“Dende a Ulloa ata a Ría, terra, auga e aire son vida! Altri non!”
«Logo da implantación de ENCE na ría de Pontevedra, cos problemas que xerou para a nosa terra, agora preténdese que outra celulosa sexa implantada en Galiza. Este novo proxecto impulsado pola empresa portuguesa Altri, vén da man da alianza con Greenalia, da que forma parte a ex-conselleira do Partido Popular, Beatriz Mato; que busca, co beneplácito da Xunta do PP, o estabelecemento dunha nova megafactoría de celulosa (10 veces máis grande ca ENCE) en Palas de Rei, Lugo, que pensa aproveitarse das augas do río Ulla para levar a cabo a súa actividade durante un período de 75 anos, sen ter en conta o terríbel impacto ambiental e social que existiría tanto na comarca do Ulla como no resto do noso país. As mozas e mozos deste país non estamos dispostos a que isto sexa así, e seguiremos en pé na defensa dun país rico, produtivo e diverso. A mobilización social ten que ser unha das principais armas contra as decisións políticas e xurídicas que hipotecan o noso futuro, polo que animamos a todas as persoas a se organizaren na defensa do territorio, e a apoiar os actos e alegacións impulsados contra o proxecto por ADEGA, ou plataformas como Ulloa Viva ou Altri Non. DEFENDAMOS A NOSA TERRA DOS INTERESES ESPURIOS! Consulta o comunicado completo na nosa web. https://galizanova.gal/altri-o-espolio-que-se-repite-fora-as-vosas-mans-da-nosa-terra/… «
Cielos encogidos por el llanto de las piedras se niegan a acunar los vuelos de las aves Un sol de injusticia emborronado lapida la luz en la mismísima cuenca de los ojos de dios Malditas sean las carantoñas de los asesinos que enmascaran sus fauces y garras bajo las uñas astilladas de la paz Un enorme cadaver del tamaño de un grito ondea en las azoteas de las CONFERENCIAS POR LA PAZ. MIRAD A LOS ANIMALES, vez como las fieras huyen espantadas ante la maquinaria infernal de TAN PULCRA MASACRE Entre la carne retorcida el carnicero enciende siete velas a sus holgados muertos. La industria es imparable, la crisis se invierte, la RABIA y la IMPOTENCIA están garantizadas: El suicidio de los hombres, vuestra miseria es la espectacular cosecha de este siglo. Vuestra negra cosecha: ¿Hasta cuando el estomago de vuestro dios NECROFAGO, soportara estos lamentos de PERRO que es vuestro corazón? Todo el Oro y los Diamantes del Mundo son solo un GRAFITI de sangre en el MURO DE LAS LAMENTACIONES que levantáis espantados, Sois apocalípticos y estáis definitivamente enfermos.
Cielos encogidos por el llanto de las piedras se niegan a acunar los vuelos de las aves Un sol de injusticia emborronado lapida la luz en la mismísima cuenca de los ojos de dios Malditas sean las carantoñas de los asesinos que enmascaran sus fauces y garras bajo las uñas astilladas de la paz Un enorme cadaver del tamaño de un grito ondea en las azoteas de las CONFERENCIAS POR LA PAZ. MIRAD A LOS ANIMALES, vez como las fieras huyen espantadas ante la maquinaria infernal de TAN PULCRA MASACRE Entre la carne retorcida el carnicero enciende siete velas a sus holgados muertos. La industria es imparable, la crisis se invierte, la RABIA y la IMPOTENCIA están garantizadas: El suicidio de los hombres, vuestra miseria es la espectacular cosecha de este siglo. Vuestra negra cosecha: ¿Hasta cuando el estomago de vuestro dios NECROFAGO, soportara estos lamentos de PERRO que es vuestro corazón? Todo el Oro y los Diamantes del Mundo son solo un GRAFITTI de sangre en el MURO DE LAS LAMENTACIONES que levantáis espantados, Sois apocalípticos y estáis definitivamente enfermos.
غزة الآن – Gaza Now Gaza, Palestina YO APOYO A PALESTINA Comunidad Palestina Palestina Libre Poesia Incompleta
En una escena de Mi tío, la película de Jacques Tati, monsieur Hulot tropieza con un ladrillo al atravesar un solar olvidado. Le vemos detenerse, tomar el ladrillo y volver a colocarlo en su sitio, antes de alejarse. En las últimas páginas de El cuento de nunca acabar, Carmen Martín Gaite nos cuenta una tarde de paseo con su hija, que es aún una niña. Pasean cerca del agua y la niña ve un sapo sobre una piedra. Y se queda inusualmente silenciosa. Ya en casa, y cuando ambas están acostadas, la niña despierta a la madre para decirle: «Qué raro lo del sapito, ¿verdad? ¡Cómo nos miraba!»
