Matando moscas con el rabo

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Huesca 2019.

Eloy caminaba por una senda de Margudgued al atardecer de aquel aciago día sin esperar que un séquito de cuatro encapuchados de negro lo asaltaran de repente y le golpeasen la cabeza.
Perdió la consciencia.

Cuando volvió a abrir sus ojos en mitad de la oscuridad de la madrugada, en medio de unas marcas circulares formadas con piedras,  quiso gritar al ver a los encapuchados,  pero nadie acudía en su ayuda y éstos seguían con sus cánticos particulares, degollando a una oveja.
Una de las encapuchadas acercó el cuenco lleno de sangre bovina a la boca de Eloy, que estaba atado de pies y manos.

-¡Dejadme ir! ¡Estáis locos!-exclamó.

De nada sirvió. Le hicieron tragarme aquel líquido ardiente y otro de los encapuchados le cogió del cuello y le asfixió.

***

Eloy despertó a la mañana siguiente,  pero su mirada era diferente. Vacía de bondad y fría como un témpano de hielo.
Un encapuchado se acercó.

– ¡La Señora ha despertado!

Eloy clavó sus nuevas garras en la garganta del tío y bebió de su sangre.

– ¡Habéis tardado siglos en despertarme!

Los otros encapuchados,  con los ojos desorbitados,  se asustaron.

– Perdónenos, Señora.
-Ahora me comeré al Mundo.
-Sí, Señora. Y nosotros la adoraremos.

Escrito por Luis M. Sabio

LOS NIÑOS PERDIDOS. Capítulo 7º


¡PELIGRO! 

Aparecieron tumbados y sin sentido frente a una casa. Habían aplastado flores y hierba. Se habían manchado de tierra.  

Cuando por fin despertaron. 

  • ¡Qué asco! – exclamó Kelly-Parecemos una manada de cerdos… ¡Buah! 
  • Ja, ja…yo no me ensuciaba tanto desde los 8 años.- dijo Joe muy divertido.- Al menos estamos vivos. 

Sara interrumpió la charla para hacer una pregunta más o menos inteligente. 

  • Bueno, ya basta, pero…¿sabéis dónde estamos? 
  • No.- contestó Bobby 
  • Muy gracioso, pero ya en serio. ¿dónde estamos? 
  • Ni idea.- contestó Joe.- Veo lo mismo que tú. Un conjunto de casas. Hay arbolitos, carretera, aceras. Sí, parece un pueblo. 
  • También hay jardines.-continuó Kelly- Uno con flores que hemos aplastado. Pájaros en el cielo que están…estáticos.- Todos la miraron extrañados mientras ella seguía hablando.- Hay unos niños paralizados con una pelota que está quieta, un refresco que se mantiene con el líquido derramado en el aire y …¿qué? ¡Imposible! 
  • Vamos a dar una vuelta por este …lugar.- dijo Cris 
  • Venga, vamos, chicos. Ya habéis oído a Cristian.- sentenció Joe. 

Los demás se levantaron del suelo y siguieron andando tras los otros. Jim estaba muy cansado, al igual que Bob y Sara. 

  • No podemos caminar. Estamos doloridos.- dijo Sara 
  • Anda y quítate ese cuento y cuéntaselo a mamá, nena.- decía Joe. 
  • Pero, ¿qué estás diciendo, Joe? Intervino Kelly. 
  • Lo que oyes…creo que…no me encuentro…muy bieeen. 

Joe quedó paralizado. Kelly profirió un grito al ver aquello ante sus ojos. 

  • ¡Noooo!- grito Bobby.- ¡Ahora sí que la hemos cagado! 
  • No, así no. –  dijo Cris. Mirad aquella autocaravana. ¡Vamos! 
  • ¡Cristian!- gritó Kelly. 

El se dio la vuelta y la miró. 

  • ¡Ayúdame a cogerlo! 

Así fue como Cris ayudó a Kelly a coger en peso a la estatua de su amigo Joe. 

  • Ha sido culpa de Querek.- dijo Cristian, una vez dentro de la autocaravana y la frente perlada de sudor. Tumbaron a Joe en el suelo. 
  • Se pondrá bien.- le dijo Sara a Kelly con mimos, mientras ella lloraba desconsolada. 

Bob se puso en la parte delantera y jugó a conducir la autocaravana. A su lado se sentó Jim y el resto estaba atrás. 

  • Mira a ver si hay algo de comer en ese frigorífico,- dijo Cris. 

Sara lo abrió y vio con sorpresa que había sándwiches, frutas, salchichas y otros alimentos que se le antojaron manjares. 

  • ¡Wow!- exclamó Sara.- ¿Tenéis hambre? 
  • ¡Claro que sí! -contestó Cristian hambriento. Ya hacía varios días que no probaban bocado. 
  • ¡Qué bueno!- decía Bob , mientras se estaba comiendo un yogur de fresa. 

Jimmy también disfrutaba de sus sándwiches de jamón york y queso. Sara degustaba su arroz chino tres delicias, mientras Cristian se comía unas salchichas y de postre, una deliciosa pera. 

Kelly probó un pastel de manzana que había al fondo del frigorífico e intentó darle un poco a Joe. 

  • Come. Está bueno.- le decía. 

El aire frío del frigorífico, hizo descongelar de la paralización a Joe. 

  • Por supuesto que está bueno. 

Ella sonrió mientras se abrazaban y los demás cantaban victoria. 

  • ¡Esperad!- interrumpió Cristian la algarabía- ¿Qué es ese ruido? 

En el exterior se escuchaba un ruido muy extraño, entre aire y un retumbar de tierra. 

  • Abrid la puerta.- Ordenó Joe. 

Bob estaba chupándose los dedos del yogur y Jim masticaba aún su sándwich, mientras miraban con curiosidad y miedo hacia atrás. La puerta la abrieron poco a poco y de repente un fuerte aire la abrió de un golpe. Sara salió disparada hacia fuera y Joe la atrapó en el aire de la mano y evitó por un momento que saliera volando fuera de la caravana hacia el cielo gris. 

Cristian se refugió atrás con Kelly mientras Jim y Bob se agacharon en los asientos delanteros… 

  • ¡Socorro!- gritaba Sara aterrorizada en el aire.- ¡No me sueltes! 
  • ¡No lo haré!- le contestó Joe con los ojos cerrados. 

La autocaravana empezó a moverse y los utensilios de cocina como platos y cubiertos, comenzaron a caer de los muebles. 

  • Tengo miedo.- confesó Cris. 
  • Yo también.- dijo Kelly.- ¡¿Qué es lo que la está arrastrando hacia fuera?!- y al no recibir respuesta volvió a gritar.- ¡¡Joe!! 

Joe abrió los ojos lentamente y vio algo estremecedor. Un fenómeno natural y salvaje de la naturaleza. 

  • ¡ Un tornado! 

Consiguió meter a Sara dentro de la autocaravana y cerró la puerta con mucho esfuerzo. Quitó a Bob del volante y se sentó en él. Arrancó y empezó a conducir a toda velocidad. Detrás, las cosas seguían cayendo sobre los tres individuos, mientras delante dos niños estaban asustadísimos y el conductor nato que digamos sólo miraba hacia delante huyendo del terror. Cris consiguió ponerse detrás de Joe 

  • Perdona, amigo, pero, ¿qué has dicho que hay ahí afuera? 
  • ¡¡Un tornado!!- gritó Joe, mientras le dio a todo gas y Cris volvió a caer hacia atrás. En un momento, frenó en seco y todos cayeron hacia adelante. Jim y Bob quedaron boquiabiertos y revisaron sus cuerpos para comprobar que seguían intactos. 
  • ¡Qué! ¿Soy o no soy un conductor profesional? 

Kelly se acercó y le dio una buena bofetada. 

  • ¡Podrías habernos matado! 

El intentó hablar. 

  • Pero yo sólo… 

Y Kelly le dio un beso en la boca… 

  • Pero en cambio, nos has salvado. 

A Sara le dio tal envidia que cogió a Cris y se atrevió a darle otro beso en la boca. Cris se quedó asombrado y volvió a besarla. 

  • Hemos pasado de ésta. – dijo Bob. 
  • Con mucha suerte.- dijo Joe. 
  • Si, pero si no fuera por ti, estaríamos acabados.- contestó Kelly. 

Jim afirmó con la cabeza y sonreía a la vez. La otra parejita terminó con sus arrumacos. 

  • Felicidades, Joe.- dijeron Cris y Sara. 
  • Gracias, chicos. 
  • Ya no puede pasarnos nada más, creo que hemos acabado aquí.- decía Sara. 
  • Bueno, yo creo que no hay nada peor que un gran tornado. Hemos tenido suerte de que pasara de largo. Ja. Ja.ja. 

Todos se unieron a sus risas cuando de repente el suelo comenzó a temblar. Se miraron entre si, asustados. 

  • Si que se puede poner peor. ¡Un terremoto! 

Lo más rápido que pudo, Joe, volvió a darle a gas y corrieron a la mayor velocidad que la autocaravana les permitía. El suelo que había del ante de ellos se estaba abriendo en grietas gigantescas, de las cuales salía mucho humo. 

La autocaravana voló por los aires cayendo de costado. Algunos tosieron, otros lloraban. 

  • ¿Estáis bien?- preguntó Kelly muy débil por el golpe- ¿Hemos pasado la grieta? 
  • ¿A cual de ellas te refieres?- le preguntó Cristian. 

Difícilmente consiguieron abrir la puerta que ahora estaba arriba. Bobby salió el primero y quedó boquiabierto, Después Sara y Cris. 

  • ¿Qué veis?- Preguntó Joe. 
  • Veo la muerte.- dijo Cris 
  • Veo como se abre el cielo…- contestó Bob. 
  • ¡Veo como una grieta avanza rápidamente hacia nosotros!- gritó Sara- ¡Entra, Bob, corre!  
  • ¡AAAAAHHHHH! -Estaban aterrorizados. 

La tierra chocó contra la caravana y esta dio vueltas de campana. Después notaron como si estuvieran cayendo a gran velocidad, de repente chocaron y la caravana empezó a inundarse. 

  • ¡Kelly! ¡Joe! ¡Cris! ¡Despertad! ¡Tenemos que nadar!- gritaba Bob y nadie contestaba.- Sara, coge a Cris. Jim tu a Kelly que yo me encargo d Joe. Abrid la puerta que aquí nos asfixiaremos. Coged aire. Uno, dos y… 

El agua entró con gran virulencia y la caravana se hundía cada vez más y más. Cogieron a sus amigos y salieron lo más rápido posible hacia la superficie. Cuando llegaron a ella, tomaron aire, nadaron hasta la orilla y practicaron los primeros auxilios a sus compañeros. Éstos fueron espabilando, pero aún no se veían muy bien. 

  • ¿Dónde estamos? Parece un paisaje extraño.- dijo Bob 
  • Pues ahora mismo no tengo ni la menor idea de dónde estamos.- contestó Kelly. 

