Los estudiantes y la lucha por la República en Cuba

Por Julio Cesar Guanche

Los estudiantes son el baluarte de la libertad y su ejército más firme”, decía José Martí.

Lo demostró Fermín Valdés Domínguez, dedicando su vida a la defensa de sus hermanos muertos el 27 de noviembre de 1871, y siendo también uno de los más heterodoxos y reflexivos analistas de los problemas internos de la cultura política cubana de la independencia, en su Diario de soldado.

Lo hizo Mella, asesinado a los 26 años, cofundador de la FEU, quien comprendió que la revolución social en América era imprescindible para impugnar esas “factorías llamadas Repúblicas, donde gobiernan hombres iguales, peores algunas veces, que los virreyes y los capitanes generales españoles”.

Lo hizo también José Antonio Echeverría, muerto antes de los 26, cuyo pensamiento repudiaba tanto el “10 de marzo” (el día del golpe de Estado cometido por Fulgencio Batista) como el “9 de marzo”, es decir, haciendo la denuncia integral del estatus en que había devenido el régimen pos-1940, al afirmar: “La Revolución cubana va hacia la superación de las lacras coloniales y de los males de la independencia, hacia la liberación integral de la nación, libre de toda injerencia extranjera así como de toda perversión doméstica, hacia el desarrollo integral de las potencias materiales y espirituales del país y hacia el cumplimiento de su destino histórico.”

Lo están haciendo ahora zonas de la FEU en Cuba, así como algunos claustros que las han acompañado con toda dignidad, y eso es ya parte de esa historia.

Su movilización forma parte de las luchas por la república en Cuba, que saben que esta, cuando es un ideal democrático, supone un ejercicio muy consciente y una demanda exigente del cumplimiento de deberes y derechos; una práctica de participación cívica y una conciencia igualitaria sobre el significado de ser ciudadanos, un ideal que pone, en primer lugar, la igualdad política y social.

Ante la oferta corporativa de ETECSA al gremio de estudiantes, esas zonas de la FEU están respondiendo en defensa del sujeto político de la república: el pueblo. Ante las amenazas, están defendiendo el derecho a la protesta —el primero de los derechos—; ante el “paternalismo” de Estado (el paternalismo es siempre una forma de autoritarismo), que los llama, como siempre, “confundidos” e “incitados desde el exterior”, han producido algunos de los documentos políticos más importantes de Cuba en las últimas décadas.

Soy profesor desde que me gradué en 1997 hasta hoy. Fui presidente, con mucho orgullo, de la FEU de la UH entre 1995 y 1996.

Lo digo solo para expresar en voz alta que, desde mi historia personal y como ciudadano cubano, apoyo completamente las expresiones de la FEU contra el tarifazo de ETECSA (el nombre puntual de un paquete mayor de perfil antinacional y antirepublicano).

Y lo digo para reafirmar que la esperanza, cuando parece completamente perdida, siempre encuentra una puerta para reaparecer.

Escenas de Puerto Rico, escuchando a Bad Bunny

Por Julio César Guanche

En 2011, se celebró el centenario del cine boricua. Una extraordinaria banda de puertorros fue al Festival Internacional del Cine Latinoamericano de La Habana a celebrarlo. Entre ellos estaba Jacobo Morales, el más grande cineasta de esa Isla, nominado a un Óscar y director del clásico Dios los cría. De Jacobo escuché la definición misma de lo que es un artista: siendo muy joven, hipotecó su casa, con el acuerdo de su esposa, para poder hacer una película. Lo dijo sonriente, como si hubiese pedido prestados 30 pesos. Ese es Jacobo, que a sus 90 años actúa en la película corta del disco Debí tirar más fotos. Es Jacobo quien dice allí: “Mientras uno esté vivo, uno debe amar lo más que pueda”. Es a Jacobo a quien un joven le paga “30 pesos” por un café y un quesito (americanizados) en ese video. Es el mismo Jacobo que protagoniza, al final del video, una escena extraordinaria en “Un baile inolvidable”.

He escuchado a algunas personas cuestionar este «giro» de Bad Bunny, de la «vulgaridad al patriotismo», como si fuese solo marketing. Benito ya había participado en “El apagón”, en medio de un proceso brutal de gentrificación en Puerto Rico. También había colaborado con René (Residente) en un tema con una fuerte defensa de la diversidad de género, en medio de una ola de violencia declarada emergencia nacional en 2021, un escenario de una gravedad comparable con la de México en ese tema. En Puerto Rico, esa violencia había reportado 7,021 casos de violencia doméstica en 2019, de los cuales 5,896 fueron contra mujeres, en una población de apenas 3,2 millones de habitantes.

