¡¡¡ PLOP !!! 
Al rayar el alba, el buscador de setas sale de su casa con un bastón y una cesta.
Toma la carretera y, un rato más tarde, un camino, hasta que llega a un pinar.
De tanto en tanto se para. Aparta con el bastón la capa de pinocha seca y descubre
níscalos. Se agacha, los recoge y los mete en la cesta. Sigue andando, y más allá,
encuentra rebozuelos, oronjas y agáricos.
Con la cesta llena, empieza a desandar el camino. De golpe ve el sombrero redondeado,
escarlata y jaspeado blanco, de la amanita muscaria. Para que nadie la coja le da un
puntapié. En medio de la nube de polvo que la seta forma en el aire al desintegrarse,
plop, aparece un gnomo con gorro verde, barba blanca y botas puntiagudas con casca-
beles, flotando a medio metro del suelo.
– Buenos días, buen hombre. Soy el gnomo de la suerte que nace en algunas amanitas
cuando se desintegran. Eres un hombre afortunado. Sólo en una de cada cien mil ama-
nitas hay un gnomo de la suerte. Formula un deseo y te lo concederé.
El setero lo mira despavorido.
– Eso sólo pasa en los cuentos.
-No -responde el gnomo-. También pasa en la realidad.
Anda formula un deseo y te lo concederé.
-No me lo puedo creer.
-Te lo creerás. Formula un deseo y verás como lo que pidas, aunque parezca inmenso o
inalcanzable, te lo concederé.
– ¿Cómo puedo pedirte algo si no consigo creer que haya gnomos que puedan concederme
cualquier cosa que les pida?
-Tienes ante ti un hombrecito de barba blanca, con gorro verde y botas con cascabeles
en las puntas, flotando a medio metro del suelo, ¿y no te lo crees?
Venga, formula un deseo.
Nunca se habría imaginado en una situación así. ¿Qué pedir? ¿Riquezas? ¿Mujeres?
¿Salud? ¿Felicidad? El gnomo le lee el pensamiento.
– Pide cosas tangibles. Nada de abstracciones. Si quieres riquezas, pide tal cantidad de
oro,un palacio, o una empresa de tales y cuales características. Si quieres mujeres, di
cuáles en concreto. Si luego lo que pides te hace o no realmente feliz, es cosa tuya.
El buscador de setas duda. ¿Cosas tangibles? ¿Un Range Rover? ¿Una mansión?
¿Un yate? ¿Una compañía aérea? ¿Elisabeth McGovern? ¿Kelly McGillis? ¿Debora
Caprioglio? ¿El trono de un país de los Balcanes? El gnomo pone cara de impaciencia.
– No puedo esperar eternamente. Antes no te lo he dicho porque pensaba que no
tardarías tanto, pero tenías cinco minutos para decidirte. Ya han pasado tres.
Así pues, sólo le quedan dos. El buscador de setas empieza a inquietarse. Debe de
decidir qué quiere y debe decidirlo en seguida.
– Quiero…
Ha dicho «quiero» sin saber todavía què va a pedir,sólo para que el gnomo no se
exaspere. – ¿Qué quieres? Di.
-Es que elegir así, a toda prisa, es una barbaridad. En una ocasión como ésta, tal vez la
única en la vida, hace falta tiempo para decidirse. No se puede pedir lo primero que a
uno le pase por la cabeza.
-Te queda un minuto y medio.
Qizás más que cosas, lo mejor sería pedir dinero: una cifra concreta. Mil billones de
euros, por ejemplo. Con mil billones de euros podría tenerlo todo. ¿Y por qué no diez
mil, o cien mil billones? O un trillón. No se decide por ninguna cifra porque, en realidad
en una situación como ésta, tan cargada de magia, pedir dinero le parece vulgar, poco
sutil, nada ingenioso.
– Un minuto.
La rapidez con que pasa el tiempo le impide razonar fríamente. Es injusto.
¿Y si pidiera poder?
– Treinta segundos.
Cuanto más lo apremia el tiempo más le cuesta decidirse.
– Quince segundos.
¿El trillón, entonces? ¿O un millón de trillones? ¿Y un trillón de trillones?
– Cuatro segundos.
Renuncia definitivamente al dinero. Un deseo tan excepcional como éste debe
ser más sofisticado, más inteligente.
-Dos segundos. Di
QUIERO OTRO GNOMO COMO TÚ.
Se acaba el tiempo.El gnomo se esfuma en el aire y de inmediato, plop, en el lugar
exacto que ocupaba aparece otro gnomo, igualito que el anterior. Por un momento el
buscador de setas duda de si es o no el mismo gnomo de antes, pero no debe de serlo
porque repite la misma cantinela que el otro y si fuese el mismo, piensa, se la ahorraría:
– Buenos días, buen hombre. Soy el gnomo de la suerte que nace de algunas amanitas
cuando se desintegran. Eres un hombre afortunado. Sólo en una de cada cien mil
amanitas hay un gnomo de la suerte. Formula un deseo y te lo concederé.
Han empezado a pasar los cinco nuevos minutos para decidir qué quiere. Sabe que si
no le alcanzan le queda la posibilidad de pedir un nuevo gnomo igual a éste, pero eso no
le libra de la angustia.
LA MICOLOGIA de QUIM MONZÓ
Vull un altre gnom com tu
Quiero otro gnomo como tú
ESTE RELATO EN SU IDIOMA ORIGINAL, CATALÁN
en el Espacio: Las tentaciones de Arnau: