Las peculiares condiciones históricas de la Inglaterra del XVII resultaron en una peculiar persistencia del estilo polifónico hasta bien entrado el siglo. Tras la restauración de 1660, John Blow (1649-1708) y su alumno Henry Purcell (1659-95) fueron los más destacados e influyentes autores.
En la primera mitad del siglo XVIII y desde su llegada en 1712 al país, Georg Friedrich Händel (1685-1759) es el más destacado e influyente autor y es considerado aún, junto con su paisano y coetáneo Bach, el más importante compositor del Barroco tardío. Después de Händel, la música inglesa vive un periodo de ocaso, aunque a mediados del siglo XVIII destacan Thomas Augustine Arne (1710-78) y William Boyce (1711-79).
A la amplia variedad de seres vivos que habitan el planeta se la denomina biodiversidad. La biodiversidad comprende igualmente la variedad de ecosistemas y las diferencias genéticas dentro de cada especie. Para poder distinguir cual es cual, se utilizan la Sistemática, que es un área de la biología encargada de clasificar a las especies, y la Taxonomía, que es, en su sentido más general, la ciencia de la clasificación. La Taxonomía también se ocupa de debatir y actualizar los Códigos de Nomenclatura, que definen el sistema taxonómico a utilizar. El sistema más utilizado con algunas modificaciones es el «Linneano», creado por el botánico sueco Carlos Linneo en el siglo XVIII. Para nombrar a las distintas especies utiliza el latín, pudiendo latinizar nombres actuales. Es así como, quien se dedica al estudio de la diversidad biológica, no solo tiene que tener conocimientos científicos, sino también nociones de lenguas clásicas, necesitando una especie de «studia humanitatis», que hace que la división entre ciencias y letras (conocidas también como humanidades) no esté tan definida como parece.
Así que, para ponerle un nombre al árbol, símil del anarquismo, que empieza a surgir con las ideas expresadas por Godwin, necesitamos conocer bien su estructura, tanto externa como interna, cómo evoluciona y cómo se reproduce.
Ya vimos lo que significan y de donde proceden los conceptos de anarquía y acracia, y que estos dos conceptos suponen, para los movimientos políticos que los propugnan y las personas que los siguen, el estar contra la autoridad. A partir del siglo XIX surgió el término libertario, como antónimo de autoritario, que abarca un conjunto de teorías y de prácticas antiautoritarias y autogestionarias. Es así como puede englobarse al anarquismo en el movimiento libertario y de ahí la dificultad de definir correctamente lo que de anarquista tiene lo libertario.
Si en las anteriores épocas, los movimientos culturales podían extenderse durante siglos, es un fenómeno de la Edad Contemporánea que estos se desarrollen con una temporalidad de décadas. El Romanticismo es un movimiento cultural originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII, como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Neoclasicismo, confiriendo prioridad a los sentimientos. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista, basada en un conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso su rasgo revolucionario es incuestionable. Se desarrolló en la primera mitad del siglo XIX, extendiéndose desde Inglaterra y Alemania hasta llegar a otros países.
Su vertiente literaria se fragmentaría posteriormente en diversas corrientes, entre ellas la novela gótica, cuya obra más conocida es «Frankenstein o el moderno Prometeo«, de la escritora inglesa Mary Shelley. No es muy conocido, por el público en general, que el padre de Mary Shelley fuera William Godwin y su madre fuera Mary Wollstonecraft, pionera del feminismo, ya que la costumbre anglosajona hace adoptar a la mujer el apellido del marido cuando se casa, y Mary Shelly lo hizo con otro escritor y poeta inglés, Percy Bysshe Shelley, autor, entre otras obras, de «La máscara de Anarquía«. También es muy conocido por su asociación con otros escritores contemporáneos como John Keats y Lord Byron.
José de Espronceda es considerado como el más representativo poeta del primer Romanticismo español, a causa de su talante byroniano y a que su poesía está en sintonía con el periodo inicial del romanticismo. Escribió gran cantidad de poemas, de entre los que destaca, como el más conocido, la «Canción del pirata», cuyos versos del estribillo dicen:
«Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar«.
