LO QUE ME MOTIVA

La comida para mi es una pasión y esto hace que en muchas ocasiones tienda a tener sobrepeso.

Cuando estaba en la universidad, intente estar en mi peso ideal con diferentes tipos dietas, algunas saludables y otras que prometían verdaderos milagros sin ser lo que podríamos decir balanceada. Quería un cuerpo delgado y sin esfuerzo. Era muy floja, ¡Lo reconozco!

Y aunque me gustaba el ejercicio no tenía la disciplina ni la suficiente motivación para permanecer en un deporte que me llevara a estar delgada, que era lo que en el fondo yo quería sin importar mucho el cómo. Siempre había una excusa, algo más importante para no empezar a hacer deporte y cambiar mis hábitos alimenticios.

Así, ha pasado el tiempo y entre días de mucha disciplina y de flojera total, pienso que me faltaba una razón de peso, algo de fondo que me motivara a tomar la decisión, a comenzar.

Hoy, con treinta y todos menos algunos, por fin la encontré. He empezado a hacer ejercicio y a cambiar hábitos alimenticios, ya no impulsada por el deseo sino por la necesidad de estar mejor y aunque a veces la pereza me gana y la falta de tiempo no ayuda mucho, me gusta sentirme y verme bien.

Tengo cinco razones y un esposo para querer correr, saltar, jugar y estar llena de vida y energía.

EL PREMIO ES EL PARTO

Muchas personas me dicen que tengo cinco hijos porque no siento dolores en el momento del parto, pero al hablar sobre el embarazo no puedo alejar de mi mente aquella tenebrosa frase: “Parirás los hijos con dolor”.

Para mí, los embarazos son una enfermedad de 35 semanas.

Cada persona vive las diferentes etapas de su vida de una forma única. Para mí esta etapa, lejos de decir que es maravillosa, digamos que, sin caer tampoco en un pesimismo absoluto, es… Buena.

Cada embarazo ha venido con una cantidad de sufrimientos que solo pueden ser opacados por la felicidad de tener tu hijo en brazos. Ese preciso momento en que lo miras, es como si empezara a tener menos valor cada vómito, cada mareo y cada dolor; y como si su ternura tuviera la capacidad de borrar de tu memoria todo el sufrimiento por el que pasaste para llegar allí.

Muchas mujeres disfrutan su embarazo y viven esta etapa de una forma maravillosa, llena de ilusión y felicidad, luego en el parto, dicen sufrir muchos dolores; otras como yo, vamos de un malestar a otro, pero el parto es tan bueno que parece un premio. No sé qué prefiero y tampoco tengo elección, pero sé, que como sea, para mí lo vale 100%.

NATURALMENTE MADRE

¡Internet es una maravilla!

Me encanta poder compartir con personas de diferentes partes del mundo y encontrar personas que en muchas ocasiones, expresan mejor que yo, lo que he sentido al ser madre.

Sin embargo, cuando empecé a ver las experiencias de otras madres y a aprender términos que nunca había escuchado, realmente quede impresionada de todo lo que se supone debes y necesitas saber para tener un hijo.

Para mi ser madre, es algo que he vivido de una manera natural. Con cada hijo, ha ido creciendo mi instinto materno para saber qué es lo mejor para cada uno. Cada día aprendo nuevas cosas para ayudar a mis hijos, algunas son un hit, otras en cambio son un desastre, porque lo que le sirve a una persona no le sirve a otra así sea al hermano mayor.

Disfruto leyendo las experiencias de otras personas. Pero finalmente es mi instinto materno el que me muestra que es lo que mi hijo necesita. Hay muchos factores que influyen en las decisiones que tomamos las personas para actuar de esta o aquella manera, pero solo tú puedes saber que es lo mejor para tu hijo, porque nadie lo ama como tú.

Cinco Milagros

“Usted no puede embarazarse fácilmente y si lo hace, su embarazo será de alto riesgo por amenazas de aborto y alta probabilidad de parto prematuro”. Es lo que me dice el ginecólogo luego de una revisión tres meses antes de mi boda.

