A veces creo que no sabe que me está hablando o, tal vez, yo creo que es conmigo y en realidad le habla al recuerdo nuestro.
Me habla como si no le entendiera y se ríe a carcajadas. Enreda sus dedos en mi cabello, acariciando el alma. Y mira profundo dentro de mí, en silencio, como buscando al niño que recuerda y la felicidad que he olvidado.
No hacen falta palabras; ella con sus gestos lo expresa todo. Me dice «te amo» con un abrazo y «cómo hemos cambiado» con una lágrima en sus ojos.
Los últimos años parecen los primeros: apoyando sus pasos, repitiendo hasta el cansancio, leyendo recetas, preguntando por los ausentes… reviviendo momentos.
Los días no son del todo iguales; la lucidez los matiza y yo juego el rol que me deja seguir siendo «presente» en su vida.
…A veces sólo hay un silencio que dura meses.
…A veces su terquedad es incontenible.
…En ocasiones simplemente llora, en otras, simplemente ríe.
El punto es que cada día me «hace la vida» mientras que ella se «acerca a su muerte».
Jag