Podemos intuir, en estos versos, además de una exaltación a un pirata, como ejemplo de personalidad que vive al margen de la sociedad, despreciando las convenciones y los bienes materiales, una oda a su máximo ideal, que es la libertad, la oposición a la autoridad, por lo que se le puede considerar un bosquejo de lo que llamaríamos libertario.
La piratería es una práctica de saqueo organizado o bandolerismo marítimo, probablemente tan antigua como la navegación misma. Aunque podían actuar por cuenta de un Estado, bajo patente de corso ( de ahí lo de corsarios), los piratas que actuaban por su cuenta se denominaban filibusteros. En el siglo XVII, formaban parte de los grupos que actuaban en el mar de las Antillas, siendo la Isla de la Tortuga el refugio de estos personajes que, sin sentir más bandera que la suya propia, hicieron del Mar Caribe, de las Antillas y de las costas americanas su campo de batalla y hogar, lo que podemos considerar como una actitud libertaria.
La música barroca francesa participó en gran parte en el brillo cultural de Francia. Esa época corresponde a un tiempo de intensa producción musical en el país. A principios del siglo XVII, todas las artes evolucionaron. La polifonía renacentista, un tipo de música con dos o más líneas simultáneas de melodía independiente, evolucionó y la música instrumental aumentó, lo que marcó un alejamiento de la voz, y la excelencia de la composición musical. Luis XIV quería expandir el poder político y económico de Francia en las artes y disminuir la influencia de la música italiana. Francia era experta en acordes y era hábil en la creación de música para contar historias, en encontrar la expresión adecuada para imitar la naturaleza, volver a contar historias mitológicas y expresar emociones. Compositores, dramaturgos y músicos de la corte y de la Iglesia contribuyeron a esta búsqueda francesa de elegancia y perfección.
La música era un elemento cotidiano en la corte francesa. Acompañaba la vida ordinaria y extraordinaria, los servicios religiosos y los entretenimientos reales. Era compuesta para realzar el esplendor de las ceremonias públicas, o para relajar a los soberanos y cortesanos en privado. En esa época, la música servía tanto de entretenimiento como de importante herramienta política. Por lo tanto, sus funciones consistían en consolidar la autoridad, el prestigio y el estatus de la monarquía.
Al comienzo del reinado de Luis XIV, entre 1650 y 1670, la corte francesa permitió el desarrollo de dos nuevos géneros que duraron hasta la Revolución Francesa adaptándose a los gustos del público: el gran motete y la ópera. En la década de 1650, el cardenal Mazarino introdujo la ópera italiana en la Corte. La música de Cavalli fue muy apreciada y bienvenida por el público francés, pero cuando Luis XIV se convirtió en rey en 1660, su popularidad disminuyó, y la ópera francesa fue traída de vuelta.
La Académie Royale de Musique fue fundada en 1669 para producir y desarrollar la ópera francesa. A partir de 1672, la Academia estuvo bajo la dirección de Jean-Baptiste Lully, el verdadero fundador de la ópera francesa. A petición de Luis XIV, produjo una ópera dividida en partes iguales en canciones, música, poesía, danza y efectos teatrales. La tragédie lyrique nació. Durante muchos años, el género dominó la escena francesa y evolucionó hacia la gran ópera romántica en el siglo XIX. Lully revolucionó la danza, la música y el teatro en la corte.
Edad Contemporánea es el nombre con el que se designa al periodo histórico comprendido entre las revoluciones de finales del siglo XVIII y la actualidad. El adjetivo contemporáneo/a alude a aquel o aquello que existe en el mismo tiempo que otra cosa u otro individuo. También puede referirse a lo que está vinculado a la época vigente, y por tanto, que es actual. Es así que las ideas y movimientos políticos surgidos durante esta época, aunque tengan sus raíces en otras anteriores, son actuales, en el tiempo presente, aunque se pretenda denostarlas peyorativamente diciendo que están «pasadas de moda».
