El amor hacia nuestra pareja es bonito, pero corrupto desde el principio. Incluso el primer amor que sentimos hacia otra persona nace viciado, generalmente por el afán sexual o reproductivo. Nos enamoramos y, sin saberlo, inconscientemente empezamos a exigir incluso antes de ser correspondidos: exigimos ser correspondidos, atención, afecto, sexo, lealtad, fidelidad, amor, preferencia, tiempo y mil cosas más, inmateriales y materiales.
En una sociedad edonista, decadente, corrupta, viciada, viciosa, estúpida y en vías de extinción como la nuestra, creemos que el amor se reduce a nuestra media naranja, esa que antes nos completaba y que ahora nos dicen que nos complementa, porque si nos completa somos fachas o no sé qué. Yo mismo pensé que encontrar a esa persona, «the One» le llaman los pérfidos anglos, sería lo más grande y bonito. Pero no.
Ese vicio primigenio es el que hace que el amor se reduzca a cenizas que, en el mejor de los casos, se transforma en cariño leal y fiel. La llama que se apaga en más o menos tiempo. Por eso ese amor se puede reemplazar, incluso aunque no se olvide nunca y siempre deje su impronta en nuestro comportamiento posterior para con otras parejas. Y sí, eso es amor. Quizás amor carnal, pero no amor verdadero. Puro.
El amor puro, entendido como la máxima expresión de un ser, no exige nada a cambio y, sin embargo, todo lo da. Hasta la vida.
En nuestra mierda de civilización postmoderna nos empeñamos a desnaturalizar al hombre. O ser humano, para que ningún o ninguna comemierdas se sienta excluida. Pensamos que ese amor carnal es el que debemos perseguir, y quienes nos insisten, motivan y guían hacia esa meta saben que es similar al castigo de Sísifo, por más que suba esa puta roca, siempre va a terminar cayendo y siempre va a tener que ir a por ella, inasequible al desaliento. Así, logran picos de euforia entre valles de depresión. La receta perfecta para consumir en pos de olvidar la miserable vida que nos imponemos.
Tener un hijo es planteado como la mayor y más difícil de las empresas, no solo por lo desagradecido del asunto, sino también por lo caro. Y más caro que nos lo ponen los hijos de puta que mueven los hilos de nuestro sistema. No tengas hijos, esa es la consigna. Por si fuera poco, los mayores traidores y descerebrados de nuestros políticos afirman con descaro que los hijos no son de sus progenitores -terrible es pensar que han sido dos hijas de puta las que lo han dicho-. Así que no, no tengas hijos, mejor un puto gato que te consuele con su apatía y desidia. No te plantees tener una meta más elevada en tu vida, un propósito por el cual merezca la pena luchar contra la mierda que te hacen tragar día a día.
Quédate solo y sal ahí fuera a consumir cada vez que te hagan comulgar con ruedas de molino. O mejor aún, consume desde una casa compartida con desconocidos y paga tus impuestos y alquileres. No formes una familia sólida. No trates de mejorar las cosas ahí fuera para dejar un mundo mejor a tu progenie, mejor cumple los postulados con los que te bombardean día a día los medios afectos al régimen. Cómprate un coche eléctrico, hombre, que yo te diré hasta dónde puedes ir y cuándo puedes cogerlo. Separa tus desechos, que yo veré si los reciclo, los vendo o los entierro juntos donde me dé la gana. Pon placas solares, que yo te subiré la tarifa de la luz con nuevos impuestos. Vota cada cuatro años, que yo me aliaré con quien dije que no haría para vender por parcelas el país. Aprende idiomas, que luego no podrás ejercer en tu propio país por no haberte molestado en estudiar una lengua que solo hablan cuatro gatos. Escucha música moderna que banalice el amor, o mejor aún, escucha música que no se entienda. No fumes, no bebas, no tengas relaciones. Trabaja donde puedas y paga. PAGA y MUÉRETE PRONTO. Sobras, ahora que hay máquinas, inteligencia artificial y estamos al borde de la singularidad tecnológica, SOBRAS.
Y yo te digo, apaga todos los aparatos de mierda que tienes en casa. No veas vídeos de entretenimiento, ni de política. Lee, ve vídeos que te formen, haz deporte. ¡DESPIERTA! ¡Hazte fuerte física, moral y mentalmente! Están ganando la guerra por nuestra desidia acomodaticia, no por su fuerza ni por la validez de sus intereses.
Y yo te digo, sé revolucionario, busca el amor verdadero. Ese que solo se puede sentir cuando dejas una parte de ti para que continúe preservando tus genes, los genes de tus antepasados, de tus ancestros, los genes del ser más elevado que ha visto este trozo de Universo. Hazte fuerte, forma una familia y conoce el amor verdadero reconociéndote en la mirada del ser más bello, noble y puro que verás jamás, tu hijo.
