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Antes, en los mercados de todos los pueblos, los pequeños agricultores vendían frutas, hortalizas y verduras, cosechadas el día antes o ese mismo día al alba. En los puestos de venta podíamos encontrar variedades de puerros, habas, tomates, guisantes, tirabeques (guisante mollar), chirivías, ajos secos, tiernos, ajines, zanahorias de todos los colores, pimientos verdes, rojos, nabos, espárragos trigueros, setas, níscalos, champiñones, cardo, alcachofas, espinacas, acelgas, lechugas, escarolas, berros, apio, batatas, boniatos, col, lombarda, coliflor, coles de Bruselas, calabacínes, calabazas, berejenas, cebolla, cebolleta tierna, rábanos, remolacha… Los agricultores competían por ofrecer lo mejor y los clientes sabían apreciar la calidad y la diferencia.
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