El Papa Francisco ha dedicado este fin de semana el último gran evento del Jubileo de la Misericordia a las personas excluidas. En su discurso el Santo Padre resaltó las pobrezas de la sociedad actual y la dignidad y valores de los más humildes.
Poca difusión le han dado a este hecho los medios de comunicación y como bien dice el Papa «es para preocuparse cuando se adormece la conciencia y no se presta atención al que sufre junto a nosotros o a los graves problemas del mundo, que se convierten solamente en una cantinela ya oída en los titulares de los telediarios»
Quizás sea porque en realidad «las guerras se hacen entre ricos, para tener más, para poseer más territorio, más poder, más dinero…» y “la pobreza más grande es la guerra, la pobreza que destruye”.
También habló de una injusticia que debe alarmarnos a todos, «la esclerosis espiritual» que se apodera del ser humano cuando se centra en las cosas materiales «que hay que producir», en lugar «de las personas a las que hay que amar».
Y nos resaltó la grandeza del corazón del humilde. El Pontífice admiró cómo los más pobres son capaces de encontrar la belleza de la vida en las situaciones más complicadas. “Eso significa dignidad”, subrayó. “Cuando hay mucha riqueza, uno se olvida de ser solidario, porque está acostumbrado a que no le falte de nada. La pobreza te hace solidario y te hace extender la mano a quien está pasando una situación más difícil. ¡Enseñen solidaridad al mundo!”, les exhortó el Papa.
«LIMPIEMOS NUESTRA VIDA DEL ANSIA DE COSAS MATERIALES Y DEJEMOS FLUIR EN NUESTRO CORAZÓN EL AMOR QUE NOS UNE EN LA VERDADERA FELICIDAD»