La denominación «Edad Contemporánea» es un añadido reciente a la tradicional periodización histórica de Cristóbal Celarius, que utilizaba una división tripartita en Antigüedad, Edad Media y Edad Moderna. La cuestión de si hubo más continuidad o más ruptura entre la Edad Moderna y la Contemporánea depende, por tanto, de la perspectiva. Incluso la definición de moderno/a, en una de sus acepciones, lo describe como acorde con el tiempo actual, avanzado en sus características, ideas, usos o costumbres.
Sin embargo, fue la evidencia del triunfo de las fuerzas de la modernidad lo que hizo que precisamente en la Edad Contemporánea se desarrollara un discurso paralelo de crítica a la modernidad, que ha llegado hasta el momento presente, instalándose en la actualidad una revisión de todo lo que se consideraba moderno en concepciones teóricas como la posmodernidad.
Son por tanto ideas contemporáneas aquellas que parten de los principios expresados durante estas revoluciones de finales del siglo XVIII, e incluso, aquellas que se extendieron durante la época anterior, dado que no dejan de ser modernas, al ser ideas avanzadas en el tiempo en el que se produjeron.
La burguesía, que como ya vimos, surge durante la Edad Media en las ciudades o burgos (de ahí su nombre), como factor económico de la etapa anterior, y que era la parte más acomodada del Tercer Estado (denominación que se dio al estamento menos privilegiado de la sociedad) veía en este lema, que solo contaba con las dos primeras palabras (la tercera, fraternidad, fue añadida más tarde) la expresión de sus anhelos, en tanto que defendía la libertad económica, expresada en la frase «laissez faire, laissez passer» que significa «dejen hacer, dejen pasar», refiriéndose a una completa libertad en la economía: libre mercado, libre manufactura, bajos o nulos impuestos, libre mercado laboral y mínima intervención de los gobiernos. Esta frase fue usada por primera vez por Vincent de Gournay, fisiócrata del siglo XVIII, contra el intervencionismo del gobierno en la economía. También defendía la libertad política, definida como la capacidad de actuar sin restricciones del gobierno en cuanto al derecho, o la capacidad y habilidad, de la libre determinación, como expresión de la voluntad del individuo, entendida como la facultad que permite a los gobernados elegir y deponer a sus gobernantes. Esta idea, expresada por Locke, y desarrollada por Montesquieu, Jeremy Bentham o Thomas Paine, entre otros, encontró su acomodo en la revolución americana, siendo la Declaración de Independencia y la Constitución de los Estados Unidos, su máxima realización.
También veía la burguesía en la igualdad la capacidad de obtener la igualdad jurídica para que no hubiera leyes ni tribunales diferentes para la aristocracia y la Iglesia, sin que existieran privilegios ni prerrogativas de sangre o títulos nobiliarios. Este principio de igualdad jurídica o igualdad ante la ley se diferencia de otros conceptos, derechos y principios emparentados, como la igualdad de oportunidades y la igualdad social, y su expresión se llevó a cabo en la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano. Oponiéndose a las ideas de Hobbes, filósofos como Voltaire o Rouseau fueron los exponentes de esta idea. Estas visiones burguesas de la libertad y la igualdad son los principios del liberalismo, tanto económico como político.
Sin embargo Rouseau fue más allá al escribir en el «Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres«: “El primer hombre a quien, cercando un terreno, se lo ocurrió decir esto es mío y halló gentes bastante simples para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos; cuántas miserias y horrores habría evitado al género humano aquel que hubiese gritado a sus semejantes, arrancando las estacas de la cerca o cubriendo el foso: «¡Guardaos de escuchar a este impostor, estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y la tierra de nadie!».»
