«Algunas mujeres dicen que no quieren tener hijos por miedo a sentir dolor en el parto».
A veces, tomamos decisiones muy importantes para nuestra vida, basadas en las experiencias buenas o malas que otras personas han tenido. Esto, te puede hacer perder grandes aventuras, además de no saber en realidad que sentirías tú.
A las treinta y siete semanas y tres días de embarazo, me levanté para ir al trabajo y luego a una cita de control médico. Cuando estaba en el baño, me di cuenta que había expulsado el tapón mucoso. ¡Empezaba oficialmente el trabajo de parto!
Inmediatamente, llame a mi esposo que por razones de trabajo se hallaba en otra ciudad. Tenía que cancelar el hotel, reportarse ante el jefe y tomar un vuelo de una hora para llegar a la cita con el doctor. El momento había llegado y la tensión era muy grande, dado que era el nacimiento de nuestra primera hija y no estábamos juntos. Además, el embarazo fue de alto riesgo, lo que nos generaba una expectativa inmensa frente al parto.
Luego, llame a mi secretaria para que cancelara lo que tuviera pendiente.
Sentía tanta emoción que no sé cómo termine de organizarme e ir a la casa de mi madre a esperar a que comenzaran las contracciones.
Mi esposo mientras tanto, me llamaba cada quince minutos para saber cómo estaba.
Dicen: «El que espera… ¡Desespera!». Y un par de horas más tarde esa emoción se fue diluyendo hasta no quedar nada. Cansada de esperar a que pasara algo, decidí irme al salón de belleza a hacerme un peinado. Tanto tiempo libre me dio hasta para pensar que en los partos las mujeres se ven pálidas y despeinadas y yo no quería que mi hija al nacer me viera así.
Cuando mi esposo llamo y mi madre le dijo que estaba en el salón, no daba crédito a lo que oía. No sabía si sentirse aliviado o furioso por mi tranquilidad. ¡Realmente estaba nervioso!, pero al ver que no empezaban las contracciones y que yo estaba bien, se relajó un poco.
Un par de horas más tarde, al fin llego mi esposo a tiempo para ir a la cita. En ese momento, estábamos juntos y felices, ya todo estaba listo para recibir nuestra primera hija.
En el hospital, el doctor me preguntó: ¿Cada cuánto tienes las contracciones?, yo respondí que no tenía. El me revisó y me dijo: Tienes contracciones pero no las sientes, estas en seis de dilatación, por poco tienes la bebe en casa e inmediatamente me remitió al anestesiólogo.
Muchas veces las cosas no suceden precisamente como las esperas, ese día yo tenía un control que termino en parto, esperaba un dolor que no llego y tuve la tranquilidad para ir a que me pusieran hermosa para recibir a mi bebe.
Todas somos diferentes y a algunas como yo, un «Bicho raro», les suceden cosas tan particulares como esta.