Tras la belleza del toreo está el horror: un animal asustado que sufre
Somos humanos: no podemos evitar ponernos en el lugar de los otros. Incluso de los animales
Un ladrillo y un sapo, ¿qué tienen que ver con nosotros, los hombres? Hemos construido sobre el mundo natural un mundo de representaciones que nos permite intercambiar deseos, promesas y proyectos con los demás. Así define Savater la ética: «El reconocimiento de lo humano por lo humano y el deber íntimo que nos impone». Sin embargo, ni el personaje de Tati ni la niña del recuerdo de Martín Gaite dejan de ser humanos al ocuparse de un ladrillo o un sapo. La poesía, deudora del mundo del mito, habla de la relación con nuestros semejantes pero también con lo que es distinto a nosotros. Tiene que ver con ese saber tratar adecuadamente con lo otro al que los griegos llamaron piedad. «Cuando hablamos de piedad», escribe María Zambrano, «siempre nos referimos al trato con algo o alguien que no está en nuestro mismo plano vital; un dios, un animal, una planta, un ser humano enfermo o monstruoso, algo invisible o innominado, algo que es y no es. Es decir, una realidad perteneciente a otra región o plano del ser en que estamos los seres humanos, o una realidad que linda o está más allá de los linderos del ser». James Joyce llamó epifanías a estos instantes de comunicación profunda con lo real. Y tanto la escena del ladrillo como la del pequeño sapo nos aportan instantes así.
Claudio Eliano nació en el siglo II de nuestra era. Es famoso por su obra Sobre la naturaleza de los animales, una curiosa colección, en 17 libros, de breves y sorprendentes historias seleccionadas para proporcionar lecciones morales. Las más hermosas son las que narran los amores entre las muchachas y los animales. Eliano nos habla de una grajilla que en Soles de Sicilia cayó extenuada a los pies de una joven, tras volar sin descanso a su alrededor; de la citarista Glaucis, que fue amada, según las versiones, por un cordero, un perroo un ganso; o la de aquel elefante que en Alejandría llegó a competir con Aristófanes de Bigas por los favores de una mujer que era tejedora de guirnaldas. En un cuento de Isaac Bashevis Singer, un ciervo anuncia al llegar a una casa que su dueña concebirá un niño en esos días, y en otro un pequeño cerdo regresa después de muerto para consolar a su amiga. Y Cervantes nos conmueve cuando narra en El Quijote cómo el rucio de Sancho se acerca a Rocinante y apoya su hocico sobre su lomo para buscar su calor.
Uno de los deseos que de una forma más constante e íntima han acompañado al hombre desde el origen de los tiempos es el deseo de comunicarse con los miembros de las otras especies. A él se debe que bestias y animales hablen en los cuentos de hadas y que sus protagonistas humanos comprendan mágicamente su lenguaje. Tolkien afirma que desde muy antiguo se tiene una viva conciencia de la ruptura de esa comunicación; pero también la convicción de que fue traumática. Los animales son como reinos con los que el hombre ha roto sus relaciones y que con los que, en el mejor de los casos, mantiene un difícil e inestable armisticio.
El mundo es un inmenso matadero. Miles de animales se amontonan en granjas y piscifactorías, en condiciones infames, solo esperando su muerte. Singer reprochaba a su dios que hubiera creado un mundo en que las criaturas necesitaran matarse unas a otras para vivir y Canetti, dolorido por esta misma evidencia, dijo que deberíamos comer llorando. En una obra de Tennesse Williams alguien reprocha a la protagonista, una de esas mujeres frágiles y maravillosamente disparatadas que pueblan el mundo del escritor sureño, que su corazón no sea recto. «Recta puede ser una línea o una calle -le contesta ella-. Pero el corazón del hombre nunca es recto».
En los cuentos hay ogros, y si están ahí no es solo para asustar a los niños, sino para hablar de lo que también inevitablemente somos, aunque no nos guste: de esa naturaleza devoradora que nos define. Los cuentos son el verdadero realismo, dijo Chesterton. En ellos no solo hay criaturas aladas y dulces, incapaces de hacer daño a nadie, sino también ogros y sacamantecas. La vida del hombre es esa deriva interminable, esa proliferación de identidades. Saber aceptar las contradicciones.
Y la caza y el toreo son pura contradicción, pues tanto el buen cazador como el buen torero no se acercan a los animales para hacerles daño, aunque finalmente se lo hagan, sino para entrar en contacto a través de ellos con las fuerzas libres del mundo. Pocos han escrito páginas más hermosas sobre los animales que Isak Dinesen y, en nuestro país, que Miguel Delibes; y sin embargo, ambos eran unos contumaces cazadores. Los toros mueren en las plazas, pero sería injusto olvidar que pocos los aman y respetan tanto como los toreros.
