EL JUGO

La mano que coloca el cuenco lleno de agua. Que posa el cuenco lleno de agua, en el suelo. La mano que va al lomo, acaricia, se esmera en el tacto. La gata que mueve la cola y bebe, se relame la boca. La mano que busca las plantas, que echa agua a las plantas y toca, cada hoja mojada. El agua que empapa la tierra y decanta, todos los fondos. La mano que siembra, a pesar de la niebla, la escarcha, la muerte. La mano que sigue empeñada y remueve el caldito de pollo. Están los monstruos, la herida, el pellejo, la envidia. La mano que tira del alma y obliga. A continuar esta historia. A buscar, en la historia, la veta. A horadar, en la historia, la veta. Hasta el manantial. Está todo lleno de sombras. Por eso, niña, la mano se agarra al agua, a la planta, a la sopa. Para sentir. El jugo. Y la lengua se mueve en el paladar tantas veces. Para salivar. Caldo, manantial, saliva. La mano buscando tesoros. Entre los cierzos.

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LA SENSIBILIDAD DE LOS MALDITOS

No conozco tu historia. No puedo decirte recuerdas cuando fuimos a por setas. Y un sol grande como el pan nos calentaba la frente. Y sonaban las campanas en la ermita, al otro lado del valle. Qué fácil era la felicidad entonces, cuando todos estábamos vivos. Y la sangre era un rasguño fugaz, la risa. No puedo decírtelo porque no sé quién eres y tengo las uñas sucias. El dolor suficiente para entender y callar. Tu angustia anida, crece, engendra criaturas sin nombre. Se agarra a tus raíces, como los hongos. Pretende ser tú hasta que huracán, terremoto, mano, la separa de cuajo. Y entonces la angustia- los hongos- se pudre. A los parásitos hay que dejarlos sin carne.

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SALVA LA ESCUCHA

«Y vemos que todo es perecedero, como estas moscas, mosquitos y otros insectos, como las hierbas y los árboles, que crecen y mueren. ¿Pero qué, entonces, diremos de aquellos? Existen otros, superiores, guerreros, eminentes, Reyes, también (…) ¿Pero qué, entonces, diremos de aquellos? Y no solamente éstos; se secan los grandes océanos, se caen las montañas, se mueve la estrella polar, se cortan las cuerdas del viento (que sujetan los astros), la tierra se sumerge y los dioses abandonan sus puestos. En un mundo así, ¿qué sentido tiene gozar de los deseos? A quien se sacia de estos placeres se lo ve retornar repetidas veces. Ten la benevolencia, entonces, de liberarme. En este Samsara soy como un sapo en un pozo sin agua. Estimado Señor, eres nuestro camino, eres nuestro camino.”

Maitri Upanisad.

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BANDERAS TIBETANAS

Con mi vida pequeñita, mi mandarina, mi falda de flores. Quizás no cruce el continente. Quizás no llegue a la cascada verde, al río terroso, al templo que hay en el culo del mundo. Puede que nunca pruebe el saltamontes crujiente, la cholupa jugosa, el rambután. No importa. Todo está dentro. Si quiero cierro los ojos y aparecen mil banderas tibetanas. Me hago un té caliente y observo. Los campos de arroz. Me siento en la habitación de siempre, el cojín redondo, la estantería y los libros. Ningún prodigio hasta que. Corro las cortinas y veo. La pureza celestial. Esta nube blanca se forma. Con el marfil de los dioses. Ahueco el pensamiento y tengo. Un silencio de jade.

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TOMEN PRESENCIA

Todas hacemos caca. Y la poesía se debe a lo real. Se me ocurre nombrar el pan, la caca, la basura, la sopa. Cuando quiero elevarme, sangro. Y la sangre me trae el dolor. Tengo frío, calor, sudo viruelas. Otro mes más, me tapo. Agarro con el puño la toalla. Que pase este trago. Mientras tanto, la mente se me queda a medias. Estoy en el limbo. Funciono con medio cerebro. Mi cuerpo es inmenso. Puedo sentir el latido de los dedos, el zumbido de los bosques, la aorta mayor. Cierro los ojos. La caca, la sangre, la herida en el vientre. Y siempre sucede de noche.

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LA CULPA DE EXISTIR

En la calle que huele a pan, voy pisando caracoles. Llueve pequeño y constante y salen los caracoles como diciendo agua. No quiero pisarlos pero ocurre. Para que yo viva han muerto arañas, mosquitos, pulpos, bichos vivientes. Es un olor a pan que llena los pulmones. No es el pan sino los bollos, las magdalenas tostadas, el chocolate derritiéndose en las napolitanas recientes. Todas las cosas que ya no como. Está floreciendo la borraja en los campos. Voy pisando caracoles. Existo y cargo con la culpa de existir.

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MATADERO NOSTALGIA

La señora necesitó tres intentos para levantarse de la silla. Estábamos en la tienda “Miel y polen”. Pero ya no venden polen. Yo solo quería arándonos rojos a granel. Estoy utilizando los arándanos rojos para ver si así me desengancho del chocolate. Pero nada. Las nubes corrían como chiquillos. Del viento. A mí cuando hace viento me entran ganas de escribir. La vida es más bonita.

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BUENO Y VERDAD

Nacimos para romper moldes. Ser madres de un perro. Despreciar el alcohol, el parloteo, los circos. Comer con las manos. Hacer yoga a las 6. Fuimos las primeras en no tener hijos. No engendramos carne ni huesos. Teníamos, en el vientre, cinco espigas, cien poemas, canela, cuajada, chile y lima limón. Con este Venus en Tauro. Amamos- tan alto- a los pájaros. Que nos pasan los días rezando. Para que haya insectos. Y pose el jilguero en los cardos. Amamos- tan fuerte- a los hombres. Que nos eriza el pelo su rostro. El cuerpo- tan rico- del hombre. Es miel para los labios. Caminamos- tajantes- los pasos. Que viviremos por siempre. Y además. Nos hicimos de roca. Bebimos leche de cabra. Echamos pezuñas. Cargamos los cántaros.

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UÑAS DE ACERO

En un callejón con viento suena la voz de un niño. Los pobres tienen las uñas de acero. De betún tienen los pobres las uñas. Voy, con mis sandalias planas, a buscar a mi amor. Mi amor tiene las sandalias planas. No se olvida la suerte con que una ha nacido. El cuerpo guarda el dolor y la suerte. Trabajo en el último barrio. Los pobres buscan en sus bolsillos sus carnés de identidad. Yo se los pido. Los dnis de los pobres se rompen. Las trizas se juntan con celo. Roban el celo los pobres. Voy con perfume de rosas a buscar a mi amor. No se olvida la suerte con que una ha nacido.

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LAS UVAS Y EL MULTIVERSO

Hay frío. Y hay forma. Pensé que podría ser siempre abejaruco. Volver las primaveras como si tal cosa, escapar al invierno. Engañarte. Aparentar que resisto. Que me importa el salario. Y la costumbre. No como churros, lo siento. No echo la lotería ni me interesa la Navidad. Me fijo, más bien, en las palabras, el tono de los silencios, el pulso de las personas. Me inspiran los cielos, el canto de los mirlos, el sol todo el rato. Podría vivir leyendo. Entro primero al corazón. Disfruto si, al final, entiendo. Aprendo de todos. Tengo una inteligencia extraña, maltrecha, inasible, abstracta. Incapaz de entender la lógica, la matemática, las señales de tráfico, la geografía, los mapas.

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