Regreso a mi sitio después de un invierno perruno de tos, gripe y otras mierdecillas (¡pero si no ha terminado todavía el invierno..!). Ahora mismo, arrastro una osteopatía en el brazo que vamos a ver… Pero sí, aquí estoy.
Habría querido un poquito más de Navidad, sin intrusiones televisivas, tan solo la decoración de pastores, ovejitas, niños y bolas brillantes con fondo musical suave o villancicos. Los pequeños mirando escaparates y el chocolate con churros… ¡ayss, el chocolate!
Nunca pensé que iba a gustarme tanto una Misa de Gallo. Me pasó otra vez, pero no fue una de Gallo, sino una Vigilia de Pascua, que tiene ese inicio tan paganoide con hoguera y todo… Uno de los ingredientes felices de aquella Vigilia fue que no estaba el cantor rasposo, sino un suave acento hispanoamericano… Esta vez, también.
Sin embargo, mi yo sola en los Jardines ha sido la nota dominante de ésta. Sin fuego.
Sé que me gusta el turrón (blando); las cosas que cocina mi hermano y llevar guantes cuando hace mucho frío. Cuando me olvido los guantes, se fastidia el gusto. Para consolarme, me han regalado unos mitones para escribir al teclado ¡y son de color rosa! ¡estoy contentísima!
Así que Mujerárbol sigue aquí, aunque sea nada más que por costumbre.
He pasado toda la Navidad griposa, sordeta y carraspeante como un motorcillo viejo, grr, chrrr, grr! El Jardín está imposible con la gripe y el viento del norte: el último día que recorrí los 4 km fue la semana pasada, y llegué a tiempo de ver una puesta de sol triste y heladora. Soledad absoluta. Me gusta el frío… hasta que viene con fiebre.
Ya vamos teniendo una Edad Media…
Mientras escribo a la pantalla, suena música de guitarra acústica. ¿Qué sería de mi sin mi querida Radio Art? Hasta soporto con paciencia el que repita ciertos temas musicales; con buscar otro canal de entre sus docenas, arreglado. Por cierto: estupendo el Gipsy jazz, una musiquilla que parece de los «felices años 20» y te pone las pilas en segundos. Para escribir, es mejor cualquiera de los melódicos o el «Arte griego», donde hay scores de cine compuestos por nativos de nombres imposibles que sorprenden mucho. Desde Vangelis y los «Carros de fuego» ha sido un acierto de maridaje entre Grecia y el cine.
Y una vez terminado el clip comercial… damos paso a la tontuna del día.
El panorama internacional está asqueroso, pero el nacional… está de risa, ¿no podíamos ser menos payasos/payasas? Parece que está en nuestro ADN, pero sobre todo en el ADN de esos muñequitos pazguatos que anidan en el Parlamento. A ver si se van de una vez, y ponemos a gente real, que sepa cuidar de NUESTRAS cosas de comer, las de todos, aunque sea por probar. Porque ahora es que ni por probar aciertan.
Leyendo de cabo a rabo el especial de «Celtas» de Desperta Ferro, un número ya antiguo, pero que siempre merece una segunda ojeada. Mucho Táin suena ahí dentro. Es decir: que el Táin suena a descripciones de geógrafos griegos, aunque no supieran dibujar mapas. Los redactores se pasaron haciendo listas. Los que sí sabían donde estaba el tesoro eran otros, unos pocos siglos después. Por eso la excursión al Mediterráneo les salió tan mal a los galos oficialmente saqueadores (Cf. Plutarco).
No sé si esa obra griega no será otro Táin, pero inverso. No la he leído, desde primero de carrera no leo nada de clásicos; mal, muy mal, lo reconozco. Sospecho un poco de que aparezcan carros en el Táin realmente existente, cuando parece que los hibernios nunca emplearon ese sistema de guerra, aunque sus primos de la Galia lo hicieran… Por favor, nada de fantasías no apoyadas en la investigación corriente y reciente: los escribas de Clonmacnois eran capaces de ir a la Galia y volver con un carro desmontado.
Tengo que regresar a César y a las Galias, pero de momento no me peguen en la cabeza: ya me vale con San Pablo, cuyas cartas también tienen su miga si se mira a través de las letras.
Cosas que echo de menos en invierno: un paseo por Cuenca; el censo de aves acuáticas; un paseo por Toledo; un paseo por el Sardinero. Una excursión a un sitio donde no haya estado nunca (propongo Lérida o Alicante o cualquier lugar de la Celtiberia rabiosa).
Habrá que volver a Villena, que sí conozco, aunque no sean fiestas, para consolarme…
Se hace una mayor, mucho mayor…. Ya, ni los sueños bastan, o al menos, son sueños que tienen menos calorías.
(Escrito hace más de una semana)