LA HORA DE LOS HALCONES
Autor: Phillip Durán Pastene
Editorial Planeta 2013. 1° edición enero del 2014
277 páginas.
El periodista chileno Phillip Durán, sub editor del diario la Segunda, perteneciente al Grupo El Mercurio y a través de Editorial Planeta, ha publicado el libro “La Hora de los Halcones” narración que investiga la historia de la demanda marítima peruana ante la corte internacional de La Haya. En entrevistas a medios chilenos, el autor afirma que ha sido una larga y ardua investigación de más de 8 años de duración[1], mediante el estudio de fuentes periodísticas, archivos personales y entrevistas a los protagonistas y personas del entorno presentes durante las negociaciones. Esta particularidad brinda la oportunidad de conocer las opiniones y problemas que los protagonistas de la historia se vieron obligados a enfrentar, así como una interesante exposición y explicación de los reservados métodos diplomáticos, así como la inevitable implicancia de terceros actores que fueron las Repúblicas de Ecuador y Bolivia.
El libro narra la génesis de la demanda peruana a través de las comunicaciones del embajador Bákula y las tesis sostenidas por varios investigadores peruanos entre los que se encuentra el almirante Guillermo Faura y Eduardo Ferrero. El autor describe la actuación de la diplomacia peruana la misma que se refleja como muy efectiva y astuta ante una cancillería chilena que no pudo prever ciertas tácticas.
Narra desde el evento conocido como “el incidente de la caseta” acontecido en abril del 2001, cuando elementos de la armada chilena instalaron un puesto de vigilancia en territorio peruano (triangulo terrestre en disputa) en flagrante desobediencia al poder civil chileno representado por el presidente Ricardo Lagos. El almirante Jorge Arancibia provocó uno de los primeros y numerosos impases entre Perú y Chile. Este episodio refleja la dificultad de los sucesivos gobiernos en contener la reacción militar chilena, los “halcones” de la historia, en un momento que iniciaban el plan de las abultadas adquisiciones militares que no termina hasta el día de hoy. Narra el supuesto hallazgo de micrófonos en la embajada chilena en Lima, en la oficina del agregado naval e incluso en el despacho del embajador Juan Pablo Lira en el 2001. El canciller Javier Pérez de Cuellar, indica Durán, reconoció la culpabilidad peruana de espionaje, al afirmar que deben haber sido colocados en la época de Fujimori, aunque se negó a iniciar una investigación.
Recuerda el hecho que la nueva administración del presidente Alejandro Toledo tuvo que nombrar al embajador Alan Wagner para reemplazar Diego García Sayán debido a que “su padre, en entonces canciller Enrique García Sayán, “había suscrito en 1947 un decreto en el que se establecía utilizar los paralelos geográficos para proyectar la extensión del mar peruano”[2]. García Sayán, tendría para el autor, un conflicto de intereses.
El rol del ex presidente Alan García merece especial atención por parte del autor. Afirma que García aseguró a la presidenta Michelle Bachelet que el tema no sería tocado durante su gobierno.
“Michelle, no te preocupes, ten la certeza de que este tema no lo vamos a poner nosotros. El tema no saldrá de la gaveta del escritorio”.[3]
Pasado el tiempo, el congreso chileno aprobó la ley de creación de la región Arica-Parinacota especificando como límite norte de la provincia, el Hito N°1 y la proyección del paralelo, acto que mereció la firme protesta peruana. Sin embargo Durán descubre que el canciller Alejandro Foxley (y por consiguiente la presidenta Bachelet) no tenían conocimiento de la aprobación de dicha ley. Debido a esta crisis, la cancillería chilena invitó a los representantes peruanos (embajador Popolizio) a discutir el problema surgido.
“En medio del diálogo, coinciden fuentes de ambos países, Barros consultó a Popolizio si el Perú estaría disponible [sic], por ejemplo, para resolver el asunto de otra manera: ratificar un paralelo como límite marítimo, en la medida en que Chile considerara la posibilidad de revisar la ubicación de la frontera terrestre en el Hito N° 1”[4].
