Me gusta explorar mi mente, puedo pasar horas analizando los pensamientos que se me cruzan cuando estoy aburrida, a veces termino llorando, a veces termino muy emocionada.
Es bien sabido que soy una pervertida, una enferma, de esas personas que te llevan por el mal camino, que disfrutan la transgresión.
Ultimamente he estado pensando mucho en la piel, la belleza del cuerpo, en mis motivaciones carnales, la perversión es más compleja de lo que muchas personas piensan, no basta con que mi cuerpo reaccione, hay mucho juego mental detrás de todo lo que me gusta.
Viendo Fight club llegue a una conclusión, no tiene que ver con la violencia, ya soy consciente de lo erotizada que la tengo, me gusta ver sangre y saliva escurrir, ver como sudas, ojos hinchados y dientes rojos, son escenas que me erizan la piel, no saber si gritas de placer o dolor, ver como te encoges por un golpe al abdomen y como batallas para levantarte; en su momento fue raro, pero lo abrazo como parte de mi viaje, erotismo e identidad.
Lo que descubrí en esta ocasión fue algo más simple, pero tambien muy interesante.
Nunca me había puesto analizar lo mucho que me gusta que me digan que sí, no sólo porque soy alguien muy dominante [y tengo problemas con controlar todo], sino porque me gusta esa sensación de forzar a alguien. No es fácil para mi decirlo, pero sabemos que el consentimiento es clave, y eso explica la preferencia que tengo por los compañeros que elijo, me gusta ver sus suaves rostros oscurecerse por la perversión, notar los cambios en su voz cuando me piden algo, la forma en que se agita su respiración cuando poco a poco vamos haciendo cosas más intensas, esa expectación en su rostro de no saber que es lo que voy a hacer pero sabiendo que están dispuestos a aceptarlo sin pensar mucho.
Me emociona pensar en como se derriten en mis brazos, me gusta pensar como se sienten cuando hay marcas ligeramente visibles al borde de su camisa y que no se ocultan completamente cuando van al trabajo, como esas marcas señalan propiedad, una de mis más grandes fantasías es pensar en como recuerdan lo que hicimos la noche anterior mientras se preparan su café en la oficina y se acercan sus compañeros a platicar con ellos, mientras todas esas marcas descansan en su piel, mientras una de ellas se asoma ligeramente por su cuello, invisible si no te fijas bien, la corbata logra mantenerla oculta casi por completo, que tal vez algo se asome por el puño de la camisa y no puedas recogerse las mangas ese día, que les miren raro porque algo se sale de la norma, porque él no es así.
Me encanta pensar en ese nerviosismo, imaginar que sale del trabajo y da un suspiro largo camino a casa, de esas veces que no notas que estabas conteniendo la respiración, llegar a casa para quitarse la ropa y admirar con cuidado las marcas en su cuerpo, lo suave y delicada que es la piel que se oscurece, pensar en como paso mis uñas por cada curva, como se siente mi piel, saber que puedo morder y hacer lo que me plazca.
Esta clase de pensamientos me mantienen entretenida por largas horas, a veces me roban el sueño, es muy divertido imaginarme todos estos escenarios. Para ser muy honesta, paso más tiempo pensando y viviendo esas fantasías en mi cabeza que haciéndolas realidad, claro que hay muchas cosas que me gustaría vivir, pero creo que tambien disfruto mucho solo de estimular mi imaginación.
Contrario a lo que pueden pensar, no siempre veo necesario traducir a la realidad mis fantasías, a veces dejarlas como ejercicios creativos y eróticos me es suficiente, tal vez la asexualidad tiene mucho que ver con esto, no lo sé, pero el sólo tener esta estimulación me satisface en la gran mayoría de los casos.
Que hermoso es ser una pervertida, que bello es poder disfrutar de mis ideas y fantasías, que increíble soñar con la piel de alguien que me permita hacer lo que yo quiera, que se ponga a mi disposición. Me encanta estar viva.

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