En un mundo en que los animales apenas cuentan para otra cosa que para animar nuestras excursiones dominicales o nuestras citas gastronómicas, las plazas de toros son de los pocos lugares donde no se les cosifica y se les respeta y ama por su belleza y su fuerza. Pero esto no quiere decir que debamos justificar cómo se les trata en ellas. Tras la belleza del toreo está el horror, y sería absurdo negar que tras una limpia verónica no hay un animal asustado que sufre y quiere escapar como sea del lugar infernal al que se le ha conducido. ¿Y qué arte puede ser ese que en vez de salvar destruye lo que ama?
Fernando Savater, en su artículo La barbarie compasiva, critica con razón a los que no distinguen entre los animales y los hombres. «Sin duda -escribe-, biológicamente somos animales, no vegetales. Pero desde luego ni simple ni gozosamente. Por culpa de ello existen las novelas… y la ética». Y es verdad, pero el problema reside justo en eso, en que somos noveleros. Es decir, que no podemos evitar ponernos en lugar de los otros y hacernos la ilusión de mirar por sus ojos. Mirar por los ojos de un niño, de un anciano, de una muchacha; pero también por los ojos de un toro, de un perro, de una hormiga. William Faulkner, en páginas inolvidables, nos narra la huida de un muchacho subnormal con una vaca; y el cuento más hermoso de Clarín, Adiós, Cordera, tiene por protagonista a una vaca a la que dos niños acuden a la estación a despedir porque sus padres, que son pobres, la envían al matadero.
La vaca del cuento de Clarín no protesta cuando la arrancan de sus prados, como tampoco lo hacen los toros bravos que llevan a las plazas. ¿Cómo podrían hacerlo si no pueden hablar? Pero que no puedan hablar no quiere decir que no seamos responsables de lo que les pasa. El silencio de los animales guarda historias que misteriosamente nos están destinadas. No escucharlas es un acto de impiedad hacia esa vida que compartimos con las otras criaturas del mundo.
En aquellos días de esperanzas Cómo pan recien hecho En la ciudad troquelada De cuarteles e iglesias
Viviamos sin sopesar la muerte Los gritos de libertad Los llevábamos doblados en los sobacos Como cartuchos de dinamita A punto de saltar por los aires Aquella ciudad tenía un cielo de cuarzo Y cada noche levantábamos Cómo sisifos locos y suicidas Un bosque de atajos Que solo era una realidad Gracias a las valientes y compartidas Beatrices.
El miedo hacia de los ascensores Aterradores e insomnes Portavoces de la tortura Y la noche caí de bruces Sobre el territorio clandestino Donde con mimo extremo Repartíamos los besos Con el sonido armado al fondo De la ciclostil robada
La periferia nos pertenecía Y las vías de los trenes al rojo vivo De vez en cuando mirábamos la luna Que el LSD había Convertido En una fragante pastilla de jabón Pero la noche era un patio de cárcel Patrullada por policías y taxistas Que a medias se repartían Nuestros incendiados sueños Éramos pobres como gatos Y con todo ni dios impidió Los veloces y tercos amores Que nos daban de almorzar Si al regreso del frío febriles Sortearemos la policial inmundicia Siempre ellas tenían a mano Una bendita sopa de sobre Y sus ardientes palavras Que llenaban de sentido Nuestro delirio irredento Y así los carámbanos de hielo Que traíamos en los bolsillos del alma Si deshacian al instante entre risas. Aquellos días son cómo pajar de trigo En estos de deslumbrante miseria E industrial espectáculo. Éramos jóvenes en la noche oscura
de una dictadura de mierda
y esto es el que nos queda:
Vivir hasta el último aliento
DOS LUMINOSOS TEMPOS ESCUROS
Naqueles días de esperanzas Como pan recen feito Na cidade troquelada De cuarteis e igresias Vivíamos sin sopesar a morte Os gritos de liverdade Levabamos dobrados nos sobacos Como cartuchos de dinamita A punto de saltar polos aires Aquela cidade tiña un ceo de cuarzo E nos cada noite levantabamos Como sisifos tolos e suicidas Un bosque de atallos Que só era unha realidade Grazas ás valentes e compartidas Beatrices.