En Puerto Rico, los mejores documentales sobre música y los videoclips suelen ser muy políticos, y también por eso, extraordinariamente hermosos. Véanse los materiales de Gabriel Coss, de Kacho López Mari, de Arí Maniel Cruz. Y los videoclips de Ilé, únicos en su especie. Hay en todos ellos un sustrato cultural y político de la mayor sofisticación, de la mayor profundidad política y del mayor amor por Puerto Rico y su cultura popular. Es el único patrimonio que hoy tiene este pueblo, que sufre apagones masivos, extractivismo histórico, juntas antisoberanas, y gobernadores racistas expulsados a golpe de perreo.

Es el sustrato de una cultura que tiene a Rafael Hernández, Tite Curet, Cheo Feliciano, Ismael Rivera (Maelo), Tego Calderón, Residente y Calle 13, Cultura Profética, e Ilé en sus bases. Es una arquitectura cultural de una solidez tan robusta como lo es su belleza. En esa tradición, Bad Bunny hace un disco que es una sinfonía boricua, recorriendo sus instrumentos, sus ritmos, sus géneros: desde la plena y la bomba, hasta la salsa y el bolero. Recorre asimismo la fauna y la historia de PR, con la mirada que le ha aportado la historiografía critica sobre esa Isla. Por eso también el sapo concho, por eso el pitorro de coco, por eso por la mañana café, y por la tarde ron.

Bad Bunny propone un esquema cultural, y no es el único en hacerlo. Es parte de un movimiento social y cultural boricua reenergizado en los últimos años. Un movimiento que desafía el esquema cultural hegemónico de más de cien años en PR: la «americanización», que siempre ha sido sinónimo de «modernización», «justicia» y «libertad», pero que ha encontrado muchas contranarrativas, entre ellas este disco Debí tirar más fotos. No es solo Bad Bunny, pero es él también.

Bad Bunny canta que en Puerto Rico a mucha gente la mataron por sacar la bandera, y por eso él la lleva a todos lados. La bandera puertorriqueña fue creada en 1895 por exiliados cubanos y boricuas en Nueva York, miembros de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano. Ambas banderas nacieron de la imaginación republicana (y masónica). La aspiración de formar una república, de Martí, Maceo, Betances y Hostos, es una aspiración común de nuestras dos islas hasta hoy. El himno nacional cubano, La Bayamesa, es primo hermano de La Borinqueña, himno nacional boricua, ambos relacionados con La Marsellesa, el himno nacional francés, de origen revolucionario. Así dijo Martí en Patria sobre La Borinqueña: “Era que el pueblo, cuando oía ‘La Borinqueña’, sentía algo más que el deseo de bailar una danza encantadora, y tenía algo inexplicable que lo electrificaba; el gemido profundo y pausado de un pueblo que padece los horrores de una tutela cruel». (En la película Elpidio Valdés contra dólar y cañón, el capitán de un barco que transporta armas para la independencia de Cuba iza su bandera al momento de hundirse. Es la bandera de Puerto Rico, rumbo a Cuba.)

Yo solo tengo agradecimiento por esta belleza de disco, por el calado de su comprensión cultural, por la profundidad de su gesto político. Tengo admiración y “envidia nacional”, envidia de la buena, por lo que los boricuas están haciendo.

Solo le critico no haber cantado un bolero en el disco con Los Rivera destino.

Quiero devolverle el “favor” a Bad Bunny por el solo de piano que aparece en el video de Un baile inolvidable. Decirle que ese solo pudo ser de Lilí Martínez, de Rubén González, o de Gonzalo Rubalcaba, cuando arregló el Son para Puerto Rico, de Pablo Milanés.

Como dice Pablo en ese tema: “Por donde salgas (Puerto Rico) yo salgo. Siempre te voy a apoyar”.

“Seguimos aquí”.

¿Es posible un Estado socialista de Derecho en Cuba?

Carlos Fernández Liria:

«Presentamos aquí una entrevista con tres importantes juristas cubanos.

«Según su nueva Constitución, el sistema cubano debería consolidar una República socialista en Estado de Derecho. Para algunos, esta formulación es en sí misma un oxímoron, pero la mejor tradición republicana apunta precisamente a lo contrario.

«Ha sido el capitalismo el que, a lo largo de la historia, se ha mostrado incompatible con la democracia y el imperio de la Ley.