Inspirados por este discurso, políticos como François-Noël Babeuf, defendieron, como los jacobinos y los sans-culottes, que la finalidad de la sociedad era «la dicha común» y que se debía asegurar «la igualdad de goces». Aunque para él el medio para alcanzar esta igualdad perfecta no era limitar la propiedad, como proponían sans-culottes, hebertistas y enragés, sino suprimirla y establecer «la comunidad de bienes y de trabajos». Para lograrlo intentó derrocar el gobierno del Directorio con la «Conspiración de los Iguales», por lo que los componentes de esta conspiración fueron denominados peyorativamente «anarquistas» por sus detractores, aunque, en realidad, no lo fueran. Sus postulados, que se pueden resumir en uno de sus escritos: («La tierra, madre común, no puede ser partida más que para toda la vida, y cada parte convertida en intraspasable, de modo que el patrimonio individual de cada ciudadano hubiese podido estar siempre asegurado y ser imperdible.»), se consideran precursores del comunismo. Y es que el comunismo, al contrario de lo que mucha gente piensa, no es una idea original de Karl Marx. Incluso el mismo Marx postula en su sistema de materialismo histórico, que el comunismo era el modo de producción anterior a la aparición del esclavismo, y ya hemos visto como era el modo de vida de algunas comunidades cristianas. Y, desligándolo de sus connotaciones políticas, no es más que un sistema económico basado en la máxima :»A cada cual, según su necesidad; de cada cual, según su capacidad«, el cual puede ser adoptado por varios movimientos políticos.
Y es que el pueblo francés no interpretaba igual que la burguesía los conceptos de “libertad” e “igualdad”, y la burguesía solo pedía una libertad y una igualdad que solo suponían el reconocimiento de su poder político y económico, el resto continuaba igual.
Pero, ¿Y la fraternidad?. Se entiende por fraternidad a la unión y buena correspondencia entre hermanos o entre los que se tratan como tales. Es decir, es el sentimiento que contrarresta al egoísmo, es lo que se conoce en psicología como empatía, ponerse en la piel del otro, o lo que comúnmente se llama solidaridad, y que es el arma de los oprimidos. La fraternidad fue enseñada también como principio filosófico por los estoicos de Grecia y Roma, se considera una virtud por el cristianismo y diversas escuelas filosóficas han apelado a este sentimiento.
Esta idea, que también se conoce como justicia social o justicia política, fue expresada, no por un filósofo francés, o por un político americano, sino por un ilustrado inglés poco conocido para la mayoría de la gente, William Godwin, y es la precursora del anarquismo, por lo que podemos decir que el anarquismo, como Idea, ve la luz gracias a él.
Durante el Barroco la emancipación de la música instrumental respecto de la vocal conduce a una clara separación entre géneros instrumentales y géneros vocales. La música instrumental alcanzó pronto su madurez con la creación de formas como la sonata, el concierto y la suite, de gran trascendencia posterior. El Barroco conoció la transformación de los instrumentos renacentistas hacia modelos dinámicamente más flexibles y vio aparecer la orquesta en el sentido moderno del término. La música instrumental, que en la época anterior dio el primer asomo en la música académica, tuvo un auge sin precedentes en los siglos XVII y XVIII; por primera vez en la historia, la música vocal e instrumental estaban en plena igualdad.
Antiguo Régimen (en francés: Ancien régime) fue el término que los revolucionarios franceses utilizaban para designar peyorativamente al sistema de gobierno anterior a la Revolución francesa de 1789 y que se aplicó también al resto de las monarquías europeas cuyo régimen era similar. Surge con las que se ha denominado como monarquías autoritarias, que se dan en Europa entre finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, que también suelen designarse como monarquías nacionales o primeros Estados-nación. A partir del siglo XVII puede hablarse de la presencia de una monarquía absoluta que tiene la soberanía del Estado. Esta monarquía se justificaba sobre el supuesto de la procedencia divina del poder, de quien lo recibe sin intermediarios. El rey sólo tiene que justificarse ante los ojos de Dios. El ejemplo más acabado es la Francia del Rey Sol, Luis XIV, que encontró su mejor teórico en Bossuet. Se dice que Luis XIV pronunció la frase con la que mejor se conoce este sistema de absolutismo real:»El Estado soy yo».
Entre 1751 y 1765 se publicó en Francia la primera Encyclopédie, de Denis Diderot y Jean Le Rond D’Alembert, que pretendía recoger el pensamiento ilustrado. Querían educar a la sociedad, porque una sociedad culta que piensa por sí misma era la mejor manera de asegurar el fin del Antiguo Régimen (el absolutismo y las dictaduras se basan en la ignorancia del pueblo para dominarlo). En su redacción colaboraron otros pensadores ilustrados como Montesquieu, Rousseau y Voltaire.
