Golpes de alarma en la puerta le avisaban que tenía que evacuar el edificio por un incendio. Una vez a salvo en la calle, comprobó aliviada que llevaba consigo su nuevo teléfono móvil. Agarró el aparato e inmortalizó el devastador suceso. Fue entonces, que vio a su hijo, asomado al balcón pidiendo auxilio.
















































