Me duelen los dientes
y el alma
de morder el polvo.
Me duelen las heridas,
y más me duelen las armas.
Me duelen las oportunidades perdidas,
las que nos roban,
y las que nunca tienen
los que nunca tienen nada.
Me duele la rabia,
la vergüenza que les falta,
el discurso del ventrílocuo
con el estómago lleno
y las palabras vacías.
Me duele la esperanza
que intenta volar lejos de aquí
con las alas rotas.
Me duelen los celos del tiempo,
ese amante despechado
que jamás regresa.
Me duelen los huesos
de tanta lucha,
y la carne
de tanta hambre.
Me duele el espíritu,
la rutina de mi libertad,
y los pies, de —no sé por qué— tanta prisa.
Me duelen los oídos
los odios
y los dioses.
Me duelen las despedidas,
y más me duele
si no pude despedirme.
Me duele el futuro.
Me duelen las banderas,
el tráfico de sueños,
las guerras por la paz.
Me duelen los gritos que no escucho,
las muertes que no entiendo,
el baile, sin música, de las cifras.
Me duelen los dientes
y el alma,
me sangra la voz.
Me duelen los besos que no nos dimos
los golpes que sí,
y todas las horas que pasamos lejos
estando los dos
aquí.
Hoy me duele todo
porque me dueles.
Por favor,
vuelve.