Sin embargo, los líderes intelectuales del movimiento enciclopedista se consideraban a sí mismos la élite de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar al mundo hacia el progreso, sacándolo del largo periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía. Las ideas que emanaban de las clases populares no tenían para ellos gran consideración, aunque fueran más radicales que las que ellos mismos exponían.
No sucedió al alba, pero sí a primeras horas de la mañana del 27 de septiembre de 1975, dos meses antes de la muerte de Franco y ante el clamor y la repulsa internacional. Era el día en que se ejecutaba la sentencia que condenaba a “la noche más larga” a cinco jóvenes por delitos de terrorismo. Dos de ellos pertenecían a ETA (Euskadi Ta Askatasuna («País Vasco y Libertad» y tres al FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota). El hecho de que fueran fusilados y no sometidos a garrote vil fue circunstancial; el régimen, en su afán por llevar a cabo las condenas a muerte en los últimos días de un Franco agonizante, no disponía de suficientes verdugos para ello.
Las condenas a muerte de los cinco fusilados fueron dictadas por consejos sumarísimos militares, que estaban compuestos por militares y civiles nombrados por el gobierno franquista. Los juicios fueron considerados por la comunidad internacional como irregulares y carentes de garantías procesales. Los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975 fueron condenados por la comunidad internacional. La Unión Europea, los Estados Unidos y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) expresaron su rechazo a la violencia y su preocupación por el futuro de la democracia en España. En España, las protestas contra los fusilamientos fueron masivas. En Madrid, miles de personas se manifestaron en la Plaza de España para exigir la libertad de los presos políticos.
Franco murió el 20 de noviembre de 1975, dos meses después de los fusilamientos.
Unos días antes de los fusilamientos Rosa León dedicó la canción «Al alba», escrita por el cantautor español Luis Eduardo Aute, a los condenados en un concierto. Fue el momento a partir del cual esta canción quedó definitivamente ligada a los fusilamientos.
Dos estilos nacionales completamente diferenciados dominaron claramente la música europea del Barroco medio y tardío:
El estilo francés. Con la corte de Luis XIV en Versalles como centro de irradiación y Jean-Baptiste Lully como referente, es un estilo fuertemente conservador basado en formas de danza: piezas breves (unidas en la suite) de forma fija bipartita, estructuradas en frases cerradas y simétricas, con armonías muy restringidas (aunque usadas con sutil imaginación) y una compleja ornamentación, estandarizada en figuras escritas.
Elestilo italiano. Gracias a la constante innovación estilística generada en las ciudades italianas (Venecia, Nápoles, Roma y, sobre todo, Bolonia), las invenciones de la música italiana fueron imitadas en todos los centros musicales europeos, incluidos los franceses, hasta el punto de que el estilo italiano se impuso en el siglo XVIII en todo el continente: desembarco masivo de discípulos de Corelli en Londres, querella de los bufones en Francia, italianización de la corte de Madrid tras la llegada de los borbones, etc. El estilo italiano, ejemplificado en Vivaldi, se caracterizaba por una tonalidad fuertemente marcada mediante escalas, cadencias y progresiones, la melodía al servicio de la armonía, las frecuentes modulaciones, el rápido ritmo armónico, sus formas abiertas (de frases asimétricas) y el uso libre de la improvisación.
Ya que aún no se ha acabado el verano, aunque Septiembre suele ser el mes del retorno al trabajo y, sobre todo, el de inicio del curso escolar, para aquellas personas que hayan cogido vacaciones este mes os recomiendo este viaje. El pasado año realicé mi último viaje transfronterizo, y este año, que es año jubilar, sería el destino más indicado, ya que fue a Roma, «La Ciudad Eterna». Roma es una ciudad italiana, capital de la región del Lacio y de Italia. Con una población de 2 857 321 habitantes es el municipio más poblado de Italia y la tercera ciudad más poblada de la Unión Europea. Por antonomasia, se le conoce desde la Antigüedad como la Urbe (Urbs). Para este viaje, como los anteriores, he utilizado los medios modernos de transporte, como el avión, pero me he permitido utilizar para el título de la entrada la locución latina empleada para nombrar las calzadas romanas, desde el inicio hasta el destino, es decir desde Legio (León) (Ab Legio), hasta Roma (Romam).
