Ms Battuta is back! ¿No te lo crees?

Desde 2015 no escribía en este blog. Lo di por perdido durante mucho tiempo: a él, a mis textos y recuerdos y a todos ustedes. Tecleaba «msbattuta.com» y en lugar de Milady aparecía una marca de zapatos italianos. Ni rastro de la viajera con síndrome de clase ciclista. 

«Seguramente te hayas olvidado de pagar el dominio y lo compró otra persona», dijeron dos expertos web. 

Lo asumí con bastante dignidad, he de decir. No cogí a puños al computador ni exploté en llanto desconsolado balbuceando ¡¡¡¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?!!! pero sí recordaba de vez en cuando mi espacio virtual en el que vertí tantas letras, horas de mi vida, pasión y sentimiento. 

Un poco de historia…

En verano de 2015 yo retransmitía por acá mi viaje por Georgia y Armenia en bicicleta. Steven, mi amigo colombiano muerto en ese año, aparecía en esas líneas. Ese mismo 2015 yo cumplí la promesa que le hice: escribir la historia de Linda, su perra. “La vida es Linda” vio la luz en 2016, después de muchos avatares entre los que destacan la creación de mi propia Editorial para publicarlo y su financiación a través de una campaña de Crowdfunding  en un país maravilloso donde, por su historia, la gente no confía ni en su madre. A ese libro siguieron dos más en voz de Linda, esta vez sobre viajes: Linda, la perra viajera y Guía para viajar con humanos y no escapar en el intento. Mi voz, mi propia voz, quedó congelada todo este tiempo. Y entonces fue cuando una editorial aprobó el proyecto de escribir la historia de mi vida. Mi voz, tan calladita en los últimos tiempos, volvía a escena. La añoranza y ahora también cierta curiosidad analítica y autobiográfica hacia mi viejo blog se hicieron más acuciantes. 

Pedí ayuda a un informático: 

-Yesid, si tú quisieras recuperar un blog, ¿qué harías? 

Al cabo de un par de semanas llegaba un escueto mensaje: 

“Ahí tienes tu blog: msbattuta.wordpress.com”.

Los milagros existen.

En todos estos años solo estuve a un “wordpress” de distancia. Frente a mis ojos se sucedían mis fotos, mis textos, las categorías y palabras clave que un día creé. Pedacitos de mi vida compartida con ustedes, trocitos de memoria, testimonios de varias épocas determinantes de mi vida: la llegada a Colombia, la muerte de Steven, mi viaje de 4 meses por Asia en bicicleta. Lloré como una Magdalena al reencontrarme con el papá de Linda en párrafos y en imágenes. Igual que lloro ahora al escribir sobre ello. 

La odisea

Una cosa fue encontrar el blog y otra muy diferente fue recuperar el acceso. Esto último fue otra odisea de la altura de la Ulises, un viaje en el tiempo a través de mails que se remontan a 2014, direcciones de mail que ni recordaba y correo va, correo viene DURANTE 6 LARGOS MESES con soporte técnico. 

Confieso que escribí este texto de reencuentro antes de haber recuperado el acceso. Así de grande era mi convencimiento. 

Y acá estoy, en este espacio querido y familiar gracias a mi tesón, a más de 10 trabajadores de WordPress, a mi asesor del banco y al favor de los astros. 

8 años despues…

Han pasado muchas cosas en estos ocho años que no nos vemos ni nos leemos. Ya no soy una llanera solitaria galopando sobre Milady por Camboya y Vietnam, ni una joven bastante despistada recién llegada a Bogotá con muchas ganas de conocer el amor. Ahora tengo una manada de cinco miembros que incluye a Linda, dos gatos y una pareja ocho años más joven que yo. Desde hace tres años no me muevo por el mundo, sino por España. Ya no tengo un puesto fijo en la Universidad, sino que soy emprendedora. Ya no me dedico al Derecho penal, sino al Derecho animal, a la etología, al desarrollo personal y a la escritura. Antes sentía un profundo vacío y desarraigo, ahora ese agujero en el pecho se cerró después de haberme atrevido a ir, por fin, a Palestina. Ahora, además de un blog (otro) tengo varios libros publicados y dos canales de podcast (Yamila Fakhouri y Linda Guacharaca) y de videocast. No vivo en América, sino en Europa. 

Pero más allá de esos detalles sigo siendo la misma: sensible, curiosa, observadora, reflexiva… Sigo gestionando las situaciones más inverosímiles a través del humor, tengo algunas claridades más que antes. Y otras muchas preguntas. Sigo aprendiendo de la vida, de mí misma y del amor con cada vivencia y experiencia y sigo en búsqueda; igual que tú. Igual que todos. 

La única gran diferencia: ahora firmo y hablo en mi nombre. 

