Para Mikhail Bakhtin, as festividades "são uma forma primordial, marcante, da civilização humana", logo, a festa, o carnaval e a cidade, são convidados especiais deste espaço.
“Las sociedades humanas han sentido la necesidad de regenerarse de manera periódica con ceremonias de expulsión anual de los demonios, enfermedades y pecados, con rituales que simbolizan la vuelta momentánea al caos, la abolición temporal del orden social y de la jerarquía”. (ELIADE, MIRCEA: El mito del eterno retorno. Madrid: Alianza, 2011).
Sobre a importância da periodicidade das festas.
As festas são ocasiões de reavivamento dos laços, reafirmação do grupo como unidade e elo de pertencimento e da própria natureza de seres sociais. Nesse sentido, a festa é uma força no sentido contrário ao da dissolução social.
Na avaliação de Durkheim sobre festas se destacam três aspectos: a suspensão da distância entre os indivíduos; a produção do estado de efervescência coletiva; a transgressão das normas coletivas. Esses três aspectos agem de forma sinérgica. A suspensão das distâncias tem grande relevância na vida social, na medida que os laços tendem a se perder com o tempo, as atribulações do cotidiano, a distância. Festas e cerimônias religiosas, são ocasião em que os valores sociais são reafirmados, a festa é, portanto, situação de manutenção de coesão social. (idem, p. 26-27)
Conceito polissêmico de festa
Para Durkheim, no seu texto “As formas primitivas de classificação”, o conceito pode ser visto como:
“ato coletivo ritualizado, de caráter essencialmente sagrado, próprio das chamadas sociedades primitivas e que decairia com a laicização e o individualismo próprios da sociedade contemporânea”.
Em Totem e Tabu, Freud considera a festa como:
“…interrupção programada da vida cotidiana, ou mesmo inversão completa, como forma de descarregar energias e tensões reprimidas”.
Duvignaud, considera as festas como “…instauração do caos da natureza, negação da ordem social, subversão.”
Bakhtin considera a festa como sendo uma
“…manifestação coletiva especificamente popular, caracterizada pelo riso, pela alegria transbordante, pelo grotesco”.
“As festividades…são uma forma primordial, marcante, da civilização humana(…)tiveram sempre um conteúdo essencial, um sentido profundo, exprimiram sempre uma concepção de mundo” que emana dos fins “superiores da existência humana, isto é, do mundo dos ideais. Sem isso, não pode existir nenhum clima de festa” (p.7-8)
O carnaval era para Bakhtin, “o triunfo de uma espécie de liberação temporária da verdade dominante e do regime vigente, de abolição de todas as relações hierárquicas, privilégios, regras e tabus. Era a autêntica festa do tempo, a do futuro, das alternâncias e renovações.” (8-9)
Bom dia, buen dia amigos. Começo a disponibilizar nesta página uma série de musicas autorais com diversas parcerias. Agradeço a quem curtir e se, for possivel, seria ótimo que se inscrevam no meu canal.
Pasaba de la medianoche, sueño instalado, pausé la lectura para programar el Sleep Timer de la tele que estaba prendida en Spotify. Aun cabeceándome, conseguí identificar los primeros acordes de Take Five, composición de Paul Desmond, presentada por The Dave Brubeck Quartet en el álbum Time Out de 1959. Párpados cerrándose, arriesgaba dormirme antes de escuchar el solo de batería de Joe Morello, sentí que el libro que estaba leyendo se me escapaba de las manos cuando escuché, nítidamente, la entrada de un mensaje en el WhatsApp. Lo dejé correr, pero, enseguida, entraron otros cinco. La curiosidad fue más fuerte que el sueño.
Estiré la mano, agarré los anteojos, digité la clave y entré.
Era Martita, amiga de las de antes con quien no hablaba desde un viaje complicado que hicimos hace mucho tiempo por Pernambuco. Martita nunca pecó por falta de tema, le gustaba hablar y mucho. Ahora fue telegráfica, estaba claro que seguía las reglas de las redes. Después de la lectura del tercer mensaje la preocupación se deshizo. Empezó saludando y enseguida fue a los finalmente.
-Salve, salve, buenas noches.
-¿Cómo te vá?
-¿Cuánto tiempo no?
– Me gané un pasaje para Buenos Aires.
-Embarco hoy temprano, ¡a disgusto!
-Necesito consejos.
– ¡Besos!
Leí los mensajes, perdí el sueño, ¡pero no me perdí el solo de Joe Morello!
Ahí estaba yo, de madrugada, dándole vueltas al asunto sobre los consejos que podría darle a Martita sobre Buenos Aires. Nada fácil. ¿Cómo elegir algunos lugares de un universo inmenso? Me acordé del poeta Luís García Montero quien, al evocar Granada, su ciudad natal, dice que “cada persona tiene una ciudad que es un paisaje urbanizado de sus sentimientos“. ¿Qué sentimientos saldrían a flote en esta empresa?