Los diplomáticos peruanos consideraron que la oferta chilena no era “demasiado generosa” y fue desechada por contravenir la postura peruana. Esta conversación extraoficial jamás trascendió a la prensa. García Belaunde expresó que existía una “mano negra” en el gobierno chileno [podría decirse en el Estado chileno con mayor propiedad] que cambió la redacción de la ley protestada. Eran “los halcones pasándose de listos” según Torre Tagle.
Otro pasaje digno de analizarse ocurre durante la entrevista que sostuvo el canciller chileno Alejandro Foxley con la secretaria de estado norteamericana Condolezza Rice en Washington en el 2007. Foxley le preguntó a Rice su opinión sobre el diferendo limítrofe que sostenían con el Perú, dado que EEUU era el árbitro oficial en caso de controversia terrestre. La repuesta de Rice lacónica y sorprendente fue:
“Nosotros no nos especializamos en conflictos limítrofes, dijo la secretaria de estado, y agregó que no había interés de su gobierno por involucrarse en una situación de ese tipo”[5].
La postura de Rice contradice la supuesta responsabilidad de su gobierno en caso de una demanda peruana por realizar un arbitraje. ¿Acaso estaba evitando un nuevo frente de conflicto o simplemente no estaba bien informada de las responsabilidades y acuerdos? Esta revelación debe servir para que cancillería peruana conozca a ciencia cierta cuál sería el rol de los Estados unidos en caso de ser requerido su arbitraje.
El 20 de marzo del 2009, el Perú entregó el primer escrito a la corte, paralelamente, Michelle Bachelet ya se sentía profundamente engañada por Alan García. Chile recurrió a la Oficina Hidrográfica del Reino Unido (UKHO) supuestamente para conocer los puntos reclamados por el Perú. Luego de este curioso acercamiento con autoridades británicas, Durán narra varios hechos que enturbiaron la relación internacional. Uno de ellos fue la filtración de un video que mostraba al general Edwin Donayre afirmando que enviaría a los chilenos en “bolsas de plástico”. Coincidentemente, Alan García lanzaba la iniciativa en foros internacionales para la limitación de la copra de armas en clara alusión a la carrera armamentista iniciada por Chile.
El clímax llegó en noviembre del 2009 cuando se hizo público el arresto del espía chileno, el Tc. FAP Víctor Ariza (arrestado el 30 de octubre). Sólo un par de días antes, el congreso norteamericano había autorizado la venta de 100 misiles de largo alcance AIM-120C-7 (AMRAAM) para equipar los nuevos aviones F-16 lo cual les brindó una clara ventaja táctica. García Belaúnde enfiló sus críticas al espionaje y armamentismo chileno, llamó en consulta al embajador Pareja (efectiva protesta), finalizando con el calificativo de Alan García a Chile a quiénes denominó “Republiqueta”. Afirma Durán que desde Lima le explicaron que la filtración no la había realizado la cancillería sino sectores nacionalistas con el almirante y vicepresidente Luis Giampietri a la cabeza[6], debido a que la postura de Alan García restringía las adquisiciones de armas para el Perú.
Otro asunto interesante es el supuesto quiebre de la alianza chileno-ecuatoriana, aparentemente monolítica y contraria a los intereses peruanos. En la narración el autor explora los eventos relacionados a la participación del gobierno ecuatoriano, liderado por el presidente Rafael Correa, reconocidamente pragmático, quienes finalmente apoyaron la posición peruana firmando un acuerdo de límites basado en el paralelo de facto. En esta maniobra el presidente Piñera y Chile perdieron un importante e histórico aliado. De ahora en adelante las relaciones deberán pasar el filtro de los intereses mutuos y no las simples tradiciones, “en realidad, Ecuador había definido desde el principio que debía apostar por resolver sus propios asuntos”[7].