O medo facia dos ascensores Aterrecedores e insomnes Voceiros da tortura E a noite caí de bruzos Sobre o territorio clandestino Onde con mimo extremo Repartiamos os bicos Co son armado ao fondo Da ciclostil roubada
A periferia pertencíanos E as vías dos trens a lume vivo De cando en vez mirabamos a lúa Que o LSD convertera Nunha fragrante pastilla de xabón Pero a noite era un patio de cárcere Patrullado por policías e taxistas Que a medias se repartían Os nosos incendiados soños Eramos pobres como gatos E con todo nin deus impediu Os veloces e tercos amores Que nos daban de xantar Se ao regreso do frío febrís Sortearemos a policial inmundicia Sempre elas tiñan a man Unha bendita sopa de sobre E as súas ardentes palavras Que enchian de sentido O noso delirio irredento E así os carambanos de xeo Que traiamos nos petos da alma Se desfacian ao instante entre risas. Aqueles días son como palleira de trigo Nestes de cegadora miseria E industrial espectáculo. Eramos novas e isto é o que nos queda: Vivir ata o último alento
De tantas cousas que fai a prol dos demais, acontece que Juan Carlos Valle “Karlotti” apenas ten tempo para adicarllo a el mesmo. Como escritor, digo. E o conto é que “Karlotti” é, cando menos, poeta. E non nada anecdótico senón categórico. Da mesma maneira que un disparo moi no alto e a súa aposta pola “Poesía Salvaxe”, pleonasmo nidio como dicir Karlotti; vouno espir das aspas, xa que este é o seu nome civil, de cívico e civilizado. (Boto de menos a Guillermo Ferrández, nestes saraos “salvaxes”, dígoo cal o sinto, si.)
Karlotti, en fin, vén de poñer na rúa, na praza, un libro da súa autoría, Las adorables derrotas (Edicións Embora, Ferrol, 2025). Un volume de lectura densa e triste “ma non troppo” porque se, seguindo a Machado, Antonio, “se canta lo que se pierde”; aquí a derrota é relativa, non chegando, non, a desfeita, que iso é outra cousa.
Porque Karlotti, coa súa puchas de Lenin nas baiucas de Zurich, na burfarda ruín aquela, é quen de traer diante nosa un filme de Godard, e sen que el o diga xa nos pon bailar o “madison”, coa Anna Karina polo medio. Non, non se trata dun libro culturalista este de Karlotti, porque os poetas de tal caste adoitan carecer de cultura, e ao poeta de Maside esta saelle polas costuras da chupa de coiro que o reviste, tamén porque as súas referencias viaxan sulagadas na súa pel curtida en mil batallas (e algunhas derrotas, lástima fora).
A súa poesía, a súa poética, chouta alebrestada nun acontecer que vibra en títulos afortunadísimos (“Suave destrucción, amontonar los restos del naufragio”, “Contracción amar armado hasta los dientes de palabras”; sirvan estas dúas mostras para exemplificar). Títulos que enderezan, despois, un inconformismo radical, que se sirve de poemas longos que exercen de salmodias ou ladaíñas para exorcizar o tempo ruín que nos acompaña.
Mais o Karlotti é quen, igualmente, de nos ilustrar con cousas breves que son causa e razón contra do abatimento. Así ese poema fermosísimo poema que se chama “Silenciosa dobla la esquina como un animal sin prisa/ mientras pasos y citas/ se amontonan/ en este/ concurrido abandono.”
Aquí, neste oxímoro, “concurrido abandono” é onde experimentamos esa sensación de desamparo múltiple no que incorren os poetas verdadeiros. Aqueles, poucos, que como Karlotti botan man da fe insubornable na Poesía para espilirse do “mal de vivre”, que este poeta e dinamizador cultural, tocado do “mal francés”, no senso meliorativo, coñece ben e oractica.
FRANCÉS Claudio Rodríguez Fer UN MILLÉNAIRE DE SILENCE (LE MAL N’EST JAMAIS BANAL)
Camps de concentration du mal de Mauthausen et de Gusen : abattoirs sacrificiels, extermination pour condition juive ou pour cause antifasciste, des peuples libres d’Europe pour qui le mal n’est jamais banal. Travaux forcés en régime d’esclavage dans la carrière de l’exténuation : porter des blocs de granit plus lourds que la survie en gravissant les cent quatre-vingt-six marches de l’escalier de la mort jusqu’à se jeter dans le vide par suicide provoqué ou sadisme harceleur comme les pointes et les décharges électriques des fils barbelés. Le mal était une exploitation, le mal n’est jamais banal. Cellules de châtiment et de torture jusqu’à l’assassinat par la faim, la soif et le désespoir. Flagellations jusqu’à la mort de la chair vivante avec la cravache de la violence et de l’humiliation. Douches glacées et noyades prolongées jusqu’à l’extinction par hypothermie. Massification infrahumaine jusqu’à l’anéantissement de toute coexistence et de toute dignité. Divertissements de cruauté inconcevable jusque dans le pire enfer imaginable. Le mal était un terrorisme, le mal n’est jamais banal. Exécutions sélectives, fusillades massives et pendaisons individuelles. Injections létales pour ménager l’effort de les battre à mort. Expériences médicales et saignée des corps pour récupérer leur sang. Chambres à gaz mobiles dans des camions dont le pot d’échappement était dirigé vers l’intérieur et chambres à gaz statiques où l’on agonisait en groupe jusqu’à l’asphyxie. Le mal était une économie, le mal n’est jamais banal. Des dizaines de milliers de prisonniers mal équipés pour fabriquer des armes, des munitions et des pièces en métal ou pour exploiter des mines et des carrières tant qu’ils étaient utiles, immolés ensuite comme de vieux débris, et parmi eux des femmes violentées et des enfants faméliques.