Los chicos estaban esta vez más asustados que nunca, Habían visto la muerte tan cerca… 

  • Yo no puedo más, en serio. Voy a matarme y cuando acabe todo esto , vosotros me recogéis de nuevo.- decía Sara. 
  • ¡Estás loca. Sara!- le espetó Cris,- ¿No comprendes que no debemos separarnos jamás? ¿Recuerdas lo de las piezas del ajedrez? 

Sara afirmó con la cabeza. 

  • Pues…- comenzó Cris. 
  • ¿Sabes jugar al ajedrez?- preguntó Bobby.- Si no sabes, será mejor que cierres la boca, porque me estoy desesperando- 
  • ¡No eres el único! ¿Sabes?-contestó Cris bruscamente. 
  • ¡Basta ya!- exclamó Kelly.- Tenemos que mantenernos unidos. Es lo único que tenemos contra Querek. 
  • ¿El qué?- preguntó Bobby. 
  • Que somos más y tenemos más fuerza que él.- decía Cris. ¿Recordáis cuando hablamos de nuestras películas favoritas en el coche de Tom, el padre de Sara? 
  • Será el coche de tu suegro, ¿no?- bromeó Bob, pero esta vez Cristian hizo caso omiso a sus tonterías y se limitó a recordar. 
  • Sí, nos acordamos. 
  • Bueno, alguien dijo “Parque Jurásico”, otor dijo “Con Air” no sé..otras. 
  • Sí 
  • Pues lo del dinosaurio ocurrió hace unos días y… 
  • Perdona que te diga,- interrumpió Sara,- Pero ahora que me acuerdo, no fue en el coche de mi padre. Fue en el autobús.- Cristian se puso colorado. 
  • Bueno, nadie es perfecto. Pero si ocurren todas las explosiones que se producen en la película “Con Air”, no creo que sobrevivamos. 
  • Yo creo que esto te lo estás tomando muy a pecho.- dijo Joe.- Nada de eso va suceder, somos marionetas y se guiará por su instinto. Que sepas que ahora nos estará viendo y sabe que eres astuto. No hace falta que lo estés demostrando a cada momento. 
  • Yo no intento demostrar nada. – contestó Cris- Sólo recito mis teorías sobre lo… 
  • ¡Al carajo tú y tus teorías! ¿Es que no ves que ya se han ido? 

Los demás ya estaban a unos metros de ellos andando por los verdes prados con sus bonitas flores silvestres. Cris y Sara corrieron tras ellos. 

  • ¡Esperadnos!- gritó Sara, porque vio como todo se oscurecía y los demás desaparecían.- ¿Cristian?- susurró dándose la vuelta. 

Estaba desesperada y las lágrimas junto al sudor empezaron a caer por su cara. De pronto, algo le tocó el hombro y el paisaje volvió a cambiar. Afortunadamente, sólo era la mano de Kelly. 

  • Me has asustado. 
  • No me extraña.- dijo Kelly- Está jugando con nosotras. 

Sara y Kelly se encontraban solas en una cueva, que estaba cerrada por todos los sitios, excepto uno. Había un agujero en el suelo por donde se podía contemplar un agua transparente y clara. 

  • Éste es el único sitio por donde podremos salir- dijo Kelly. 
  • ¿Por qué Querek nos está haciendo sufrir tanto?- preguntó Sara. 
  • No lo sé, Sara. No lo sé, cariño,… 

Ambas tomaron aire, se cogieron de las manos y se tiraron al agua. 

********************************************************************************** 

Jim se levantó del suelo. Tenía sangre en el hombro y la camiseta rasgada. Se la quitó y la tiró, quedándose con una camiseta de manga corta. 

  • ¿Tanto dinero tienes?- preguntó Cris. 

Éste negó con la cabeza. 

  • ¿Y por qué la tiras? 

Jimmy le miró con enfado y emitió un extraño sonido. 

  • ¡Dios, JIm! ¡Has producido un sonido!- exclamó Cris muy alegre. 

Este seguía mirándolo muy enfadado. 

  • ¿No te alegras? 

JImmy, como respuesta, cogió la camiseta de manga larga del suelo y la rompió aún más, la volvió a tirar y la pisoteó. 

  • Eres muy directo, chico, ¿lo sabías? 

Jim le miró, vacilón. 

Cris se rio, pero la sonrisa cambió a ser una cara asustada y extraña. 

  • ¿Qué es aquello? 

Jim miró hacia atrás y quedó petrificado. Cris andaba hacia atrás y en uno de los momentos, no tocó suelo. Consiguió agarrarse a un saliente y colgaba de un precipicio… 

  • Joder, ¡MIerda! 

Intentaba subir, pero no podía. Movía las piernas intentando apoyarlas en la pared, pero sólo caía tierra y más tierra sobre su rostro. El escupía. 

Ya apenas podía aferrarse a las rocas, no le quedaban fuerzas. Mientras, Jim, veía que lo que venía era una especie de humo , pero se dio la vuelta y corrió a salvar a su amigo.  

  • ¡Venga, Jim!¡Por favooor!- gritó desesperado. 

Jim atrapó la mano de Cris en el aire. El humo que había tras ellos fue tomando forma. Forma de dragón. A Jim le caía del sudor de la frente cuando vio a aquella bestia. 

Cris no acechaba ese peligro, estaba colgando y lo único importante era salvarse. 

Jim miró hacia abajo, vio una gran charca de barro. La bestia empezó a escupir fuego. Cris miró a Jim y el fuego encima de él… 

  • ¡No te soltaré!- gritó Jimmy 

A Cris se le desencajó la cara mirándolo. 

  • ¿Jimmy? 

Entonces vio como Jim se abalanzó sobre él y a la vez vio al gran dragón con su enorme cabeza, abriendo sus fauces por donde salía fuego hacia ellos, mientras no paraban de caer. Gritaban. 

La caída se detuvo cuando se estrellaron contra el barro. El dragón, que iba volando directo hacia ellos, remontó el vuelo y se volvió a convertir en humo, disolviéndose en el aire. 

************************************************************************************** 

  • Menuda casa, – decía Bob. 
  • No es una casa, es un castillo.- dijo Joe. 

Estaban andando por los pasillos de un gran castillo. 

  • ¿Escuchas esas voces? – preguntó Bob. 
  • Si, creo que provienen de aquella habitación. 

Despacio y sigilosos, se acercaron y se asomaron. Se asombraron al ver a Querek encadenado. También vieron a un hombre muy alto que hablaba como un mismísimo diablo a los dos asesinos. 

  • ¡Sóis unos imbéciles!- gritaba- ¡No debisteis de haber matado a ese niño! 
  • Pero Saír, yo puedo explicártelo.- decía Rock. 
  • ¡No me llames Saír! ¡No te mereces tutearme! ¡Ni tu ,ni él! 
  • Sí, claro..¿y cómo le llamamos?- contestó Jerry 
  • Desde ahora en adelante me llamaréis el Señor de las Tinieblas.-Jerry volteó los ojos como diciendo “qué original” y Rock se mordió la lengua para no reír. 

Saír comenzó a reír y su risa era inmensamente horrible. Todo el castillo retumbaba…pero no más que los asesinos de Edgar. 

De pronto a Jerry se le escapó una carcajada y Saír le miró con odio inmundo. Chasquó los dientes, le señaló con el dedo índice de la mano derecha y gritó: 

  • ¡No me gusta que se rían de mí! 
  • ¡Pero Señor Saír! Digo, Señor de las Tinieblas, yo no intentaba insultarle a usted… 

Jerry se asustó muchísimo al ver una llama que salía del dedo de Saír y llegaba volando directamente hacia su cara. Fue lo último que vio en su vida, porque le reventó la cabeza.joe y Bob lo vieron todo. Estaban aterrorizados. ¿Quién era ahora ese Saír? 

  • Quiero irme de aquí.- susurró Bobby. 
  • No podemos, quizá aquí se encuentre la solución a nuestro problema. 
  • Pero, ¿y los demás? 
  • No lo entiendes. Si solucionamos esto, estamos salvados y volveremos a estar juntos. 
  • Es verdad. 
  • Venga, vamos, pero no hagas ruido… 

LOS NIÑOS PERDIDOS.CAPÍTULO 6⁰


¿OTRO MUNDO?

La negrura era espesa, no se podían ver los unos a los otros. Al menos podían comunicarse para saber dónde se encontraban, pero ese era precisamente el problema principal para Jimmy. Este decidió nadar en dirección a la que lo llevaba la corriente para llegar antes.

  • ¡Sara! ¡Bob! ¡Cris! – gritaba Kelly.
  • ¡Estamos aquí! – contestaron al unísono.
  • Y Jimmy? – preguntó Joe – No puede contestar.
  • Claro, es mudo, Joe. – dijo Kelly.
  • Pues por eso. Ahora no sabemos si está a flote o ahogándose. – dijo Joe.

Después de un largo rato, hubo silencio, el cual se rompió por el grito de los niños. Kelly quería animar a su novio.

  • ¡Cristian! – llamó ella.
  • ¡Qué! – contestó este.
  • ¿Qué haces? – preguntó Joe. – ¿Para qué lo llamas?
  • ¿Está Jimmy con vosotros? – preguntó Kelly bastante preocupada.
  • No te preocupes, Joe. – dijo
  • Lo de los rápidos ha sido una suerte. Allí no se puede nadar y aquí estamos dejándonos llevar por la corriente. Él podría hundirse. – decía Joe.
  • No seas tan pesimista. Sé lo que sientes porque yo antes también lo he sido, pero cambié por ti. Ahora no cambiarás de tío guay a pesimista, ¿no? – bromeó Kelly.
  • No, claro que no. Pero es que no se trata de ser pesimista o no…se trata de la vida de mi hermano.

De pronto, vieron una luz más adelante. ¿Será una salida? ¿Podrán escapar de los asesinos? Porque, aunque hayan pasado dos días sin encontrarlos, Kelly. – Lo más probable es que sepa nadar. Los rápidos no son su fuerte, pero demostró poder estar a flote.ellos no se rinden tan fácilmente. Bueno, Jerry no sabía ni lo que hacía, pero acataba órdenes.
La luz se veía más conforme iban acercándose. Cuando la corriente los llevó hasta allí, no creyeron lo que vieron. Era hermoso.

  • ¿Has visto cuántos animales? – preguntó Sara.
    Todos ellos subieron ese agujero, era una cueva, dentro de la cueva. Era más grande, mucho más grande.
  • Está todo verde, los árboles llenos de hojas con sus ramas largas, los pájaros cantan…- decía Cristian.
  • Y las nubes se levantan. Bromeó Bob.
  • ¡Calla! ¿Es que no ves este precioso lugar que tienes ante ti? – dijo Cris.

Se veían toda clase de animales caminando tranquilamente o disfrutando de una merecida siesta.