«Hemos desembocado en una dictadura de poderes neofeudales que operan salvajemente al margen de la voluntad democrática y el parlamentarismo. El capitalismo no ha respetado el orden constitucional y la democracia parlamentaria más que bajo la condición de que no se pusieran en cuestión los intereses de los grandes poderes económicos.

«Por eso, algunos estamos convencidos de que el socialismo debería ser la base para una constitucionalización de la economía, capaz de realizar el sueño republicano de una democracia bajo el imperio de la Ley.

«Sin duda que algo parecido a eso vimos realizado en los Estados del Bienestar europeos en los años sesenta. Pero la realidad histórica cubana camina en una dirección muy distinta, quizás hacia un abismo.

«Por eso, hemos querido pedir su opinión a estos tres profesores y juristas cubanos, que intentan, en una difícil situación, defender al mismo tiempo la revolución, el socialismo, el derecho y la democracia. Entrevistamos, a Julio César Guanche, autor del libro ¿Quiénes somos todos? Libertad, Igualdad y Fraternidad en Cuba (Ediciones Dyskolo) y a José Walter Mondelo García y a Dianelis Zaldivar Valdés, autores del libro Estado de Derecho, República y Constitución. Tradición y actualidad (Editorial Olejnik , Chile, 2023). José Walter Mondelo García es Jurista e investigador cubano. Profesor de Teoría y Filosofía del Derecho. Dianelis Zaldivar Valdes es profesora de Derecho Internacional de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oriente. Máster en Derecho Constitucional. Julio Cesar Guanche es Investigador y Profesor cubano Jurista e Historiador. Miembro del consejo editorial de la Revista Sin Permiso.»

📖 Estado de Derecho, República y Constitución. Tradición y actualidad: https://www.dykinson.com/libros/estad…

📖 ¿Quiénes somos todos? Libertad, igualdad y fraternidad en Cuba: https://www.dyskolo.cc/product/107997… — Twitter:   / fdezliriacarlos​   Instagram:   / carlosfernandezliria   Facebook:   / cferliria  

Gojira: la memoria de la libertad republicana en París 2024

Paris (France), 26/07/2024.- A performance by singer Marina Viotti and the Choir of the Orchestre de Paris during the Opening Ceremony of the Paris 2024 Olympic Games, in Paris, France, 26 July 2024. (Francia) EFE/EPA/MOHAMMED BADRA

Por Julio Cesar Guanche

Montesquieu introdujo el término “terror” en el vocabulario político y lo consideró “la característica definitoria del principio rector del despotismo”. El concepto adquirió su resonancia histórica hasta el presente a raíz de la Revolución Francesa.

Sin embargo, el terror es una política muchísimo más amplia, e intrincadamente “escondida”. La Inquisición, la esclavitud —solo el barco de esclavos era ya un dispositivo de terror—, el fascismo y las “dictaduras de seguridad nacional”, la política del estado de Israel sobre la población palestina, no suelen ser tratados como facetas del concepto de “terror”, y este queda solo para la imagen de la guillotina.

El terror durante la revolución francesa fue, primero, la respuesta contrarrevolucionaria a la acción colectiva, el lenguaje de la burguesía reaccionaria y del poder colonial a los levantamientos populares y antiesclavistas. El terror, otra vez Montesquieu, es el principio del despotismo.

En contrario, Juan de Mariana, al afirmar el principio de la soberanía popular, sostuvo la necesidad de que el pueblo infunda “temor y aun terror” a los príncipes, y defendió “con refinados argumentos filosóficos la legitimidad del regicidio cuando el príncipe traicionase la confianza del pueblo”.

En sentido opuesto a Mariana, Hobbes (el muy antirrepublicano y antidemócrata de Hobbes) creyó necesario todo lo contrario: que fuese el monarca absoluto quien infundiese “terror” al pueblo.

Kant se preguntó por el rechazo que causarían los costos “demasiado horribles” de la violencia de la Revolución en Francia, pero entendía que ella se encontraba en los “corazones de sus espectadores”.

Hegel vio el reino del terror como un precio necesario para la transición a una constitución “establecida en armonía con el concepto de derecho” que serviría como “fundamento para toda la legislación futura”.

Marx consideró el Terror francés, por su lado radical, como “un procedimiento plebeyo”, para ajustar las cuentas a los enemigos de la burguesía: el absolutismo, el feudalismo y la pequeña burguesía. Por otro lado, lo consideró como “debilidad y susto” de la burguesía, allí donde los acontecimientos políticos superaron la disposición social y económica para un cambio radical.