Le mal était un commerce, le mal n’est jamais banal. Des milliers d’antifranquistes attrapés en France, rendus malades, torturés, assassinés et emmurés par l’horreur et les fils barbelés dans le camp dit des Espagnols en Autriche, même s’ils étaient apatrides car leur patrie était usurpée. Le mal était un pillage, le mal n’est jamais banal. Depuis mil neuf cent quarante, ils portaient le triangle bleu aux trois côtés de l’espoir : celui de l’indépendance, celui de la justice et celui de la liberté. Ils étaient dans le camp irréductible de ceux qu’à juste titre on accusait d’être les ennemis politiques incorrigibles du Reich allemand, qu’ils avaient été les premiers à combattre depuis mille neuf cent trente-six. Le mal était une invasion impérialiste, une conquête calculée, le mal n’est jamais banal. On dit qu’à la mort du premier résistant espagnol, ses compatriotes solidaires, déjà bien organisés, ont observé une minute de silence. Ils ont fait et ont caché les photos de l’infamie et ils ont reçu les Alliés avec la banderole “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”. Ils ont résisté parce qu’ils savaient que le mal commence toujours par combattre l’espoir, que le mal n’est jamais banal. Ils avaient l’habitude d’observer une minute de silence invincible pour chaque victime de la plus absolue barbarie du nazisme. C’est pourquoi j’offre maintenant un millénaire de silence pour chaque résistant qui a lutté avec espoir tout en sachant que le mal, comme le bien, n’est jamais banal.
(Version française de María Lopo et Claudine Allende Santa Cruz)
UN MILENIO DE SILENCIO (EL MAL NUNCA ES BANAL)
Campos de concentración del mal de Mauthausen y de Gusen: mataderos sacrificiales, exterminio por condición judía o por causa antifascista, de los pueblos libres de Europa para los que el mal nunca es banal. Trabajos forzados en régimen de esclavitud en la cantera de la extenuación: cargar grandes piedras de granito más pesadas que la supervivencia subiendo ciento ochenta y seis escalones por la escalinata de la muerte hasta despeñarse por el suicidio inducido o por el sadismo acosador como las púas y las descargas de los muros eléctricos de alambre. El mal era una explotación, el mal nunca es banal. Celdas de castigo y de tortura hasta asesinar de hambre, sed y desespero. Flagelaciones hasta matar la carne viva con el látigo de la violencia y de la humillación. Duchas heladas y sumergimientos prolongados hasta la extinción por hipotermia. Masificación infrahumana hasta minar toda convivencia y dignidad. Divertimentos de crueldad inconcebible hasta en el peor infierno imaginable. El mal era un terrorismo, el mal nunca es banal. Fusilamientos selectivos, tiroteos masivos y ahorcamientos individuales. Inyecciones letales para ahorrar el esfuerzo de liquidar a golpes. Experimentos médicos y sangrado de cuerpos para aprovechar su sangre. Cámaras de gas móviles en camiones con tubo de escape dirigido al interior y cámaras de gas extáticas donde se agonizaba en grupo hasta asfixiarse. El mal era una economía, el mal nunca es banal. Decenas de miles de presos mal acondicionados para fabricar armas, municiones y piezas de metal o explotar minas y canteras mientras eran útiles, y después inmolados como material de deshecho, incluyendo mujeres violentadas y criaturas famélicas. El mal era un negocio, el mal nunca es banal.
Miles de antifranquistas atrapados en Francia, enfermados, torturados, asesinados y cercados con muros de horror e alambres de espino en el llamado campo de los españoless en Austria, pese a ser apátridas por estar su patria usurpada. El mal era un saqueo, el mal nunca es banal. Desde mil novecientos cuarenta, portaban el triángulo azul con tres lados de esperanza: la de la independencia, la de la justicia y la de la libertad. Estaban en el campo irreductible de los con razón tachados de enemigos políticos incorregibles del Reich Alemán, contra el que desde mil novecientos treinta y seis habían sido los primeros en luchar. El mal era una invasión imperialista, una conquista calculada, el mal nunca es banal. Se cuenta que, cuando murió el primer resistente español, sus solidarios compatriotas, ya bien organizados, guardaron un minuto de silencio. Ellos hicieron y escondieron las fotos de la infamia y ellos recibieron a los aliados con la pancarta “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”. Resistieron porque sabían que el mal siempre comienza por combatir la esperanza, que el mal nunca es banal. Solían guardar un minuto de silencio irredento por cada victima de la más absoluta barbarie del nazismo. Por eso yo ofrezco ahora un milenio de silencio por cada resistente que luchó con esperanza sabiendo que el mal, como el bien, nunca es banal.