No puedo dar crédito a lo que estoy escuchando, estoy aturdida…

A lo largo de mi vida he tenido muchos sueños, pero todos eran pequeños en comparación con casarme y tener muchos hijos. Encontré al hombre de mi vida, que comparte mi ilusión de formar una familia numerosa. Y hoy, a tres meses de casarme recibo la peor noticia que me podían dar…

Haciendo un esfuerzo para no desmoronarme y entender cuál era el problema, empiezo nuevamente a escuchar al médico que está hablando de mi útero y sus problemas.

¿¡Problemas!? ¿¡Son varios!? Pues sí, eran tres, dos comprobados y el otro por comprobar tras unos estudios. El primer problema es que el útero tiene retroversión forzada esto puede causar infertilidad y puede ser causado por endometriosis que también puede causar infertilidad (Este es el segundo problema y sobre el que habría que hacer estudios) y el tercer problema es que el útero es bicorne lo que puede causar abortos y partos prematuros.

Salí desecha del consultorio, el panorama no podía ser más desalentador…

Después de hablar con mi futuro esposo que pese a este diagnóstico aun quería casarse (¡Un pan de Dios!) y con mi familia, fui a realizarme los estudios para ver la situación real del útero.

El estudio no se pudo realizar por que según el médico había una membrana sólida que impedía el paso del líquido para hacer el contraste. Si no pasan líquidos, no pasa el semen y el óvulo no puede ser fecundado, concluyó. Así que sugirió una laparoscopia, para ver que era todo aquello. Fui buscando solución a tres problemas y para hacer más terrorífico el cuento salí con cuatro.

Al volver donde el ginecólogo, viendo mi cara de tristeza me dijo: tienes dos problemas y ahora hay que descartar otros dos, ¿La boda sigue en pie?, ¡Si! Respondí. Bien, vamos con calma. Cásate, vete de luna de miel y en febrero después de fiestas de fin de año y de vacaciones retomamos.

No sé cómo lo hice, pero eso justamente hice. Me casé, viví una soñada luna de miel, pasaron las fiestas, las vacaciones y a fin de enero estaba embarazada, ¿Cómo? No lo sé, así como ocurren los milagros. ¡Estaba embarazadísima!

Muchas dudas quedaron despejadas y muchos mitos se cayeron. Pero lo realmente importante es, que a pesar de que en mi útero todo sigue igual, hoy tengo cinco milagros y ¡quiero más!

¿Por qué no?

“EL DICHOSO APARATICO”

¡Mi….! Es lo primero que pienso, cuando después de correr con mis cinco niños como una loca para llegar a una cita médica, la secretaria me dice con una sonrisa: “El doctor tuvo una emergencia, las citas están un poquito retrasadas”.

Y yo, tratando de no gritar de frustración pienso: ¿¡UN POQUITO RETRASADAS!?, después de realizar la carrera del siglo con cinco niños, estoy en la sala de espera de un consultorio con un letrero al frente que dice: “PROHIBIDO CONSUMIR BEBIDAS Y/O ALIMENTOS” y al otro lado de la sala con un cuadro de una enfermera con un dedo en la boca, y usted me dice: ¿¡UN POQUITO RETRASADAS!?, ¿Cómo entretener cinco niños de diferentes edades en una sala de espera?  Era la pregunta que rondaba en mi cabeza.

Actualmente, en esos momentos en que necesito entretenimiento y silencio, utilizo la Tableta o como acostumbro llamarla: “El dichoso aparatico”.

Han publicado estudios que demuestran que el uso prolongado de la Tableta es nocivo para los niños.  Mencionan entre otros: la adicción, la inactividad y la dificultad para relacionarse con otras personas. Señalo estos porque me ha tocado vivirlos y doy testimonio de que si no pones limites es cierto.

Todo en exceso es malo y no solo para los niños.  Con el uso moderado y las aplicaciones adecuadas, la Tableta puede ser una gran aliada. Mi hijo de tres años aprendió el abecedario y los números, con aplicaciones educativas y a los cuatro años empezó a leer sin que le enseñaran en el cole. La verdad es que también hay momentos en que ellos solo quieren interactuar con la Tableta hasta el punto de preferir quedarse en casa jugando con ella o viendo videos a salir al parque, pero ahí es donde entras tú a definir las normas de uso.

El problema no es el dichoso aparatico, es como lo usamos.

UN BICHO RARO EN TRABAJO DE PARTO

«Algunas mujeres dicen que no quieren tener hijos por miedo a sentir dolor en el parto».

