
Ayer cuando desperté, me extrañó que no estuviera en la cama como siempre mi pequeño brujete.
Estaba tumbado en el sofá y le costaba respirar, lo abracé, le besé y con una inmensa calma muy rara en mi en estos últimos días subí a arreglarme para salir.
Extrañamente amaneció un día soleado y precioso, (ya que en las fechas que estamos hace mucho frío e incluso hoy está nevando). Cogí a mi pequeñin y salimos a la calle.
Merlyn es un gato muy casero, le da pánico la calle, así que nunca sale por voluntad propia. Cada vez que teníamos que salir para sus chequeos, era una agonía y eso que siempre lo llevamos en coche para que no se angustiara más de lo necesario.
Siempre fue fuerte y sano, pero lo mejor de el, era su carácter, cariñoso, y muy muy inteligente. Muchas veces oí el comentario de: «Solo le falta hablar», pero en realidad no le hacía ninguna falta, lo entendía todo a la perfección y sabía hacerse entender.
Mi pequeño iba a cumplir los quince años y no los aparentaba para nada, que envidia me daba, yo me hago mayor y el seguía igual que siempre, al menos eso creíamos hasta hace quince días. En realidad en su equivalente a la edad humana era un abuelete de ochenta años, pero los llevaba como nadie.
Así que salimos a la calle, en dirección para la clínica, hay un buen paseo de casa hasta allí, pero los dos fuimos muy tranquilos, disfrutando de ese día tan esplendido con toda la tranquilidad del mundo. Él, con esos enormes ojazos azules no perdía ni un detalle y no dijo nada en todo el camino, de tanto en tanto se giraba a mirarme y………No hacían falta las palabras.
Merlyn era un gato precioso, un Sagrado de Birmania, pero lo más precioso de el no era solo físicamente, si no, todo su ser, un ser maravilloso, cariñoso, divertido, juguetón, pero lo más alucinante era esa capacidad suya para conocer a las personas al primer vistazo, era mi detector particular de la buena y la mala gente, o si preferís la gente menos buena. Nunca fallaba, en estos quince años no se equivocó jamás. Tenía una técnica infalible para que yo le entendiera. El se acercaba a la persona, la olía y la miraba, si era buena gente se sentaba un momento en su regazo, o se quedaba un buen rato, si la persona no era trigo limpio o no llevaba buenas intenciones, le olía, me miraba y se iba, desaparecía hasta que la persona se había ido. Un par de veces quise creer que se había equivocado, y el resultado fue que me llevé dos puñaladas traperas, nunca más puse en duda su criterio.
Le encantaba leer conmigo, hay veces que hasta parecía que leyera como si realmente conociera las letras, iba moviendo su cabecita renglón a renglón, cuando yo terminaba la página y me disponía a pasar a la siguiente, como si el no hubiera terminado de leer ponía la pata encima para que no pasara, y unos segundos después la quitaba como dándome permiso para continuar.
También le gustaba mucho ver la tele, sobre todo cuando hacían películas de animales parlantes, o programas de animales, como veterinarios, pelo pico pata, o un programa de rescate de animales, cuando veía algo que le gustaba se colocaba bien y ni pestañeaba, muchas veces me escondía el mando para que no cambiara de canal, normalmente se tumbaba encima. Otras veces si yo estaba muy absorta con lo que estaba viendo y a el no le gustaba o se aburría, apretaba cualquier tecla del mando y me cambiaba de canal para hacerme volver, era tremendo.
Podría seguir contando cosas de su paso por mi vida y seguramente acabaría escribiendo un libro más gordo, que los pilares de la tierra, y quizá lo haga, pero ahora mismo no tengo fuerzas para ello. Quizá cuando el dolor deje de apretarme las entrañas.
Cuando llegamos a la clínica y Noe (la veterinaria) me vio, creo que leyó en mi cara lo que estaba pasando, nos hizo entrar enseguida que pudo, pues había muchas consultas. Me miró y solo atiné a decirle: No puede respirar. Y el se desplomó como un fardo.
Enseguida le administro dos inyecciones a ver si soltaba el liquido de sus pulmones y así conseguir algo de espacio para aire, reaccionó enseguida y se quedó más tranquilo. Teníamos que esperar a ver si soltaba más liquido para poder hacerle otra placa y ver si esta vez nos permitía ver más allá del liquido de sus pulmones, y así fue, pero lo que vimos nos dejó totalmente horrorizadas, tenia un tumor que ocupaba casi toda la caja torácica y encima aplastaba sus ya maltrechos pulmones.
La decisión fue muy dolorosa, pero más doloroso e inhumano hubiera sido dejarlo llegar hasta el final sufriendo ya que nada se podía hacer.
Yo le ayudé a vivir y ahora me tocaba ayudarle a morir.
En aquel momento vino a mi mente el día que llegó a mi, su madre había muerto y se quedó solo en el mundo sin nadie que cuidara de el, pues vivían en la calle y su madre se alimentaba de la caridad de la gente de un bar que le daban de comer. A duras penas tenía algo más de dos semanas de vida, lo puse en mi mano y me sobraba mano por todas partes, era más pequeño que un hámster. Tenía unos enormes y expresivos ojos azules, que me miraron desafiantes, esos ojos me transmitieron sus enormes ganas de vivir. Y pese a todo pronostico tanto profesional como de gente entendida, los cuales me decían que para que me molestaba, que era demasiado pequeño y sin su madre no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir, a base de paciencia y varias pruebas de biberones y leches, el pequeño salió adelante. Con lo que nadie más que yo contaba, era, con sus ganas de vivir. Era un luchador nato, y además ahora tenía una familia, con perro incluido que lo adoraban. Tenía todas las de ganar.
Mi querido compañero, mi chiquitin, mi trasto, mi bebote, mi amor, mi brujete, te di todo lo que pude y lo mejor que supe, intenté que llevaras una buena vida y fueras feliz, solo me queda el consuelo de pensar que así fue.
No se si eras consciente de todo lo que tu me diste a mi, de lo mucho que aprendí de ti, no solo te adoraba, si no que te admiraba. Has dejado un tremendo vacío en mi vida, pero mi corazón está lleno de ti hasta el resto de mis días.
No te diré adiós si no hasta luego.
Si existe realmente algún lugar donde se encuentran las almas allí nos veremos.
