Entrevistador: Sr Newton, le voy a hacer unas pequeñas preguntas de introducción para que le conozcan un poco más nuestros lectores.
Sir Isaac Newton: Muy bien.
E: ¿Qué día nació usted?
N: Depende del calendario, como diría Pau Donés todo depende.
E: Pues con el gregoriano mismo.
N: Pues un 4 de enero de 1643, en Woolsthorpe.
E: Ahora díganos, ¿Qué recuerdos tiene usted de su padre? ¿Cómo le influyó?
N: No conocí a mi padre, murió un año antes de nacer yo.
E: Lo siento, no lo sabía.
N: No pasa nada, no hace falta que se disculpe.
E: Entonces, ¿Quiénes fueron sus referentes?, ¿A qué personas admiraba?.
N: Las lecturas que más me influyeron se las debo a William Oughtred, con su Clavis mathematicae y la Aritmética de John Wallis.
N: Ah, y se me olvidaba por supuesto Descartes y Geometría .
E: Algún enemigo en todos éstos años.
N: Bueno solamente tres Hooke, Leibniz y la Iglesia.
E: Nos puede resumir que le pasó con cada uno.
N: A Hooke le casqué un OWNED, él me empezó a hablar de la gravedad y yo me puse de lleno con ello a estuadiarlo y publiqué el Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.
Leibniz era un pesado, cada vez que tenía ocasión me decía que el era el inventor del cálculo y tal, por supuesto yo fui primero.
E: Y con la Iglesia ¿Qué le ocurrió?
N: Prefiero no hablar de ello.
E: Bueno, pues cuéntenos un poco la famosa historia de la manzana.
N: Es una historia cierta, estaba yo debajo de un manzano, cayó una manzana y me dije ¡coño!, cuál será el motivo de qué siempre la manzana caiga perpendicular al suelo, y no hacia un lado, o hacia arriba. Reflexioné y supuse que la razón tenía que estar en la Tierra, tenía que haber una fuerza de atracción en la materia.
E: Entonces según usted las mujeres son más atractivas, cuánta más masas tengan.
N: Sí. (Ríe)
E: Algo más que quiera decirle al mundo.
N:
«No sé cómo puedo ser visto por el mundo, pero en mi opinión, me he comportado como un niño que juega al borde del mar, y que se divierte buscando de vez en cuando una piedra más pulida y una concha más bonita de lo normal, mientras que el gran océano de la verdad se exponía ante mí completamente desconocido.»



Debe estar conectado para enviar un comentario.