
«Que el dolor no me apague la rabia», Mario Benedetti
Primero fue el dolor y luego la rabia, o los dos a la vez, inseparables. El domingo 18 de enero en la noche y en la madrugada del lunes, las muertes en Adamuz (Córdoba) subían cada media hora. El lunes por la mañana, eran casi 40, y a muchos nos costaba contener las lágrimas, y la rabia; nos llevaban las tragedias humanas.
Mi conciencia gritaba que estas muertes se podían haber evitado, y añadía en redes que no se habían evitado por: #JefaturaEstado que no sirve para problemas graves, #Políticos incapaces y demás responsables.
Qué hacer en las primeras horas, los primeros días. Al menos recomiendo una película, sencillamente por bella en imágenes y palabras, por si podía paliar un poco la enorme tristeza: El profeta de Kahlil Gibran, basada en el libro del autor libanés. O el libro de Nicholas Taleb, Jugarse la piel, sobre la importancia de la responsabilidad. Sin pensar que ambos autores coincidían en sus orígenes.
Todos recordamos otras muertes por ineficacia de nuestros gobiernos deficiencias del Estado o gestores, demasiado recientes y presentes: la Dana en Valencia, el gran Apagón o los incendios del último verano.
Todos somos posibles víctimas de estas, y futuras barbaries, y los libros y la cultura se pusieron al servicio de lo sucedido (otros siguieron en sus torres de marfil). No podía normalizar el malestar. Así estuve y seguiré, porque el olvido es imposible.
La idea del artículo este mes era un libro que si no ocurre otra gran tristeza espero criticar negativamente en febrero. Todo puede esperar cuando las muertes humanas por negligencia empañan los ojos y la realidad.
Ya son, en en apenas un año y tres meses, cuatro Episodios Nacionales de muertes que se podrían haber evitado. Deben llegar casi a 300 asesinados, y así no hay forma de acallar la conciencia. Hay que exigir explicaciones, responsabilidades, dimisiones y cárcel. Hay necesidad de hacerlo.
A los responsables directos, esos que trabajan en Adif, Renfe o el ministerio de Transportes. Los que deben velar por nuestra seguridad vial y vital, a las órdenes de un gobierno también responsable.
¿Elecciones Generales? Sí. Trescientos muertos se lo merecen. Que se multiplican por cien, o más, si contamos otras grandes negligencias: en la sanidad, estado de las carreteras, o cualquier otro servicio público que puede matarnos en cualquier momento. Negligencias por falta de la previsión obligada, estructura adecuada o medios económicos. Para todo lo cual ya tenían dinero, nuestro dinero público, y no lo utilizaron para ello. Asesinatos.
Esto no va de partidos en el poder, también va de todas las oposiciones a los gobiernos. Estamos pagando con dinero público a unos y a otros para que hagan ese trabajo que no hacen, les damos nuestro voto en las urnas. Servir como oposición significa anticiparse a los problemas, si no lo hace el poder de turno. Pedir una auditoría de las líneas férreas, tres o cuatro días después de Adamuz, lo puede hacer hasta un niño de seis años.
¿La vida de los ciudadanos les compete a gobiernos y oposiciones? ¿A los expertos gestores? ¿Al jefe de Estado, también? El hijo de Juan Carlos, que sí estuvo a la altura en situaciones difíciles, cada vez parece tener menos capacidades para el puesto.
Observo en redes muchas críticas a él, especialmente por el último discurso de Nochebuena, tan blandito. Hay también muchas caricaturas o imágenes donde se le nombra así: Letizio I, o Letizio VI.
No es solo que le mande su esposa o que le mandé mal, que no sepa ella tampoco lo correcto. Hay quien se atreve a decir «Letizio I se autopercibe Reina». No me atrevo a hablar de sus inclinaciones sexuales, lo que sí es cierto es que mientras ella habla él calla, y la mira como embobado (o puede ser la supuesta narcolepsia que dicen que sufre).
Entre los Letis anda el juego, ya se aviene la Leti tercera. Pero, un momento, ¿queremos a los Letizios como jefes de Estado? ¿Queremos mantener una jefatura de Estado irresponsable según la Constitución? ¿O es el momento de un referéndum, Monarquía o República? Este es un buen momento, antes de que la degeneración llegue a más. La edad no perdona, incluso con la fe inquebrantable en la anorexia y/o vigorexia.
¿Por otro lado, podría dimitir alguien en este país por no haber estado a la altura?
Como sabemos que la mayoría tiene la manía de aferrarse al poder y no habrá dimisiones, será en la cárcel, como decía al principio, donde pido que acaben, tras juicios justos. No está todo perdido, algunos supuestos irresponsables (ladrones) del poder y el dinero público ya están ahí.
