A veces se tiene la sensación de que el tiempo gira como loco, las manecillas del reloj parecen cobrar vida propia y emprenden su propio camino a considerable velocidad.
La noche del pasado domingo fue antesdeayer, parece que ha pasado un siglo, pero sólo han trasncurrido 48 míseras horas en las que ha dado tiempo a casi todo. Obviamente, el PSOE ganó las elecciones generales, no por goleada, pero introdujo más veces el esférico en la portería contraria que los rivales acertaron a introducir el balón en la meta de Zapatero. El marasmo de los datos, la velocidad a la que las informaciones se suceden, hacen que perdamos la perspectiva de las cosas.
En el bando socialista, y mira que me alegro de su victoria, cuentan como gran logro sus excelentes resultados en las dos comunidades más pobladas de España: Andalucía y Cataluña. En ambos territorios, especialmente en el último, la distancia a la que han logrado dejar a su principal adversario, el PP, ha sido clave para revalidar un segundo mandato para José Luis Rodríguez Zapatero. Otras victorias, como la cosechada en Aragón, han pasado mas inadvertidas por su pequeña repercusión en el cómputo global, pero asientan una idea central: a la hora de votar hay dos Españas.
La España productiva, la de la industria, la de la tecnología, vota PSOE. La España del ladrillo y los servicios vota PP. La España donde se incardinan, con mayor o menor intensidad, dos realidades terrritoriales como son el hecho de ser españoles y, a la vez, tener una conciencia regionalista o nacionalist, vota PSOE. La España que se rompe, que se tienta la ropa cada vez que se pone en mínima cuestión que nuestro país no es una unidad de destino en lo universal, vota PP. Los conservadores pueden exhibir como gran logro su triplete ganador: Madrid, Murcia y Valencia. Cito los datos de memoria, pero la ventaja popular obtenida por los populares en Levante es un escaño menor que la que, fíjate que cosas, consiguen los socialistas aragoneses en su tierra. La ventaja de tres escaños en Murcia y otros tres en Madrid palidece ante la arrolladora apisonadora del PSC en Cataluña, lo mismo que el histórico resultado de los socialistas vascos deja, literalmente, en la cuneta al PNV y al PP de Euskadi.
España no se termina en la Plaza Castilla, más allá de las grandes casas de la señorial calle Serrano madrileña hay vida inteligente. Yo, aragonés venido a Madrid donde estoy y estaré durante muchos años y donde se vive fenomenalmente, pienso una cosa: señores del PP, si pretenden volver al gobierno de mi país tienen que tener una cosa muy clara, tan españoles son sus fieles votantes de Madrid capital, los de Parla según dijo Curry Valenzuela en Telemadrid deben ser menos madrileños y menos españoles, como los que vivimos en ese agujero negro que para ustedes es todo lo que no es Madrid y las playas donde van a remojarse en verano.
P.D. Mariano Rajoy va a la suya, según parece. Ya tengo el título de mi próximo post «Sostenella y no enmendalla»