Si alguien te ignora no le ruegues su atención ni tampoco te molestes por su comportamiento. No permitas que tu cuerpo se llene de rabia, ansiedad y estrés. No desperdicies ni una sola gota de tu maravilloso tiempo preocupándote por ese individuo y mejor toma esa situación como una verdadera oportunidad que te ofrece la vida para que comiences a valorarte, a desarrollar tu inteligencia emocional y para aprender a no tomarte las cosas de una manera demasiado alarmista y personal. Así entenderás de una vez por todas que la persona que te ignora, te desprecia o te rechaza constantemente no merece ni un ápice de tu atención.
Aprende a romper las cadenas, a alejarte del dolor que esa persona te infringe… Lo harás del mejor modo posible, educadamente, con cierta distancia, pero sin perderte a ti misma el respeto ni tu propia dignidad. Será el sabio discurrir del tiempo el que le enseñará a ese espécimen lo importante y valiosa que eres.
Con el paso de los días tú perdonarás sin despecho, sin buscar culpables, abrazarás tímidamente la incertidumbre y aguardarás serenamente la sanación de tu alma y de tu cuerpo.
