instancia, por Emma Watson (Harry Potter, Las ventajas de ser un marginado) y Miles Teller (Whiplash, ); pero por diversos motivos (puede que excesivas condiciones por parte de los actores) recayeron en Ryan Gosling y Emma Stone. Quién sabe qué hubiera pasado.
La crítica (hasta el momento)
Un repaso rápido a los premios hasta ahora para hacernos una idea de la influencia que esta película está teniendo:
7 globos de oro (¡pleno!)
8 premios de la Crítica Cinematográfica
11 nominaciones a los BAFTA
14 nominaciones a los Oscar (igualando a Titanic y a Todo sobre Eva)
… si bien es cierto que el panorama cinematográfico actual más visible ( y con esto me refiero a la punta del iceberg: el cine que circula listo para ser consumido, lanzado directamente a los ojos del espectador que ni siquiera pretendía serlo; el cine comercial, Hollywood, las grandes y medianas producciones y todas aquellas normalmente sustentadas por una gran campaña de promoción. En materia de cine independiente & co., es otro asunto) deja mucho que desear estos últimos tiempos; de ahí que una historia completa, con un mensaje no novedoso, pero sí un fresco recordatorio, presentado con una maestría técnica impecable y brillante; y por supuesto contando con un presupuesto de nada menos que 30 millones de dólares (que por otro lado, no fue fácil de conseguir), prácticamente no encuentre rival en su género.
Es una producción arriesgada, aunque en gran parte conservadora (recopilando referencias y actualizando estas, en vez de partir de cero -lo cual es también una jugada inteligente para no pillarse las manos). Ha entrado en juego el conflicto interno del director, el eterno remordimiento sobre si renovar las artes para mantenerlas con vida es una forma de pervertirlas. De ahí que prefiera hacer acopio de todas las armas de batalla, técnicas y creativas, que el cine ha ido acumulando. No inventa nada nuevo, pero recoge todo lo anterior para hacer un
homenaje a los clásicos. Probablemente, si la habéis visto ya,
os sonarán algunas imágenes…
Muchos hablan de esta cinta como «la película de la década». No creo que sea lo sea, pero sí va a ser importante. Personalmente, creo que simboliza el deseo de que el cine vuelva a arriesgarse, a crear historias llenas que te sacudan, con contenido y un objetivo más allá del provecho económico. Que tras esta época de declive, esta película sea una de las piedrecitas que apunten hacia arriba, creando una base para impulsar a las siguientes. Por suerte o por desgracia, hay que perderse antes de encontrarse.
Si aún no estáis convencidos de si ir o no a ver esta película, pensad solo en disfrutar. Porque lo que ofrece esta película es un escape, es volar, es inundarte de colores y música que te envuelve. Es sentirte un poco más vivo. Viajar a otras épocas y, quizás, más dentro de ti mismo.
Al salir, todo recto y a abrir las alas. No tiene pérdida.