Cuando Jeremy Bentham, en la lógica de Hobbes, aseguraba que los derechos naturales eran un “lenguaje terrorista” que conducía al Terror jacobino, se hacía eco de una acepción del Terror que se encuentra en documentos de la época revolucionaria: la que asegura que la Declaración de derechos es sinónimo de terror.

“Terror” es el término que emplean figuras comprometidas con el régimen colonial francés desde Saint Domingue (Haití): “Nuestra circunspección en ver a los estados generales transformarse en Asamblea Nacional se ha transformado en una especie de terror cuando hemos visto la Declaración de los Derechos del Hombre poner como base de la Constitución la igualdad absoluta, la identidad de los derechos y la libertad de todos los individuos”.

Esto es, los principios de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano fueron considerados como el terror entre los defensores de la esclavitud y “los prejuicios de color”.

David Walker decía en 1829 que Haití era “la gloria de los negros y el terror de los tiranos”. El “miedo a Haití” fue uno de los nombres que recibió el terror como sinónimo de revolución.

La canción interpretada por Gojira durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París 2024 fue “Ça ira”. Es una canción revolucionaria francesa. Para historiadores, es una dulce venganza contra la tradición de lectura conservadora de la Revolución Francesa, que François Furet impulsó y modernizó, justo en su bicentenario.

La actuación de Gojira, ubicada en la Conciergerie de París —donde fue encarcelada Marie-Antoinette antes de su ejecución—, es un poderoso recordatorio del legado de la revolución, y del legado del republicanismo, ideal sobre el que se han erigido numerosas mentiras, con poderosos vacíos, con fementidas traiciones, pero que recuerda siempre que la república es el camino del “Ça ira”: la esperanza popular contra la extrema derecha, contra la aristocracia (“Les aristocrates à la lanterne!” (¡Los aristócratas a la lámpara!) y “Les aristócratas, on les pendra!” (¡Colgaremos a los aristócratas), contra la desigualdad, contra el racismo, que recuerda que la dignidad es sinónimo de fraternidad, cuando aspira, y demanda, reciprocidad en la libertad.

La actuación de Gojira, y la elección de ese tema, con ese simbolismo, es una enorme lección a la cultura política mercenaria contemporánea, que solo ve violencia en los actos de los desesperados, mientras clama por un humanismo y un pacifismo que eternizan la injusticia, el principio primero del despotismo.

Nota:

Nota de OnCuba: Este texto fue publicado originalmente en Facebook. Se reproduce con la autorización expresa del autor.

Fuente: https://oncubanews.com/author/juliocesarguanche1/

El cine, como la república, será libre o no será


Por Julio César Guanche

En una discusión sobre el cine cubano de los años ochenta, frente a lo que consideraba una tendencia que simplificaría lo “popular”, Alfredo Guevara decía:  

“Yo estoy formado en dos vertientes y por eso no me lograba entender con ellos [los hacedores de ese cine que criticaba], una es clásica, pero yo no hablo del clasicismo académico sino griego, y yo me formé en el teatro con Aristóteles y en la dramaturgia de la tragedia griega que tiene una estructura que es la base de toda la dramaturgia. Se escapa de ella, se la contradice, pero es el punto de referencia. Y yo me sentía muy seguro de lo que estaba haciendo.”[1]  

Por fuera de esa discusión, hay otra línea, más inadvertida, que Guevara podía compartir con Aristóteles: la idea de que “la polis es el ethos”, la cultura material en el sentido antropológico de ese término. La ley que fundó el ICAIC, apenas en marzo de 1959, como es sabido, decía en su primer por cuanto: “el cine es un arte”, pero también aseguraba que “el desarrollo de la industria cinematográfica cubana comporta el establecimiento de una nueva fuente de riqueza y trabajo, de la que resultarán beneficiados técnicos, artistas, laboratoristas, músicos, escritores, etc.”  

Esa idea de cultura produjo, desde el ICAIC, una cinematografía extraordinaria, un festival, una revista, una escuela de cine internacional, una Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, el sistema del cine móvil, la capacidad de teorización sobre el propio cine y sobre el cine propio, el Grupo de Experimentación Sonora, lo que pudo ser el Grupo de Experimentación Gráfica ‒que produjo el nuevo cartel cubano‒, una cinemateca, un sistema nacional de salas de cine con precios de acceso abierto, un soporte de infraestructura para el cine latinoamericano, un completo modelo de formación crítica del público, que incluía la televisión, y un sentido de “cosmopolitismo y apertura” en un país situado dentro del bloque socialista en medio de la Guerra Fría.