Me acordé de que el invierno pasado, en una de mis idas a la capital porteña, me encontré con Mario, amigo de la juventud, en el London City, bar notable de la ciudad inaugurado en 1954. Cuenta la leyenda que en las mesas del café, ubicado en la Av. de Mayo esquina Perú, Cortázar habría escrito la novela Los Premios, publicada en 1960.
Fui en subte, Línea A – inaugurada en 1913. Confieso que me agarró la nostalgia de los vagones La Brugeoise, de origen belga, recientemente reemplazados por formaciones chinas. ¡Cero glamour! Me bajé en la estación Perú.
Subí la escalera mecánica y apenas llegué al nivel de la calle recibí la ráfaga de aire helado. Fue el tiempo de acomodarme la bufanda y divisar a mi amigo sentado cómodamente en una de las mesas de la vereda. Al porteño le gusta sentarse al aire libre en cualquier época del año. Yo hubiera preferido el interior del bar, en una mesa no muy cerca de la estatua de Julio Cortázar que atrae tantos turistas para fotos como la del viejo Drummond sentado plácidamente en la costanera de Copacabana. Ahí va el consejo, ¿querés elegir el lugar? ¡Llegá temprano!
Después del abrazo y saludos de rigor el amigo, tal vez buscando un pie para iniciar la charla o, tal vez, acusando los desvaríos de la edad, informó que estábamos a 100 metros, dirección este, de la plaza más importante de la ciudad: la Plaza de Mayo. Asentí con un leve movimiento de la cabeza y empalme, -querido amigo, te faltó informar que estamos a 150 metros de la Pirámide de Mayo, construida en 1811 y resignificada, por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo desde el 30 de abril de 1977.
Accediendo a mi GPS mental informé que 50 metros más adelante se encuentra la Casa Rosada y atrás de la casa, bajando por Balcarce, está el museo del Bicentenario, inaugurado en 2011. No se puede perder el mural “Ejercicio plástico”, del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, hecho en su exilio porteño en el sitio del empresario Natalio Botana. ¿Viste la película argentina-mexicana El mural, dirigida por Hector de Oliveira en 2010? ¡Te la recomiendo!
El amigo que me miraba con una sonrisa en la cara habló: -Me olvido que vos también naciste por estos pagos. -¡Pues sí! ¡Nos reímos con ganas!
Este grato recuerdo me hizo concluir que el café es el lugar ideal para empezar un mini tour por la ciudad. ¡Listo! Tiene algunas novedades y creo que a Martita le va a gustar.
Primera información relevante es que desde las esquinas de la plaza es posible acceder a 4 de las 6 líneas del subte de la ciudad: línea A sentido oeste; líneas B y D, norte (sentido Palermo) y E sudoeste.
Esta última, originalmente Plaza de los Virreyes – Bolívar, ganó, recientemente, una extensión hasta la estación ferroviaria de Retiro, central que atiende las líneas en dirección a la zona norte de la ciudad, incluido ahí el del tren de la costa que va para el Delta del Tigre. La extensión tiene una estación en el ex edificio del correo central, hoy transformado en el Centro Cultural Kirchner. Centro cultural que, seguramente, cambiará su nombre en la gestión Milei. Obvio, ¿no?
No sé por qué pensé que estas informaciones sobre el subte porteño iban a ser del agrado de Martita.
Me acordé que Mario me habló, con nostalgia, del tiempo que tomábamos café en el Tortoni y arriesgábamos unas partidas en el pool. El Tortoni, otro bar notable, queda a 200 metros del lugar en que nos encontrábamos. Mario fue categórico: -Ya no frecuento más. Muchos turistas, más de la mitad de tu nueva tierra. – la mayoría paulista, concluí.
Igual, vale recomendar y avisar para darse una estiradita en el Museo del Tango que queda al lado. Por cierto, particularmente adoro recorrer los 2 km de la Avenida de Mayo que separan la Plaza de Mayo del Congreso Nacional.
Quedó en evidencia que el sueño se había ido y que estaba, de madrugada, tirando de la memoria para definir un recorrido que fuera del agrado de Martita. Quería, por lo menos, garantizar un día de descubrimientos.
Empecé mi e-mail de respuesta con:
Querida Martita, sepa la señora, que mi recorrido recomienda un paseo por la Avenida de Mayo, inaugurada en julio de 1894, por lo tanto, una década antes del inicio de las obras que, en Río de Janeiro, el intendente Pereira Passos, a golpes de piqueta, llevó adelante para construir la avenida Central, hoy, Avenida Rio Branco. Una rápida búsqueda por las actas del Senado Brasileño va a mostrar la preocupación de los Senadores con la iniciativa argentina. Preocupación, claro, orientada por las oportunidades de negocios que se perderían si seguían apostando “al atraso” –según la lectura de la época- y no al proyecto de modernización que debería atraer innumerables inversiones extranjeras. A las apuradas la París de los trópicos debería tener condiciones de competir con la París del Plata. Oui, oui!
