Me acostumbro al reflejo de tu ausencia,
como el agua se adapta a su silencio,
y mi voz se disuelve en el intento
de nombrarte sin nombre ni distancia.
No me queda el valor, solo la espera,
como queda el otoño entre las ramas.
Y me miro sin verme, tan callado,
como el tiempo sin prisa ni lamento.
Ya no pido volver, solo comprendo
que hay ausencias que viven para siempre,
y otras que nunca acaban de marcharse.
Te espero sin dolor, sin esperanza,
como espera la noche a que amanezca,
sin saber si la luz vendrá a buscarla.
j.ll.folch 31/8/25
Comentario:
Este poema expresa la aceptación serena de la ausencia. No hay súplica, solo la conciencia de que hay pérdidas que se quedan para siempre.
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