  • ¿Será esto un nuevo mundo? – preguntó Bobby.
  • ¡No vengas otra vez con tus imaginaciones, Bob! – exclamó Sara.
  • Mira, Bob. Fíjate bien. – dijo Joe. – ¿Ves que todos los animales tienen sus crías?
  • Si. Contestó Bobby.
  • Pues esto es el lugar donde vienen a criar todos los animales del bosque. – explicó Joe.
  • Eso es evidente. – afirmó Cristian. – Pero no es posible que tantos animales críen juntos, es imposible. No puede ser.
  • ¿Por qué no? – preguntó Sara.
  • Porque un oso no se lleva bien con un lobo, por ejemplo. Y para criar, ¿sí? – se preguntó Cristian.
  • Quizás se vuelvan más tiernos entre sí mientras crían- opinó Kelly.
  • Eso no es lo que he visto en documentales. Todo esto es muy extraño. -alegó Cristian. – Nunca se ha visto algo así. Lo que estamos viendo ahora es un descubrimiento extraordinario.

De repente, detrás de Cris, apareció Jimmy con una cría de conejo. Cristian dio un brinco hacia adelante del susto, dio la vuelta y sonrió aliviado.

  • ¡Qué monada! – exclamó Sara.
  • Es precioso, Jimmy. ¿Dónde lo has encontrado? – preguntó Kelly.

Bob cogió a la cría en brazos, mientras Cris y Sara la acariciaban con ternura. Jim hizo un gesto con la mano y señaló hacia unos arbustos. Kelly, por simple curiosidad se acercó y vio algo maravilloso…cinco crías de conejo más con sus padres. Cada conejillo tenía un color distinto. Ella cogió uno y preguntó:

  • ¿Me lo prestáis?
    El macho hizo un gesto afirmativo…o eso le pareció a ella, lo cual la asustó muchísimo.
  • ¡Estos animales nos entienden! – gritó Kelly, dejando el conejito de nuevo en el suelo. -¡Tenemos que irnos de aquí!
  • Ya habéis oído. Dejad al conejo en el suelo. – dijo Joe.
  • ¡Kelly! – llamó Cristian
  • ¿Qué? – contestó esta.
  • Estate tranquila. Ha sido pura casualidad. Nos entienden como un perro entiende a su amo y el conejo ha movido la cabeza agachándose para comer hierba- explicó Cristian.
  • Lo siento. Os he asustado a todos inútilmente. – dijo Kelly muy apurada.
  • Un poco más y nos sacas el corazón del susto, – dijo Sara.
  • Es igual lo que haya pasado, pero hablando de comer, yo tengo un hambre que me mareo ya. – decía Bobby
  • Yo también. – aludió Cristian.

Los demás también dijeron que tenían hambre y Jimmy se señaló a sí mismo y a su barriga.

  • Vale, voy a sacar de la mochila la lata de mejillones. ¿Os gustan? – preguntó Kelly.
  • De acuerdo. Tenemos hambre, así que queremos lo que sea. – contestó Joe.

Se sentaron en la hierba rodeados de conejos, ardillas y jabalíes… un poco extraño, pero fue así.
ÑAM ÑAM
Después de comer, volvieron a quedarse con hambre, pero no tenían otro remedio más que dejar las dos latas de conservas que quedaban en la mochila. Las cosas de la costura las perdió. Seguramente las dejó al lado de aquel árbol donde le “cosió” la pierna a Edgar.
Cuando terminaron, se levantaron y se dispusieron a regresar al campamento…

  • Vamos a ir al campamento. – sentenció Joe. Casi todos volvieron su rostro desencajado hacia él.
  • Pero ¿por qué? – preguntó Bob.
  • Tu confía en él. -dijo Cristian.
  • Respóndele bien, Cris. – decía Sara. – Es que a lo mejor hay algún teléfono para avisar a la policía.
  • ¿De qué -preguntó Cristian? – ¿De que han matado a nuestro amigo y que nos persiguen dos asesinos por ver los hechos en el campamento?
  • Aparte de eso. – decía Kelly. Tendremos que decirles dónde estamos….y qué mejor lugar que el campamento para encontrarnos con mayor facilidad.
  • ¿Y volver a andar todo el camino que hemos recorrido? – preguntó Bobby.
  • Si. – contestó Sara.
  • ¡No puede ser! ¡Estáis locos! – exclamó Cristian. – Hemos pasado por todo lo imposible. A los rápidos, a los disparos, a un mago loco, a una corriente y ahora a esto…un micro mundo donde los animales se comportan de manera extrañamente familiar entre ellos mismos. Ni siquiera sabemos dónde nos encontramos… ¿cómo queréis volver al campamento? Y yo decía que confiáramos en ti.
  • Mira Cristian, tranquilízate. – dijo Joe. – Ya encontraremos una forma de…
  • ¿De qué? -interrumpió Cris. – ¡De matarnos! ¡Suicidarnos! O quizás sea mejor quedarse aquí y esperar a los asesinos, ¿no? – y rompió a llorar.
  • Siempre hemos encontrado una manera de escapar. ¿Por qué esta vez va a ser diferente? – preguntó Joe mirando a Cristian.
  • Tienes razón…me he precipitado (sniff) pero tenéis que comprenderme. Los nervios juegan la mayoría de las veces una mala pasada. – dijo Cris.
  • Te comprendemos. – dijo Bob.

Jim miró a Cristian con cara de entenderlo todo. No pronunciaba ni una palabra de sus padres; los otros se preocupaban por ellos, pero es que Jimmy tenía una madre alcohólica (al igual que Kelly) y un padrastro que lo maltrataba, como también hacía con su hermano Joe.
Jim le puso la mano en el hombro a Cris, mientras los demás iban andando por delante. Movió la cabeza hacia abajo y le echó una sonrisa como diciendo que lo comprendía. Cris no supo como interpretarlo muy bien, pero también posó su brazo en el hombro de Jim y siguió a los demás.
Dieron la vuelta entera por el mismo sitio del que vinieron, agarrándose a los salientes de las rocas en la oscuridad, llegaron a la salida de la cueva. No había ni rastro de los asesinos, ni del puente y tampoco del campamento. Todo les parecía muy extraño…

  • ¿Crees que estamos perdidos del todo? – preguntó Bob.
  • No sé si estamos perdidos. – contestó Sara.
  • A lo mejor es que no estamos donde estuvimos antes. – decía Cristian. Jim se encogió de hombros.
  • ¿Qué quieres decir? – preguntó Joe.
  • Quiero decir que este no es el lugar donde estuvimos antes de que viésemos a ese mago…emm ¿cómo se llamaba?… lo tengo en la punta de la lengua…
  • Querek. – dijo Kelly. – Se llamaba Querek.
  • Sí, eso es. Querek. Ese mago lo que quiso era ayudarnos y nos quitoó de encima a esos asesinos, pero a la vez…
  • ¡Nos llevó a una especie de país de las maravillas! – interrumpió Bobby.
  • Joe, Kelly, Sara. ¿Es que no lo entendéis? -preguntó Cristian muy nervioso. – Estamos en otro mundo. Ya decía yo lo bonito que era este mundo, con todos esos animalitos juntitos. ¿No entendéis? ¿De verdad? Ja.
  • No te entendemos Cristian. Explícate. – sugirió Kelly.
  • Lo que quiero decir es que los animales nos entienden cuando hablamos, que el conejo macho te comprendió. No fue una casualidad como dije.
  • ¡Corta el rollo! – exclamó Joe.
  • No, creo que tenemos que escucharle. – dijo Sara. – Puede que nos ayude.
  • Es cierto. – se disculpó Joe. – Lo siento, Cris. No quería hablarte así, pero estoy fuera de mí. Estoy nervioso.
  • Disculpas aceptadas. – dijo Cristian. – Estaba diciendo que estaba claro, que no estamos en nuestro mundo. Es otro. No sé cual ni dónde está. Quizá se trate de una dimensión paralela. Querek habló del paso del tiempo. Quizás en nuestro planeta hayan pasado meses o años…estoy muy preocupado.
  • Así estamos todos. – dijo Sara. – Todos que somos todos y todos somos nosotros. Nosotros y los animales, los árboles, las plantas, los árboles. Las plantas, el agua, …
  • No entiendo. – la interrumpió Bobby. – Estás desvariando, Sara. ¿Qué te pasa? – le preguntó muy extrañado de escuchar hablar a su hermana de esa manera tan extraña.

De pronto todos se quedaron muy quietos. Cristian y Sara comenzaron a volverse traslúcidos. ¡Estaban desapareciendo! Kelly intentó abrazarlos, pero era como intentar coger a un fantasma. Cristian se miraba incrédulo las manos y Sara gritaba desconsoladamente pidiendo ayuda mientras desaparecían del todo ante la vista de sus amigos. Bob y Jim se quedaron boquiabiertos.

  • Esto no puede estar ocurriendo, ¿verdad, Joe? – preguntó Kelly.
  • ¿Qué? – contestó este como un pasmarote.

El suelo comenzó a temblar. Ellos estaban horrorizados. EL paisaje cambió abruptamente. Los árboles se convirtieron en palmeras y los arbustos en plantas prehistóricas.

  • ¿Esto que es ahora? – preguntó Bob mirando a Kelly, que estaba abrazada por Jim.
  • Esto tiene que ser un juego de Querek…- decía Joe, pero fue interrumpido por un estruendo muy desagradable.
  • ¡Anda! Se…se parece a la pisada de un Di…dinosaurio. – dijo Bobby.
  • Perfecto, – dijo Kelly. – Eso sería lo que nos faltaba ahora. Creo que te has vuelto loco, enano.
  • No, quizás no. ¿No has visto nunca “Parque Jurásico”? – preguntó Jose
  • No, ¿por?
  • Mira, ¡un coche! – gritó Bob. –

Ciertamente más adelante había un vehículo gris de 5 plazas con techo acristalado. Corrieron hacia él.

  • ¿Qué hace aquí un coche?
  • Pues no lo sé. – dijo Joe- Pero nos viene de maravilla porque sé conducir y las pisadas esas se escuchan cada vez más cerca.
  • Tiene las llaves. – dijo Bob.
  • Perfecto. -contestó Joe- Bob y Jim atrás. Kelly irá de copiloto y yo conduciré. ¡Venga!

Subieron al vehículo y volvieron a escuchar ese estruendo seguido de un rugido. Además, para más inri comenzó a tronar y cayó la noche de pronto y a llover un aguacero de mil demonios convirtiendo toda la tierra en una tierra fangosa.

  • Estoy asustada. – musitó Kelly.
  • Todos lo estamos. – dijo Joe.
  • Es cierto. – decía Bob cuando vio que dos palmeras cayeron detrás del coche, salpicando el cristal trasero de barro. – ¡¡¡¡AAAhhhhh!!!!!!!!!¡¡¡¡¡¡¡UN Rex!!!!!!!!!!!!!!- gritó horrorizado.
  • ¿Un Rex? ¡Arranca, Joe! – gritó Kelly.
  • ¡Ya voy! ¡Ya Voy! – contestó Joe.

El rex provocó un ruido estremecedor y comenzó a perseguir el coche. Lo alcanzó con la cabeza y rompió parte del techo y el cristal trasero. Bob y Jimmy se agacharon detrás de los asientos delanteros.