Calzadas romanas en la época de Adriano, alrededor del año 125 E.C.
Se dice que todos los caminos conducen a Roma, y esto es así por la intrincada red de calzadas que recorrían todo el Imperio, y que partían desde la Urbe, desde la primera calzada trazada, la Vía Apia, hasta la que recorría el más recóndito lugar del Imperio.
Es la ciudad con la más alta concentración de bienes históricos y arquitectónicos del mundo; su centro histórico delimitado por el perímetro que marcan las murallas aurelianas, superposición de huellas de tres milenios, es la máxima expresión del patrimonio histórico, artístico y cultural del mundo occidental. Roma se presenta como el resultado del continuo sobreponerse de testimonios arquitectónicos y urbanísticos de diversos siglos, en una compenetración única y sugestiva que muestra la compleja relación que la ciudad ha sostenido con su pasado, en un alternarse de desarrollos caóticos, periodos de decadencia, renacimientos y tentativas, en la Edad Contemporánea, de modernización del tejido urbano. Una gran cantidad de los bienes culturales del mundo se encuentra en Roma. Por su abundancia de sitios y restos arqueológicos, Roma es un verdadero «museo al aire libre». La cuna de la historia de Roma es el Palatino, debajo del cual se encuentran el Foro Romano, los Foros imperiales y el Mercado de Trajano, los centros de la vida política, económica, religiosa y social del mundo antiguo.
Los más importantes edificios sagrados de la Antigüedad fueron los templos: no eran lugares de congregación de los fieles, sino que albergaban únicamente la imagen de la divinidad a la que estaban dedicados. Se estima que en la tardía edad republicana de Roma habría cerca de un centenar de templos. Uno de los edificios emblemáticos y que mejor se conserva, de entre los templos romanos es el Panteón de Agripa —en la actualidad, consagrado como iglesiacatólica— encargado por Marco Agripa durante el gobierno de Augusto. Fue terminado por orden del emperadorAdriano y dedicado alrededor del año 126 E. C.. Su fecha de construcción es incierta porque Adriano optó por no inscribir el nuevo templo, sino que conservó la inscripción del templo más antiguo que se había quemado.
En el transcurrir de su historia plurisecular, Roma fue sede de centenares de teatros y otros edificios dedicados al entretenimiento, como los circos (el circo más célebre fue el Circo Massimo, capaz de albergar alrededor de 250 000 espectadores, récord aún hoy no superado) y los anfiteatros (el mayor de los cuales, el Coliseo, se ha convertido en símbolo de la ciudad y emblema cultural mundial
Coliseo, vista exterior
Coliseo, vista exterior
Coliseo, vista interior
El teatro de Marcelo se considera uno de los primeros espacios escénicos permanentes de la capital (tras el teatro de Pompeyo). Su construcción fue iniciada por Julio César poco antes de su asesinato, siendo terminado por orden de Augusto entre los años 13 a. C.-11 a. EC. Fue dedicado a Marco Claudio Marcelo, sobrino, yerno y heredero de Augusto, como un acto de piedad, ya que este príncipe había muerto prematuramente en el 23 a. C., antes de que este edificio se levantase en el Campo de Marte. En el año 17 a. EC., cuando las obras aún no habían sido terminadas, Augusto hizo celebrar en el teatro los famosos Juegos Seculares (ludi saecularis), cantados por Horacio.
El escenario, del que no quedan restos, estaba flanqueado por dos salas con ábside, de una de las cuales quedan aún en pie una pilastra y una columna.
