Por Aida Calviac Mora

El nivel de la salud materna en Cuba es de los mejores de América Latina y el Caribe
A los cubanos, la Cumbre del Milenio nos encontró trabajando. Cuatro décadas antes, y sin fanfarrias, habíamos comenzado un proyecto económico, político y social —con el bienestar de la población como médula—, cuyo alcance sobrepasa con creces la campaña emergente de las Naciones Unidas.
El año 2000 vendría a legitimar el camino escogido con el triunfo revolucionario, y a traducir en modestas metas y plazos monitoreados a nivel internacional, una parte de los objetivos que ya Cuba tenía concebidos en su propia estrategia de desarrollo.
La firma de la Declaración del Milenio por el Comandante en Jefe Fidel Castro, fue otra expresión de un compromiso con los pueblos contraído mucho antes, y de la voluntad gubernamental de continuar elevándonos el nivel de vida, aunque como principal obstáculo se erija, descomunal, el obstinado bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos hace 50 años.
«Estoy seguro de que cada vez más personas se van a atrever a decir lo que piensan, a pesar de la dependencia del Banco Mundial, del Fondo Monetario, del crédito tal y más cual. Nosotros tenemos el privilegio de poder hablar con absoluta libertad, porque no dependemos ni del Fondo Monetario ni del Banco Mundial, hemos resistido durante diez años el doble bloqueo —cuando se derrumbó la URSS quedamos doblemente bloqueados—, y hemos resistido por la obra que hizo la Revolución durante 30 años, porque teníamos un país, un pueblo con una cultura política y gran espíritu de solidaridad», puntualizó Fidel durante su intervención en una de las mesas redondas de la Cumbre del Milenio.
Pese a esa política hostil, que compromete el día a día de los habitantes de esta Isla, no renunciamos a la equidad, la justicia y la solidaridad que «rebasa las fronteras del país y ha permitido contribuir al desarrollo social de otras naciones del Tercer Mundo», como hicimos saber una vez más en la Reunión Plenaria de Alto Nivel de la Asamblea General de la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que concluyó el pasado miércoles en Nueva York.
Para la cita, el Gobierno cubano presentó su Tercer Informe Nacional sobre el cumplimiento de los ODM, con un balance que corrobora el cumplimiento de la mayoría de los Objetivos y Metas del Milenio, y expresa el compromiso de trabajar intensamente para alcanzar los que faltan en el plazo fijado y mejorar los indicadores de los ya vencidos.
LOS ODM EN CIFRAS
Aún bajo las condiciones económicas más severas, que incluyen el impacto devastador de sucesivos fenómenos atmosféricos y los desafíos globales de los últimos años —crisis económica, alimentaria, energética y ambiental—, en Cuba no se presenta la pobreza extrema, esa que asoma en los rostros famélicos y los vientres inflados. No hay cubanos desprotegidos, ni discriminados.
La enseñanza primaria universal es en muchos países una quimérica aspiración, aquí es una meta ya cumplida. El 99,7% de las niñas y niños entre seis y once años están matriculados en centros de esa enseñanza y en las especiales.
Incluso, desde el 2000, más del 98% de los estudiantes que iniciaron primer grado llegan al sexto de manera satisfactoria.
Aunque todavía insatisfechos, hemos avanzado significativamente, en el objetivo de promover la equidad de género y la autonomía de la mujer.
Según el informe, Cuba ocupa el cuarto lugar a nivel mundial por el índice de parlamentarias, con un 43,3% de representantes en la Asamblea Nacional del Poder Popular; mientras en las provinciales las mujeres ascendieron al 40,63% y a 27,3% a nivel municipal.
También se observa un ascenso en las féminas que ocupan cargos de dirección, hoy un 40%, y entre las que han irrumpido en sectores tradicionalmente «masculinos», como la ciencia y la tecnología, donde constituyen más de la mitad de los trabajadores.
La reducción de la mortalidad infantil, de acuerdo con el avance constatado en el 2008, se está cumpliendo. En términos cuantitativos la tasa fue de 4,7 por 1 000 nacidos vivos y en los menores de cinco años de 6,2 por 1 000 nacidos vivos.
Se mantienen erradicadas enfermedades como la poliomielitis, el paludismo, el tétanos neonatal, la difteria, la meningoencefalitis posparotiditis, la rubeola, el sarampión y la tosferina.
El nivel de la salud materna es de los mejores de América Latina y el Caribe, y nos ubicamos en el tercer lugar en la lista de porcentajes más elevados de cobertura anticoncepcional.
Cuba se mantiene entre los países de más baja prevalencia del VIH, y en la región caribeña —segunda más afectada en el planeta— es una excepción.
La forma predominante de transmisión es la sexual (99,4%), mientras que la sanguínea y la materno infantil han sido mínimas y se encuentran eliminadas como problemas de salud.
En cuanto al Objetivo de incorporar los principios de desarrollo sostenible en las políticas y los programas nacionales, e invertir la pérdida de recursos, ha sido una premisa para el Gobierno cubano, así como garantizar el acceso al agua potable y a los servicios básicos de saneamiento.
Al cierre del 2008, se alcanzaba un 25,7% de superficie cubierta de árboles, de las cuales el 84,2% corresponden a bosques naturales y se han identificado un total de 253 áreas protegidas; de ellas, 91 de significación nacional y 162 locales.
El servicio de saneamiento cubrió en el 2008 al 95,8% de la población respecto a un 88,7% en el año 1990.
«No puede olvidarse que el subdesarrollo y la pobreza actuales son la consecuencia de la conquista, la colonización, la esclavización y el saqueo de la mayor parte de la Tierra por las potencias coloniales, el surgimiento del imperialismo y las guerras sangrientas por nuevos repartos del mundo. Hoy tienen la obligación moral de indemnizar a nuestros países por el daño que les hicieron durante siglos», afirmó el líder de la Revolución a las puertas del Milenio.
Sin embargo, a pesar de que ha transcurrido una década desde el llamado de la ONU a fomentar una asociación mundial para el desarrollo, los países ricos dosifican exigencias políticas y sermones antes de repartir sus limosnas, insuficientes y selectivas. Por el contrario, Cuba dedica una parte de sus limitados recursos financieros a la Cooperación Sur-Sur, para la formación de técnicos y profesionales o el envío de colaboradores a los más recónditos parajes. «Nuestros médicos adonde van no hablan ni de religión, ni de política, ni de filosofía, llevan años cumpliendo misiones y han adquirido un gran respeto y un gran reconocimiento por parte de la población».
Aquella Declaración del Milenio, que parecía escrita para un mundo paralelo —de gobernantes realmente «decididos a establecer una paz justa y duradera»—, hoy está al alcance de la mano en una Isla sometida a la hostilidad de Washington, con todo su poderío económico, político, militar, tecnológico, científico…
El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, reconoció como impresionantes los resultados del esfuerzo de más de 11 millones de cubanos que, con más valores que recursos, han hecho realidad el sueño de lo imposible.