Plenilunio

Anoche soñé que volvía.

Me encontraba frente a la sinuosa entrada de naturaleza abrupta.

Conmovido, tan solo con el deseo de adentrarme en ella, me dejo seducir por los sentidos.

A medida que avanzo, una extraña sensación cercana al sentimiento me embriaga, como en un dulce idilio, voy dejándome embelesar por su belleza.

A la izquierda, en una de sus ramificaciones, un plácido retiro donde las almas descansan me hace detenerme en su contemplación, y el sosiego de su soledad, me reconforta.

Continúo el desfile de frondosos árboles que me abrazan y acompañan en el camino. La visibilidad es escasa, pero al final, logro distinguir una placita iluminada por el plenilunio. El encanto de su sencillez, y su silencio, me hacen despertar y darme cuenta que he vivido la vida anhelando su encuentro.

De nuevo, despierto en la noche, solo, en esta ciudad a la que no pertenezco, invadido por esta sensación de desarraigo y abandono, sin consuelo. En un estado de duermevela, me veo paseando perdido entre la muchedumbre sin rostro, bajo este cielo sin estrellas… una luz al final de un túnel, hace que me dirija, como buscando el desfile de frondosos árboles encarnados iluminados por la luz del plenilunio…hasta quedar paralizado por unos faros que me deslumbran y arrasan sobre el asfalto.

Y de nuevo, vuelvo a mi aldea, en la quietud del corazón de su placita, rodeada de algunas casitas encaladas ya casi derruidas, donde antes dieron vida, y sin más almas, que la de unos gatos que deambulan en la noche por sus estrechas calles empedradas, y la mía.

Un cartelito de madera pronuncia el nombre de mi felicidad, el hogar donde al fin, me encuentro y conecto.

Animalemas

En el Día Mundial de los Animales tenemos la ilusión de compartir un proyecto en común con Animaleda.art. ¡Animalemas! Un librito de prosas y poemas donde aprenderemos de burros que no sufren y bichos de luz que nos alegran el día… Dieciséis piezas, acompañadas de originales ilustraciones, para sentir y mirar como animales y ser así más humanos.

Pero, además, es un libro con buen corazón: con la venta de cada ejemplar se colaborará en la alimentación para la supervivencia de una colonia felina.

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Mi refugio

«Y un día partiré hacia los bosques, y construiré una humilde cabaña , que será mi refugio y en un lugar donde no haya más sonido que el murmullo del arroyo y las ramas de los árboles, y más música que el canto de las aves…en un camino espiritual donde encontrar la plenitud del ser y la tranquilidad del alma, la paz, en mi soledad, junto a un lago, apartado. Lejos de la sobrecarga informativa y tecnológica y abogando por una vida sencilla y natural…«

Y así es como Thoreau se retiró a vivir durante dos años a la naturaleza, en una cabaña construida por él mismo mientras escribía Walden.

Tener una pequeña cabaña donde divagar, leer o trabajar, responde, pues, a un anhelo compartido por otras mentes creativas a lo largo de la historia.

Las cabañas o chozos para escribir o los “retiros de patio trasero” comparten una intimidad esencial, simple y áspera, como los preceptos de la vida sencilla, descritos con el término estético japonés wabi-sabi, una rusticidad que responde a una necesidad de buscar arraigo y recogimiento, de alejarse del exceso de estímulos tecnológicos. Un espacio reducido donde situar la mente en el camino correcto.

Henry David Thoreau escribió la mayor parte de Walden, la vida en los bosques, mientras vivió dos años y dos meses en la cabaña que había construido junto a la laguna Walden, a 3 kilómetros de su casa en Concord.

Cuando escribí las páginas que siguen, o más bien la mayoría de ellas, vivía solo en los bosques, a una milla de distancia de cualquier vecino, en una casa que yo mismo había construido, a orillas de la laguna de Walden en Concord (Massachusetts), y me ganaba la vida únicamente con el trabajo de mis manos. En ella viví dos años y dos meses. Ahora soy de nuevo un morador en la vida civilizada”.

Thoreau, disidente nato, para quien, lejos del capitalismo, consideraba que en la naturaleza está la preservación del mundo.

«Hoy en día uno se encuentra con profesores de filosofía, no con filósofos»

Toda su obra es una oda a la austeridad.

«Hubo un pastor que vivía

manteniendo sus pensamientos tan elevados

como los montes en los que sus rebaños

se alimentaban todo el día.»

