
Si hay algo que genera gran expectativa para un abogado es el escenario que lo va a formar como profesional en la práctica, ya que su desempeño es lo que lo va a nutrir progresivamente, algunos sueñan con prestar sus servicios a grandes empresas, otros prefieren la dinámica de los organismos públicos, y otros le apuestan a la vía del ejercicio profesional independiente. Lo más importante de la práctica es la experiencia que cada abogado va ganando al brindar soluciones efectivas ante los casos que se le presenten; aunque muchos aspiran representar a cualquier personalidad o marca famosa, no se debe subestimar ningún trámite o proceso legal por sencillo que parezca, ya que esos casos que en teoría aparentan ser “fáciles” pueden ser idóneos para adquirir conocimientos y precisar detalles importantísimos que construyen las bases para luego poder manejar procesos más complejos.
Una buena analogía para comprender mejor el sentido de este tema es la de las conversaciones futbolísticas, ya que es común escuchar a muchos seguidores de ese fantástico deporte decir que “solo ven los partidos importantes”, refiriéndose a aquellos enfrentamientos entre los equipos más famosos o equipos en los que juegan los futbolistas más aclamados; con tono similar opinan muchos colegas en relación al derecho, sosteniendo como argumento que los procesos que involucran “grandes nombres” o marcas son los que verdaderamente importan. En lo que respecta a este criterio, creo que lo primero que hay que diferenciar es si quienes lo sostienen lo hacen desde el fanatismo o desde el profesionalismo, y el otro aspecto que debemos considerar es si se trata de una posición resultadista o procesal.
Un fanático actúa desde la trinchera de su subjetividad y un profesional actúa desde su enfoque más objetivo o racional, la perspectiva resultadista persigue “resultados” que es lo mismo que aquello que para sus precursores resulte mejor, más mediático o de mayor impacto, una vía que busca principalmente el reconocimiento público, mientras que la perspectiva procesal persigue “los procesos”, el desarrollo paulatino y la formación constante. Para todo abogado el cúmulo de experiencias es fundamental, no está mal querer ganar popularidad o prestigio, pero es recomendable no subestimar las actuaciones y trámites más sencillos o de menor repercusión mediática, ya que estos brindan un aprendizaje paso a paso para seguir creciendo.
Cada abogado es diferente, cada quien ejerce la profesión de la manera más conveniente para sus aspiraciones e intereses, cada uno elige los trámites y procesos que desean asumir así como también aquellos de los cuales prefieren abstenerse, cada abogado crece y se desarrolla profesionalmente de conformidad con sus oportunidades y experiencias… ¿Sabes por qué? Porque cada abogado es un mundo.













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