Esta orientación perduró en los trópicos hasta el momento en que Caetano informó, en Baby, que los tiempos habían cambiado. Menos París, más New York “Baby, tenés que aprender inglés”.
Martita querida, voy a tratar de evitar desvíos. Vamos a lo que interesa. Ahí nomás, en la primera cuadra se encuentran el edificio del Diario La Prensa y el pasaje Roverano, en el número 560 de la Av. Un poco más adelante el pasaje Urquiza Anchorena y, un poco más adelante, el Palacio Barolo. Vos que sos especialista en Walter Benjamin sabés que le hubiera gustado esta tríada.
La arquitectura del palacio Barolo recibió la inspiración de la Divina Comedia de Dante, sus 22 pisos son una referencia a las 22 estrofas presentes en el libro. Recomiendo vivamente que aproveches la divina vista que se tiene desde la azotea del palacio. Con suerte y buena imaginación podrás percibir el contorno del edificio gemelo, el Palacio Salvo, construido por el mismo arquitecto en Montevideo, Uruguay, sólo un Rio de la Plata separa ambas capitales.
Querida, disfrutada la vista, volvé al punto de partida. Pasá por el Hotel Castelar, ahí, en el número 1152 de la avenida. Obra del mismo arquitecto del Barolo, el italiano Mario Palanti. El hotel hospedó durante un buen tiempo al poeta español Federico García Lorca, otro ilustre granadino. David Alfaro Siqueiros, muralista mexicano, pasó por ahí en la década de 1930.
En el retorno, vas a atravesar los 140 metros de ancho de la avenida 9 de Julio. Respirá en el medio y mirá para la izquierda, voilà ¡el Obelisco! Mirá también para la derecha y espiá el enorme edificio en medio de la avenida, sede de los ministerios de Salud y Desarrollo Social. Recordá que estás mirando para la derecha y contame, por favor, si la imagen de Evita Perón sigue adueñándose del edificio o si Milei ya la hizo desaparecer.
Cuando llegues a la esquina del London City, doblá a la izquierda y caminá por la calle Florida. En el número 165 aparece la Galería Güemes, otro pasaje para peatones de 100 metros de largo.
¡No lo dudes ni un segundo! Subí, subí, hasta el mirador ubicado en el piso 14 del edificio, enfrenta el último piso por una empinada escalera y tendrás, a tu disposición, una vista panorámica de 360º de la ciudad. ¡Tendrás que estar de acuerdo conmigo que desde arriba todo queda más lindo!
Aprovechando el envión, caminá 600 metros más en dirección a Puerto Madero y visitá el Centro Cultural Kirchner, en el antiguo edificio de los correos. Andá a la azotea por uno de los ascensores panorámicos y apreciá la deslumbrante vista del Río de la Plata. Si es un jueves, cuando bajes, imagino, extasiada, podrás arriesgar unos pasos -en caso de que Milei no lo haya prohibido- ¡en la linda milonga que se arma en la planta baja!
¡Buen viaje!
Envié este pequeño recorrido vía e-mail a la hora que ella, tal vez, estuviera embarcando. Con la satisfacción del deber cumplido me fui a dormir el sueño de los justos.
Me desperté medio angustiado. Releí los mensajes que Martita me envió por el WhatsApp y apareció una desagradable sensación cuando presté atención al quinto mensaje: -Embarco hoy temprano, ¡a disgusto!
Al releer “a disgusto” cayó la ficha. Martita tiene pánico a la altura. Vive en planta baja, sube escaleras, ¡detesta el ascensor! Me acordé que,, en el viaje que hicimos por Pernambuco, fue un quilombo para subir al avión. Necesitó una dosis de caballo de Alprazolam para aplacar el síndrome de altura; síndrome de avión; de lugar cerrado; del pánico, todo junto y mezclado.
Imagino que hoy habrá adoptado el mismo procedimiento para embarcar. Cuando se despierte, después del desembarque, ¡me va a putear!
El escritor cubano Leonardo Padura publicó, en 2009, “El hombre que amaba a los perros”. En Argentina, en 2023, fue elegido Javier Milei, el hombre que habla con perros, muertos. En la novela de Padura, los personajes principales son el revolucionario ruso León Trotsky, exiliado en México – acogido por Diego Rivera y Frida Kahlo – y su asesino, Ramón Mercader. En el gobierno del “león” Milei, los personajes principales son, por un lado, el neoliberalismo defendido por un tipo arrogante, metido a piola, maleducado y ungido y, por el otro, una población que ve desmoronarse derechos duramente conquistados. Buena parte de esa población legitimó, en las urnas, la llegada del mesías. Una mayoría significativa creyó en las promesas de campaña y aguarda que las “fuerzas del cielo” vuelvan a colocar al país en el lugar privilegiado que alguna vez – dice la leyenda – ocupó en el orden económico mundial. Esa lectura delirante de un pasado idílico que nunca existió es, para muchos, más aceptable que enfrentar las incertidumbres del presente.