Para conmemorar una victoria militar o festejar a un gobernante se construyeron los llamados arcos de triunfo. Los primeros arcos de triunfo fueron levantados por los romanos en la Antigüedad y cada uno estaba dedicado a un general victorioso. El arco de triunfo clásico es una estructura autónoma, bastante separada de las puertas o murallas de la ciudad. En su forma más simple, un arco de triunfo consiste en dos pilastras macizas unidas por un arco, rematadas por una superestructura plana o ático en la que puede contener una estatua o lucir inscripciones conmemorativas. La mayor parte de los arcos de triunfo se erigieron durante el Imperio romano. Al llegar el siglo IV, treinta y seis arcos de triunfo pueden trazarse en Roma. De ellos solo han sobrevivido tres en la actualidad: arco de Tito (año 81), arco de Septimio Severo (203-205) y arco de Constantino (312).
Una columna conmemorativa es un monumento erigido en conmemoración de un acontecimiento importante, victoria militar, la independencia u otro acontecimiento político, o incluso en honor de un personaje importante. Para celebrar la conquista de Dacia (actual Rumanía) por parte del emperador Trajano, evocando todos los momentos destacados de esa expansión territorial, se erigió la Columna de Trajano. Consta de un largo friso espiral que rodea, desde abajo hacia arriba, todo su fuste y describe las guerras dacias (101-106). Se trata de la primera columna cóclida erigida en la historia, es decir, es una columna conmemorativa de grandes proporciones, de base comúnmente circular, hueca desde la base hasta la cima, y que alberga una escalera de caracol en su interior. Estaba situada en el Foro de Trajano, en un pequeño patio detrás de la Basílica Ulpia, entre dos (presuntas) bibliotecas, donde una doble logia a ambos lados facilitaba su lectura.
El cristianismo se convierte en la religión oficial del Imperio gracias a un edicto emanado en el año 380 por Teodosio, que fue el último emperador del imperio unificado: luego de su muerte, de hecho, sus hijos, Arcadio y Honorio, se dividieron el imperio. Roma, que no jugaba ya un papel central en la administración del Imperio, fue saqueada por los visigodos comandados por Alarico (410). Reconstruida y adornada profusamente con edificios sagrados construidos por los papas (con la colaboración de los emperadores), la ciudad sufrió un nuevo saqueo en el año 455, por parte de Genserico, rey de los vándalos. La reconstrucción de Roma fue dirigida por los papas León Magno (defensor Urbis por haber convencido a Atila, en el año 452, de no atacar Roma) y por su sucesor Hilario, pero en el año 472 la ciudad fue saqueada por tercera vez (por obra de Ricimero y Anicio Olibrio).
Con el fin del Imperio romano de Occidente, en Roma tiene lugar un período marcado por la presencia bárbara en Italia y, sobre todo, por la afirmación de la Iglesia en el poder (con el papa como jefe), que sustituyó al Imperio y derribó el puente que habría unido a la Antigüedad con el mundo nuevo. Muchas luchas en el ámbito romano y europeo no permitieron la instauración de una estructura política constante en Roma, que pasó por tanto a través de distintas formas de gobierno: fue dominada primero por los godos y más adelante por los bizantinos. En este período fue llevada a cabo la creación de un ducado romano, cuyos límites correspondían, grosso modo, con la ciudad y el territorio que la rodeaba.
En el año 756, desaparecido definitivamente el rey longobardoAstolfo, Pipino el Breve, rey de los francos, cedió las tierras conquistadas al papa Esteban II, con lo que nace el Patrimonium Sancti Petri, el Estado Pontificio, del que Roma se convierte en capital. Alrededor de la mitad del siglo IX, el papa León IV, después de la incursión sarracena de 846, hace que se fortifique la Civitas Leonina (que correspondía con la actual Ciudad del Vaticano), confirmando el poder político asumido por los pontífices, que eran protegidos por las familias nobles. El papa Nicolás III decidió trasladar la sede apostólica, entonces ubicada en el Palacio de Letrán, que consideraba poco seguro, al Castel Sant’Angelo, antiguo Mausoleo de Adriano. Para garantizar una mayor seguridad al Palacio Apostólico, construyó el célebre Passetto, un paso protegido para el pontífice desde la basílica de San Pedro hasta la fortaleza.