A veces, tomamos decisiones muy importantes para nuestra vida, basadas en las experiencias buenas o malas que otras personas han tenido. Esto, te puede hacer perder grandes aventuras, además de no saber en realidad que sentirías tú.

A las treinta y siete semanas y tres días de embarazo, me levanté para ir al trabajo y luego a una cita de control médico. Cuando estaba en el baño, me di cuenta que había expulsado el tapón mucoso. ¡Empezaba oficialmente el trabajo de parto!

Inmediatamente, llame a mi esposo que por razones de trabajo se hallaba en otra ciudad.  Tenía que cancelar el hotel, reportarse ante el jefe y tomar un vuelo de una hora para llegar a la cita con el doctor.  El momento había llegado y la tensión era muy grande, dado que era el nacimiento de nuestra primera hija y no estábamos juntos.  Además, el embarazo fue de alto riesgo, lo que nos generaba una expectativa inmensa frente al parto.

Luego, llame a mi secretaria para que cancelara lo que tuviera pendiente.

Sentía tanta emoción que no sé cómo termine de organizarme e ir a la casa de mi madre a esperar a que comenzaran las contracciones.

Mi esposo mientras tanto, me llamaba cada quince minutos para saber cómo estaba.

Dicen: «El que espera… ¡Desespera!». Y un par de horas más tarde esa emoción se fue diluyendo hasta no quedar nada. Cansada de esperar a que pasara algo, decidí irme al salón de belleza a hacerme un peinado. Tanto tiempo libre me dio hasta para pensar que en los partos las mujeres se ven pálidas y despeinadas y yo no quería que mi hija al nacer me viera así.

Cuando mi esposo llamo y mi madre le dijo que estaba en el salón, no daba crédito a lo que oía.  No sabía si sentirse aliviado o furioso por mi tranquilidad.  ¡Realmente estaba nervioso!, pero al ver que no empezaban las contracciones y que yo estaba bien, se relajó un poco.

Un par de horas más tarde, al fin llego mi esposo a tiempo para ir a la cita. En ese momento, estábamos juntos y felices, ya todo estaba listo para recibir nuestra primera hija.

En el hospital, el doctor me preguntó: ¿Cada cuánto tienes las contracciones?, yo respondí que no tenía. El me revisó y me dijo: Tienes contracciones pero no las sientes, estas en seis de dilatación, por poco tienes la bebe en casa e inmediatamente me remitió al anestesiólogo.

Muchas veces las cosas no suceden precisamente como las esperas, ese día yo tenía un control que termino en parto, esperaba un dolor que no llego y tuve la tranquilidad para ir a que me pusieran hermosa para recibir a mi bebe.

Todas somos diferentes y a algunas como yo, un «Bicho raro», les suceden cosas tan particulares como esta.

¡EL AMOR ES CIEGO!

Muchas veces me he preguntado cuando una madre mira a sus hijos ¿que ve?

Siempre que te muestran sus hijos, viene la pregunta:   Es hermoso ¿Cierto?

Y bueno… Tú quieres decir que sí, pero la verdad es que no! Y te encuentras en una situación donde para no herir a la enamorada madre, respondes: ¡Pero que ternura, es tan mono!  Y para desviar la atención rematas con: ¿A quién se parece?

Cuando nació mi primera hija, yo la veía hermosa, y mi pasatiempo favorito era sacarle fotos, al punto de agobiarla!

Cierto día, me puse a ver las fotos que le había tomado, y vaya sorpresa me lleve cuando vi unas fotos que no le hacían justicia. Yo la verdad no entendía por que hoy veía esas fotos normales y sin gracia cuando unos meses atrás me parecían de concurso.

Hoy, con el paso de los años y de cinco hijos, puedo decir: Que en algún instante de la vida de cada uno de mis hijos, donde yo solo veía belleza pura, las fotos tiempo después me muestran, que no estaba viendo con los ojos si no con el corazón.

Un hijo es generalmente, un ser que redefine muchas cosas en tu vida. Para algunas personas es la razón de existir, es lo que hace que quieran ser mejores, es la prolongación de su ser, la prueba de su paso por este mundo, un hijo representa tantas cosas como personas hay.