«Cada mañana era una alegre invitación para hacer de mi vida algo tan sencillo e inocente como la naturaleza misma.

Había momentos en que no podía sacrificar el esplendor del instante por ningún trabajo, ya fuera manual o intelectual. Me gusta que mi vida tenga un amplio margen, a veces , en una mañana de verano, tras mi baño de costumbre, me sentaba en el umbral soleado desde el amanecer hasta el mediodía, absorto en una ensoñación, entre pinos, nogales y zumaques, en una soledad y calma perfectas, mientras loa pájaros cantaban y revoloteaban sin ruido en torno a la casa, hasta que la entrada del sol por la ventana o el sonido del carro de algún viajero en la lejana carretera, me traían de nuevo al presente.

Mi modo de vida me ofrecía al menos, una ventaja sobre quienes para divertirse están obligados a mirar afuera, hacia la sociedad y el teatro, pues mi propia vida llegó a ser mi diversión y nunca dejó de aportarme cosas nuevas.

Creo que es saludable estar solo la mayor parte del tiempo. La compañía, incluso la mejor, se hace pronto cansina y nociva. No he encontrado un compañero que me acompañe mejor que la soledad. Normalmente estamos mas solos cuando nos reunimos con los demás que cuando permanecemos en casa.

Con mi experimento aprendí al menos que quien avance confiado en la dirección de sus sueños y acometa la vida tal como la ha imaginado recibirá a cambio una gratificación que no le otorgará el tiempo ordinario. Dejará atrás algunas cosas , cruzará una frontera invisible, leyes nuevas, universales y más tolerantes comenzarán a regir en su interior y a su alrededor, o se modificarán las angustias, interpretadas en su beneficio, en un sentido más generoso , y vivirá con la libertad de la que gozan seres más elevados. Conforme simplifique su vida , las leyes del universo parecerán menos complicadas y la soledad ya no será soledad, ni la pobreza tal pobreza, ni la debilidad tal debilidad. Sí construye castillos en el aire, su obra no se perderá ; ahí están bien edificados. Qué tan solo ponga ahora los cimientos bajo esos castillos.«

No tuvo una profesión fija, aunque practicó varias; se rehusaba a renunciar a su gran
ambición de conocimiento y de acción a cambio de un oficio estrecho
o limitado; su vocación era mucho más amplia: pretendía ejercer el
arte de saber vivir.

Preocupado por lo que creía que era una crisis moral, Thoreau abogó por la vida sencilla y la contemplación de la naturaleza como un camino para lograr la plenitud y la tranquilidad. «Fui a los bosques porque quería enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no fuera que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido (…)”. 

Tía Encarna

Hoy, la protagonista de esta entrada es mi tía Encarna, una mujer sencilla y con una sensibilidad hacia los animales muy por encima de la consideración que entonces se tenia de la vida de estos, sobre todo en los pueblos, en concreto, en un pueblecito de la provincia de Huelva, llamado Villablanca. De él mantengo de mi infancia, poquitos recuerdos, debido a mis escasos años, cuando pasábamos de visita a su casa de camino a nuestras vacaciones de verano. Una casita pequeña y rústica, con un dormitorio con dos camitas, un saloncito de suelo empedrado, y al fondo, lo que más me gustaba, su corral, donde se encontraba un pequeño aseo y la cocina, y al final, un gallinero ya en desuso. Recuerdo que me sorprendía que la puerta de la calle siempre permanecía abierta, sólo separada por una cortina, y con la tranquilidad de saber que nadie iba a traspasarla sin permiso. También, me sorprendía ver la curiosidad de sus vecinos cuando llegábamos en coche, asomándose a sus puertas , y los que permanecían sentados en una sillita de enea, viendo pasar el dia, conversando con otros vecinos u observando en la tranquilidad de la soledad.

Recuerdo, la cantidad de gatos que se asomaban al corral buscando comida que mi tia les dejaba, gatos que entraban y salían de la casa hacia al tejado y huían despavoridos nada más vernos como quien viese la mayor de sus amenazas. Gatos que sólo mi tia conseguía que se sintieran seguros en su presencia.

Tambien recuerdo con el cariño que nos preparaba ese dia, su puchero, que con tanta elaboración nos hacía siempre, y su generosidad, su regalo al despedirnos, un juego de sábanas o toallas que compraba a los vendedores ambulantes y que nos lo guardaba cada año con tanto mimo en un baulito en forma de ajuar.