(Versión castellana del autor)
GALLEGO Claudio Rodríguez Fer UN MILENIO DE SILENCIO (O MAL NUNCA É BANAL)
Campos de concentración do mal de Mauthausen e de Gusen: matadoiros sacrificiais, exterminio, por condición xudía ou por causa antifascista, dos pobos libres de Europa para os que o mal nunca é banal. Traballos forzados en réxime de escravitude na canteira da extenuación: cargar grandes pedras de gran máis pesadas que a supervivencia subindo cento oitenta e seis chanzos pola escalinata da morte ata guindarse polo suicidio inducido ou polo sadismo acosador como as púas e as descargas dos valados eléctricos de arame. O mal era unha explotación, o mal nunca é banal. Celas de castigo e de tortura ata asasinar de fame, sede e desespero. Flaxelacións ata matar a carne viva coa fusta da violencia e da humillación. Duchas xeadas e mergullos prolongados ata a extinción por hipotermia. Masificación infrahumana ata minar toda convivencia e dignidade. Divertimentos de crueldade inconcibible ata no peor inferno imaxinable. O mal era un terrorismo, o mal nunca é banal. Fusilamentos selectivos, tiroteos masivos e aforcamentos individuais. Inxeccións letais para aforrar o esforzo de liquidar a golpes. Experimentos médicos e sangrado de corpos para aproveitar seu sangue. Cámaras de gas móbiles en camións con tubo de escape dirixido ao interior e cámaras de gas extáticas onde se agonizaba en grupo ata abafar. O mal era una economía, o mal nunca é banal. Decenas de miles de presos mal aviados para fabricar armas, municións e pezas de metal ou explotar minas e canteiras mentres eran útiles, e despois inmolados como material de desfeita, incluíndo mulleres violentadas e criaturas famélicas. O mal era un negocio, o mal nunca é banal. Miles de antifranquistas atrapados en Francia, enfermados, torturados, asasinados
e cercados con muros de horror e arames de espiño no chamado campo dos españois en Austria, malia ser apátridas por estar a súa patria usurpada. O mal era un saqueo, o mal nunca é banal. Portaban, dende mil novecentos corenta, o triángulo azul con tres beiras da esperanza: a da independencia, a da xustiza e a da liberdade. Estaban no campo irredutible dos con razón tachados de inimigos políticos incorrixibles do Reich Alemán, contra o que dende mil novecentos trinta e seis foran os primeiros en loitar. O mal era unha invasión imperialista, unha conquista calculada, o mal nunca é banal. Cóntase que, cando morreu o primeiro resistente español, os seus solidarios compatriotas, xa ben organizados, gardaron un minuto de silencio. Eles fixeron e agacharon as fotos da infamia e eles recibiron aos aliados coa pancarta “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”. Resistiron porque sabían que o mal sempre comeza por combater a esperanza, que o mal nunca é banal. Adoitaban gardar un minuto de silencio irredento por cada vítima da máis absoluta barbarie do nazismo. Por iso eu ofrezo agora un milenio de silencio por cada resistente que loitou con esperanza sabendo que o mal, como o ben, nunca é banal.
Barcos artesanales amarrados al muelle. Pintura de Manuel Sierra. Fotografía: Chusmi.
El pintor leonés Manuel Sierra deja por unos días los paisajes de Babia, los campos castellanos o el Valle de Laciana para presentar en Valladolid, en su exposición anual del 1º de Mayo, la muestra “Barcas del puerto de Corme”. Una alegoría al trabajo de los pescadores de un pequeño rincón de la Costa da Morte sin perder el detalle de los objetos cercanos que acuna cualquier casa de los trabajadores del mar.
Este primero de mayo, Manuel Sierra plantea a los aficionados un viaje artístico a la Costa da Morte gallega para que detengan su mirada en las diminutas embarcaciones de los pescadores que poseen una pequeña flota de bajura, próxima a la costa y que con ellas capturan moluscos, cefalópodos o el codiciado percebe que se extrae de las rocas, entre otras especies.
El pintor leonés plasma esos contenidos marineros en la muestra titulada “Barcas del puerto de Corme” porque hace unos años fue invitado por la Fundación Torre-Pujales a pintar en esa coqueta localidad coruñesa, camino de Finisterre, perteneciente al municipio de Ponteceso.
La única condición que puso esta entidad sin ánimo de lucro, declarada Bien de Interés Cultural, al proponerle que acudiera a esta cita creadora es que le dejase a la propia institución uno de los cuadros pintados y un dibujo que pasarían a formar parte de la colección del Museo de Arte Contemporáneo Costa da Morte.
De aquellos apuntes recogidos en varias estancias donde estuvo enclaustrado en primera línea de mar, frente al puerto, Manuel Sierra ha obtenido ahora la quincena de cuadros con sabor marinero.