 Por supuesto, esos “documentos de cultura” tenían también su contracara de “barbarie”. El ICAIC, que nació en su concepción socioestética del cine independiente ‒como El Mégano, película que en su momento fue secuestrada y cuyos autores sufrieron represión‒, devino monopolio de creación y distribución. Con ello, se afincó en la idea de “punto cero” del nuevo cine cubano ‒ tan fiel, por otra parte, a la idea de “nuevo origen” de todas las revoluciones‒, en el mito del “cine sin historia” ‒que trazaría un paralelo con la condena en bloque del pasado prerevolucionario‒ y en el enfoque “icaicentrista”, que condenó a la invisibilización o la censura lo que le quedaba al margen.  

Con conciencia de ese legado, la Asamblea de Cineastas Cubanos devuelve a la esfera pública cubana la idea aristotélica de la polis como ethos. De ethos, sea dicho también, proviene la palabra ética. Este colectivo de hacedores de cine radicaliza la cuestión del Libro III de la Política: “Lo primero que debemos considerar en esta investigación [sobre la monarquía] es si conviene más ser gobernado por el mejor hombre o por las mejores leyes”.  Por eso, defienden, como una virtud propiamente republicana, la necesidad de una ley de cine. Por eso, defienden el cine cubano, producido dentro y fuera de Cuba, su industria, su sistema de creación, el clima intelectual que debe servirle de base y el derecho del público a ver y criticar su cine.

Alfredo Guevara, formado con la experiencia de la República española como referente, podía decir también:

“en la Universidad de Santiago [Universidad de Oriente] se refugiaron unos cuantos profesores españoles importantes, en las ciencias y en las humanidades. Y no es que fueran españoles, es que trasmitían ideas que la república fue… yo no me atrevo a afirmar lo que voy a decir ahora, pero como metáfora casi: la Revolución cubana, que no está lograda plenamente, pero un poco comenzó a realizar el proyecto que no tuvo secuencia en la república [española].”[2]

 La Asamblea de Cineastas recupera la crítica de esa conciencia de lo que pudo ser, y afirma, colectivamente, lo que debe ser: tenemos que ser una República. El cine cubano será parte de ello. Lo uno y lo otro, será libre o no será.

[1] Fragmento de testimonio de Alfredo Guevara, en archivo del autor.  

[2] Ídem.

En Alterna. Magazine de la Asamblea de Cineastas Cubanos. Ver el número 1 de Alterna  completo aquí:






La Inteligencia Artificial: entre la tecnología, la agencia y la historia

La imagen es resultado de una búsqueda en Google (hecha en septiembre de 2023) con la consigna: “familia feliz”. Se repitió la búsqueda con igual consigna en enero de 2024, y el resultado es muy similar.

Por Julio César Guanche

La magnitud de la carrera global, en curso, por el uso y control de la Inteligencia Artificial (IA) contiene números asombrosos, y renueva ventajas y problemas de los que apenas se tenían noticias.

El mercado mundial de la IA tiene una proyección de valor de $1.35 billones para 2030. Para ese mismo año, el desarrollo de la tecnología de IA tiene el potencial de aportar 15,7 billones de dólares a la economía mundial. En respuesta a la pandemia de COVID-19, 55% de las empresas aceleraron la adopción de IA. Se espera una cifra de hasta 90% de contenido artificial generado en internet en los próximos años.
La IA está influyendo profundamente en múltiples sectores, como salud, energía y educación, al tiempo que los datos son ya un componente crucial para la próxima carrera armamentista global.

Parte crucial del mapa de soluciones y problemas que contiene la IA es la reproducción de discriminaciones a través de algoritmos, que recolocan el color de la piel y el género como marcadores de diferenciación, y hacen que los algoritmos capturen desigualdades sociales existentes, y puedan contribuir a reproducirlas.

Seguir leyendo «La Inteligencia Artificial: entre la tecnología, la agencia y la historia»

El vitoreo suicida

Por Julio Cesar Guanche

He oído a Javier Milei, el recién electo presidente de Argentina, citar con admiración a Jeremy Bentham. Es una referencia consistente para el ultralibertario:

Bentham aseguraba que los derechos humanos eran “disparates sin fundamento”: una doctrina confusa y peligrosa, amenazante para los estados y para la estabilidad y equilibrio de la sociedad.

El de Bentham era un programa conscientemente antidemocrático: la democracia en ese momento —desde hacía dos milenios—, era sinónimo de poder de la muchedumbre, de la turba, “tiranía de la mayoría”, poder de la plebe.