  • ¡Aaaaaahhh!!¡Jooooeee!!¡Corre más!¡Vamos a ser su cena! – gritaba Kelly.
    El rex volvió a golpear el vehículo, el cual dio dos vueltas y cayó bocabajo.Los cuatro acabaron magullados, pero al menos el rex desapareció.
  • ¡Dios mío! – gritó Joe
  • Espero que después de esto Spielberg nos contrate para sus películas. – dijo Bobby.
    Jim lo miró muy serio.
  • Vale, vale, no me comas. Es para liberar la tensión – y comenzó a llorar Bob.
    Se arrastraron con dificultad fuera del coche, por lo visto a Jim se le había dañado bastante la rodilla derecha. Los cuatro tenían heridas, pero al menos estaban vivos y de repente ante ellos aparecieron de la nada en una nube de humo sus amigos Cristian y Sara.
  • ¿Qué os ha pasado? – preguntó Kelly- ¿Dónde estabais?
  • No lo sé. – contestaron ambos a la vez.- ¿Vosotros sabéis dónde estamos ahora?
  • No.
  • Pues nosotros tampoco.

Comenzaron a andar, la luna desapareció junto a la tormenta y apareció un sol fulgurante. El barro que pisaban se secó de repente y se convirtió en arena que se tragó las palmeras y las plantas.

  • Estamos en un desierto. – dijo Sara.
  • Si, es el nuevo juego de Querek. -sentenció Joe.
  • Ya está. ¡Eso es! Es el juego del mago, él es el responsable de… ¡mirad los camellos! -exclamó Cris.
  • Estoy cansada. -dijo Kelly, desmayándose después.

Joe la cogió en brazos y los demás empezaron a corre en su ayuda. Los camellos desaparecieron de la vista de Cristian.

  • Ha sido una visión. – dijo Cris. – Una simple visión. Jajajjajjajajaja Perdonad, es que me ha dado un ataque de risa jajajjajajaja.
  • ¿Se ha vuelto loco? – preguntó Sara.
  • No. – contestó Joe. – Tiene sed.

Sara miró a Cristian con cara de pena. Parecía que se iba a morir realmente de la risa con tantas carcajadas. Decidieron proseguir la marcha tras beber todos un poco de agua cada uno.
Bob tenía la mano apoyada en el brazo de Jim y éste en la de Bob. Andaban torcidos y veían doble. El calor era insoportable. En ese momento vieron una especie de nuble blanca venir de lejos y muy baja.

  • ¿Qué es eso? – preguntó Sara.
  • No lo sé, pero es muy extraño. – contestó Cristian ya más relajado de su ataque.

La nube venía cada vez más rápida, el suelo se convirtió en hielo y el frío no tardó en hacer acto de presencia. Kelly espabiló con esto último algo más dando tiritones.

  • ¡Polo exprés! – gritó Bobby
  • Esto no es para gastar bromas Bob. -dijo Kelly. – Es más serio. Somos utilizados como piezas de un tablero de ajedrez.
  • ¡Espera! – intervino Cris. – Creo que ya tengo la respuesta. Si es cierto que es como el ajedrez, las fichas desaparecen al hacer jaque mate en una partida. Ese es Ed.
  • ¿Ed? ¿Qué tiene que ver en esto? – le preguntó Joe.
  • A ver… el papel que nos dieron del campamento no existió, como tampoco existió, ni tampoco el hombre que nos lo dio.
  • Si eso es exacto, entonces si pudiéramos volver al mundo real, todo se acabaría, Edgar vendrá de nuevo igual que los niños y monitores del campamento. – dijo Joe.
  • Eso es. El juego de Querek habrá terminado y él y sus esclavos desaparecerán.
  • ¿Sus esclavos? – preguntó Bobby
  • Los asesinos, Bob, los asesinos. – contestó Sara.
  • Su juego se ha acabado. – dijo Joe enfurecido.
  • ¿Dónde estás , Querek? ¡Da la cara! ¡Tengo frío! ¡Me estoy congelando! ¿Qué más quieres de nosotros? – gritó Cristian desafiante al cielo.
    Jimmy se desplomó violentamente contra el suelo helado y resultó que bajo sus pies el hielo era muy fino.
  • ¡Jim! – gritó su hermano.
  • ¡No! No puede ser. – dijo Sara consternada.

El hielo comenzó a quebrarse…

  • ¡No te muevas! ¡No te muevas! – gritaba Joe.
  • Joe, no te escucha. Se ha desmayado. -dijo Kelly.
  • Tenemos que hacer algo ya. – dijo Joe.
  • ¡Bob! – gritó Cris.
  • ¿Qué? – contestó este.
  • Tus pesas menos que todos nosotros. Ven…Kelly, Joe, agarradle por los pies. El irá arrastrándose hasta Jim y cuando lo coja tiramos de él. – opinó Cristian.
  • Buena idea.

Bob se acercaba cada vez más a Jimmy, pero de pronto el hielo se convirtió en tierra con hierbas altas y Jim se hundía en arenas movedizas…

  • ¡Nooooo! ¡Esto es peor! – gritó Sara.
  • ¡Ya lo tengo! ¡Tirad! – ordenó Bob.

Joe y Kelly tiraron con todas sus fuerzas de los pies de Bob para sacar a Bob y a Jim del engorro. Lo consiguieron por fin.

  • ¡Muy bien hecho! – aplaudió Cris.
    Jim seguía inconsciente. Su hermano lo cogió a la espalda y dijo;
  • Vámonos a por ese maldito mago. Las fichas se van a salir del tablero.
    Todos le vitorearon y Kelly le dio un tierno beso en la boca.
  • No entiendo por qué Querek fue tan bueno con nosotros en la cueva y ahora nos quiere matar, – decía Bob.
  • Nosotros tampoco Bob, pero está claro que nos engañó. – contestó Cristian.
    Al mucho rato de caminar, estaban exhaustos, así que decidieron acostarse en el suelo a dormir un poco. Joe estaba preocupado por su hermano Jim, así que lo abrazó y le susurró al oído:
  • Te quiero. No me dejes, hermanito.
    Nadie le escuchó. El día se convirtió en noche de repente. Quizás Querek quisiera dejarles descansar al fin un ápice…

Cuando despertaron se dieron cuenta de que estaban en mitad de un bosque frondoso.

  • ¿Cómo está Jim? – preguntó Kelly.
  • Creo que…se va a morir. – contestó Joe y unas lágrimas brotaron de sus ojos y recorrieron sus mejillas hasta caer al suelo.
  • No digas eso, Joe. Nos pones más nerviosos. Ya perdimos a Ed. No lo vamos a perder a él también. – dijo Cris.
  • Espero que tengas razón. Te prometo que te pondrás bien, Jimmy.

Caminaron todos siguiendo a Joe, que llevaba a su hermano a la espalda. Pasaron al lado de conejos que les daban los” Buenos días”, unos ciervos que les saludaban, un búho que les preguntaba la hora y un ratón que les preguntaba si habían visto algún búho…en fin. Les pasaron cosas extrañas que nunca antes les habían sucedido, estaban asombrados y a la vez hastiados del maldito juego de Querek.
Jim abrió los ojos con mucho esfuerzo.

  • ¿Cómo está el campeón? – preguntó Kelly.
    A Jimmy le dio tiempo a sonreír levemente y ver la alegría asomar en el rostro de sus amigos, porque de repente el suelo que pisaban y el bosque desaparecieron como si alguien hubiese pulsado un interruptor. Todo quedó negro. Empezaron a gritar y a caer sin fin.

CHECK-IN DEMON IV


RONDA NOCTURNA

Tras despedirse de Nuria, Emiliano, empujó la puerta abatible que había junto al montacargas para encontrarse de frente con uno de los almacenes y a su derecha, las escaleras de emergencia.  Aún con la sonrisa marcada en su cara, comenzó a bajar los escalones mientras sacaba su linterna del cinturón.

Podría recorrer el hotel completo con los ojos cerrados,  pues no existía un rincón del mismo que le faltara por explorar. A pesar de ello, nunca estaba de más un haz de luz para evitar tropezar con los objetos que los trabajadores podrían haber dejado por enmedio.

Antes de posar su pie derecho en el suelo, sintió una humedad y un vapor fuera de lo común. Decidió encender la linterna y comprobó que el agua le cubría por encima de los tobillos. El vapor del ardiente líquido le impregnó el rostro y mientras enfocaba con su linterna en derredor de la oscuridad vio que a su derecha,  donde estaba la puerta de acceso al parking y a su izquierda,  se movían un par de carros de acero llenos de ropa de cama dobladas y otros tantos de toallas.

Tras éstos estaba la puerta que llevaba al pasillo de las cámaras y cuartos fríos…estaba abierta. Producía un ruido, un chirrido constante en su vaivén. La puerta bailaba al compás de la corriente del agua.

No era la primera vez que se le había dado el caso de que alguna tubería reventara y empezara a inundar el sótano u alguna habitación,  pero sí la primera vez que el nivel había llegado tan alto. Era extraño que la alarma de incendios no se hubiera activado con el vapor, porque el agua estaba casi ardiendo. Cambió la linterna de mano y sacó su móvil del bolsillo derecho, mientras la luz hacía brillar las losas blancas de la pared horriblemente decorada con una cenefa amarilla y mosaicos florales en algunas.

Frente a él estaba la puerta de un despacho cuyo cartel rezaba «Gobernanta». La puerta también estaba abierta. Entró, cogió el teléfono y marcó la extensión de recepción para que Eduardo llamase al encargado de mantenimiento y solucionara aquel desastre.  Tras el segundo tono, descolgaron el teléfono y una voz femenina le atacó al oído.

– ¿Oiga? Por favor ¿Pueden llamar la atención al huésped que tienen alojado en la habitación de al lado? Está gritando y ha roto algo. No es por nada, pero éstas paredes parecen papel…

– Disculpe…- comenzó Emiliano ante la sorpresa- ¿Me podría indicar su número de habitación? La pantalla de la centralita se ha quedado bloqueada-mintió- Enseguida subiremos para ver qué ocurre y solventarlo a la mayor brevedad posible.

– Mi nombre es Rosana Cuevas y estamos alojados en la habitación dosmiltrescientos…【¡¡POM!!]

Emiliano escuchó y le pareció sentir un fuerte golpe, el grito ahogado de la huésped y la llamada se cortó.

– Ésta va a ser una larga noche-se dijo a sí mismo y colgando el teléfono.

Miró el móvil y tomó nota mental para luego rellenar el parte de incidencias.  Pensó que debía de haber algún problema con las líneas que habían desviado las llamadas a la habitación.  Decidió subir por el parking subterráneo cuyas escaleras accedían directamente a recepción para informar a Edu cuanto antes del desaguisado.

Se giró a su derecha y un lejano llanto a sus espaldas le hizo detenerse en seco. Las ondas sobre la superficie acuática se alargaron hasta desaparecer alrededor de sus pies. Dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta de las cámaras. Al empujarla, el sensor de luz se activó, pero el largo pasillo se iluminaba intermitentemente. Guardó el móvil y se enganchó la linterna en el cinturón  del uniforme. 