De entre otros artistas y escritores que han sido agasajados por la fundación creada por la viuda del pintor Julio Pujales, Cristina Torre Cervigón, figuran los pintores Manuel Oyonarte, José Hernández, Massimina Pesce o Ruslán Galasov; la escultura Margherita Serra, el escultor Carlos Hurtado o las escritoras Dolores Gallardo y Julia Sáez.
Sierra recuerda que su residencia en aquella villa costera de Corme fue en temporada baja, porque “a mí cuando estoy pintando me apetece estar muy concentrado y aislado y eso no podría hacerlo de este modo si fuera en plena estación turística con el bullicio veraniego y las fiestas en todas partes”, señala.
“Barcas del puerto de Corme” recoge, como en casi todas las exposiciones de Sierra, “una mirada ligada a lo cercano, a lo que tienes al lado, un homenaje a las cosas cotidianas, a las tareas sencillas de la existencia, a los objetos que te rodean”, reitera.
La muestra que puede verse ahora en Puerto Chico, por tanto, reúne exiguos y coloristas barcos artesanales acompañados de elementos de la cocina gallega, una jarra y una taza de Ribeiro, peces recién pesados, una hogaza a medio partir, un mantel o hules de las mesas comunales y hasta norayes de los muelles que en una especie de paisaje continuo pueden unirse siguiendo la línea del borde del puerto imitando varios cuadros, formando dípticos o trípticos, a gusto del observador.
El pintor figurativo de Babia insiste también en que las pinturas creadas con motivo de la exposición del Primero de Mayo centran su atención en “aquellos artículos que nos acompañan siempre aunque no nos demos cuenta, esas atmósferas llenas de luz y sombras que compartimos a lo largo del día que le hacen estar atento al pintor, en una especie de alerta para escuchar las imágenes y los sonidos, como le ocurre a los músicos, que se presentan cotidianamente ante sus ojos y sus oídos”.
** La exposición “Barcas del puerto de Corme” podrá visitarse en Puerto Chico (C/Nicasio Pérez 1, Valladolid) hasta el 28 de mayo de 2025. Horarios: miércoles-sábado: 12:30-17:00 y 20:00-24:00; domingo: 12:30-17:00. Lunes y martes, cerrado.
En la Segunda Guerra Mundial fueron deportados a Alemania entre 5,5 y 7,5 millones de adolescentes soviéticos y polacos. Los cautivos se vieron obligados a trabajar en la fábrica de armas de Rheinmetall y en la fábrica de automóviles Volkswagen. Otros fueron esclavizados para servir como jornaleros o servicio doméstico de familias alemanas.
La mayoría de ellos tenían entre 17 y 20 años. Las niñas fueron violadas y, a su vez, dieron a luz a bebés en plena gierra. Los nazis separaron a los recién nacidos de sus madres para que pudieran seguir trabajando.
Fueron enviados a orfanatos. En esas instituciones, los niños enfermos y sanos se hacinaron juntos. No había agua corriente ni electricidad. Los bebés vivían en condiciones insalubres. Por la noche, eran abandonados a su suerte.
calles orales
como campos de concentracion
se pudren las periferias,
no hay solucion ante esta desolacion de guerra permanentemente,
los espacios urbanos hace tiempo que son pobres campos de batalla. ¿Que podemos hacer?
Y entonces tu, cruda, desnuda, al borde de una mesa donde el pan y el vino se ordenan
segun mi voz te toca.
solo los dedos de mi voz te miran.
Asi, tan cruda,
como la sangre de la tarde,
como la sangre roja del alba,
transparente para los ojos
pero roja para los dedos,
ahi, tu, aupada en la carne de los sueños
ahi, justo ahi,
donde las ventanas
trabajan sin descaso,
volando sobre todo este campo de exterminio
que son las periferias,
las orillas rotas, reventadas,
roidas,
las periferias de la abundancia,
de la puta pobreza de la abundancia.
Pero estas tu, ahi, cruda,
como la lengua de los sueños
Un tren, un dia
entre los cascotes
el sol como un perro mas
ladra
a la niña transparente.
entre las ramas de acero
el humo envenenado de la chatarra.
Tambien hay una cocina
que huele tus bolsillos
como una mano.
La niña se confunde con una cacion de barro,
su idioma es como un tam-tam,
crece como si tambien la hierba
fuera fresca,
en sus labios un riachuelo de risas,
entre sus dientes,
briznas.
El sol con el rabo entre los escombros,
ladra,
aqui hasta los pajaros ladran.
******
para CHUS PATO
el capital es analfabeto
y Lot un mal ejemplo
de emprendedor.
Hace tiempo que las llamas
son comestibles
y una eternidad
arde en el corazon de la abundancia.
Una voz poniendo orden
es una bomba de racimo
deflagrando en pleno cuento.
Quien traduce
mi lengua
hasta haber perdido mis labios?