A mediados del siglo XII los ciudadanos romanos instauraron el Municipio Consular (que se asentó en la cima del Campidoglio), rival de la autoridad papal y de la autonomía de los nobles; en este período Roma se abastece de nuevos y eficientes sistemas de defensa. La Edad Media, además, se caracterizó por las luchas entre las familias nobles ligadas a los papas y aquellas ligadas al extinto imperio, que frenaron el desarrollo del área central de la ciudad hasta el siglo XVI.
Panoramica de la ciudad.
Con el paso de los siglos y para finales de la Edad Media, la Iglesia católica, y en particular el papado, se habían involucrado profundamente en la vida política de la Europa occidental. Las intrigas y manipulaciones políticas resultantes, combinadas con el cada vez mayor poder y riquezas de la Iglesia, llevaron a una bancarrota de la Iglesia como una fuerza espiritual. Abusos tales como la venta de indulgencias (o privilegios espirituales) por parte del clero y otros cargos de corrupción socavaban la autoridad espiritual de la Iglesia, si bien para la gente del común la Iglesia seguía siendo en general una fuente de alivio espiritual. Sea cómo fuese, las autoridades políticas estaban cada vez más interesadas en restringir el rol público de la Iglesia y en consecuencia desencadenaron tensiones. Reformadores dentro de la Iglesia medieval, tales como Francisco de Asís, Pedro Valdo, Jan Hus o John Wyclif, habían abordado aspectos de la vida de la Iglesia en los siglos previos. En el siglo XVI, Erasmo de Róterdam, un gran académico humanista, fue el principal proponente de una reforma católica liberal que atacaba las supersticiones populares en la Iglesia e invitaba a la imitación de Cristo como el maestro moral supremo. Estas figuras revelan una preocupación en desarrollo por la renovación dentro de la Iglesia en los años previos a la redacción de las 95 tesis por parte de Lutero en 1517. Lutero mismo hablaba de precursores de sus ideas, como Girolamo Savonarola, Lorenzo Valla, Juan Wessel Gansfort y otros .
Después de la reforma luterana (1517) y el saqueo de Roma por parte de Carlos V (1527), tuvo lugar el Concilio de Trento, culminado en 1563, que confirmó a Roma como capital del Estado Pontificio, aunque desde aquel momento la figura del papa disminuyó sus influencias sobre la política europea. Este concilio general de la Iglesia aprobó una serie de decretos doctrinales con respecto a los dogmas, la disciplina, el papado y las órdenes religiosas, que permanecieron vigentes hasta que se reunió el siguiente concilio, más de tres siglos después. Este concilio dio inicio a la llamada Contrarreforma iniciada en parte para hacer frente a los desafíos de las reformas protestantes, tuvo como resultado documentos apologéticos y polémicos, juicios por herejía, esfuerzos anticorrupción, movimientos espirituales, la promoción de nuevas órdenes religiosas y el florecimiento de nuevos estilos artísticos y musicales. Durante este periodo tuvo lugar una revolución científica ajena a la Iglesia que culminó con la prohibición de estudiar los trabajos de Galileo Galilei o los jucios y condenas a filósofos y científicos como Giordano Bruno.
El período sucesivo al Concilio de Trento estuvo caracterizado por una renovación urbanística de la ciudad: los nobles y las familias cardenalicias poderosas abandonaron sus palacios en el centro para construirse nuevas moradas sobre las colinas; pero el verdadero artífice de la gran obra de modernización arquitectónica, cultural y económica de la ciudad de Roma, fue el papa Sixto V, pontífice solamente por cinco años (1585-1590).
Muchas de las obras de arte se encuentran en la profusión de museos que posee la ciudad. Entre los más visitados se encuentran los Museos Vaticanos, que muestran obras de una extensa colección de la Iglesia católica y el papado a lo largo de los siglos, incluidas varias de las esculturas romanas más conocidas y las obras maestras del arte renacentista más importantes del mundo. Para terminar y no hacer más larga la entrada, y que os entren ganas de verlas, exponemos varias fotografías de algunas de esas obras.