Las diversas experiencias neoliberales – la dictadura de Videla (1976-1983); los gobiernos de Menem (1989-1999) y Macri (2015-2019), y ahora Milei, implementaron procesos de privatización, desmantelamiento del aparato productivo, estado mínimo, precarización del trabajo y criminalización de la pobreza. Según las normas pautadas por el Consenso de Washington, esas experiencias contribuyeron a acelerar procesos de despolitización y abrir caminos para un individualismo perverso que hace que un enorme contingente de nuevos trabajadores uberizados no logren ver el mundo por las categorías de los derechos sino por la lógica del emprendedurismo, del sálvese quien pueda.
Ramón Mercader logró burlar el enorme esquema de seguridad en la Casa Azul, armado con un piolet de escalador, asestó un golpe mortal en la cabeza del revolucionario ruso Lev Davídovich Bronstein. Milei, líder del partido La Libertad Avanza, avanza, con rapidez espantosa, sobre las agendas de igualdad, pluralidad y diversidad, asestando golpes mortales a aquellos que no comparten sus ideas. Acá, em Brasil, pasamos por eso durante el desgobierno de la familia Bolsonaro, y estamos lejos de haber retomado un camino orientado por un mínimo de sanidad moral.
El piquetero que gobierna el país hermano, inauguró, el 1° de marzo, las sesiones ordinarias del Congreso argentino. Armó un enorme esquema de seguridad para proponer un nuevo pacto social que permita conducir al país que gobierna al encuentro de su vocación de grandeza, perdida, según nos cuenta en su idílica reconstrucción histórica, en los últimos 100 años de historia populista. El día anterior al discurso, diversos movimientos sociales, estigmatizados por Milei, ocuparon las principales estaciones ferroviarias para promover un “molinetazo”, acción simbólica de saltar los molinetes que controlan esos medios de transporte en señal de protesta contra el aumento del 250% en las tarifas.
Los molinetes son una invención relativamente reciente. Antes de la llegada del neoliberalismo se accedía al tren mediante la compra de un boleto, controlado por un funcionario uniformado, el boletero. Con los molinetes esa profesión dejó de existir y la desconfianza pasó a ser regulada por esa tecnología de control. Por acá, conocemos esas tecnologías hace rato, siempre presentes en el acceso de personas en colectivos, subtes, trenes, estadios, que vuelven a la desconfianza la regla y a las personas en ciudadanos de segunda categoría.
Entre nosotros, hay una vasta experiencia en piqueteros y piquetas. Solo para recordar, en la vuelta del siglo XX, la gestión del alcalde Pereira Passos puso en funcionamiento las piquetas que transformaron la ciudad colonial en una metrópoli moderna orientada por los valores de una burguesía en ascenso que entendía – como nuevamente hoy – la pobreza como resultado de la incapacidad individual em superar los obstáculos y progresar en la vida.
Para esos heraldos de la moralidad lo que se plantea, recurrentemente, es la cuestión del orden, siempre amenazada, por la incómoda presencia en el espacio público de pobres, músicos, comunistas, anarquistas, capoeiristas, ateos, vendedores ambulantes, repartidores de apps y todas las categorías incluidas en las siglas LGBTQIAPN.
La semana pasada, por ejemplo, el ejecutivo argentino determinó la prohibición del uso del lenguaje inclusivo y de la perspectiva de género en las reparticiones públicas. Antes de eso había limitado las manifestaciones carnavalescas. Como es de rigor, siguiendo el modelo de dictaduras anteriores, el reinado de Momo fue descalificado, cartilla implementada por acá por Bolsonaro – el futuro detenido -, cuando creó la pelea, en los primeros meses de su gestión, al asociar carnaval con Golden Shower.
¿Qué mente enferma es capaz de hacer esas asociaciones? Milei parece haberse formado en la misma escuela de la verborrea escatológica del capitán que se rajó a Miami a la espera del golpe. Hablando de golpe, la cantidad de pavadas que salieron a la luz desde el golpe de Temer es, realmente aterradora. Si estuviera vivo, Stanislaw Ponte Preta haría fiesta surfeando en ese mar de irrealidades sostenidas por los líderes de la derecha mundial y, claro, ayudaría a mitigar, por la risa, el malestar que provocan.
Es un hecho que la noche que se hizo por acá y, repito, noche que aún no está totalmente vencida, se extiende, de manera espantosa, sobre la sociedad argentina y anima el cortejo de los mercaderes del mal y de los pastores del odio por estas latitudes. La sensación de desamparo que hoy se apodera de la Argentina fue explicada, entre nosotros, por la contundente y bella samba de Chico Alves y Moacyr Luz: Sonho Estranho.
Ya que hablamos de fiesta es bueno recordar que el carnaval de la calle no quiere saber nada con molinetes. Acá en Río, el bloque de Barbas, del querido Nelsinho Rodrigues y del añorado Manoel Henrique, intentó dar cuenta de la cuestión que preocupa a los hermanos. Fue directo al punto con esa mezcla de reflexión crítica y disparate y propuso, en 2024, la consigna: Para aguantar el calorón y el centrón es de ley consultar al perro de Milei.