Aquella luz de discoteca le parecía suficiente para recorrer el pasillo. Entró, entornó los ojos y afiló sus sentidos. Un escalofrío recorrió toda su espalda. La situación no le gustaba en absoluto y un bulto negro medio flotaba junto a la última cámara. Al fondo. ¡Qué calor! No parecía una bolsa de basura y empezó a correr, chapoteando, salpicando, dando grandes zancadas. En menos de 5 segundos dejó atrás los dos cuartos fríos y las siete cámaras frigoríficas.

Era un cuerpo vestido de negro.

– ¡Dios! ¡Gabriel!-exclamó, mientras se agachaba para intentar socorrer al camarero.  Su terror era que hubiese fallecido,  pero Emiliano cayó de culo sobre el agua caliente cuando volteó a lo que quedaba de Gabriel.  Al camarero le faltaba medio rostro y parte de un costado. Algo rozó su mano izquierda y enseguida lo atrapó con su mano derecha…el dedo corazón de Gabriel. Emiliano estaba empezando a mosquearse. Volvió a escuchar el llanto, ahora más cerca, tras la puerta del comedor de personal que tenía frente a sí.

Con un simple impulso, dejó caer el dedo, se puso en pie y abrió la puerta,  saltando por encima del cuerpo inerte. Se detuvo, dio la vuelta rezando porque los cocineros hubieran olvidado cerrar con llave las cámaras. Tras probar dos, consiguió abrir una tercera, que por culpa del agua costaba un poco más de esfuerzo, pues llegaba ya casi por las rodillas. Entró.
Entre tanta carne congelada, cogió un gancho y volvió sobre sus pasos para averiguar la procedencia de los llantos.

Agarrando bien fuerte el gancho con su diestra, dio una patada a la puerta esquivando al cadáver nuevamente. Ahí dentro, frente al acceso que subía a la salida de emergencias,  la luz estaba encendida. Respiró hondo y avanzó lentamente hacia su derecha,  mientras escuchaba un incesante chorro cada vez más cerca. Intuyó que venía desde el baño del comedor de personal. El sudor de su frente aumentó debido a la temperatura del agua,  el vapor que emanaba y por supuesto, la situación. La que se liaba por una tubería reventada, pero Emiliano se preocupaba más por escuchar cualquier otro sonido y su mente viajaba entre volver a oír el lamento de antes, lo que demonios fuese destrozado a Gabriel y en mantener el gancho en alto cual Garfio. En posición de ataque ante cualquier eventualidad. Ya que el móvil dejó de funcionar y no podía llamar ni a la policía ni servicios de emergencia. Estaban solos.

Llegó a la esquina,  se giró sin dejar de andar en el sentido de las agujas un reloj y observó que, efectivamente,  una pequeña corriente salía de la entrada de los servicios.

El llanto resonó a su izquierda tan inesperadamente que su acto reflejo fue clavar el gancho en la puerta de una de las habitaciones habilitadas para Gissel,  la animadora del hotel.  El sollozo se transformó en gritos de terror dentro de aquella habitación. Ahora estaba seguro de que había al menos dos chicas.

– Perdonad, perdonad. Soy Emiliano,  el vigilante. -decía a la vez que arrancaba su arma de la puerta y dejando caer astillasque luego flotaban alrededor de sus piernas- No quería asustaros. Abrid la puerta, por favor.

– ¿Se ha ido ya esa cosa? – oyó decir a la voz de la animadora.

Emiliano arrugó su frente bajo la gorra de la empresa, pegó su oído izquierdo a la puerta y preguntó algo que en realidad no deseaba saber.

– ¿Qué cosa?

– ¡Esa cosa enorme que ha matado a Gabriel!- gritó la otra voz.

Él no había dejado de permanecer atento a ruidos ajenos de lo normal,  pero se separó de la puerta para volver a cerciorarse,  mirando a su alrededor.

– Tranquilas. Aquí no hay nada. Se habrá marchado.

– ¿Estás seguro, Emiliano? -preguntó Gissel.

– Si te dijera que lo tengo delante, ¿de verdad no me abrirías para salvarme?- empezó a impacientarse, frunciendo el entrecejo cabreado. Segundos después,  la puerta se abría lentamente mostrando a la animadora en un sedoso pijama blanco de dos piezas lleno de corazones rojos de distintos tamaños. Su alisado pelo castaño tintado con mechas rubias se lo había recogido en un proyecto de moño de donde sobresalían pelos tiesos en todas direcciones como si llevara una palmera en la cabeza. Su cara estaba desencajada de terror,  al igual que la camarera rechoncho que se escondía tras ésta

– Soy Eugenia, una de las camareras de la cafetería. -dijo al notar la interrogante mirada del vigilante posados en ella.

Emiliano parpadeó un par de veces antes de volver a hablar. Dejó de mirar a la bajita pelirroja. No sabía qué hacía la camarera con Gissel,  pero no pudo evitar imaginarse a ambas besándose. Ya preguntaría el motivo más tarde si surgía la oportunidad.

– Salgamos de aquí.  Tenemos que subir a pedir ayuda.- les dijo.

Eugenia y Gissel se miraron mutuamente. Ésta última,  al ver que su amiga no se movía del sitio, cogió su mano y tiró de ella.

– Vamos, Eu. Con Emiliano estaremos a salvo. Ésta salió de su ensimismamiento y accedió a salir del cuarto.

– Vosotros no la habéis visto- comentó Eugenia entre sollozos y temblores- Es una bestia. Jamás he visto algo parecido. He visto muchos documentales sobre animales salvajes y tampoco es un ser que nos hagan estudiar en el colegio. Se parece…pero no.

– ¿Estás segura?- preguntó el vigilante, aunque a su mente acudía la imagen del pobre camarero ráfagas. Deseaba salir de allí con vida y tarde o temprano debía enterarse.-¿A qué animal dirías que se parece? – preguntó arrastrando los pies por el agua y agarrando su gancho con más fuerza.
Fue Gissel quien contestó al notar que su compañera no reaccionaba.

– Me ha contado que vio su parte trasera. Dijo que parecía un reptil con demasiadas patas, una cola doble y que debía medir unos cuatro metros.

– ¿Cuatro metros?- seguían avanzando.

– La parte que consiguió ver.

– Sus zarpas eran como cuchillas- interrumpió Eugenia con unos ojos inundados, que deseaban salir de sus órbitas .- Gabriel ya no gritaba. Llegué a escucharle. A esta hora podría haber estado ya en mi casa durmiendo o viendo un capítulo repetido de «La que se avecina «, pero el siempre me esperaba en el aparcamiento exterior para fumarnos el último cigarrillo antes de volver a casa.

Estaban llegando a las puertas que se enfrentaban. La izquierda llevaba a las cámaras, la derecha, como salida de emergencias con su barra de apertura roja y bien señalada con un cartel de fondo verde y letras impresas en blanco. Antes no se había fijado, pero las losas entre ambas puertas estaban salpicadas de sangre.

– Volviste a buscarlo entrando y bajando por la salida de emergencias, ¿verdad?-preguntó Emiliano- Tenéis una tarjeta magnética y esa es también la entrada de personal.

– Sí, así es. -contestó Eu.-Sabía que no se había ido porque su coche seguía aparcado.

Sintieron una vibración a sus espaldas y el agua empapó sus glúteos. Se dieron la vuelta al percibir esa extraña corriente.

Junto a un gutural gruñido, comenzó a asomarse por la esquina de donde habían venido, un enorme y dentellad hocico de caimán.

Los tres quedaron hipnotizados, clavados en el sitio por un momento, por la indecisión la sorpresa el horror o todo a la vez.

Los dos ojos rojos sin pupilas del lado izquierdo parpadearon verticalmente. La bestia giró su cabeza mostrando sus cuatro terribles ojos, empezó a doblar la esquina, asomando seis de sus patas y abrió sus fauces para mostrar una triple hilera de dientes.

Gissel no pudo más y profirió un chillido angustioso. En cuestión de segundos, Eu le tapó con sus manos desde atrás. Gissel, fuera de control, le propinó un codazo en el pecho. Eu se encorvó de dolor y se dejó arrastrar por Emiliano, mientras la animadora salía por la de emergencias, ellos desaparecían dentro del parpadeante pasillo de las cámaras frigoríficas.

-¡Nooo! ¡Gissel!-gritaba antes de tropezar con los restos de Gabriel.

Emiliano le pidió silencio apoyando su dedo índice en los labios, mientras la empujaba dentro de un cuarto frío y la forzaba.

– Sshhh…sostén el gancho.- le dijo Emiliano.

Pudieron escuchar como la bestia se encontraba entre ambas puertas. El gruñido se tornó en un tono más agudo y sonoro. Se les erizó la piel.

– Se ha cabreado. – dijo Emiliano casi en un susurro.

– ¿Cómo lo sabes?- preguntó ella. A través del cristal y la cortina de tiras plásticas observaban la puerta.

– No lo sé. Sólo lo intuyo porque tiene que decidir qué aperitivo cazar primero. A Gissel o a nosotros. – Miró de soslayo el cortafiambresque había encima de la mesa de acero, la extensión de su cable, la distancia hasta el enchufe y los cuchillos imantados a la pared. La cámara estaba abierta.

– Si esa cosa decide entrar a por nosotros, clávaleel ganchopor la barbilla.-dijo el vigilante.

– ¿Cómo pretendes que haga eso?- contestó Eu.

– Nuestras vidas dependen de ello. No me importaría morir, pero no pienso ponérselo fácil a ese maldito cabrón.

Eu tragó saliva mientras veía como el cogía un cuchillo y desatornillaba la placa que protegía la cuchilla giratoria del cortafiambres. Al girar el segundo tornillo se cortó un poco, pero siguió empecinado en su tarea sin apenas inmutarse.
Su sangre corrió hasta la parte interna del codo y goteó sobre la máquina,  el cuchillo y la mesa.

Ella permanecía atenta, cagada de miedo, tanto que se le escapó un sonoro pedo. Se puso, pero al darse cuenta de que Emiliano ni tan siquiera la miró,  el sofoco se le pasó enseguida.

La bestia irrumpió de golpe. Emitía extraños sonidos y ellos estaban escondidos bajo las mesas de acero,el agua les llegaba hasta el cuello,  estaban uno frente al otro. Se miraron. Ella temblaba con el gancho en ristre. Él esperaba paciente, serio, como hacía años ya tuvo que aprender a sobrevivir en mitad de una guerra, eliminando enemigos que le buscaban para matarlo. En ocasiones era él quien iba en busca de ellos.