Las madres vemos hermosos nuestros hijos porque los miramos con amor. Sólo una persona enamorada puede ver en ese ser común a un ser especial, ver lo que otros no ven. Las madres no miramos con los ojos, si no con el corazón, y este ve de una forma extraña y única.

El amor es ciego ¡Es verdad!

Y sin dudarlo un instante ¡Me alegro!

¡AMOR A SEGUNDA VISTA!

A veces, sobre todo cuando somos madres por primera vez, vamos condicionadas a sentir y decir cosas que hemos visto o escuchado que otras madres sienten. Somos diferentes, y cada una de nosotras tiene un tiempo, hasta para aprender a ser mamá!

Me había imaginado tantas veces ese momento… Llorando, riendo, cantando.

A las 18:50, luego de uno de los peores momentos de mi vida; me muestran una bola rosada, peinada de medio lado y con un gorrito rosado.

Y no hay lágrimas, sonrisas ni cantos. Es una sensación tan extraña… ¡Me supera totalmente el momento!

Me provoca tomar esa pequeña mano rosadita y decirle: «Hola. ¡Mucho gusto soy tu mama!, vamos a iniciar este viaje juntas, espero que sea lo mejor posible».

La enfermera se la lleva para darle de comer, mientras yo me quedo en la sala de cirugía esperando que me asignen un cuarto. En ese momento mil cosas pasan por mi cabeza. Pero la primera es la imagen de una madre tomando a su hijo en brazos y diciendo: » Eres lo mejor que me ha pasado, daría mi vida por ti».

Y seguidamente una voz acusadora en mi cabeza me dice: ¡Soy una mala madre!. ¡Dios mío!

Pero, ¿Cómo puede ser?…

Una hora más tarde me llevaron al cuarto, donde, junto a la enfermera, estaba ella. Ese pequeño ser que me tenía en una crisis total.

La enfermera me la puso a un lado y se fue a llamar a la familia para que la conocieran. Ese instante íntimo y aún extraño para mí, me dio la oportunidad de ver cara a cara ese ser, que por nueve meses lleve dentro y que sin saberlo me despertó una cantidad de emociones nuevas.

El primero que entró fue mi esposo, que eufórico de alegría me abrazo mientras me daba las gracias. Yo la verdad me sentí aliviada, porque no soy precisamente buena en eso de romper el hielo. En los escasos segundos que me ensimismaba pensando que decir, escuche una canción súper familiar… Era mi esposo tarareando una melodía que solía cantarle a la bebe cuando estaba en mi vientre. En ese instante la mire y ella sonrió!

¡Dios mío!

Era la cosa más pequeña y hermosa que yo había visto en mi vida. Y en ese momento lo supe: !Que daría mi vida por ver esa sonrisa en esa pequeña cara rosada!

POR QUÉ NO?

Voy en una camilla que me lleva de la habitación a la sala de cirugía que esta a escasos dos metros. Mientras tanto en otra habitación, mi esposo se pone la ropa de cirugía para entrar al parto de nuestra quinta hija. En la sala de cirugía están el doctor, dos enfermeras y el anestesiólogo. La enfermera que me lleva en la camilla intenta ponerme en la posición adecuada para el parto, mientras le grito: ¡SI ME MUEVE, SE SALE!

El doctor tratando de mantener la calma me mira de reojo y le dice a la enfermera que no me toque, mientras las otras dos enfermeras le ponen los guantes a toda prisa. El anestesiólogo impresionado por la tensión del momento está a un lado del doctor sin saber como ayudar…

El doctor aún no está listo… Y yo estoy en la camilla de medio lado tratando de mantener la calma por 15 segundos interminables!

El doctor me separo las piernas justo para recibir la cabeza de la niña que ya no tenía como contener.

Inmediatamente nació, se puso a llorar; y al instante apareció mi esposo que a dos escasos metros no alcanzó a llegar al parto por la rapidez con que todo ocurrió.

Cuando entró, el doctor puso la niña en sus brazos. Fue un momento maravilloso!

El anestesiólogo más relajado, miro a mi esposo y le dijo: «Ya tienen cinco hijos, ¿Ahora van a parar?», mi esposo al instante respondió: » ¡No, queremos mas hijos!».

Él, con una risa incrédula pero intentando no ser atrevido pregunto: ¿Por qué?

Y mi esposo con una alegre sonrisa le dijo: ¿Por qué no?