Ahí tenés, contra el orden y los molinetes el Carnaval levanta su vocación festiva y transgresora. Hace de la calle, espacio público por excelencia, el lugar de la libertad, de la comunicación, del encuentro y del ejercicio de la ciudadanía. Ha mostrado una saludable disposición para hacer circular nuevas representaciones sobre la ciudad. Sus privilegiados ciudadanos insisten en recorrerla al compás del deseo del actuar conjunto, colectivo, evidenciando la pluralidad y diversidad. Son esos mecanismos de la acción colectiva los que permiten el ejercicio del derecho de asociación orientado hacia un mundo común y compartido amenazado por los representantes del odio.
¡Las fiestas potencian la movilización de los afectos y deseos de una ciudad otra, no cercenada por molinetes, cadenas ni rejas que revelan el orden del racismo, machismo, coronelismo, golpismo y misoginia!
La barra se juntaba de lunes a viernes en un boliche con aspiraciones de bistró. Al mando, don Jorge, asistido por Jorgito, su hijo. Ambos desconfiados y seguidores de un conjunto de reglas que permitían que el bar disfrutara de relativa tranquilidad. No sé a qué hora abría, pero cerraba con puntualidad británica a las 9 de la noche. Por lo tanto, la última copa debía pedirse a las 20:40 y la cuenta cerrarse en ese mismo momento.
La dirección del establecimiento no servía caña bajo el argumento de que era una institución de respeto que no admitía borrachos. La birra, siempre helada. En el verano, entonces, transpiraba más que los parroquianos que hacían base en el bolichito.
Eran tiempos de tele de tubo, 5 canales y, claro, la novela de las 8 en la TV Globo. Aun así, sin disponer del infinito conjunto de informaciones que hoy circulan en las redes, las discusiones, en esas tardecitas, corrían al compás de la inagotable curiosidad del ser humano por encontrar respuestas a las dudas existenciales, a las cuestiones del cotidiano, a las preguntas sobre el futuro.
El lunes era día de repasar los resultados de la fecha. Hecha la lista, cero ausencias, quedaba claro que nadie había pegado en la quiniela deportiva. Las explicaciones para justificar las derrotas del equipo del alma eran un montón. La barrita tricolor, en días de mala suerte, seguía creyendo en el Sobrenatural de Almeida, personaje del maestro Nelson Rodrigues, que por cierto vivía en el edificio de enfrente al bar. Los hinchas del equipo de la estrella solitaria repetían, con más frecuencia de la que les hubiera gustado, la frase del periodista Paulo Mendes Campos: “Hay cosas que solo le pasan a Botafogo”. Eran tiempos de la democracia corintiana, tal vez por eso los vascaínos, aun ante resultados adversos, mantenían la dignidad que da hinchar por un equipo pionero en la lucha contra el racismo. Los del Flamengo – el más querido – no aflojaban ni con resultados negativos, el árbitro y su madre siempre estaban ahí para justificar lo injustificable.
Martes, miércoles y jueves la agenda era otra, orientada más por el extinto Jornal do Brasil que por O Globo. Opiniones, pareceres, comentarios y puntos de vista sobre los más diversos temas animaban la charla. De cara a la calle y con el traste apoyado en el mostrador, el lugar ofrecía un excelente mirador de observación de la fauna que transitaba por delante del boliche. La barra era discreta, no había codazos ni “mirá ese orto”, la complicidad se notaba en los pequeños gestos que reemplazaban comentarios más expansivos, principalmente cuando pasaba alguna vecina que se veía aún más linda, yéndose.
La austeridad de esta barra en los comentarios se salía del patrón comportamental estudiado por mi amigo Baiano. Después de años de codos en el mostrador, Baiano es categórico al afirmar que el 99% de las barras que frecuentan los boliches esparcidos por la ciudad está formado por machos alfa, es decir, venden una imagen similar a la que el futuro preso anduvo esparciendo en los últimos mítines: comedor, infalible. Caetano Veloso diría, con sabiduría, “es pura fama”. El socio del Baiano, el Summa Cum Laude en boliches, Moacyr Luz, tiene una definición precisa para aquellos que ostentan ese tipo de comportamiento: es puro León de la Metro, dice Moacyr, ¡3 rugidos y el resto es verso!
Enfrente del boliche había una farmacia linda, con dos inmensas vidrieras a ambos lados del portón. Como eran tiempos de la caída del Muro de Berlín, del emprendedorismo y del sueño de trabajar por cuenta propia, sin tener que obedecer los caprichos del patrón, más de una vez se barajó la idea de comprar la farmacia y transformarla en un boliche. Estaba en venta, los dueños, al frente del mostrador por más de 40 años, pensaban en venderla. La idea era mantenerla como estaba, nombre definido, Pharmacia, solo había que reemplazar los remedios por las bebidas y poner mesas con tapa de mármol y el local estaba listo. Una noche cualquiera del otoño, nuestro boliche había sido comprado por las droguerías Pacheco, iniciando un boom de farmacias que hoy asolan cualquier ciudad del país, revelando que nuestra salud va de mal en peor.