La cortina plástica se elevó y apartó a los lados de un sobredimensionado hocico. Eu no pudo esperar volver a ver esos malditos ojos rojos para salir rodando clavar el gancho a la bestia. Ésta chilló abriendo sus fauces. Emiliano salió de su escondite portando el cortafiambres como si de una motosierra se tratara. Su grito parecía espartano y dejó caer la máquina sobre la mandíbula superior del bicho.
La cuchilla comenzó a girar echando chispas por la piel tan dura del animal, pero llegó a la carne pocos segundos después.  El rugido de dolor fue espantoso,  pero Emiliano reaccionó deprisa y aprovechó el momento  al ver que el monstruoso caimán ciempiés se erguía del suelo al bajo techo del cuarto frío y además, arrastraba a la pequeña camarera en el aire, pues ésta no consintió tampoco en soltar el gancho clavado en la mandíbula inferior.

De arriba a abajo,Emiliano, abrió en canal al monstruo y sus vísceras grisáceas emergieron por doquier. El animal quiso escabullirse al frente, Eugenia cayó y algún hueso crujió. El vigilante no pudo creer su golpe de suerte,  mientras la bestia se retorcía en el interior de la cámara,  chocando contra las paredes y tirando las estanterías metálicas llenas de mercancía alimenticia. Él cerró la puerta de la cámara.

– ¿Estás bien?- le preguntó a la chica mientras la ayudaba a ponerse en pie.

– Creo que me he roto el brazo, ¡uff!, me he rasgado bajo la clavícula.

– Estás viva. Salgamos de aquí. – cogió la cortafiambres,  la desenchufó y salió con ella en dirección al parking subterráneo  donde había un acceso directo a recepción.- Te curaremos ese arañazo, no te preocupes.  La sangre es que es muy escandalosa.- La chica asintió, pero el estaba más preocupado de lo que mostraba. Aún sentían los golpes provenientes de la cámara cuando atravesaron la puerta y apartaron un carro lleno de toallas.

Empezaron a subir las escaleras y llegaron al Hall de Recepción.

– ¡Estáis vivos!- gritó Gissel.

– ¡Ay, Diosito! ¡Gracias! Los celulares no funcionan,  no se puede salir del hotel, Gissel habla de una bestia ¿Qué está pasando esta noche?- preguntó  Nuria, que también estaba ahí y Emiliano no sabía por qué.

– No lo sé, Nuria. Supongo que lo averiguaremos. ¿No habéis visto a Edu?

– No. – contestó Gissel.- Subí y sólo estaba Nuria.

– Sí, quería que me hiciera el cargo de Room Service y no me cogía el teléfono,  así que subí, pero no había nadie. Me asusté. Era extraño. – dijo Nuria.

– Bueno, quedaos aquí las tres. Iré a buscar a Edu.

– ¿Nos vas a dejar solas?- preguntó Eu.

– Tenéis ésto.- y puso la cortafiambres sobre el mostrador. – Enchufadla.

SELINA


Era de noche, la mar estaba bravía y sólo los truenos acallaban los llantos de la bebé que iba a bordo de la barca que Sergio manejaba.


Como su padre, estaba preocupado por la pequeña, pues andaba perdido y sin rumbo con el destino indefinido.
El oleaje era salvaje y les golpeaba con fuerza desmedida. Sergio se hallaba horrorizado ante la idea de que la barca volcase.


A su mente acudía el recuerdo de su difunta esposa, Natalia. La mataron frente a sus ojos sin que él pudiera hacer nada para evitarlo. Las lágrimas brotaron como puños de sus ojos.
Jamás había manejado una barca antes, pero fué la única salida de escape que encontró. El vendedor le dió unas instrucciones básicas de navegación.


El recuerdo de las patadas de su hija desde el vientre de Natalia le hicieron romper a llorar nuevamente.
De pronto, un haz de luz apareció en la lejanía y Sergio sonrió lleno de esperanza. Viró la barca en su dirección. La bebé pareció percibir su tranquilidad, pues dejó de llorar por fin.


Las olas seguían siendo tremendas enemigas, pero al menos el faro estaba cada vez más cerca.


Llegaron de milagro a tierra y Sergio desembarcó, cogiendo a su bebé en volandas y abandonando la barca en la playa. Lo primero que quería hacer era agradecer al farero su trabajo, porque sin su guía, no sabía qué habría sido de ellos.


Renqueando y caminando exhausto, llegó al faro y para su sorpresa éste estaba apuntalado. No podía ser. Dejó a su bebé en el suelo y comenzó a arrancar los tablones de la puerta…algo en su interior le llamaba a hacerlo.


Cuando hubo terminado y dando un par de patadas finales, la puerta de la entrada, cedió.


El olor que salíó del interior le era familiar, pues era del mismo perfume de rosas que su mujer utilizaba.
Ya no había dudas. Natalia les había salvado desde el más allá.


Ahora lo tenía claro. Su guía, su faro, siempre será su bebé, su hija…Selina.


FIN

THE LAST FUCKING VIDEOCLUB


2002.

Eran las diez de la mañana y Puri se disponía a abrir las puertas del «Videoclub Universal «, como hacía de lunes a sábado todas las malditas semanas del año. Estaba algo hastiada ya porque las ventas y alquileres habían caído en picado hasta prácticamente desaparecer. Una vez subida la persiana, abierta la puerta, encendidas las luces, el ordenador, el reproductor de video y la televisión,  introdujo el VHS de «El quinto elemento» para que la acompañase aquella mañana.

Las diez y veinte. Llegó un chico de correos con un paquete.
– Buenos días.
– Buenos días.-contestó Puri.
– Aquí tiene éste paquete…
– Ya, pero yo no estoy esperando nada.
– Está a nombre del videoclub,  tranquila.  No hay que realizar ningún tipo de pago. Sólo firmar aquí como que lo ha recibido.
– De acuerdo-dijo Puri aún sin estar muy convencida.

El chico se marchó y Puri se enfrentó al mediano paquete que tenía frente a sí, encima del mostrador. Tras ella estaban los muebles y estantes con todas las cintas y DVD’s para el alquiler. En el mostrador,  aparte del paquete y la malsana curiosidad de Puri,  estaban todos los dulces y chucherías que te podías imaginar.

Ya no podía esperar más. Ella cogió un cúter y abrió la caja por los laterales, luego éste estaba envuelto en un plástico resistente que tuvo que cortar con la misma herramienta.
– Joder, lo que pesa ésto.
Quitó el plástico de burbuja que seguía y ahí lo tenía…
– ¿Un dodecaedro?-se preguntó.
Era un dodecaedro de cristal negro obsidiana.
-¡Buenos días!-dijo Cristóbal,  un cliente asiduo de doce años.
– Buenos días, Cristo.- Ella retiró todos los papelorios y la caja del mostrador,  dejándolas en el suelo. Mientras,  el chico se puso a mirar el estante de las novedades.
-¿Has traído algo nuevo de acción?
-No, Cristo.No he traído ninguna novedad desde la última vez que me preguntaste. Es decir,  ayer.-sonrió.
Cristóbal se acercó al mostrador,  poniendo una carátula encima.
-¿Otra vez «The Fast & The Furious»?
– Sí. No me canso de verla…¿Qué es eso?
– ¿El qué?
– Eso.- Tocó Cristo el dodecaedro, provocando una explosión de aire azulada que despeinó a ambos, pero que que no movió ni una cinta ni carátula de su sitio.
-¿Qué…ha…pasado?-preguntó Cristo.
– No lo sé, pero, ¿estás bien?-preguntó preocupada.
Aún había restos eléctricos en las puntas de sus dedos, se quedaron mirando ensimismados. Puri se sacudió las manos.
-¡Estoy super bien!¿Puedo tocar esa cosa otra vez?
– Mejor no. Prefiero guardarlo y saber cómo se utiliza primero…
– Guay- dijo éste.
Cristo se llevó varias golosinas con su película y se marchó tan contento. Puri cogió un par de trapos, agarró el dodecaedro y lo colocó cuidadosamente dentro de su caja.

De pronto sonó su teléfono móvil y ella se asustó. En la pantalla de la televisión,  Milla Jovovich estaba a punto de lanzarse al vacío. La llamada era de su novia, Yolanda.
– Hola, cariño,  ¿qué tal estás?-preguntó.
– Pues aquí en la inmobiliaria con los informes y estadísticas de las ventas de las últimas semanas,  cariño. No te quiero aburrir. Acabo de salir para desayunar.¿Y tú qué tal?
– Bueno,…pensando en la tripita de Kiffy y una cosa que me han enviado al videoclub.
-¡Bah! No te preocupes por la Gata, cariño. Verás como se recupera pronto. Ya te lo dijo Antonia, la veterinaria y…¿Qué es eso que te han enviado? ¿Un home cinema?¿¿Un consolador??-rió
– Noooo, Ja, ja, ja, ja, ja, es…Un dodecaedro de obsidiana.
– ¿Un dodecaedro?¿Pero baila, tiene música,  proyecta algo con gracia y salero?
– Tiene una tormenta.-la interrumpió Puri.
– ¿Una tormenta? Creo que me estás asustando.-dijo Yolanda denotando preocupación en su voz.
– Cariño, ésto tienes que verlo en persona. Te lo aseguro.
– Vale cariño. No me preocupes de más, ¿eh? Luego te llamo cuando salga para el almuerzo y nos vemos en casa.
– Ciao.
– Ciao.- y colgaron.

Puri se puso a barrer y a fregar el local con el sonido de la película de fondo. De vez en cuando entraban clientes y ella les atendía encantada.

Las una y veinte. Ya era casi hora de cerrar. Apagó todo,  cogió el dodecaedro con los trapos con sumo cuidado y lo posó sobre el mostrador.
Agarró su bolso, las llaves y cuando se dispuso a coger nuevamente el objeto de obsidiana…no se movía del sitio. Lo intentó varias veces,  pero nada.
-¡Maldito trasto del demonio!- gritó enfadada.
Pero en realidad lo que estaba era:
1) Decepcionada por no poder enseñárselo a Yolanda.
Y sobretodo,
2) Cagada de miedo.

¿Qué era esa cosa?
Ya lo iría gestionando sobre la marcha.  Cerró la puerta y bajó la persiana.

Las cinco y veinte. Puri miró el reloj frente a la puerta del videoclub. El almuerzo había ido bien,  pero ella prefirió omitir el tema del dodecaedro y cuando Yolanda le preguntó por el mismo, no le dio importancia.
El problema es que ahora tenía que abrir y le tocaba enfrentarse a aquel objeto. Inspiró hondo y abrió. Entró e hizo su rutina de encenderlo todo, pero a aquella cosa solo la miró de soslayo.
El bolso lo había dejado dentro y no se molestó en cambiar de película. Simplemente pulsó al «Play».
Se puso de pie tras el mostrador e inevitablemente su mirada se posó en el dodecaedro. En sus oídos comenzaron a sonar unos pitidos sordos.

– Buenas tardes.