Durante noviembre del 2010, el entonces candidato Ollanta Humala y su esposa fueron invitados a la delegación chilena en Lima para entrevistarse con el presidente Piñera durante una visita oficial al Perú. Sorpresivamente al finalizar la reunión, Humala le alcanzó una carta en la que solicitaba pedir perdón al Perú por las atrocidades cometidas durante la Guerra del pacífico, la venta de armas a Ecuador durante el conflicto del Alto Cenepa en 1995, el espionaje del Tc. Ariza y la devolución del Huáscar y otros trofeos de guerra sustraídos durante la guerra. Humala le escribió:
“si queremos mirar al futuro y hablar de integración, sería un noble gesto de su gobierno reconocer la responsabilidad histórica de Chile en la agresión contra el Perú.”[8]
Sin embargo afirma el autor que la cancillería chilena reconoció en el futuro mandatario al “nuevo Humala” por lo que “apostaron por validarlo”. El nuevo presidente electo del Perú visitó La Moneda el 15 de junio del 2010 y ofrecer ya no hablar de “cuerdas separadas”, sino de “relación integral” y trabajar en una agenda post Haya. Las relaciones Lima-Santiago se descongelaron aunque surgieron algunos incidentes que provocaron nuevas, pero pequeñas, crisis como la captura de un helicóptero privado sobrevolando la base aérea FAP La Joya, y la acción de los militares chilenos al cercar un área de la zona terrestre en litigio al moverse las minas terrestres debido a un alud. Esto siguió a las declaraciones provocativas del ministro de defensa Andrés Allamand, otro “halcón” chileno. La FAP en protesta se inhibió de participar en la FIDAE 2012 y participar en el aniversario de la FACH.
Otro aspecto del libro explica las negociaciones con Bolivia, cuarto interesado en el tema de la demanda. Chile le ofreció una salida al mar en forma de una concesión o arriendo por 99 años, en una caleta al sur de la quebrada de Camarones (no específica ubicación) en la cual los bolivianos podrían construir un muelle para la exportación de hierro y litio. Ubicación más favorable que el puerto de Cobija, al norte de Antofagasta (2007). En noviembre del 2010 Chile cambia su oferta por una muy similar a las del Perú (Boliviamar) en una franja costera al norte de Arica, pero anteriormente Alan García había limado asperezas con el presidente Evo Morales de Bolivia y habían disfrutado de un día de negociaciones y playa en Boliviamar. Los ofrecimientos chilenos no prosperaron.
En el 2011, la DEA con ayuda de los Carabineros de Chile, arrestan al general de la policía boliviana René Zanabria Oropesa jefe del organismo antidrogas, en la ciudad de panamá. Esta acción fue interpretada como una traición chilena por el gobierno, y como una represalia por haber expulsado a la DEA de Bolivia desde el 2008. El caso enfrió las relaciones con Chile, apoyadas en parte por la gestión del ex canciller Manuel Rodríguez Cuadros, enviado especial del gobierno peruano para contribuir en la solidificación del histórico eje Perú-Bolivia.
El 3 de junio del 2013 el presidente Humala citó a una reunión en Palacio de Gobierno a los ex presidentes, ex cancilleres y dirigentes partidarios. En la reunión Alan Wagner afirmó que la Haya no reconocería los tratados del 52 y el 54, pero que tampoco reconocería la línea equidistante.
“el rumor que había corrido fuerte en círculos diplomáticos era que el tribunal validaría el paralelo hasta la milla número 12 o al menos la milla número 100, para de allí en adelante conceder la bisectriz peruana. Sería una solución con tientes salomónicos, aunque con más gusto a triunfo para el Perú”[9].
Llama la atención el hermetismo alrededor de esta información, la misma que no trascendió a los medios de prensa. En el Perú persistió la incertidumbre hasta el día del fallo del tribunal internacional que sorprendió a expertos y opinólogos. Nadie acertó una proyección sobre el posible veredicto de La Haya.
La redacción del libro termina el diciembre del 2013 y no ha necesitado la espera del veredicto final de enero del 2014. El trabajo de investigación de Phillip Durán ha documentado plenamente que el fallo final ya era conocido por los actores de ambos países quienes mantuvieron estricta reserva ante la opinión pública y posiblemente para protegerse de la reacción de los “halcones”.
Finalmente, Jamás fue la hora de los halcones.
10ABR14
[1] Emol- 30 enero 2014
[2] Pp. 43
[3] Pp. 67
[4] Pp. 83
[5] Pp. 95
[6] Pp. 141
[7] Pp. 204
[8] Pp. 206
[9] Pp. 225