Poco antes de este golpe de realidad, en una tardecita calurosa de febrero, el boliche lleno y una la lluvia de verano se anunciaba con la llegada de nubes profundamente cargadas. En este escenario, entró volando suavemente una bruja, es decir, una mariposa bruja, también conocida como polilla o mariposa Atlas, (Attacus atlas), mariposa enorme con casi de 30 cm de envergadura, de la familia Saturniidae. En el imaginario brasileño, estas mariposas grandes y oscuras están asociadas con mal agüero, muerte y desgracias. Su vuelo fue seguido por los parroquianos que la vieron posarse suavemente en una botella de cachaça Pitú.
Segundos después se desplazó hacia la cocina, su desplazamiento fue seguido por las miradas aprensivas de los habitués. Más de un par de ojos fueron refregados como para confirmar si lo que se estaba viendo formaba parte de la realidad. Cuando la bruja descansó sus alas negras posándose en una botella de Fernet, un asiduo concurrente gritó: “¡Cerrá la cuenta que estoy viendo cosas!” Salió rajando, mirando por encima del hombro más de una vez antes de llegar a la vereda.
No sé si fue sugestión, miedo o precaución, pero aún con la tormenta cayendo a cántaros, el boliche quedó vacío. Todavía se alcanzó a escuchar a alguien informando: ¡delirium tremens se llama!
Entra governo e sai governo, entra crise e sai crise e as pizzarias de Buenos Aires continuam as mesmas.
Existem mais de 1300 pizzarias registradas na capital portenha, logo, há número equivalente de fornos responsáveis pelo cozimento da iguaria que confere um traço da identidade gastronômica e cultural da cidade. A imagem do forno me lembra do julgamento do indigitado que está rolando no Brasil. Diriam, por aqui, que capitão e os generais golpistas estão ¨en el horno”, ou seja, numa situação complicada, difícil mesmo. No Brasil se diz justamente o contrário, os golpistas estão numa fria. A metáfora do calor intenso remete ao inferno e pra la que boa parte da sociedade brasileira espera que o supremo envie o capetão e seus comparsas. Escuto, enquanto escrevo, a defesa do general Braga Neto. Descubro, para meu espanto, que segundo seu advogado, o uniformado e um santo defensor da democracia. Estou com Lulu Santos ¨Não desejamos mal a quase ninguém´´. Acho bacana que troque a rede do Posto 6 em Copacabana pelas grades na Papuda. Depois de ouvir a defesa do Almirante Garnier feita pelo ex PRAlamentar Demóstenes Torres, não consigo para de imaginar os réus cantando em coro o tango “Cambalache”, composto por Enrique Santos Discépolo em 1934, a famosa linha “allá en el horno nos vamo a encontrar” com sua carga sombria de estar pela bola 7. Cartola também ajuda na compreensão da realidade:
Preste atenção, o mundo é um moinho
Vai triturar teus sonhos tão
Vai reduzir as ilusões a pó
É, pra não falar que não falei de flores, lembro que sempre existe a dúvida existencial do Noel e se perguntar assim que ouvir batidas na porta da frente, o clássico toc toc toc, pedir do maior e começar a cantar:
E eu pergunto: Com que roupa? Com que roupa que eu vou Pro samba que você me convidou?
Brasil e Argentina, o samba e o tango mostram com frequência uma mesma realidade. Por aqui, quem está no forno e a chefa, isto é, a irmã do celerado que comanda a terra onde reinou Maradona. Karina Milei está no forno! Está numa situação complicada, difícil mesmo. A chefa, foi pega negociando 3%, pro seu bolso, da maior parte das compras realizadas pelo governo. Nova crise. Que possivelmente não de em nada, pelo menos por enquanto. Mas voltemos ao que interessa, mesmo porque vai ser bom comemorar a condena do sujeitinho -que, sabemos, desde a pandemia, que não é coveiro e sim covarde -, comendo uma boa pizza e bebendo um bom vinho, que, por sinal, por aqui não faltam. A pizza aqui não é só comida: é ponto de encontro, é como diriam Nietzsche e os Titãs, diversão e arte, nessa diversão compartida com amigos afirmamos a vida, a diversão, o riso em conjunto e combustível necessário para boas e alegres comemorações. Noel ensina que O samba, a prontidão e outras bossas, são nossas coisas. Por aqui, a amizade, o tango, o futebol é a pizza são coisas nossas, diria Gardel. Um giro atento pela capital argentina desvenda alguns templos dedicados a essas confabulações gastronômicas. Na avenida Corrientes Guerrín, Las Cuartetas e Los Inmortales. Deslocando um pouco no sentido zona norte aparece, quase colado no Teatro Cervantes, o lendário El Cuartito, com suas paredes forradas de fotos de ídolos esportivos e políticos.