Tita Encarna, qué poquito te conocí, pero qué bonito capítulo rellenaste de mis recuerdos de infancia…

Hombre de piedra

Cristina Lucas: «Sag-giga»

Me convertí en piedra en defensa por preservar mi vida,

por emigrar a un cielo abierto, atravesando el estrecho que separa mundos,

y hallarme hundido en la oscuridad, en la confusa sombra de una mañana sin alba…

Nómada viajero sin conciencia de exilio…entre ataques y defensas, no recuerdo sueños ni memoria…

En el camino de silencio…entre el abismo y desamparo, observo la negrura del horizonte,

y en busca de aire fresco, me refugio, en esta última noche de exilio,

rodeado de una muchedumbre ciega, siento el peso de mi cuerpo,

y ya en el suelo, acurrucado entre mis rocosos brazos, respiré mi muerte.

(c)luzsobretodo

Luna

Luna es un personaje recurrente en la pintura de Eugenio Cuttica. Se trata de una niña de 9 años que simboliza el despertar de la conciencia al mundo circundante, la pureza intuitiva y el aprendizaje. Aparece generalmente acompañada de una silla, elemento alusivo al conocimiento pero también al reposo, a la capacidad natural de la niñez para descubrir una realidad sin el peso de la construcciones sociales y los estereotipos culturales. Con esa sabiduría y sensibilidad intactas, Luna se convierte en fuente de luz, atributo de la fuerza espiritual y vital. Aura, halo, mandorla, corona…esta luz irradiada es recurso iconográfico común en diferentes tradiciones desde el cristianismo, al zoroastrismo o el budismo. Luz que establece una conexión equilibrada entre la esperanza y la verdad entre lo sagrado y la naturaleza como un único mundo o experiencia.

La representación de la naturaleza es una constante de Eugenio Cuttica, no es posible entender su obra y su pensamiento desligados del mundo natural. En ese caso, el personaje de Luna es el hilo conductor que acompaña al espectador en una experiencia tan mística como física del paisaje. En estos conceptos confluyen una vez más distintas disciplinas espirituales, de pensamiento y meditación.

Viaje a través de las diferentes formas del simbolismo pictórico desde las primeras vanguardias, la literatura intertextual latinoamericana, de los maestros de la pintura contemporánea a la influencia del neoexpresionismo alemán y los salvajes. Un viaje o evolución plástica que coincide con el propio traslado del artista desde su tierra natal a la ciudad de Nueva York, de la tierra proveída a la tierra buscada de lo que deriva en una reflexión permanente sobre el lugar y el tiempo habitado, la existencia y la trascendencia del arte.

La naturaleza dadora, exhuberante pero también compleja, representada con un orden y escala que simbolizan el dominio del ser humano, la idealización de una realidad casi fantasmagórica y una ecología excesivamente estructurada. La tierra de los grandes cultivos, de la abundancia económica y la pobreza social. En estos paisajes interpretados como grandes escenografías o espacios de silencio se ordenan en niveles que diluyen entre las fronteras entre la tierra y el cielo. Pinturas infinitas que contienen lo que el artista describe como ensayos de emanación energética, una búsqueda del sentido o realidad última que trasciende la apariencia concreta.

En contraposición a la tierra extremadamente ordenada, se presenta la renovación botánica protectora, exuberante y esperanzadora. En estas escenas donde se cruzan dos imaginarios, la presencia de Luna es traslúcida, etérea, como su mirada.

Eugenio Cuttica, hace una reflexión sobre el concepto de eterno retorno asociado a la orientación del ser humano hacia lo absoluto, a la idea de estructura temporal cíclica. La vida es un recomienzo permanente, la transcendencia entre un instante y la eternidad, entre la concreción y la abstracción. Un viaje donde el tiempo es voluble y traslúcido como un juego de transfiguración, como sábanas tendidas al viento.

Eugenio Cuttica interpreta en esta serie de enormes lienzos donde predomina el blanco y el negro ese tiempo profundo en que nos enfrentamos a una existencia intacta y esperanzadora. Un viaje autobiográfico en base a la relación relato-imagen y el renacer como eclosión de luz y color que atavisesa las máscaras y los cuerpos. Revelación última de la esencia, belleza y virtud del ser humano. La pintura como símbolo, prueba y respuesta.