Por supuesto, no es esto lo que aparece cuando se busca por el universo ideológico y cultural de Milei. Lo que se encuentra más rápido son referencias comprobadas a plagios, mentiras compulsivas, minimización de los costos graves de la Covid 19, frases hacia mujeres como “gorda hijadeputa incogible”, clonación de perros muertos, tarots, médiums, telepatía con animales, negación de las víctimas de la dictadura militar argentina, etc.

Estas “locuras” hacen perder de vista cuestiones bastante más profundas. Entre ellas, la consistencia entre Bentham y Milei en torno a la democracia y la república.

Ambos defienden un programa expresamente antirrepublicano:

1.- La destrucción de todo vínculo entre libertad y propiedad, como diseño socioinstitucional que garantice condiciones materiales de reproducción de la vida, que puedan producir al mismo tiempo libertad y justicia. Eso permite estructurar un proyecto autoritario con un lenguaje que habla de libertad, pero es un ideal contrario a casi todas las versiones, incluso liberales, comprometidas con alguna noción de democracia. Unos pocos ejemplos al canto: John Stuart Mill sostuvo la incompatibilidad de la democracia con la pobreza o la miseria. Adam Przworski explica que las instituciones en la democracia se soportan en una determinada distribución de los recursos entre los participantes en ella y que esos recursos no sólo son ideológicos sino, también, económicos y organizativos. Robert Dahl fundamentó que desigualdades extremas “…en los ingresos, las riquezas, el status, la instrucción,… equivalen a desigualdades extremas en las fuentes del poder político” .

2.- La destrucción del Derecho y la ley como garantía de protección del más débil y como soporte del autogobierno de una comunidad política. Es la negación de la idea de soberanía popular, que es el fundamento de la doctrina moderna sobre la democracia. La destrucción de las instituciones sea un ministerio de la mujer, o del Banco Central, es la expropiación de derechos adquiridos por prácticas sociales de muy larga data. Es la destrucción de toda noción de bien público, y de la política como bien común, su promesa fundadora, no por violada menos inexcusable.

3.- La destrucción de toda noción de responsabilidad social de la propiedad, que reivindica todos los derechos para el propietario y ningún derecho ante la propiedad, para los excluidos de ella, o con acceso restringido a ella. Con ello, la propiedad es un recurso para establecer “isonomías oligárquicas” con “formas” democráticas. Es esa un tipo de solución a la tensión capitalista entre igualdad formal “de todos” ante la ley y la desigualdad material en el acceso a los recursos. Es una solución que convierte a la primera en una sombra de sí misma, pues valoriza en exclusiva la democracia como sistema de reglas, y la hace desentenderse de sus consecuencias sociales.

La pareja capitalismo y democracia enfrenta hoy desafíos globales sin precedentes, algunos acaso terminales, entre ellos la crisis climática y la desigualdad creciente, a los que propone unos pocos y paupérrimos paliativos. Autores no “comunistas” como Shoshana Zuboff o Larry Diamond hablan de una «recesión democrática», espoleada por la relación conflictiva entre mercados y democracia.

Freedom House, nada sospechosa de radicalidades, señaló en su informe de 2018 que en los últimos años “la democracia está en retroceso” en todas las regiones del planeta, incluidos países con sistemas democráticos considerados estables y consolidados”.

Si los fascismos históricos gritaban “viva la muerte”, los autoritarismos 2.0 de hoy gritan “viva la libertad” en un orden de sentido similar: desconocen que la desigualdad mata (el negacionismo anticovid de Milei sirve para esconder que se podrían haber evitado nueve millones de muertes por la covid), o que no hay ninguna idea de desarrollo compatible con el aumento de la pobreza (hasta el Banco Mundial y el FMI han “desaconsejado” la dolarización propuesta por Milei).

La incapacidad por parte de gobiernos progresistas de lidiar con problemas fundamentales como inflación y corrupción, ha traído parte de estos lodos. Sin embargo, también hay mucho desvío interesado de atención en ello.

Al filo de la mitad del siglo XX, Karl Polanyi argumentó que la expansión de los mercados libres capitalistas tenían su contracara en el aumento de autoritarismos societales, y de regímenes despóticos, que se ofrecían como respuesta para cerrar las brechas abiertas por el mercado ( “un buen sirviente, pero un pésimo amo”) sobre el tejido social. Esa brecha es hoy un abismo en casi todas partes.

En nombre de la libertad de Bentham y de Milei, veremos más autoritarismo, con probablemente más versiones paramilitares en la propia Argentina. Veremos más represión y criminalización de la protesta social. Veremos aún más destrucción social, cultural y y ambiental.