No bairro de Almagro, na fronteira com el abasto, aparece o Pin Pun, parada obrigatória para quem gosta de ambiente simples e pizza generosa. Já mais ao norte, na calle Álvarez Thomas, La Meseta reina como a pizzaria de bairro caracterizada por um muzarela generosa. Em todas elas o acompanhamento perfeito é a fainá – que nasceu em Gênova e encontrou na Argentina seu palco definitivo — aquela fina massa de grão-de-bico, servida em fatias retangulares, que vai por cima da pizza como se fosse uma segunda tampa de sabor. É quase uma alquimia: pizza com fainá é crocante, cremosa e absurdamente portenha. A pizza em Buenos Aires é tradição, é hábito coletivo, é uma instituição tão sólida quanto os cafés e as livrarias. Sempre vale um role. Para fechar, um desejo compartido com os amigos que tornam a vida mais leve: que tudo isto não o acabe em pizza!
Nesse movimento de cuidar da saúde para enfrentar os setenta com galhardia e dignidade fui fazer uma consulta de rotina numa clínica oftalmológica. Tenho cá comigo que na conjuntura que estamos atravessando enxergar pouco colabora com a sanidade mental. De fato, olhar para o que acontece nesse Congresso inimigo do povo ou para a cara de qualquer membro da família do ignominioso mor, portador de tornozeleira, provoca danos significativos na saúde mental de qualquer pessoa que, como eu, se julga minimamente normal.
Assim que entrei na clínica fiz os procedimentos protocolares, sentei-me na sala de espera junto a várias pessoas que aguardavam ser chamadas. Reparei, num cantinho, duas senhoras que scaneavam a sala, bisbilhotando cada movimento e cochichando, animadamente, sobre as descobertas realizadas no olhar de sobrevoo que realizavam. Por meu lado, fazia o mesmo, mas, como acudi sozinho não tinha com quem fofocar sobre as primeiras impressões do local. Observei diversos pacientes com tampão ocular ou gaze oclusiva. Sabe-se lá por que imaginei uma convenção de piratas. Confesso que achei fraca a imagem e assim, com a velocidade da luz mudei o rumo da descoberta e pensei tratar-se da concentração dos foliões do bloco carnavalesco Glaucoma de Vista Alegre.
Ouvi meu nome sendo chamado no preciso momento em que deixei escapar um sorriso pela lembrança momesca. Fui conduzido a uma sala para realizar um exame de campo de visão. Me esforcei por acertar o tempo das luzes que pipocavam na tela. Finda a experiência pensei que Vista Alegre mesmo é participar da roda de Samba que Dorina comanda na Lona Cultural João Bosco desse bairro da zona da Leopoldina.
Vi, ao sair, que as moças sentadas no cantinho da sala continuavam seu animado conversê. Essa imagem me evocou a pensão do seu Alcides da Silveira Goes, localizada no bairro de Botafogo na rua Rodrigo de Brito, 9, que albergou entre 1951 e 1980 o Cantino da Fofoca, berço de uma roda de samba muito bem frequentada. Os irmãos Mical e Miúdo, Walter Alfaiate, -o magnata supremo da elegância moderna -, Mauro Duarte, Zorba Devagar e Paulinho da Viola entre muitos outros marcaram presença no local.
Ouvi muitas histórias do Cantinho da Fofoca da boca de muitos de seus frequentadores, mas conhecer mesmo não conheci. Sabe aquele samba do trio calafrio -Barbeirinho Do Jacarezinho, Luiz Grande e Marquinhos Diniz -: Você sabe o que é caviar? Pois é, sempre que me perguntar se conheci o Cantinho da Fofoca respondo na lata: “Nunca vi, nem conheço, eu só ouço falar.”
Aí é que bate mesmo uma saudade de um lugar que não conheço. Experiência recorrente, já senti saudade de cidades, de lugares que, claro, estimulam o desejo de conhecer, mas a sensação, para mim, é de saudade mesmo. No caso em questão essa saudade aumentou quando o Bloco Carnavalesco Maracangalha fez do lendário quintal seu enredo para o carnaval de 2006.
Bloco de carnaval e botequim tem histórias que se entrelaçam. Como sabemos o botequim é um estabelecimento comercial popular que serve bebidas, em sua maioria, alcoólicas, cervejas de marcas diversas que atendem pelo singelo nome de canela de pedreiro, capa branca, véu de noiva e cu de foca; e claro, cachaças das mais diversas procedências que a criatividade popular identifica por uma infinidade de sinônimos: abrideira, abençoada, canjebrina, refrigério da filosofia e por ai vai, acompanhadas de algum tira-gosto ou prato simples, o popular PF, feito geralmente numa cozinha de ínfimas dimensões, mas de coração enorme.
A imagem do boteco, do pé-sujo, da birosca, do bunda de fora, está associada à imagem da cidade do Rio de Janeiro. Se apresentam como “espaços-síntese” da cidade capazes de evocar uma multiplicidade de referências simbólicas que resultam da nossa qualidade de seres urbanos, isto é, do fato de – como diz Maria Alice Resende de Carvalho -, de sermos autores da nossa cidade, “construtores permanentes da sua significação e personalidade”.