Puri salió del trance tocándose los oídos y recuperándose de aquel zumbido extraño. Unos clientes habían entrado. La tarde estaba tranquila y sobre las siete llegó Miguel, su amigo de 22 años que trabajaba en el mercadillo.
-¡Hola, Puri! ¿Qué tal?
-¡Hola, Miguel! Aquí estamos. Echando la tarde.- Éste se acercó al mostrador.
– ¿Te has enterado de lo del «Metro Video»?
– No, ¿qué ha pasado?- preguntó.
– Han cerrado. Ya van dos videoclubs este mes, así que eres el último de la zona.
– Vaya noticias me traes. Para dar ánimos, vamos.
– Ya, ya y cuéntame, ¿qué es ésta cosa?- preguntó mientras acercaba su mano…Puri le agarró de la muñeca y le detuvo.
– Por favor, no lo toques.
– ¡Uy, uy, uy! Qué misteriosa.
– Es que creo que es peligroso- zanjó.
– Venga ya. ¿Y para qué comprarías algo así?
– Ese es el caso…que no lo he comprado.  Me llegó esta mañana a nombre del negocio sin remitente y luego estaba Cristo, lo tocó, pasó algo…
– ¿Cristo lo tocó? ¿Pero qué pasó?
– Fué como un vendaval azul eléctrico, ¿vale? No sé cómo explicártelo mejor. Ocurrió todo muy deprisa.
– Pues si que da un poco de repelús. Oye, ¿tú crees que los demás videoclubs también recibieron uno de éstos antes de verse obligados a cerrar?
– Miguel,  has visto muchas películas de miedo.
– Es que ésto parece sacado de una.
– Bueno, hay otro detalle que no te he contado que entonces ya te montas la película completa.
– Cuéntame, a ver.
– El dodecaedro no se mueve de su sitio y si te quedas mirándolo fijamente,  te zumban los oídos.

Miguel se quedó boquiabierto.

– ¿Eso es verdad?
– Sí, es cierto.
– Tengo que probarlo. -Éste se puso frente al objeto de obsidiana y lo miró desafiante. El pitido no tardó en llegar…y comenzó a sangrar por la nariz, por ambos orificios.
– Miguel,  ¿Estás bien?- preguntó Puri.
Él no conseguía apartar la mirada y Puri decidió darle un tortazo para sacarlo del trance. El mostrador se llenó de gotitas de sangre.
– ¿Qué ha pasado?- preguntó Miguel tapándose la nariz.
-Que te has quedado absorto y te has puesto a sangrar. ¿Estás bien?- preguntó
– No, no estoy bien. – señaló al dodecaedro con los ojos abiertos de par en par- Esa cosa es el demonio, Puri.  Desházte de ella aunque tengas que tirar el mostrador. Sólo te va a traer desgracias. He visto, he visto…
– ¿Qué? ¿Qué has visto?-preguntó
Miguel se dio la vuelta sin ninguna explicación y salió corriendo. Puri quedó estupefacta. Limpió con alcohol toda la sangre y también tuvo que fregar el suelo. Desde luego que estaba asustada. Desde luego.
Esa noche echó el cierre bastante satisfecha con la afluencia de clientes. Había alquilado más que en los últimos meses.
A Yolanda no le dijo ni una palabra del dodecaedro.

Las diez y cuarto de la mañana y tenía que volver a abrir,  pero no estaba preparada para lo que sus ojos vieron. Dejó caer el bolso al suelo y cerró la puerta tras de sí una vez dentro del local. Cogió su móvil y marcó.

-¿Miguel?-preguntó con la voz entrecortada
– El número al que llama está apagado o fuera de cobertura en este momento.  Puede dejar un mensaje después de la señal. (PIIII)
– ¡Miguel! Escúchame, por favor.  Creo que ésta cosa te oyó hablar ayer. Ha echado una especie de raíces de cristal y me han destrozado el suelo.
Ahora me tendré que inventar que es algún tipo de decoración.  Creo que tenías razón y ésto es de mal augurio. Tengo que pensar en cómo deshacerme de éste cristal. Contéstame cuando puedas, ¿vale? Que quiero saber cómo estás.
Puri colgó, dejó el bolso atrás y sacó la escoba para limpiar el estropicio que el dodecaedro había provocado.  También pensó que las losas levantadas podrían ser un peligro para los clientes y sacó el cartel de «Cuidado suelo mojado».
Abrió la puerta y suspiró.

-¡Hola Puri!- gritó Cristo frenando su bici.
– Hola Cristo.
Cristo entró con su bicicleta con toda la confianza del mundo.
– Qué chulo te ha quedado ésto.-dijo refiriéndose a las raíces y poniendo la película VHS sobre el mostrador.
– Gracias. -contestó Puri-Es un adorno.
– Ya, ésta tarde vengo y me cojo otra peli. Ahora me voy a jugar.
– Muy bien. Luego nos vemos.

Cristo pedaleó hacia la calle, giró a la derecha,  llegó a la plaza, una cuesta, Puri pulsó F4 en el ordenador,  devolución,  Cristo se emocionó al coger impulso y Puri pulsó Intro.
Cristo dejó de respirar.
Cayó de la bicicleta y las ruedas seguían girando.

Ajena a todo, Puri se puso a limpiar el polvo de las estanterías con un plumero. Al rato entró Susana, otra cliente habitual que venía a devolver una película romántica que había visto junto a su marido,  David.  Puri le pidió que dejara la cinta encima del mostrador y así lo hizo. Se despidieron y Susana se marchó.
Para cuando Puri realizó la devolución en el sistema,  Susana estaba en una cafetería y David colocaba bandejas de lomo en la carnicería del Alcampo. Cuando pulsó «Intro», Susana soltó la taza agarrándose del cuello y David cayó de rodillas. Ambos fueron atendidos por los servicios sanitarios.

– Buenos días
– Buenos días, Rodrigo. -contestó Puri tras el mostrador. Era un señor de unos 56 años que también venía a devolver una película.
– ¿Qué tal estás?
– Muy bien.¿Y tú? ¿Te ha gustado la película?
– Algunos diálogos un poco excesivos, pero en conjunto muy buena.
– Me alegro. -contestó Puri.
– Aquí tienes la cinta y me pones un euro de pictolines, por favor.
– Sí, claro. Ahora mismo.

Cuando hubo terminado,  se despidieron y Puri se dispuso a realizar la devolución de la cinta en el ordenador.
Rodrigo estaba saliendo del videoclub,  bajando el escalón.
Puri pulsó F4, Devolución.
                    INTRO
Rodrigo se retorció.
La bolsa de caramelos cayó al suelo y se esparció. Él se agarraba de la garganta y buscaba aire desesperadamente. Hincó las rodillas contra la acera y finalmente, apoyó las manos en el suelo.
Puri levantó la vista y salió corriendo rodeando el mostrador

– ¡Rodrigo,  Rodrigo!-gritaba.

A partir de ahí sólo recuerda a muchos vecinos curiosos alrededor, ella llamando a una ambulancia y realizando una RCP a Rodrigo porque se moría asfixiado.
Era como si hubiera olvidado cómo respirar.La ambulancia finalmente llegó.
El dodecaedro tenía algo que ver con aquello, ¿los demás clientes estarían bien?

Tenía el número de teléfono de Susana,  así que llamó y cuando se puso su madre llorando,  explicando los síntomas de su hija, ingresada en el hospital,  al igual que su marido y enganchados a una máquina de respiración asistida, ya no tuvo dudas.
Les deseó una pronta recuperación y colgó.
Quería llamar también a Yolanda,  pero todo aquello la desbordaba y no quería preocuparla.

El zumbido comenzó nuevamente.

Puri creó un cliente ficticio a su nombre, sacó la cinta del video cuando estaba estaba en pleno concierto de ópera y se la alquiló a sí misma. Respiró muy hondo y una lágrima cayó por su rostro, porque en realidad no sabía por qué estaba haciendo aquello 

– Vamos allá, maldita zorra.- dijo suspirando y mirando al dodecaedro.

Película número 333- El Quinto Elemento
Pulsó F4, Devolver
INTRO

Sus ojos se desorbitaron, su respiración era inexistente,  se agarró al teclado, a su garganta,  cayó al suelo bocarriba. Se ahogaba y no podía hacer nada.
Echó mano del móvil,  marcó el 112, pero no podía hablar.
Perdió el conocimiento.
Se asfixió.

.

.

.

.

Abrió los ojos en una gran sala acristalada que no parecía tener salida alguna.
Una gran humareda azul eléctrica lo envolvía todo y ella miró en derredor bastante confundida.
De pronto vio a Cristo corriendo hacia ella.

– ¡Puri! ¡Puri! ¡Me morí y desperté dentro de tu cacharro!
Ella abrió mucho los ojos.
-¿Dentro del dodecaedro?¿Y estamos atrapados?- preguntó Puri.
– Sí, pero al menos ya no estoy sólo.

Escrito por Luis M. Sabio

Encuentros en la tercera planta.


ESCENA 1./ INT. EDF. BCN/ DÍA
SANTIAGO ABASCAL llega y pulsa botón del ascensor. Se abren las puertas, entra y pulsa el 7. Lleva un maletín, mira reloj, su reflejo en el espejo. Comprueba dentadura, peinado, barba y se acaricia el mentón.

ESCENA 2./ INT. ASCENSOR/ DÍA
Santiago está sólo. Revisa móvil. Ascensor se detiene en la 3.ª planta y las puertas se abren. Levanta la mirada y ve a QUIM TORRA . Se miran. Éste entra y las puertas se cierran.

QUIM
(Tras un breve silencio)

  • ¿Cómo llevas el objetivo?
    SANTIAGO
  • No tan bien como tú, pero ya ves…
    QUIM
  • Sí (Se ríe)… Se está yendo todo a la mierda. Como las otras 6 veces.
    SANTIAGO
  • Es que creamos una especie muy tonta (Se ríe) Tan fáciles de manipular por lo ignorantes que son. Con toda la información que tienen a su alcance y mira que el otro equipo lo intenta, a través del arte, convencer del respeto, la tolerancia, con sus canciones, libros,… nada, oye,…
    QUIM
  • Son demasiado soberbios. Creo que les quedan como mucho 11 años a ésta humanidad. Me sorprendió que ésta vez tardasen tanto en destruir el planeta.
    SANTIAGO
  • ¿Te acuerdas de TIERRA 3? (Sonríe)
    QUIM
  • ¡Cómo no acordarme! (Suelta carcajada) Fueron tan imbéciles…En verdad me alegré de su extinción.
    (Ambos se ríen)

ESCENA 3./ INT./EXT. ASCENSOR/ DÍA
El ascensor se detiene en la 7.ª planta. Ellos dejan de hablar y ponen semblante serio. Un hombre y una mujer se disponen a entrar cuando las puertas se abren. Santiago y Quim se dedican miradas de odio. Santiago se baja del ascensor, se da la vuelta y mira a Quim con asco. Éste le dedica un dedo corazón. Las 2 personas que entraron hacen como que no han visto nada, agachan sus cabezas y miran sus móviles.
Primer plano de Santiago mirando con sonrisa maliciosa a Quim, mientras las puertas del ascensor se cierran. FIN

Escrito por Luis M. Sabio

Me llega.


Escribir, escribir,… escribe, escribe.