La conexión es obvia: el experimento pionero “exitoso” de neoliberalismo en la región fue bajo la dictadura de Pinochet. Ese programa no podía funcionar en un contexto mínimamente democrático. Sabiéndolo, Milei se ha mostrado con motosierras en las manifestaciones (un recuerdo vívido de la cultura paramilitar de la motosierra en Colombia).

La celebración del triunfo de Milei es el vitoreo suicida de los lenguajes antiderechos, de los ecocidios, de la naturalización de la desigualdad y la pobreza. Una muestra sintomática del lugar donde nos encontramos hoy, un momento que tanto recuerda a la década de los 1930. Es el vitoreo suicida de la destrucción entusiasta de la democracia, un patrimonio común de al menos dos mil años de luchas sociales, en nombre de una versión fementida de ella.

Otro ultraje y otra vindicación al Directorio Revolucionario

Por Rosario Alfonso Parodi

Hace varios meses recibí por Facebook, mensaje de quien se presentaba como Andrés Albuquerque y me pedía autorización para utilizar “segmentos puntuales” de mi documental Los Amagos de Saturno en un “análisis sobre el juicio a Marcos Rodríguez”, sin especificar cuándo ni dónde. A pesar de ello, le respondí que lo podía hallar libre en la plataforma Vimeo y que no tenía inconveniente en que remitiera a los participantes de su análisis al link del mismo, pero que no autorizaba una utilización fragmentaria, parcial, de su contenido, por la tendenciosidad a la que se presta sacar de contexto fragmentos de documentales de testimonio, en especial uno como este, que abordaba tema tan complejo. El Sr. Albuquerque dio acuse de recibo, según él, muy agradecido por lo que llamó “mi célere respuesta” y concluyó diciendo que siempre consultaba a los autores, pues “el trabajo de los demás hay que respetarlo”.

Zanjado el asunto para mí hasta hace apenas una semana, cuando dos colegas historiadores y uno de mis compañeros de equipo de realización, me enviaron alarmados el link del programa en Youtube que se denomina Enfoque Ciudadano, conducido precisamente por esta persona que me contactó, Andrés Albuquerque. Un programa que, introducido por él, estaría verdaderamente a cargo del invitado que presentó como César Reynel Aguilera, hijo de un ex dirigente de la Juventud Socialista en la Universidad de La Habana en la década del 50.

Y resulta que a partir del instante en que este señor es presentado como “analista” que conducirá el tema del programa sobre el proceso a Marcos Rodríguez y el caso de Humboldt 7, hasta el minuto final de una emisión de casi tres horas, se realizará la disección selectiva más ensañada de Los Amagos de Saturno. Como forma de evasión a mi negativa, utilizarán el subterfugio de invitar a los espectadores a descargar un pdf, con capturas de pantalla de Los Amagos… además de dar lectura a cuánto me decían a mí los entrevistados, al contenido de las cintas magnetofónicas y los documentos, inéditos, que aportamos para graficar diferentes secciones de la historia, alternativa deshonesta que hallaron para apoderarse del documental y usarlo exactamente como aclaré por escrito no autorizaba, o sea, hecho pedazos, cortes y sub-ediciones interesadas.

Pero lo importante no es tanto la elección ilegítima de esta técnica, sino su finalidad: dar “color” a las más tendenciosas aseveraciones sobre el caso de Marcos Rodríguez y sobre los mártires de Humboldt 7, usando como ¡medio de confirmación! pistas que “el analista” dice haber hallado en Los Amagos de Saturno. Así veremos a este señor hacer uso de continuos fragmentos, ultra selectivos, del documental, como fondo para otorgar premios y castigos, que parecían por momentos ajustes de cuentas muy personales, además de seudo análisis “históricos” de grave connotación.

Por casi tres horas usaron Los Amagos de Saturno para arrasar con todo, con TODOS, y ofrecer una sola alternativa de verdad revindicada como ÚLTIMA VERDAD. En este caso, una conclusión que el “analista” llamó suya y llamó original, en la que Marcos Rodríguez no fue el delator de los mártires de Humboldt ante Ventura, sino ante su propio Partido, el Partido Socialista Popular, que con rejuegos más o menos elaborados de algunas de sus figuras más estalinianas, sacrificó primero a los 4 de Humboldt y después, no solo a Marcos, sino también a Edith García Buchaca y Joaquín Ordoqui.