Mira mis ojos, maldita sea,
mira mis ojos
lamiendo lagrimas de tu sexo insomne,
mira mis ojos,
que jamas miraran los tuyos
afincados como estupidas franquicias
en el futuro envenenado
de un Mar de Piedra sobre Piedra
Arrastra tu amor inutil
convertido para siempre
en un sueño de sal
y con el
la imposibilidad de oir el mundo,
condenado irremediablemente
a no REGRESAR jamas.
Mientras, en mis campos de sal
se lamen y se curan las heridas
los perros del paraiso
sus ladridos convocan a los ladrones
de cadaveres.
Ahora, lejos de tu miserable vigilancia,
olfateamos la mesa recien puesta
y la musica encarnada
de las mujeres sin prisa
Y Al fin las ruinas
crecen
entre los tiernos brotes del olvido
haciendo
de la luz
la sonora clepsidra
de los dias sin techo
de jo
cielos enormes
vuelos sin pajaros
purisimos vuelos
una red de luz
del tamaño de la luz
y el dolor del mundo
plagiando su esperanza
interrogaciones salvajes
como besos de racimo
revientan la hipocresia
dejando petalos en fosas
nidos intachables
para criar todo
menos venganza
pero anegandonos de verguenza
hasta donde
¿hasta donde?
suave destruccion, amontonar los restos del naufragio,
hacer astillas la luz que la pared come,
sacar fuerzas de flaqueza y hacer sangre con las manos desnudas,
llenas de sangre,
recoger los escombros, los restos del naufragio,
apilar la derrota sin perder la sonrisa,
una sonrisa que el cinico odia.
El hogar, el barco, la lumbre,
son el lugar donde mis pies ponen raices al olvido.
Tirar los muros, acariciar el fuego,
abrir la puerta y las ventanas en pleno cielo,
doblar el muro sobre la luz,
doblar el muro y regresar.
LAS ALGAS FEBRILES DE TU OCEANICA CHARQUITA
(junio 2008)
aqui, entre tus felinos voraces
dejando el paraiso a un lado
soplo la lengueta mojada de tu insacible cuchitril
rodeado de olas
opiparas
que se bajan las bragas de espuma
como diosas disparatadas
ante los erectos peces
que mis dedos crian
bancos sobervios y resbaladizos
regatean tu febril socorro
No hay nada en los alrededores de este planeta
que sea capaz de calmar el espectaculo
negro
de tu primer grito
redondito maleable calidamente tibio chocolatina turbia cien por cien chupable
y ahi todas fieras mirandote
la parte nuda de tu carnosa danza
la pulpa encarnada que plagian todos los seres
en sus coralinas huevas
mareas babeantes
masoquistas nubes nubiles cunilimbus
cunilingue
trafico
ilegal zoco bazar clandestino
oceano poseido
por tus labios vernaculos, tus livios cantos
y las orillas de canto
envidia irresistible de mis ensalivados acantilados
pajaros obscenos
palpitos en carne viva
abierta a la canal
la gruta de seda que los angeles caidos
custodian
como si caballitos de mar
les equivocaran de ruta
Todo patas arriba
siguiendo tus divinas enseñanzas
hasta los ciegos te vislumbran
entre las algas
donde estan a punto de nacer
las criaturas bivalvas mortales e irresistibles
brisas verdes como niñas de los ojos
soles poligamos
negros como arañas de luz penetrable
obsesivos acantilados
del tamaño del sexo de los lamilibranquios
labios abiertos
como blancanieves en sueños
frigidas lunas madres de todas las pequeñitas muertes
que nos amantan en los apeaderos de la pasion
locuaces islas
que sorben
las medulas adorables del seso cuando duerme
lascivas caracolas
hermitañas amantes de los fondos sonoros
del tamaño de tus uñas
silencios enrojecidos por la actividad de un dedo
risas al rojo vivo
llenando de quemaduras los bordes de las postales
Maleficos niñatos
que mueren por el aroma de las virgenes
cautivadores asesinos de la cintura para arriva
que reclaman un reino como anillo al dedo
y las olas bajandose las bragas
con todas las oquedades del fondo
hirviendo de peces
de erectos peces y encima ciegos
como si apasionados de los petalos
bajo el rocio bajo la noche bajo las sabanas bajo tus bragas
ahi abajo
alto solar
ara pacis
ara pacis
ara pacis
quitolipecatamundi
la vida empapada hasta las cachas
patas arriba
los muslos al aire
mis ojos titilan febriles las hojas
que suculenta hecatombe
suena
en un beso de pura lluvia
musica encamada
oscura ofensiva
de una primera promesa
sobre un sofa transparente
en el garaje de la orilla
donde la luna administra
la leche acre del alba
en el nucleo atomico de la eternidad
es tan calentito el abismo
tan calentito
que mi alma y tu se tumban
se duran
se chupan
se empalman
y en un amen se mueren
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