Un poco atrapada en la inercia me hallo. Mi cabeza se mueve a trompicones, no sé si porque la maltrato (¿o es que la mimo demasiado?) sin rutinas, porque la hago moverse en otros sentidos, ejercitando neuronas dormidas que se desperezan después de un largo tiempo de letargo, sin que pasase ni un sólo impulso nervioso por allí, ni lento ni rápido, nada.... un pueblo perdido en la nada porque una autovía de 4 carriles para cada lado horada la gris y gelatinosa montaña por un largo túnel claustrofóbico pero directo... directo al meollo.
Pues eso, que creo que tengo agujetas en el cerebro, y me siento atontada... jajaja. Quizá sean demasiadas horas de descanso y a destiempo, dejando que mi materia gris haga ejercicio en ese gimnasio que son los sueños. Sí, también podría ser.
También me he dejado colmar en mi lado sensitivo, irracional, animal y primario. Claro. Estamos de vacaciones, es tiempo de excesos...
Sin embargo me he vuelto más precavida, me cuido algo más, es cierto. No bebo demasiado alcohol, por ejemplo, porque me preocupan los perjuicios que me provoca, no puedo permitirme perder neuronas... por si el alzheimer... jajaja. Ni tampoco bañarme en el sol sin pensar que me haré vieja antes de tiempo, o que me producirá un cáncer de piel... Creo que con la edad me estoy volviendo un poco más miedosa, hipocondríaca por momentos... Pero el tiempo pasa, y tampoco quiero perder espontaneidad, no me quiero perder nada por miedo... Voy consiguiendo el equilibrio inestable, pero equilibrio al fin...
Que voy caminito de los 40... Ay... cómo pasan los años... Qué coño: ¡¡Cómo corren las décadas!!
Sitio común desde hace algún tiempo: tempus fugit. Me hago mayor. Estámosche ben... estamos de carallo!
Lo llevo con alegre resignación. Todavía soy joven, todavía es fácil colmar mis sentidos, todavía me fascina la vida, la muerte, la búsqueda de la razón, la poesía, la verdad y la magia, estas tres últimas mezcladas, por favor, pero no agitadas... Todavía busco el cóctel, todavía busco la justa medida de cada cosa, a sabiendas de que es la misma búsqueda la que es fascinante en sí, pues jamás tienes la justa medida cuando debes alimentar, contrarrestar un equilibrio móvil, móvil eterno, que jamás se para... y mejor, porque... si dejas de moverte, dejas de... ser.
Nunca se deja de ser... y siempre dejas de ser. Cambios eternos y continuos, pero siempre materia y energía, para aquí, para allá, transformándote, existiendo en tí y a través de tí, dejando de ser constantemente y siendo eternamente cosas distintas a cada minuto, porque eres eterna, pero distinta... jajajaja. Aissssss
De la profundidad más tenebrosa a la más iluminada y vulgar superficie, buceando, nadando o sencillamente a la deriva, flotando, dejándome mecer en el vaivén de las olas vitales, en medio de las mareas y corrientes universales de la existencia, ese infinito mar agridulce, tropezón de carne pensante (y no soy la única, lo sé) en este bullicioso y antojado cuasilíquido estado, caldoso todo, misterioso y fascinante.
Equilibrio activo y pasivo. A veces has de moverte, pero también has de saber ser objeto pasivo. Déjate querer, mujer, déjate querer. Y siempre aprendiendo... a nadar, a bucear, a flotar, disfrutando cada minuto.
Foto: mínimo paisaje desenfocado que invita a soñar... adivina qué podrá ser...
¿Una pista?, está bien: dulce y jugoso