A simbiose entre boteco, samba e carnaval tem papel importante na história da cidade e nas suas principais manifestações culturais. Carlos Sandroni em seu trabalho: Feitiço Decente: transformações do samba no Rio de Janeiro (1917-1933), argumenta que o botequim foi responsável pela substituição dos lugares de consagração do samba que, no início do século, estavam vinculados às casas das tias baianas. O botequim, então, além de permitir uma maior circulação deste gênero musical, se encontra associado ao novo estilo de samba – caracterizado pelo uso de instrumentos de percussão – que tem sua origem no bairro carioca do Estácio de Sá, bairro que viu nascer em 1928 a Deixa Falar, primeira escola de samba que, curiosamente, como comenta Sérgio Cabral pai: “nunca foi escola. Foi na verdade, um bloco carnavalesco”.
Com o fim do Cantinho da Fofoca os sambistas que transitavam por Botafogo foram descobrindo outros lugares. O Samba de Fato, que ocupou um terreno na esquina da rua Assis Bueno com Arnaldo Quintela, – esquina onde concentra, desde 1985, o Bloco do Barbas. Bloco que resultou de uma sugestão feita pelo compositor Mauro Duarte – o Bolacha – frequentador do botequim com o mesmo nome do bloco aberto em 1981.
Alguns anos mais tarde sob o comando do meu saudoso parceiro Eduardo Galloti e Felipe Lima o bar e restaurante Mandrake abriu as portas para o samba e o samba puxou o bloco Concentra Mais Não Sai, inventado por Beth Carvalho e frequentado pela fina flor do samba da cidade e por muitos foliões que estavam, também, inventando seus carnavais nesse movimento de florescimento do Carnaval de rua da cidade.
Assim, boteco enquanto espaço cultural acolheu o Bloco de Segunda a Cobal de Botafogo; o mercadinho São José, no bairro de Laranjeiras, virou sede do Imprensa que eu Gamo; a Taberninha do bairro do Leme, foi ponto de encontro dos foliões que fundaram o bloco Meu Bem, Volto Já; o bar Jóia, no Jardim Botânico, sede do Suvaco de Cristo e o bar do Serginho, nas ladeiras do Bairro de Santa Teresa, é onde concentra o Bloco das Carmelitas, no Carnaval, e os foliões o ano inteiro.
E por falar em Botafogo, sugiro tomar uma canjebrina no Bar da Adelina, botequim localizado na rua Rodrigo de Brito 39, no coração do bairro. Quinta-feira é dia de encontrar os amigos e colocar o riso em dia. Ontem o pessoal bateu na trave, por uma diferencia de 12 horas perdeu a comemoração da entrada em cena da tornozeleira, mas, esse pessoal não dorme no ponto. Parece que recebeu o santo do babalaô cubano Eulógio Gutierrez, babalaô com autoridade para praticar a adivinhação através da consulta a Ifá e marcaram uma roda de comemoração no sábado 19 de julho de 2025 e seguir em cortejo com o bloco Tornozeleira Gloriosa.
Esses eu vi, eu conheço e posso falar.
Adelina
PS: Como estou em Teresópolis a comemoração rola no Brewzin boteco para guardar na memória. Sede de bloco carnavalesco, o Cogu e com um cardápio musical capaz de agradar os paladares mais exigentes. É pra lá que eu vou!
No carnaval de 2002, a jornalista Maria Claudia de Oliveria assina a direção, o roteiro e a produção do documentário Os Devotos do Samba, trabalho selecionado no concurso de curta-metragem promovido pela RioFilme em outubro de 2002. A autora toma como objeto do seu registro cinco blocos responsáveis pelo movimento conhecido como de retomada carnavalesca.
A preocupação com as transformações que o carnaval de rua vinha experimentando se encontram presentes nesse trabalho. A lente da autora procura registrar a memória da formação dos blocos que renovaram a folia durante o processo de democratização. Defende a tese de que há uma relação direta entre as formas de celebração carnavalesca e o modelo de celebração das procissões religiosas. O depoimento da antropóloga Maria Laura Cavalcanti fornece os subsídios necessários para a confirmação da perspectiva que dá título ao documentário. Os foliões retratados se apresentam como devotos que participam de um universo afetivo que permite não só a possibilidade da celebração quanto mostrar publicamente seu objeto de devoção. Cavalcanti lembra, e a lente registra, a forma peculiar de conduzir a manifestação no espaço urbano. O modelo de movimentação no espaço, tanto das formas carnavalescas e profanas quanto das celebrações religiosas é o modelo de cortejo linear. Podemos dizer que o documentário de Maria Claudia segue a linha clássica do documentário moderno brasileiro, onde uma tese prévia guia a elaboração do roteiro, o planejamento das entrevistas, e a consulta a intelectuais especialistas sobre o tema tratado é convocado para alinhavar a interpretação, no caso, do fenômeno cultural dos blocos de rua.