Salí del clóset. En un progresivo ejercicio de confianza, dejé de esconderme detrás de mi personaje colmilludo Linda Guacharaca y de las tres tes de Battuta para reconocerme, por fin, completa en todas mis facetas. 

Soy Yamila Fakhouri ¡y estoy encantada de reencontrarte!

En estos 6 meses terminé mi biografía. Se publicó a finales de 2022, igual que mi web.

Sigamos en contacto

Si quieres saber en qué ando y/o echar un vistazo a mi libro paséate por www.yamilafakhouri.com. Y si quieres mantener el contacto después de estos años, suscríbete, por favor, a la Newsletter. Es la forma de recibir entradas de mi nuevo blog o podcasts junto con alguna propuesta que quizás te llame la atención. 

Espero que la vida te haya tratado bien. Si quieres seguirme los pasos y unirte al diálogo, estaré más que feliz de saludarte. 

¡Un abrazo gigante y feliz año nuevo!

Yamila

Imágenes

La última semana trascurrió entre bromas, contarnos nuestras vidas, comer ensalada de pepino y tomate; noches en casas locales ocupando el cuarto con estanterías repletas de libros escolares, adornadas con enormes osos de peluche y fotos de los hijos que ya formaron su propia familia… Sigue leyendo

1 x 24 hrs. = 4

David, mi amigo con quien debo encontrarme en Tiblisi, capital de Georgia, no cogió el vuelo. Pegaron al avión con el finger al aproximarlo para embarcar, dañando la carrocería, por lo que se encuentra en proceso de chapa y pintura.

Mi apatía del día anterior sigue colonizando espacios; la melancolía invade ya mi habitación con vistas al nevado y la iglesia. Ya basta. Voy a levantarme y a retomar las riendas, si no necesariamente de mis emociones, al menos de los actos que puedan ayudar a disipar la neblina. Sigue leyendo

Meandros

Me duelen los gemelos, las caderas, los hombros, e incluso los músculos en torno a las sienes, imagino que de apretar los dientes por el esfuerzo de ayer.

Ya es mediodía cuando se abren las nubes grises y me animo a dar una vuelta sobre Milady en mi último día en Azbegi y, prácticamente, en Georgia, a las puertas del encuentro con David en Tiblisi para inmediatamente después, unirnos al resto del grupo en Alaverdi, Armenia. Sigue leyendo

Jordi

Antes de las seis me encuentro en la plaza dispuesta a abordar, a codazos si es necesario, un transporte que me suba a primera hora, junto con hordas de turistas que habrán tenido la misma idea, a contemplar, en la explanada de la iglesia, la salida del sol reflejándose el gigante blanco, y recorrer la larga distancia hasta el glaciar que habita sus faldas antes de que aumente la nubosidad con el inexorable avance del día.

Pero no. Sigue leyendo

De Georgia a la Patagonia

El día está, por fin, despejado. Decido ir a conocer la iglesia que se ve desde mi ventana, en una colina tan alta que desafía todas las leyes de la lógica, arropada por el imponente pico nevado, que aparece y desaparece entre brumas, a más de 5000 metros de altitud. Sigue leyendo

Velocípedo

Cuando no cae una tormenta cuacásica que hace temer por la llegada del fin del mundo, Kazbegi es un pueblito apacible, con vacas paseando a su aire por las calles, dejando sus boñigas en mitad de la carretera, que son habilmente sorteadas por conductores que parecen no poder separar el pie del acelerador. Sigue leyendo

Escenas de gasolinera

La vía se ensancha a medida que me aproximo a Kazbegi, la ciudad situada en un amplio valle. En lugar del famoso nevado de 5.087 metros y la iglesia más emblemática de Georgia, situada sobre una elevada colina, que debían recibirme, lo que encuentro es niebla que baja hasta tres metros del suelo por la falda de la montaña. Desde la protección de mi ropa de agua -impermeable rosa y el pantalón de plástico de mi padre, al que tengo que dar varias vueltas alrededor de la cintura para no pisármelo-, saludo a pastores, niños y conductores que pasan agitando la mano y tocando la bocina, con los que me cruzo. Sigue leyendo

«Él nunca lo haría»

El cielo amenaza lluvia, el tráfico vuelve a ser más intenso y toda la etapa correspondiente al día de hoy es de subida. Para mí, sobre todo después de mi pájara de ayer, no hay discusión: no pedaleo. El panorama se presenta tan poco atractivo que incluso Antonio cambia de planes y decide venir con nosotras hasta Kazbegi en algún transporte motorizado. Sigue leyendo

Alta tensión

-¡Parad si veis un bar!- grita López, sonriente, mientras ante nuestros ojos se suceden las casas destarladas que conforman nuestro edén particular; así como algunos paisanos que vegetan bajo un escuálido árbol, protegiéndose del sol de las tres de la tarde, a quienes saludo con una inclinación de cabeza que es respondida segundos más tarde, en el mejor de los casos. Sigue leyendo