Vale, 2026, vamos a hablar tú y yo claramente, en plan colegas, porque esto ya roza la broma pesada.
Querido 2026:
Mira, vengo de un 2025 que ha sido un auténtico tour turístico por centros sanitarios.
Te lo digo desde ya: en 2026 quiero SALUD. No te pido correr maratones ni hacer yoga sobre una montaña al amanecer; solo quiero que el hospital deje de ser mi segundo domicilio. Bueno, sé que alguna visita toca al año por mi amiga artritis, pero lo del 2025… por favor, que esta amiga ya es muy completa, muy jodidamente chunga cuando se cabrea, no sabes qué carácter se gasta, mucho peor que el mío… sino te lo crees pregunta a cualquiera que me conozca… bueno, a cualquiera no, mi familia y los del trabajo ya saben que tengo un hermoso mal carácter.
Pero sobretodo te pido que des un respiro a mi hijo, a ver si le dejan de mirar por dentro como si fuera un documental y todo sale bien, clarito y tranquilo. Que ya está bien de sustos, que el chaval tiene 25 años, no 85.
Peeeero, también quiero toneladas de tranquilidad laboral, este 2025 hemos vivido meses de incertidumbre y realizado un máster acelerado en “cómo aguantar sin volverse loco”. En 2026 te pido que haya curro estable y que pueda respirar sin pensar cada día si se hunde el barco. Un poco de estabilidad, que no todo en la vida tiene que ser “plot twist”.
Y por si 2025 se había quedado corto, ahí va el bonus track: en febrero tengo examen para funcionarizar, después de 20 años con plaza fija como laboral, como si no tuviera ya suficientes emociones fuertes. Así que, 2026, te pido concentración, memoria fresca y cero brotes raros justo esa semana, ¿vale?
Y, para mi madre te pido algo muy claro: fuerza, tratamientos que funcionen y momentos de calma en medio de tanta prueba y tanta palabra rara. Que ya hemos cumplido de sobra el cupo de sustos médicos en esta familia.
Así que, querido 2026, te lo resumo, por si te despistas:
• Menos urgencias, más sobremesas.
• Menos pruebas médicas, más paseos tranquilos.
• Menos sustos laborales, más calma y buenas noticias.
Y si te sobra algo de suerte, mándanos un extra: que sigamos riéndonos, incluso de todo esto, porque si algo hemos demostrado es que, por muy torcido que venga el año, aquí seguimos, de pie, cansados, pero con ganas de seguir dando guerra.
Firmado:
Una mujer de 53 años oficialmente harta de hospitales… pero todavía con mucho sentido del humor.