Las muertes de Adamuz han ocurrido en una autonomía de segunda, por desgracia. Entre las primeras, las más privilegiadas, a parte de Madrid por su capitalidad y alguna otra según lo que ustedes crean, para mí son las llamadas históricas; que tienen la misma historia que las otras pero con ese adjetivo van de superiores.
También hay autonomías de tercera. En Extremadura los trenes son de Baja Velocidad, de hace un siglo, y allí también hay muertes en el tren, aunque cueste creerlo. La barbaridad del día 18 me recordó a los amigos de Mérida que perdieron a su única hija en uno de esos aparatos de Baja Velocidad. Cuidado en cualquier transporte público, más en estos momentos. Nadie se hizo responsable de aquella muerte. El padre me decía que su hija no había muerto, que la habían asesinado. Ella tenía poco más de 20 años.
Volviendo a la cárcel. Ahí tenemos a varios políticos de este gobierno. Por ejemplo, el anterior ministro de Transportes, Sr. Ábalos: por delitos de organización criminal y cohecho (corrupción), entre otros cargos. Y todavía no se han dado cuenta que el juego que tienen con el dinero público es, a la par, el terrible y monstruoso juego con vidas humanas.
España es el país en el que no se dan explicaciones, falta responsabilidad, y eso obliga a la necesidad de dimisiones y cárceles. La prensa política lo tiene asumido: ”quizás nunca se sepa qué pasó», como buenos cómplices del sistema, que ni se atreven a preguntar en ruedas de prensa en Adamuz, donde han asesinado a tantas personas.
Según las últimas informaciones, en las vías de Adamuz se había utilizado un material de segunda, por el coste económico que suponían los trabajos necesarios con los materiales adecuados. No hablamos de p**** y orgías, porque el dinero público se ha ido también, y se va, en otras vergüenzas puestas a dedo.
Y habrá que mencionar, al menos, lo de Cataluña. No se nos vayan a enfadar, que también allí hubo esta semana incidencias. Un solo muerto en los raíles y la que se ha armado, ralentizando servicios, otros suspendidos hasta hoy.
La autonomía que siempre quiere ir, desbocada, la primera: a través de recursos financieros que no se dan a otras (que siempre se han dado calladamente, solo que ahora a bombo y platillo), o que quiere ser la primera a través de la violencia; octubre de 2019. Por cierto, hasta el día 31 tienen el documental Ícaro, la semana en llamas. Que el vandalismo a la sede de Filmin en Barcelona no quede en nada.
En Andalucía, hasta la fecha, 45 muertos y no se ha paralizado ningún servicio de trenes, más allá de los obligados para realizar las investigaciones pertinentes y retirar los restos de los trenes. Sí he leído que los ciudadanos que salen de Huelva o Cádiz muestran una gran indignación y piden dimisiones y cárceles. Me sumo a ellos para que este país respete las vidas de sus ciudadanos y no se convierta en una selva. Respetar una vida humana, ¿no podríamos estar ahí todos de acuerdo?
Algún amigo europeo me ha contactado escandalizado por lo ocurrido. Me da idea de la imagen en el exterior que tenemos en estos momentos… peor, siempre vamos a peor desde hace décadas.
También me dan idea de que lo que aquí llamamos accidente (Dana, Apagón, Incendios, Rotura ferroviaria, o…, o..), son en realidad asesinatos; no hubo las medidas adecuadas para evitar posibles muertes, sabiendo que podía haberlas.
Ayer, en Murcia y Asturias, otros incidentes ferroviario, con heridos y sin víctimas mortales. Hoy, ¿quién nos dice que no seremos los siguientes?
Morir por la degradación Institucional, Política y Económica. Las tres a la vez. Algunos honrarán públicamente esos asesinatos, el día 31, como si fueran héroes. Más imágenes, más palabras inservibles, más protagonismos.
No confíen en las instituciones, a pesar de que el ministro del Interior amenace con vigilarlos en las redes. Yo al menos no confío hoy por hoy. Habrá que esperar a las explicaciones que pedía al principio. Todavía estamos esperando unas explicaciones razonables de las muertes por La Dana, El Apagón y Los Incendios.
Antes de terminar mi más sincero y sentido pésame a todos los familiares de las víctimas. Poco puedo hacer, pero está a su disposición.
Hay mucho por hacer, hacerlo bien y sin demora. Para que dejen de matarnos y violar nuestro imaginario colectivo. Lo decía el título de Aminata Traoré respecto a su país: la violación del imaginario. En Malí no le hicieron caso.