Acariciando con la yema de los dedos de mis manos las blancas paredes de esa habitación de tan sólo 2 camas vacías y bailando cantaba una y otra vez:

«Hoy me sien-to tan feliz, tan fe-liz, de estar aquí. «

Feliz de que me hayas elegido como uno de los miembros de tu ejército para repartir bondad y escuchar lo que desean contarte. Ahora somos tus oídos…somos tantos y no sabemos cuántas personas hemos sido tocadas para realizar ese propósito.

Llegó un día cualquiera y me senté sólo en la terraza de una cafetería que se llamaba «La Alemana». Al poco se me acercó una agradable señora mayor y me pidió permiso para sentarse conmigo…claro que acepté y comenzó a hablarme de distintas etapas de su vida. Su colgante llamó mi atención  y me contó que lo hizo su hijo, pero que no se dedicaba profesionalmente a venderlas, así que no todo el mundo podía presumir de una joya hecha por su hijo. Lo echaba de menos. La señora decía llamarse Bienvenida .

En plena conversación,  otra señora, más joven, también me pidió permiso para sentarse a la mesa y tomar algo. Se presentó como Concha. Hablamos de varios temas y se centró en su entretenimiento favorito: la Lectura. En mi bolso tenía «El Regalo» de Eloy Moreno y se lo regalé. Se fué con prisas a seguir con sus recados después de pagar su bebida que no recuerdo si era infusión o café. Dio las gracias por su nueva novela y siguió calle abajo.

Yo también tenía que irme sin un destino concreto.  Invité a Bienvenida a su bebida pagando también la mía y dejé pintada una espiral en el baño entre tantos corazones como «Raúl Corazón Julia» o «Andrea y Yerai 4ever» … tanto Love en el mundo y nos dedicamos a complicarlo todo.

Bienvenida metió dinero en la hucha que tenían expuesta para la investigación y prevención del cáncer de mama…o eso le propuse, porque se sintió mal de que yo pagara su consumición.

………

Llamó mi atención una tienda que a su vez era un centro de relajación con su cartel fucsia con su nombre tan llamativo de «Alma». La chica fué muy amable, pero mi tarjeta no funcionó esa vez para llevarme unas piedras e incienso de Palo Santo.  Seguí mi camino y tras comprar otras cosas, decidí parar a tomar otro café en la Cafetería «En las nubes».

Mis amigos aparecieron para recogerme de repente por allí, tras llamarme preocupados por saber dónde me encontraba.

Yo me sentía bien, pero estaba mal. Es como que mi cuerpo y mi mente trabajaban por separados y sólo actuaba por impulsos…

Yo simplemente no sabía qué me pasaba.

Mi corazón latía deprisa, acelerado, pero por fuera me sentía tranquilo, sosegado y relajado.

Fueron mis amigos quiénes me ayudaron a tomar una decisión.

Allí dentro estaría mejor cuidado.

Allí escuché a todos y a todas.

Internado en el hospital, en la unidad de estancia breve por un brote psicótico maníaco leve.

«CHECK-IN DEMON» (III)


Al llegar a la primera planta, Edu miró hacia arriba y se dio cuenta de que los gritos de la niña provenían de la tercera. Heike lo alcanzó jadeante por haber subido los escalones tan deprisa, además de no estar ya acostumbrada a esos trotes (y que su esposo acababa de morir salvajemente) Edu se volteó hacia ella y la agarró por los hombros. Heike se asustó, pero supo ahogar el grito.

– Escúcheme, por favor. Recorra este pasillo de suites a mi derecha y cuando llegue al hall donde está el ascensor, baje las escaleras hasta recepción. Espéreme allí.

– ¡Ni hablar! – exclamó Heike mientras se zafaba de las manos de Edu- No pienso quedarme sola con demonios sueltos por todo el hotel. ¿A dónde vas a ir tú? ¿Vas a subir a por esa niña? No sabes siquiera por qué está gritando.

– Oiga, tengo que ayudar a esa niña. Le pido que haga caso de las instrucciones que le he dado. El vigilante del hotel está en alguna parte del edificio y si busca un posible punto de reunión, seguro que acudiría primero a recepción. Si la encuentra allí, usted le podría avisar de donde estoy. Quiero intentar salvar a los clientes alojados. Siento que debo hacerlo. Además, ¿cómo sabe que hay más demonios en el hotel?

– Bueno…- la anciana arrugó aún más su frente- Siento que están por todas partes y que quede claro que no sigo las instrucciones de nadie para tomar decisiones con respecto a mi vida…Ya te he dicho que no pienso quedarme sola.

– Señora…-la interrumpió Edu mirándola fijamente a través de sus lentes- Haga lo que le plazca.

Edu comenzó a subir los escalones de dos en dos y la Sra. Kämpfer le siguió, agarrada de la barandilla y a su ritmo.

))ROOM SERVICE((

Para Emiliano la noche estaba transcurriendo de una forma distinta. Cuando dejó a Edu solo en recepción, entró al restaurante abriendo la puerta con las llaves. Aunque en el mismo manojo había unas veinte llaves unidas con más arandelas, sabía de memoria que cerradura abría cada una de ellas. Claro que llevaba en la empresa desde la apertura ocho años atrás.

Comenzó su rutina diaria comprobando el cierre de las ventanas correctamente. Las luces estaban apagadas, pero las farolas de la zona de la piscina exterior aportaban suficiente iluminación para realizar dicha tarea. Fue de ventana en ventana esquivando las sillas y mesas del salón con sumo cuidado porque ya estaban preparadas para el servicio de desayunos con sus cubiertos, manteles burdeos y servilletas blancas.

Al fondo a la derecha encontró una ventana abierta, así que la cerró y se lo apuntó mentalmente para luego escribirlo en su hoja de incidencias de la ronda nocturna. Atravesó el buffet por el pasillo central, se cercioró de que la máquina de batidos en el buffet infantil estuviese encendida y se dirigió hacia la cocina empujando las puertas abatibles. Sonrió al escuchar a Nuria, la cocinera de origen peruano, tarareando la canción que sonaba en la radio. Se asomó un poco más y la vio con su uniforme de casaca blanca y pantalones a cuadritos blancos y negros, preparando un montón de hamburguesas a la plancha.

– Buenas noches Nuria.

– Ho…holaaa Emiliano! ¿Qué tal estás?- Nuria sonrió nerviosa porque pretendía ocultar el hecho de que se había asustado con la entrada del vigilante sigiloso en la cocina.- ¿Recién comenzando la noche?

– Pues sí, todo bien gracias a Dios. Acabo de terminar de echar un vistazo por el comedor y pasé a verte antes de bajar. ¿Necesitas algo? Te veo muy atareada esta noche.

– Ay, qué lindo. Muchas gracias, pero solo tengo que subir este super-menú de hamburguesas, patatas fritas y flanes de vainilla a la habitación 2308. Ahora mismito preparo el carrito.

– Bueno, si quieres voy yo a llevárselo. ¿Tantas hamburguesas para una sola habitación? Menudo banquete se van a dar.

– El señor cliente me comentó que estaba sólo.

– Pues entonces se va a dar un buen homenaje.- Ambos estallaron en carcajadas

))1304((

«¿Demasiadas personas?»


«¡Qué barbaridad! ¡Qué impotencia y qué vergüenza!

Es horrible lo que estamos haciendo y no hacemos nada.

Otra desgracia se avecina para la humanidad. Una hecatombe mundial de proporciones descomunales.

Por si no había quedado claro, somos meros números para aquellas personas que nos dirigen y enriquecen aún más a cuesta de nuestras vidas.

Siento impotencia al presenciar éste desastre.
Siento rabia por todas esas personas tan válidas que hay en éste maravilloso planeta que piensan que nada pueden hacer para cambiar la situación.

Y con «la situación», no me refiero exclusivamente a esa III Guerra Mundial que está tan lejos o tan cerca de tu casa, sino también al SARS-COV19, la destrucción del Medio Ambiente, el hambre, los suicidios, el bullying o el tener que robar para alimentar a tus hijos o porque no tienes dinero para llegar a fin de mes, por ejemplo.

De verdad que me parece muy fuerte que no hagamos absolutamente nada y que nos conformemos, pudiendo realmente hacer lo posible para salvar a la humanidad.

Claro que…¡Ay! Somos demasiadas personas, lo cual significa demasiado gasto para esos ricos y gobernantes…no vaya a ser que no puedan tomar dos botellas de vino «Aurum Red» de la serie oro con un caviar «Almas» del pez beluga de Irán como tentempié, mientras se bañan en su propio Spa de 50 estrellas.

¡Qué asco me da!

Si esos gobernantes no valen o se les va la pinza jodiendo y matando a otras personas para obtener algo material a cambio o un reconocimiento de quienes realmente manejan el cotarro, habría que despedirlos ipso facto, pero ya mismo.
Que se vayan a regar jardines, pintar carreteras o (qué mierda me importa) lo que les haga felices, sin fastidiar al resto.

Hagamos real lo que es imposible.

Hagamos desaparecer la utopía como palabra y convertirla en hechos.

No puedes hacerlo solo.

Yo tampoco.

Unámonos TODOS por el bien de TODOS y demos ese golpe en la mesa y tú…si, tú que estás leyendo ésto desde arriba para que no te salpique. No seas tan inhumano y bárbaro.

Colabora por el bienestar común, porque como nos unamos TODOS, plantéate lo siguiente:

¿Quién te servirá el café?

¿Quién te llevará en tu Jet privado a Honolulú?

¿Quién limpiará tu casa o enseñará a tus descendientes una educación de primera?


¿Quién te lavará o planchará la ropa?


¿Quién fabricará tu vehículo favorito edición especial limitada fusión Ferrari/Porsche?


¿Quién te arreglará los dientes o te atenderá cuando tengas problemas de hígado?

Avaricia.

Basta ya, por favor.

BASTA YA.

Aquí lo dejo, de momento.

¡Uff! ¡Qué agusto me he quedado!

***Mientras, en Facebook:

¿Realmente no hay nada que podamos hacer entre TOD@S de una p**a vez?
¿Quiénes pagan los sueldos de altos mandatarios? NOSOTR@S.
Hay que despedir a aquell@s políticos y gobernantes que atentan contra el ser humano y muerden la mano de quienes les dan de comer.
BASTA YA de éste circo.
DESPEDID@S, a tomar viento fresco y que trabajen. Que se dediquen a colaborar con el resto de la humanidad y se ganen su sueldo honradamente.
El dinero es papel, ¿el virtual dónde está realmente? Los bancos se han vuelto locos manejando nuestro dinero a su antojo. Hacienda ya ni te digo.

Paro aquí porque estoy hasta el co#o que no tengo.

LO SIENTO.

Tenía que escupirlo.

  • ÁRBOL DE LA VIDA creado por mi vecino Lorenzo en 3D Print.
  • Fondo de la primera imagen perteneciente al libro que me prestó mi amigo Santi de Tamaragua City
  • –)) «FRIDA», publicado por Ediciones EDELVIVES y con texto de Sebastien Perez e ilustrado por Benjamin Lacombe.
  • Copyright: Albin Michel, 2016
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