Aquella noche la luna brillaba con esa intensidad que sólo puede tener el día… Aquella noche la luna era más llena que nunca… y veía en ella tal intensidad y tal brillo que me hacían sentir….
– “Amo las noches de luna llena y en esas noches sueño con estar junto a quien ame”.
.recuerdossss….
Y en el día que precedió a esa noche, él me hizo saber que había llegado el momento. Tantas miradas, tantas sonrisas nerviosas, tantas sensaciones reprimidas, tantos deseos ocultos que ansiaban salir a la superficie… y en unas breves y cortas palabras ella me hizo saber que era el momento, el día, la noche…
Se acercó a mi, se colocó a mi lado y sin mirarme siquiera murmuró las palabras que me hacían saber que el momento había llegado:
-“Hoy la luna brillará más que nunca y nada como dejarse bañar por su brillo… Estaré en casa…”.
Su mano buscó la mía y depositó en ella un pequeño pedazo de papel, donde una dirección y una hora me decían…que ese era el día, que esa sería la noche.
Acudí sin dudar al lugar señalado, acudí sin pensar, sólo guiado por la fuerza que latía dentro de mi…, guiado por el recuerdo de sus palabras tantas veces oídas:
– “Amo las noches de luna llena y en esas noches…”.
Y miré la luna brillar…
Una llamada a la puerta…, una puerta que se abre en silencio…, una escalera frente a mi…, un apartamento en penumbra… y una terraza abierta… iluminada por la brillantez de aquella luna plateada que estaba guiando mis pasos.
Sonaba una música melódica que embriagaba los sentidos y me hacía sentir aún más que todo eso era un sueño hecho realidad… Y de repente lo vi.., apoyado en la terraza, mirando al cielo, de espaldas a mí…, bañada por la luz de la luna… Nunca olvidaré aquel momento…
Me acerqué en silencio… hasta que mi voz susurrada pudiese ser oída por el:
– “Eres la imagen más bucólica que podía soñar…”.
– “No soy una imagen, soy real y estoy aquí…, para ti…”
Ya no había más que hablar, sólo dejarse llevar por el deseo y la sensualidad de la noche para amarnos bajo la luz de la luna. Y allí, bañados por ella, entregamos nuestros cuerpos al placentero momento de dejar caer nuestras ropas, al placentero momento de rozar nuestros labios, al placentero momento de sentir nuestras pieles rozarse, nuestros labios unirse, nuestras manos tocar el cuerpo del otro, nuestras bocas recorrer los cuerpos desnudos… y terminar por amarnos en perfecta unión que nos llevó al maravilloso éxtasis de gemir entregados uno al otro…
Aquella fue la noche… aquella fue la luna