Me salté la convocatoria anterior porque no merecía el esfuerzo. La de esta semana no está mal, aunque la frase es restrictiva, al tratarse de una exclamación o sentencia. Así que vuelvo a las andadas con tres de mi mano y dos de cadaIA; he suprimido el de DeepSeek, por presentarse como gratuita para intentar cobrarme.
La mentira es un mal necesario; no digo ya en la literatura. Y es que, tarde o temprano, cualquiera nos vemos en la tesitura de mentir. Yo mismo, que procuro no hacerlo, utilizo el relato que la construye para que sea lo menos falsario posible. Además, casi siempre, en un intento de amortiguar mi opinión y no hacerle daño al prójimo. Por ejemplo:
Ya el bueno de Roal Dahl escribió La Venganza es Mía S.A. Libro que leí cuando era adolescente y recomiendo. Sobre todo, a tus hijos; aunque si quieres que lean, mejor que te vean leer. El caso es que en uno de los relatos, dos mastuerzos montan un negocio, con diferentes servicios y tarifas, para que le puedas ajustar las cuentas, de forma expeditiva, a todo el que te haya causado mal.
Siempre que seleccionan una frase que empieza con verbo, se me quitan las ganas de escribir micros para el concurso de REC (aunque ya no participo). Por eso, en esta ocasión, he antepuesto una palabra. Así que insisto:
Quede por escrito que no soy lector de Harry Potter. Entre otros motivos porque no me interesa la lucha entre el bien y el mal como eje de una historia. Sobre todo, cuando los protagonistas son tan buenos y valerosos, en contraposición de unos malos retorcidos y muy pérfidos.
La Falacia del Miserable comprende todo argumento viciado por datos que son imprecisos o falsos; bien por estar tratados a conveniencia o porque carecen de matices comprobables. Detalle, por cierto, que los convierte en ilegítimos. Incluso, cuando parecen dotados de cierta lógica, razonamiento o matiz deducible, que sólo le sirve al farsante para tergiversar.