“Ahora que sé que no soy yo me siento mejor, adiós y hasta siempre.”
Releo las palabras, una y otra vez. ¿Acaso te acabo de partir el corazón? Fuiste mi vida, realmente lo fuiste una vez, pero ahora todo es distinto. No es que te quiera, es que no deseo hacerlo, porque temo volver a perderte, temo que vuelva a suceder. Una vez me dije que no cometería los mismos errores del pasado y no lo dije por ti, lo dije porque hace tiempo descubrí que no puedes tener a tu príncipe azul; el mío se ha ido hace mucho.
¿Por qué digo todo esto? Porque tengo miedo de perderte. Hace un año que he comenzado esta aventura; iba de tu mano y eso me daba fuerzas, pero ahora no te tengo, ahora no tengo a nadie. Así que no puedo volver a confiar. No es personal, es la verdad y eso me destroza aún más, aunque no tanto como tu “hasta siempre”. ¿Realmente pretendes que yo me dé por vencida, que deje que este se convierta en nuestro último adiós? El definitivo.
Yo siempre lucho, recuérdame así, de ese modo, luchando, una y otra vez. Recuerda que cuando nos distanciamos quise arreglarlo, recuerda que cuando lloraba lo hacía por ti. Recuerda que sigues en mis pensamientos. No quiero hacerme ilusiones, no quiero llorar, no quiero decirte que te quiero y por eso lo hice mal, porque ahora estamos más alejados que nunca y ya no existe ningún pegamento que pueda arreglar todas esas grietas sin que quede ni una fisura demasiado grotesca, una cicatriz imborrable. Pero, y lo digo sin rodeos, puedo vivir con una cicatriz más. Es solamente que no deseo saber que puede reabrirse la herida, tengo miedo a volver a vivir.
Tú lo dijiste, el amor es como el cristal, pero no lo es por la luz, porque existen amores oscuros, no lo es porque todos tenemos claro que se va a romper. Es una paradoja, cierto. Pero, ¿sabes por qué el cristal es como el amor? Porque podemos ver a través de él y saber si es real o no, si su pureza no es más que una fachada.
¿Y si te dijera ese tópico? No es por ti, es por mí.
Porque hace un año el cristal era… ¿sucio? Porque hace un año me enamoré. Y te quiero, y es cierto, pero hace un año elegí otro camino. Siempre me enfadaré contigo por lo que me hiciste, ironía de la vida, pero, ahora me doy cuenta, la culpa es mía.
Y por eso te lo digo ahora, porque hace exactamente un año que empecé a escribir aquí.
He encontrado el pegamento que necesitamos, porque la grieta es la que yo he creado y existe un modo de taparla:
Lo siento. Siento haber amado esos ojos verdes. Siento haber soñado con esos cabellos rubios. Siento haberme dado cuenta demasiado tarde de lo que he hecho. Porque no sé si te hice daño, pero sé que pude hacerlo, que si me encontrara al otro lado me caería del sufrimiento y, lo más importante de todo, que todos los días sale el sol.
Gracias, Arón García.