Nota: Exposición «Epifanias» en la Fundación Cajasol de Sevilla.

¡Feliz 2023!

Iniciamos 2023 con este calendario, que es también un homenaje de mis creaciones de Animaleda al gran Ibáñez, y con una muestra de los perritos realizados durante el año pasado, mediante la técnica needle felting. En nuestra particular visión del edificio de la 13 Rue del Percebe, ponemos como portero a un Pitbull, y en la tienda de ultramarinos a un Bodeguero, hay un Caniche en la peluquería, y un Téckel divisa a un gato que asoma, e incluso una pequeña ratita que se aproxima al edificio.

Podéis ver más creaciones de Animaleda en:

https://www.instagram.com/animaleda.art/

Una madre, una ilusión


A mi madre

Porque siento que en los cielos
los ángeles susurrándose entre sí
no encuentran entre sus ardientes palabras de amor
ninguna tan devota como la de “madre”
largo tiempo con ese querido nombre te he llamado
a ti que eres más que una madre para mí
porque llenas el corazón de mi corazón, donde la muerte te colocó
cuando dejó libre el espíritu de mi amada Virginia.
Mi madre, mi propia madre, muerta temprano
fue solo mi madre; pero tú eres la madre
de la mujer que tanto amé y así eres más querida que la madre que conocí
por esa eternidad con que a mi esposa
la idolatró mi alma más que a su propia alma.

Edgar Allan Poe


Como a toda madre, a Elizabeth Arnold le alegraría saber que hoy día en gran parte del mundo sigue su hijo Edgar Allan Poe, inspirando a tantos escritores, y en concreto, que haya mecenas que colaboren con este bonito proyecto creado por Félix Molina para el nacimiento de su primera novela, con la misma ilusión con que ve una madre el nacimiento de su hijo.

Apoya este proyecto y conviértete en mecenas de «Poe no ha muerto»:

https://vkm.is/poenohamuerto

historia de un piano

 

El piano de esta casa tiene toda una vida que contar. Pertenecía al maestro Braña y fue una adquisición de mi madre, el regalo que siempre deseó tener y que, ya de casada pudo cumplirlo. El piano conservaba su aire antiguo, elegante y distinguido con sus teclas de marfil, adornaba todo el salón y compartía su melodía en las las tardes durante los estudios de mi madre del conservatorio. No obstante, me trasmitía cierta languidez escucharlo, quizás fuera por sus monótonas y constantes repeticiones, intervalos y silencios.

Al tocarlo, el salón debía permanecer cerrado y no se podía abrir. Solo a través del cristal merilado de la puerta se dejaba ver su negrura resplandeciente que parecía albergar toda la estancia.

Sobre él había un busto de Chopin, el cual parecía vigilarlo todo con su mirada solemne y penetrante; parecía controlar tus pasos y dirigir su mirada…

Enmudeció hace ya varias décadas, quedando solo como objeto de decoración, y transformando su apariencia en modernidad. Aún en algunas noches tardías, de madrugada, me parece escuchar un intento de su voz desafinada y grave, salir de los más profundo de su ser.

Ⓒtexto: luzsobretodo

 

¿Dónde estás?

¿Cuándo viene abuela?… Cada vez que le hacía esa pregunta un inmenso vuelco le sobrecogía el alma. Al principio, su madre le respondía con evasivas…que está en el hospital…ya vendrá…pero el tiempo pasaba y no volvía, y lo peor, tampoco se hablaba de ella. Hacía meses que la butaca permanecía vacía, aquella en la que le gustaba sentarse con su nieta mientras compartía tardes de dibujos y golosinas…que las noches se hacían frías sin acudir a acostarla y contarle un cuento. Un día, mientras la niña correteaba por la casa ensimismada en el juego, instintivamente se dirigió hacia el lavadero donde la abuela solía pasar tiempo limpiando la ropa en una pila antigua.  Abrió la puerta y allí estaba ella, de pie, mirándola de frente, con su expresión apacible y tierna como si quiera abrazarla y explicarle su ausencia, o quizás despedirse… De forma impulsiva, la pequeña se dio la vuelta y salió corriendo hacia la cocina donde se sentó en una silla, paralizada por la inexplicable aparición, mientras su madre seguía absorta fregando los platos, en medio de ese silencio, sobrio y denso… En ese instante comprendí que a mi abuela no la volvería a ver más.

Para mi abuela…y todas.

Ⓒtexto: luzsobretodo