La vimbia no se extingue
no renace
su estrategia es ser invisible
la transparencia de la costumbre
olvidaremos su nombre
sus pequeñas hojas botarán
y su tallo vibrará
reverberará en la niebla
antes de que salga el sol.
La vimbia no se extingue
no renace
su estrategia es ser invisible
la transparencia de la costumbre
olvidaremos su nombre
sus pequeñas hojas botarán
y su tallo vibrará
reverberará en la niebla
antes de que salga el sol.
Todos vamos hacía algún lugar
tú también
En una estación de trenes
solo hay dos direcciones
a veces una
Buscabas algo para beber
en las latas olvidadas de la gente
Ha llegado mi tren.
Los murciélagos vuelan juntos
vienes desconcertada buscando tu sitio
mientras vuelan parecen electrones
te detienes y sigues pensativa
dónde duermen los murciélagos
has encontrado el asiento
vuelan al amanecer
te veo a mi costado derecho
vuelan al ocaso
me fascinan los murciélagos
…la gente que piensa y busca
serán murciélagos celtas
serás mujer celta.
No miran por las ventanas del tren,
temen verse.
Ver afuera sus múltiples yo
Soy un superhéroe, no soy un superhéroe, soy un superhéroe, no soy un superhéroe, soy un superhéroe, no soy un superhéroe, soy un superhéroe, no soy un superhéroe, soy un superhéroe, no soy un superhéroe…
*Para nanoediciones.com
Si le acariciabas sus mofletes de coneja,
levantaba la oreja en vertical,
marcando las 12 en punto.
Meche sabe guardar, ella es un cofre, un delicado jarrón, un precioso plato de barro, un tendedero en la azotea, una bolsa de pan de La Flor.
Lo que guarda después lo da, seguro lo da, porque ese es su ciclo.
Sabe escuchar porque sabe guardar.
Los pájaros los saben, las mariposas, las lombrices, el tallo de las plantas, las hojas y las flores, todas van a su balcón a contarle historias.
Meche es meteoróloga de historías.
Conoce el momento justo de darte aquella foto, aquel recorte, ese pedacito, que al verlo te llueve la vida entera.
Meche sabe guardar, por eso pidió una caja de madera de su tamaño,
solo la madera sabe guardar tan bien como ella…
Me bañaba un poco antes del medio día
había que subirme al tren rumbo a Urdaneta.
Salí mojado y con calor, como casi siempre,
mi cabello largo escurría.
Sonaba el casete que Pavel me prestó.
Una guitarra quebrada y voz, voz quebrada,
como cuando pronuncias la víspera de la muerte.
Decía que pronto quedarían dos tazas,
en ese momento eran tres.
Té para tres. Té para tres.
Siempre lloro con esa canción, a veces las lágrimas llegan a los ojos,
otras no, pero siempre lloro.
(Té para tres es un tema de Gustavo Cerati, publicado en el disco «Canción Animal» de Soda Stereo)
La videocasetera con la escena de Rocky contra Drago.
Unos chococrispis con leche
los ojos llorosos del frío de madrugada
subirme al 214 y verla a ella. Un año tan mayor
Besos en la mejilla…
Y amanecía
horas y horas sentado
esos chalecos azules tan incómodos.
Dibujar, dibujar
era la 14
todo sabía a chocomil
Habían murales.
Desde el balcón casi a diario lo veo
viene de lejos, delgado, frágil y distinguido
como un principito galego de siete décadas
su cabeza adelanta sus pies
seguro va a ver el tren
siempre lo hace,
porque siempre pasa el tren
Hoy levantó la cabeza
me miró.
Buhigas me miró.