Son las 18:50, acabo de despertar tras otra noche más de mucho alcohol, confusión, lagunas y sexo, sobre todo sexo… y el peor de todos, el sexo sin amor.
Me pesan hasta las lágrimas que ayer derroché fugazmente en un momento de “delsiz”, que ya están secas. Últimamente todos los días eran sábados, hasta los lunes, como ayer y , es inevitable que los episodios como el de anoche ( que ya eran para mi una agridulce rutina) no me recordasen a mi gris infancia. Las palabras “lágrimas” y “sexo sin amor” o mejor dicho; “putas”, tenían demasiada importancia en mi vida.
Es por eso por lo que tengo que escribirlo en mi historia.
Saqué el Aston Martin de mi garaje privado y me dirigí hacia la Fountique.
Esta vez , ya llevaba yo el papel:
“ Cuando bajé de mi habitación sobresaltado por las voces sabía que no era otra discusión tonta. En Enero en Londres hace demasiado frío como para andar por nuestra casa helada sin abrigo; yo bajé totalmente desnudo.
La primera imagen mientras bajaba por la escalera fue la de mi madre, totalmente hundida ,derrumbada, desolada, la viva imagen de la decepción era ella, sobre el sillón y con la cara envuelta en lágrimas. Una mujer trabajadora ,bondadosa y enamorada de su marido, sobre todo enamorada de su marido, mi padre.
La segunda imagen que contemplé fue la de mi padre, arrodillado ante ella.
Él era la viva imagen de la mentira y el engaño, arrepentimiento quizá.
Sabía que tenía un diamante entre sus manos y estaba apunto de perderlo.
Sus salidas nocturnas empezaban a ser habituales, cada día una “reunión” o “horas extra”. Uno de esos días , él olvidó su maletín de trabajo en casa y mi madre, con su eterna bondad fue a su despacho a llevárselo.
Una vez allí creo que no hace falta decir más sobre lo que los ojos de mi pobre madre contemplaron.
Este episodio me marcó para siempre, no se si para bien o para mal. Quizá me forjó mi interior romántico y amoroso o tal vez me introdujo en el mundo de la mujer como objeto, tal vez. ¿Que si se pueden tener esas dos ideas a la vez? Tenedlo claro.
Jamás olvidaré aquel día, el verme desnudo sobre la escalera y mi cuerpo helado y a la vez ardiendo , aquella situación…
Y jamás me arrepentiré de haberla vivido.
Tenía 8 años.
Martes, cualquier otro día de Diciembre.