Pero a esta tesis, abandonada, recuperada y vuelta a abandonar a lo largo de 60 años, no se limita el deshonesto ejercicio de desmontaje del proceso de Humboldt 7, que lleva adelante el “analista” en la emisión de Enfoque Ciudadano. Porque por medio de un documental hecho trizas, para elegir vocablos y líneas de documentos afines, practicó defenestraciones morales, asesinatos cívicos, acusaciones ilegales contra víctimas, testigos e investigadores, que en esta emisión progresaron bien con el TODO VALE que se eligió para afincar la verdad que el “analista” se empeñó en obligarnos a creer, irrebatible.

A pesar de que este señor es uno más de los muchos teóricos alrededor del proceso a Marcos Rodríguez que he conocido en la última década (después de la caja de Pandora que abriera la tremenda investigación del periodista Miguel Barroso en su libro Un asunto sensible) el atentado histórico que César Reynel perpetró en Enfoque ciudadano no solo tipifica todas y cada una de las características que he visto repetirse, recurrentes, durante años sino que, además, califica como molde y modelo del más pernicioso propagandismo anti intelectual.

Seguir leyendo «Otro ultraje y otra vindicación al Directorio Revolucionario»

Dime de quién te ríes

Por Roberto Zurbano

Lo que escribí hace diez años

aun produce picazón.

Lo saqué del corazón

Y hoy me hace menos daño.

Pero no me llamo a engaño,

ni me duermo entre laureles,

pues no es asunto de pieles,

ni dejárselo a la ciencia.

A quien le falta conciencia

¡Seguro que no le duele!

El Festival Nacional Aquelarre es uno de los eventos más riesgosos del panorama cultural cubano porque el filo del humor sigue indagando en los conflictos sociales y políticos del momento. De ahí que la censura haya perseguido a este festival desde su fundación. No hubo desde entonces, suficiente capacidad para amordazar sus mejores chistes, tal y como fue imposible encarcelar al Bobo de Abela. ¿Hay muchas razones para reírse en la Cuba de hoy? No alcanzo a responder esta pregunta, sólo admiro la pasión por la cual muchos defienden ese arte, del cual celebro la dimensión crítica con que pretende mejorar al país.

El choteo suele generar, entre cubanos, una visión mediocre y deshumanizadora que marcó esta edición del Aquelarre durante su evento teórico: una conferencia, indirectamente, pretendió distorsionar un debate que cumplió 10 años, a propósito de un texto que publiqué un domingo como hoy en el New York Times sobre el racismo en Cuba (NYT, marzo 23, 2013). El material de estudio que la experta manejó fue la decima “humorística” (véase foto,) escritas a propósito de aquel debate, por El Club del Poste y otras piezas de humor racializado y homofóbico, que refuerzan su práctica discriminatoria y su menosprecio por la cuestión racial al que apuntó el texto del 2013. Este Club… es un grupo o tríada autoral de la provincia Villa Clara que alcanza fama a finales de los años ochenta por su labor satírica a través de la décima, siguiendo una tradición campesina que logran insertar en el entorno urbano de Santa Clara.

La conferencista, Laidi o Adelaida Fernández de Juan, a quien se agradece la reedición de las crónicas de Eladio Secades, es una narradora premiada por sus cuentos y conocida por su activa participación feminista en las últimas décadas. Mas, su visión feminista no roza el trasfondo homofóbico, machista y racista de buena parte de la obra de El Club del Poste y, en cambio, toma varias piezas para ilustrar su conferencia. No me sorprende que haya excluido ciertas décimas, públicamente lesivas, para importantes figuras públicas. Entre los vacíos del feminismo cubano más establecido está su ceguera ante el racismo y su falta de solidaridad con otros discriminados, en pacto cómplice con un modelo patriarcal que oprime más allá del sexo y el género. El chiste racista, aunque naturalizado en nuestra cultura, daña tanto como uno machista u homofóbico, generando la misma opresión sobre el pecho y sobre la sociedad.

En principio hubo una elección: ¿de quién nos reímos? Luego, un intencionado gesto de poder, oliendo a privilegio, que unas personas usan para someter a otras a “simpático” escarnio público, aderezado de comentarios que devalúan la obra y la persona escogida. Hay un exceso de poder y de la violencia simbólica con que la hegemonía blanca se está renovando en Cuba. Digo hegemonía blanca y no incluye a todas las personas así racializadas, sólo aquellas que configuran una sociabilidad estructurada por relaciones de poder (político, económico, mediático, cultural), a veces acompañadas de un grupito de subalternos negros y mestizos, todos centrados en la visión eurocéntrica que trata con prejuicios y otros sesgos a nuestra diversidad socio-cultural, imponiendo estrechas normativas y practicas institucionales verticalistas.

Seguir leyendo «Dime de quién te ríes»